Historia

ORDINAL

Ordinal es "una forma y manera de hacer, ordenar y consagrar obispos, sacerdotes y diáconos" añadido al Libro de Oración Común de las iglesias anglicana y episcopal protestante, no siendo, estrictamente hablando, parte del mismo. Está traducido y adaptado de lo que entre los libros de la pre-Reforma fue llamado el pontifical, un libro que contenía los servicios realizados por el obispo. El primer ordinal inglés fue publicado en 1550, siguiendo al Libro de Oración de 1549. Fue en parte revisado en 1552 y de nuevo en 1662. El ordinal americano data de 1792. El prefacio al ordinal de 1550 (ampliado en cierta medida y fortalecido en 1662 en vista del dominio presbiteriano durante la República) declara que la intención de la Iglesia de Inglaterra es continuar las órdenes de obispos, sacerdotes y diáconos mantenidas en la Iglesia desde el tiempo de los apóstoles.

El objetivo de los compiladores del ordinal anglicano era retener todo lo que fuera esencial, según la Escritura y el uso primitivo, en los antiguos oficios, a la vez que procurar la mayor simplicidad (los ritos latinos se habían no sólo complicado sino hecho confusos) y eliminar varias ceremonias simbólicas que se habían acumulado y habían, a veces, oscurecido las formas antiguas y necesarias. En todos los antiguos ritos, según L. Duchesne (Christian Worship, p. 377, Londres, 1904), "la ceremonia de ordenación consiste especialmente de una oración recitada sobre el candidato en asamblea pública y solemne. Esta oración va acompañada por la imposición de manos." Esta solemne oración va precedida en el ordinal inglés por un examen del candidato en presencia del pueblo, con un anuncio a cualquiera que pueda objetar ante la ordenación de un hombre indigno, por una oración y la recitación de la letanía con sufragios especiales, por la invocación, en el caso de la ordenación de un sacerdote u obispo, del Espíritu Santo en el antiguo himno Veni Creator Spiritus. La imposición de manos por el obispo va acompañada por una fórmula imperativa (1) "Toma tu autoridad para ejecutar el oficio que se te entrega de diácono en la Iglesia de Dios; en el nombre... etc." (2) "Recibe el Espíritu Santo para el oficio y obra de sacerdote en la Iglesia de Dios, que se te entrega por la imposición de nuestras manos. A quien le perdones los pecadores le son perdonados y a quien se los retengas le son retenidos. Y sé fiel dispensador de la Palabra de Dios y de sus santos sacramentos; en el nombre..." El Libro Americano tiene una fórmula alternativa: "Toma tu autoridad para ejecutar el oficio de sacerdote en la Iglesia de Dios, que se te entrega por la imposición de nuestras manos. Y sé un fiel dispensador, etc."). (3) "Recibe el Espíritu Santo para el oficio y obra de obispo en la Iglesia de Dios, que se te entrega..."

En la ordenación de un sacerdote, los sacerdotes ayudantes se unen con el obispo en la imposición de manos; en la consagración de un obispo concurren tres obispos. Luego sigue la entrega del Nuevo Testamento al diácono, de la Biblia a un sacerdote y a un obispo, con una comisión apropiada o encargo. En el ordinal de 1550 el sacerdote recibía con la Biblia un cáliz y pan y el obispo con la Biblia un cayado pastoral. Esas reliquias de porrectio instrumentorum (una característica comparativamente tardía en el otorgamiento de las sagradas órdenes) fueron abandonadas en 1552. La idea indudablemente era subrayar la suprema importancia del oficio docente, quedando eclipsados sus aspectos profético y pastoral por un énfasis exagerado en el lado sacerdotal. Pero la autoridad para administrar los sacramentos se otorgaba específicamente junto con la predicación de la Palabra. Todos esos cambios de los ritos más elaborados hallan amplia sanción en las formas más antiguas de ordenación, tales como las existentes en los cánones de Hipólito, las Constituciones Apostólicas y el Libro de Oración de Serapión, obispo de Thmuis en Egipto.

Todo el rito de ordenación está entremezclado con el servicio de comunión, siendo ordenados los diáconos entre la epístola y el evangelio (pudiendo ejercer uno de ellos la prerrogativa de leer el evangelio designado en su lugar apropiado), los sacerdotes tras el evangelio y los obispos tras el credo.