La caída de Satanás, grabado de Gustavo Doré
La noción de orgullo cambió completamente por el surgimiento y desarrollo del catolicismo. Por la autoridad de la jerarquía romana la sumisión a la Iglesia y sus enseñanzas sustituyó a la sumisión a Dios por la fe y cualquier intento de separarla de la Iglesia fue contemplado como arrogancia y auto-exaltación. De ahí que el orgullo se convirtió para la Iglesia católica en el pecado básico. Ya que en las órdenes monásticas la obediencia (es decir, humildad y auto-renuncia) era el principal requisito, cualquier independencia refractaria era identificada con el orgullo. Mediante esta supresión de la personalidad, el orgullo, o superbia, se concibió en la categoría de lo peor, como la misma raíz del pecado. Agustín repetidamente caracteriza la superbia como el pecado básico y principal, la fuente de los demás pecados y alaba la obedientia como la maxima virtus. Prudencio denomina a la superbia "raíz de todo mal." Esta concepción la introdujo en el escolasticismoPedro Lombardo en las "Sentencias." Él categoriza a la superbia como el primero de los siete pecados capitales y deduce de ella los demás. Explica la caída del primer hombre e incluso la del diablo. La caída del hombre todavía se atribuye al orgullo (el deseo de "ser como Dios"), que hace de lo que ha de ser explicado la explicación, pues el origen del pecado ha de explicarse, y como el orgullo es pecado, debe demostrarse de dónde surge el orgullo. Si la esencia del pecado es el egoísmo, el orgullo no puede ser contemplado como un pecado especial ya sea hacia el hombre o hacia Dios; en ambas relaciones es la evidencia de una falsa y exagerada estimación de la dignidad propia, en lo cual consiste el pecado.