Historia

ORIGENISTAS, CONTROVERSIAS

Controversias origenistas es el nombre de una serie de disputas en la Iglesia griega sobre la doctrina de Orígenes, que se extendieron desde el siglo cuarto al sexto.

Entre los Padres de la Iglesia.
Aunque Orígenes mismo se vio obligado a defender su ortodoxia, no obstante controló la teología del siglo tercero. Pedro de Alejandría y Metodio de Olimpo fueron decididos oponentes de sus ideas, atacando este último la enseñanza de Orígenes sobre la eternidad del mundo, la preexistencia de las almas y la resurrección de la "forma" solo. Eustacio de Antioquía en su De engastromytho, se opuso igualmente con firmeza a Orígenes, quien encontró defensores no sólo en Gregorio el Taumaturgo, Dionisio de Alejandría, Teognosto y Pierio, sino también en Pánfilo y Eusebio. La controversia sobre el arrianismo reemplazó a las cuestiones en las que los seguidores y oponentes de Orígenes estaban divididos. En su doctrina de la Trinidad, Alejandro de Alejandría profesó ser discípulo de Orígenes y Atanasio no está dispuesto a conceder a los arrianos a Orígenes, cuya doctrina permaneció como fundamento simple, precediendo a las ideas antagonistas y proporcionando un poderoso apoyo a la fórmula de Atanasio sobre la generación eterna. Incluso la apelación de los arrianos a Orígenes y aunque la facción media representada por Eusebio de Cesarea pueda ser reconocida como la de los seguidores más cercanos de Orígenes, todavía el decidido avance de los tres capadocios en la doctrina nicena no les impidió mantener su respeto por Orígenes, al que atribuyeron su saber y la introducción de la ciencia helenística en círculos ortodoxos. Eclesiásticos latinos tan ortodoxos como Victorino de Pettau, Hilario, Eusebio de Vercelli, Ambrosio y Jerónimo comenzaron a hacer accesibles los tesoros de la teología de Orígenes al occidente. En el surgimiento del poder monástico el odio apasionado hacia Orígenes y la reverencia entusiasta por él estuvieron uno al lado del otro. Epifanio, que aunaba el celo por la ortodoxia con el interés monástico, vio en Orígenes al padre de toda herejía, oponiéndose no sólo a su influencia sobre la Iglesia en su Ancyrotus y Panarion, sino también suscitando, mientras estaba en Jerusalén (392 o 393) las controversias en la comunidad monástica de Tierra Santa. Aquí un grupo de entendidos y ascetas estudiantes relacionados con el obispo Juan de Jerusalén hallaron en Orígenes el principal tesoro de sus estudios. A este grupo se unieron Rufino (378) y Jerónimo (386). En la iglesia de la Resurrección, Epifanio predicó enérgicamente, contestándole Juan de Jerusalén en un sermón dirigido contra el antropomorfismo. Epifanio (quien había sido un oponente de Orígenes) huyó a los monjes de Jerónimo en Belén y les exhortó a romper con Juan. Este último apeló a Egipto y Roma, pero la lucha terminó acabada por la medición de Teófilo de Alejandría. Mientras tanto, una dura batalla surgió entre Rufino, amigo de Orígenes, y Jerónimo, que fue muy lamentada por Agustín. El papa Anastasio, al aprobar la condenación de Orígenes en Alejandría, pidió a Rufino desde su retiro en Aquileya que se justificara, pero éste, protegido por Juan de Jerusalén, eludió el mandato y Anastasio le dejó a su propia conciencia.

Entre las órdenes monásticas.
El turno de los sucesos en Alejandría había contribuido decisivamente a la hostilidad contra Rufino. El obispo Teófilo en su carta pascual de 399, se opuso a las ideas antropológicas difundidas entre los monjes de Egipto, quienes atribuían cuerpo y forma humana a Dios, ya que el hombre fue hecho a imagen de Dios y Teófilo afirmó en forma origenista que Dios y sólo Dios puede ser contemplado como no material. Pero los monjes del desierto de Scetic se apresuraron a Alejandría e intimidaron a Teófilo para que asintiera en la condenación de las obras de Orígenes y tomara ocasión para proceder contra los monjes origenistas de las montañas de Nitria, llamados "los cuatro hermanos largos" quienes habían provocado su ira, al unirse a su oponente, el presbítero Isidoro. Un sínodo en Alejandría en 399 o 400 y una tormentosa asamblea en las montañas de Nitria habían condenado a Orígenes. Las duras medidas de Teófilo contra los monjes y su declaración contra Orígenes incluso llegaron a Jerusalén, ganando la aprobación de Anastasio, Jerónimo y Epifanio; y en Constantinopla, donde "los cuatro hermanos largos", Isidoro y 50 monjes habían huido, comenzaron los repulsivos procedimientos que acabarían con el destierro de Crisóstomo. Sin embargo, los partidarios de Orígenes no desaparecieron. Conspicuos entre ellos fueron Evagrio Póntico, Paladio y Sócrates. Incluso Teodoreto, quien difería de él en hermenéutica, no le catalogó como hereje. Igualmente Orígenes halló simpatizantes en el sur de Francia, como Vicente de Lérins. Por otro lado, León Magno aprobó la condenación de Orígenes y Antípater de Bostra escribió una respuesta a la apología de Orígenes por Eusebio. Después de mediados del siglo V el abad palestiniense Eutimio expulsó a los monjes de las inmediaciones de Cesarea por errores origenistas como la preexistencia. Sin embargo, en el año 514 cuatro monjes origenistas dirigidos por Nonno fueron recibidos en la laura. Fueron expulsados por el nuevo abad, pero readmitidos por su sucesor. Mantuvieron sus ideas tranquilamente hasta 531, cuando uno de ellos, Leoncio de Bizancio, expresó teorías origenistas en un coloquio con los monofisitas. Tras la muerte de Sabas, se dice que Nonno venció a todos los monjes más eruditos de la nueva laura, extendiendo su influencia a los monasterios nacidos. Por otro lado, sus seguidores, en número de 40, fueron expulsados de la antigua laura. Un ataque con una nueva facción fracasó, como también sucesivos esfuerzos para la readmisión. Ambas facciones buscaron apoyos desde fuera. Por medio de Eusebio la facción origenista logró que sus más hostiles oponentes fueran sacados de la antigua laura hacia el año 542. Éstos, a su vez, no sólo indujeron a Efraín, patriarca de Antioquía, a condenar el origenismo, sino que procuraron también el apoyo del apocrisiario papal Pelagio y de Menas, patriarca de Constantinopla. Bajo su influencia Justiniano escribió su famosa carta a Menas, convocando un sínodo para la condenación de las doctrinas de Orígenes y exigiendo a cada obispo y abad que anatematizara a Orígenes y sus herejías antes de ser consagrado. Pero los planes de Justiniano quedaron frustrados por Teodoro Ascidas, quien había sido elevado desde la nueva laura a la dignidad episcopal y quien mediante un contraataque no sólo indujo al emperador a no proceder más allá en el asunto, sino también le indujo a condenar los dogmas de los antioquenos, que conjuró en la Controversia de los Tres Capítulos. Ascidas también forzó la readmisión de los monjes origenistas a la nueva laura, de la cual habían sido expulsados por rechazar obedecer el edicto contra las enseñanzas de Orígenes. Tras la muerte de Nonno en 547, surgió un cisma entre los monjes origenistas mismos, siendo denominada una facción por sus oponentes como isochristoi (a causa de la perfecta igualdad con Cristo que sería obtenida en la restauración final) mientras que los otros eran llamados protoktistai y tetraditæ (a causa de sus ideas sobre la doctrina de la existencia del alma de Cristo). El superior número de los isochristoi obligó a sus antagonistas a reconciliarse formalmente con la ortodoxia; y cuando (probablemente en 552) los isochristoi lograron que uno de ellos fuera escogido patriarca de Jerusalén, los ortodoxos en Constantinopla fueron capaces no sólo de removerle, sino incluso de asegurarse la condenación del origenismo junto con la teología antioquena en el quinto concilio ecuménico en 553. Los neo-lauritas, que rechazaron reconocer el concilio, fueron expulsados de la nueva laura y reemplazados por monjes ortodoxos. No hay duda de la condenación de Orígenes por el citado concilio.

Puntos de antagonismo.
Los puntos especiales contemplados como ofensivos en la enseñanza de Orígenes están en la "Apología" de Pánfilo y en Metodio De resurrectione y De creatis; Epifanio, Hær., lxiv.; Jerónimo, Contra Johannem Hierosolyomitanum; Orosio, Commonitorium y la réplica de Agustín; Teófilo (Mansi, Concilia, iii. 979-980); el anónimo escritor en Focio, Bibliotheca, 117 y Justiniano, Ad Mennam y los anatemas. En contraste con escritores posteriores, Pánfilo defendió la doctrina de Orígenes de la Trinidad contra el subordinacionismo, así como contra el sabelianismo y las teorías gnósticas de la emanación; pero desde el principio Orígenes provocó la ofensa por su restricción de la resurrección del cuerpo a su mera "forma", al unísono con su doctrina de la encarnación de los espíritus caídos desde un estado pre-temporal, la pre-existencia de las almas, la creación eterna del mundo, su reafirmación idealizada de la construcción bíblica de la creación y el paraíso y la restauración de todo, incluso del diablo. Aunque no faltaron partidarios de las peculiares doctrinas de Orígenes, no obstante aquellos que más tarde se levantaron como apologistas de Orígenes reconocieron sus ideas sólo en una extensión limitada. Sólo por un testimonio del siglo sexto se atribuyen las doctrinas de la pre-existencia y restauración a esos origenistas posteriores. Incluso los isochristoi, contra quienes las resoluciones del concilio de 553 iban dirigidas, se atrevieron a enseñar sólo una unión de los espíritus pre-temporales en el Logos y una futura traslación de las almas deificadas en él para ser considerados origenistas, un término que llevó a incluir a cualquiera que sostuviera que la doctrina de la pre-existencia y restauración era adiáfora.