Historia

PANTEÍSMO

Panteísmo es la teoría que sostiene la identidad de Dios con el todo o el universo.

Monje ante el mar, 1810, de David Caspar Friedrich. Staatliche Museen, Berlín
Monje ante el mar, 1810, de David Caspar Friedrich.
Staatliche Museen, Berlín
Carácter.
Tal teoría es muy antigua, ocurriendo (aunque en una forma no desarrollada) en viejas especulaciones, tanto orientales como occidentales. El nombre es comparativamente moderno, usándose por vez primera, hasta donde se sabe, en la obra de Toland, Socinianism Truly Stated (1705). Desde entonces ha sido empleado en oposición a teísmo, que acepta la personalidad de Dios y su necesaria relación con el mundo, e incluso con deísmo, aunque este sistema concibe a Dios como impersonal y rechaza la idea de una revelación en el sentido estricto. Todo panteísmo es monismo, pero el monismo abarca más que el panteísmo. Debido a la dificultad de alcanzar una definición satisfactoria final de panteísmo, ha sido usual calificar el término mediante una variedad de predicados expresando varios aspectos del mismo. De esta manera hay un panteísmo materialista, diseñado por la escuela francesa de Holbach, pero incluyendo también las ideas hylozoistas de los antiguos, particularmente de los estoicos; un panteísmo cosmológico, que se halla en la escuela eleática, pero que incluye la doctrina de la emanación en muchas formas; un panteísmo psicológico, según el cual Dios es el alma del mundo, aunque el contenido del universo no se agota con la idea de Dios. Se intentó ver más allá y clasificar el panteísmo de Spinoza como ontológico, el de Fichte como ético, el de Schelling y Hegel como lógico; y sobre esta base sería necesario hacer todavía otra distinción, con el teísmo místico de Eckhart y su escuela. Pero todas esas divisiones son sólo parciales y transitorias; el panteísmo, por ejemplo el de la escuela eleática puede también ser descrito como ontológico, en lugar de cosmológico.

Tipo hylozoico y estoico.
En un ensayo histórico la idea materialista, en tanto es panteísta, aparece como la más sencilla y más irreflexiva. Una tendencia al panteísmo se halla entre los hylozoistas. Ellos asumieron un principio, cuyas diversas permutaciones constituyen los objetos individuales del universo y aunque esto no es decididamente llamado Dios por ellos, sin embargo las expresiones de Thales y Anaximandro señalan en esa dirección. Un panteísmo más decidido aparece en Heráclito, cuya sustancia primitiva, el eterno fuego viviente, es evidentemente concebido como equivalente a la Deidad, aunque él a duras penas habla decididamente de ésta. Esta clase de panteísmo topa con la dificultad de explicar cómo mientras todos los particulares no son sino permutaciones del Fuego-Logos y están bajo la ley general del universo, sin embargo la mayoría de ellos son irracionales. Heráclito da una respuesta adecuada a esta dificultad. La solución intentada posteriormente por los estoicos y neoplatónicos, de que la armonía del universo incluye al mal tanto como al bien complementario, tal como la sombra va con la luz, puede trazarse en su doctrina de la armonía, que, sin embargo, no aplica a la evolución ética e intelectual de la humanidad. En acuerdo fundamental con los hylozoistas estuvo Diógenes de Apolonia, quien presentó su monismo posiblemente en oposición consciente al dualismo de Anaxágoras. Según él la materia primordial es el aire, que gobierna todas las cosas y al que llama abiertamente Dios. Es omnipresente; ninguna cosa existe que no tenga parte en ello, aunque todas no participan en la misma manera. El panteísmo halló expresión definitiva con los estoicos, quienes en el aspecto físico siguieron a Heráclito en lo principal, afirmando un materialismo orgánico o dinámico, en contraste con el materialismo mecánico de Demócrito o Epicuro. La materia primordial, la Deidad o fuego divino, cambia, para crear mundos, en aire y agua y una parte de éstos en tierra. En el proceso de creación y desarrollo el fuego y el aire son los elementos más activos, siendo el agua y la tierra pasivos, por lo que a veces los estoicos casi parecen entrar en el terreno de la antítesis platónica-aristotélica de materia y forma, es decir, el dualismo; pero este no es realmente el caso. Cuando, según Marco Aurelio, el estoicismo se extinguió como escuela, algunas de sus enseñanzas (como la de las rationes seminales, con la que la lumen naturale está relacionada) tuvieron una existencia continuada en el cristianismo y también ejercieron una influencia en el desarrollo de la filosofía. Se puede trazar una cohesión con Toland, quien en su Pantheisticon (1720) bosquejó una religión panteísta en el futuro, como culto a la libertad, verdad y sanidad y en sus Letters to Serena (1704) enseñó un panteísmo hylozoico con muchas reminiscencias de estoicismo. La materia no es inactiva, sino que está dotada con movimiento, por tanto no hay necesidad de un poder externo que produzca los fenómenos particulares, ni de un alma distinta del cuerpo. Lo particular se originó del todo, y éste todo es uno, infinito y racional. La ley de la naturaleza, el alma del mundo, es Dios, pero no ha de ser separada del universo más que el alma humana del cuerpo humano.

Panteísmo eleático.
En contraste con la forma de panteísmo considerada, en la cual la materia está viva, de hecho generalmente es vida racional, está la forma marcada por una creencia en la materia rígida, inerte, que primero se muestra claramente en la escuela eleática. Jenófanes fue el primer filósofo griego que decidida y explícitamente enseñó el monoteísmo, rechazando todas las concepciones antropomórficas de la Deidad, con la que él identificó el universo; según Aristóteles "mirando al mundo entero, él dijo que el Uno era Dios." Esta Deidad existe absolutamente sin comienzo, llena todo el espacio y no conoce moción o cambio. La fórmula hen kai pan ("Uno y Todo"), o más propiamente to pan hen ("Todo es Uno"), aunque a veces citada como una expresión característica del panteísmo, no lo es, estrictamente hablando, ya que no menciona a Dios; pero que Jenófanes identificó este Todo-Uno con la Deidad está expresamente atestiguado por Teofrasto. No se puede decir lo mismo de Parménides, quien insistió fuertemente en la unidad del ser abstracto y negó la existencia real de nada fuera de ello. De su Todo predica las siguientes cualidades: Es sin principio e indestructible, es un todo, una unidad, sin moción y sin fin; no era y no será, sino que es continuo, siempre en sí mismo y en todas partes el mismo; el ser no puede ser atribuido a ninguna parte más que a otra. Es evidente que la concepción de Parménides del ser fue material y limitada, casi corpórea; era un monista o un materialista, aunque no tal vez en el sentido usual, pero a duras penas puede ser llamado panteísta. Lo más destacado es que Dios nunca es mencionado en los fragmentos existentes de sus obras, aunque él seguramente conocía los poemas de Jenófanes, su predecesor en la doctrina del Todo-Uno, que está llena de referencias a la divinidad. La misma omisión es notoria en Meliso, el último de la escuela eleática; en ambos la Deidad es absolutamente equivalente a lo que es, por lo que es posible llamarlos panteístas, poniendo el debido énfasis en la ausencia de colorido religioso que aparece en el pensamiento de Jenófanes. Debido a su fundamental creencia en la inmovilidad del Todo, no había sitio en la enseñanza de los eleáticos para el desarrollo una vez que hubo recibido su forma definitiva con Parménides. Como mucho su creencia en la unidad e inmovilidad era capaz de ser desarrollada en oposición al conocimiento del mundo de los fenómenos, como con Platón, para quien la unidad se vio obligada a resolverse en pluralidad. No pudo lógicamente guiar a ninguna enseñanza ética, ya que el individuo es incapaz de asumir una posición aparte del Todo, tal como sería necesario para cualquier acción moral. La enseñanza de la escuela megariana, indudablemente basada en la eleática, no puede ser estimada como un desarrollo de ella, sino que está marcada por un mero cambio, bajo la influencia de la ética socrática, en la designación del Uno, que Euclides llamó "el Bien", "inteligencia", "Dios", "razón."

Baruch Spinoza, pintura anónima; en la Herzogliche Bibliothek, Wolfenbuettel, Alemania
Baruch Spinoza, anónimo;
Herzogliche Bibliothek,
Wolfenbuettel, Alemania
Spinoza.
Hay un cierto parecido entre la filosofía eleática y el monismo de Spinoza, para quien la sustancia es lo único que realmente existe. Sólo puede ser una y puede ser designada igualmente como Dios o naturaleza. Ya que todo es extendido y externo o espiritual e interno, esas son las dos formas en las que el Ser eterno llega a nuestra conciencia. Teóricamente hay infinidad de atributos de la sustancia o Dios, desde el postulado de lo infinito; pero la extensión y el pensamiento son los únicos conocibles. De esta manera se pone a un lado el dualismo de Descartes, quien asumió la existencia de dos sustancias distintas en el mundo de los fenómenos, lo extendido y el pensamiento y puso por encima de ellos a Dios como creador. Las cosas particulares eran para Spinoza sólo formas o modos de esos atributos. Cada modo es tal en ambos atributos al mismo tiempo; de modo que el hombre en su lado corporal es un modo de extensión y en su mental un modo de pensamiento. Pero la deducción estrictamente matemática y eterna de todas las cosas de Dios no explica la realidad. Esta es la gran dificultad de la mayoría de los sistemas metafísicos, que son incapaces de explicar cómo surgen del ser, una dificultad que el parentesco intelectual de Spinoza con la escuela eleática no tocó, ya que ellos no se opusieron sino a la apariencia engañosa del ser. Según Spinoza no puede haber realmente moción verdadera ni nada que sea causa operativa; aunque él llama Dios a la primera causa del universo, el origen y preservador de todas las cosas, se trata de una causa inmanente, no trascendente. Todo en el mundo está determinado, incluido el hombre e incluso Dios mismo está determinado por la necesidad de su propio ser y no puede voluntariamente hacer nada o dejar de hacerlo. Su libertad consiste en el hecho de que está determinado sólo por sí mismo. Y no sólo es imposible predicar el entendimiento y la voluntad de Dios, sino que tampoco tiene existencia individual, ya que ello constituiría una limitación y toda limitación es una negación, que no puede aplicarse a Dios. Se sigue de la infinitud divina que todo lo que es, los atributos y todos sus modos, está en Dios. De este modo Spinoza no es ni un materialista ni un espiritualista, sino ambas cosas al mismo tiempo; no es un ateo ni un acosmista (como ha sido llamado), sino en el sentido estricto de la palabra un panteísta. El objetivo que había sido imposible para la escuela eleática, el establecimiento de un sistema de ética, se convierte en el principal objetivo de Spinoza. En su mayor obra comienza, de hecho, con la definición de Dios, pero la da porque Dios debe ser conocido para que el hombre pueda ser liberado de sus pasiones y sea capaz de obtener la felicidad. Cuando el hombre entiende que todo depende, en un orden inmutable, de Dios, que nada existe por sí mismo, sino que todo a la vez descansa en Dios, ya no será perturbado por acontecimientos externos ni será arrastrado por sus pasiones. La perfección del hombre yace en su realización de sí mismo y de todas las cosas en Dios; lo cual trae gozo, basado en el amor intelectual por Dios, que es la piedra angular mística del sistema de Spinoza. La doctrina de los modi le permitió desarrollar un sistema ético; las cosas particulares, aunque no tienen existencia independiente, no obstante, como elementos individuales dentro de su monismo, poseen una especie de naturaleza propia, en virtud de la cual los hombres están sujetos a unas condiciones de pasión, que deben ser suprimidas antes de que ellos puedan encontrar su perfección en Dios.

Immanuel Kant, grabado
Immanuel Kant, grabado
Johann Gottlieb Fichte, litografía de F.A. Zimmermann según una pintura de H.A. Daehling
Johann Gottlieb Fichte,
litografía de F.A.
Zimmermann según una
pintura de H.A. Daehling
Kant y Fichte.
El panteísmo de Spinoza fue duramente atacado hasta finales del siglo XVIII y pasó mucho tiempo antes de que se le defendiera de la acusación común de ateísmo; a consecuencia de la controversia entre Jacobi y Mendelssohn sobre el spinozismo de Lessing, tuvo lugar una reacción que resultó en su alabanza. Herder, y posteriormente Voigtländer, se propuso demostrar que Spinoza no era un panteísta sino un teísta, aunque no lo logró. El sistema crítico de Kant se proponía apartarse definitivamente del panteísmo, no mostrando relación con Spinoza. La razón, afirmó Kant, está ligada a la creencia en un Dios, en una causa de todo lo natural que es distinto de ello, satisfaciendo el sentido moral y poseyendo inteligencia y voluntad. Pero hay no poco en su filosofía que tiene sabor panteísta. Esto es particularmente notorio en su ética. Según él la razón práctica proporciona las leyes morales; esta razón es la de los hombres, de todos los hombres, o las leyes morales no tendrían validez universal. El hombre es por tanto autónomo, el legislador en el campo práctico. La religión viene a la existencia sólo cuando los deberes, que son los mandatos de la razón, son reconocidos como mandato de Dios. Entonces las mismas leyes toman su origen tanto en nuestra razón como en Dios; pero no puede haber dos fuentes de ley; por lo tanto la razón debe también ser Dios. Los sistemas idealistas que siguieron a Kant han sido llamados más o menos panteístas; pero toman esta cualidad menos de Kant que de Spinoza, que como él contempla todo el contenido del ser como la esencia de lo absoluto o lo divino. La influencia de Spinoza se sintió probablemente menos por medio de Fichte, quien, sin embargo, en su tratado Ueber den Grund unseres Glaubens an eine göttliche Weltregierung (1798) proclama una especie de panteísmo, cuando dice que el orden moral es Dios; que el hombre no necesita, y no puede concebir, a otro; que la noción de Dios como sustancia separada es imposible e impensable. Todo individuo tiene un lugar destinado en este orden del mundo, es decir, en Dios. En su doctrina del Ego, relacionada con la percepción trascendental de Kant, el Ego absoluto del que lo individual debe ser deducido, es equivalente a la Deidad; y posteriormente, como en su Anweisung zum seligen Leben (1806), el Absoluto es el punto general de partida de su especulación. Aquí Dios es el único realmente Existente, quien a través de su pensamiento absoluto pone la naturaleza externa, como un no-Ego irreal, frente a sí mismo.

Retrato de Schelling
Retrato de Schelling
Panteísmo de Schelling.
Partiendo de la doctrina de Fichte sobre el Ego, Schelling la transformó al combinarla con el spinozismo en su sistema de identidad. La doctrina de Spinoza de la inmovilidad de la sustancia fue relegada al trasfondo por su concepción del desarrollo. Objeto y sujeto, lo real y lo ideal, la naturaleza y el espíritu son para él idénticos en algo más elevado, que ni es sujeto ni objeto, ni ambos juntos, sino identidad absoluta como principio del verdadero idealismo. Esta unidad original pasa a los opuestos polares de ser positivo o ideal y de ser negativo o real. El polo negativo o real es lo natural, en lo cual reside un principio vital, purificador, en virtud de una continuidad general de todas las causas naturales, de todas las existencias orgánicas e inorgánicas en un organismo completo. Schelling denomina a este principio vital el alma del mundo. La historia, como lo natural, forma un todo completo y en ambos es posible reconocer la gradual revelación del absoluto. El panteísmo aparece también en las últimas ideas de Schelling, tal como las expone en Philosophische Untersuchungen über die menschliche Freiheit (1809). Siguiendo lo trazado por Jakob Böhme, distingue en Dios tres momenta: indiferencia, el fundamento primordial o "abismo" de la naturaleza divina; diferenciación en causa y existencia y la identidad o reconciliación de los diferenciados. La unidad de la voluntad particular con la voluntad universal es la bondad; la separación de ambas es el mal. El hombre es el redentor de lo natural, por cuya mediación Dios recibe lo natural y lo hace divino.

Friedrich Schleiermacher, detalle de un grabado de F. Lehmann, mediados del siglo XIX
Friedrich Schleiermacher,
detalle de un grabado
de F. Lehmann, mediados
del siglo XIX
Hegel y Schleiermacher.
En Hegel la influencia de Spinoza es menos evidente, pero el panteísmo lo es más, a pesar de su objeción al nombre. El autodesarrollo del absoluto es el autodesarrollo de Dios. La razón absoluta se externaliza en lo natural, pero este auto-distanciamiento, este convertirse en otro, que es en un sentido un declive, es una etapa necesaria para el regreso a sí mismo en espíritu.
Georg Wilhelm Friedrich Hegel, óleo pintado por Jakob von Schlesinger, c. 1825; en Staatliche Museen de Berlín
Georg W. Friedrich Hegel,
óleo pintado por Jakob
von Schlesinger, c. 1825;
Staatliche Museen, Berlín
La idea divina se distingue en tres formas: (1) Estando eternamente en sí mismo y consigo mismo, la forma de universalidad, Dios en su idea eterna en él y para él, es el reino del Padre; (2) la forma de manifestación, de particularización, Ser-para-otros, en la naturaleza física y en el espíritu finito, la idea eterna de Dios en el elemento de la conciencia y la descripción mental es el reino del Hijo; y (3) la forma del retorno de la manifestación a sí mismo, el proceso de reconciliación, la Idea en la esfera de la comunidad religiosa es el reino del Espíritu. Es fácil ver a partir de aquí cómo los seguidores de Hegel se dividen en dos alas, derecha e izquierda, contemplando los primeros el teísmo apoyado por su enseñanza y sometiéndose más o menos a las doctrinas cristianas, mientras que los segundos subrayan en su concepción de Dios la sustancia eterna y universal, viniendo primero a la autoconciencia en la humanidad y por tanto siguiendo a su maestro como panteísta. El siguiente filósofo especulativo con una tendencia panteísta es Schleiermacher, quien, como Spinoza, encuentra al infinito (Dios) en medio de lo finito, a lo cual atribuye realidad objetiva. La totalidad de todas las cosas existentes es el mundo, la unidad del universo es la Deidad. No es idéntico con el mundo, pero no puede separarse del mundo. En contraste con Spinoza, Schleiermacher subraya la dignidad del individuo, lo que debilita el efecto de su panteísmo, y reconoce un Dios viviente en lugar de algo inerte e inamovible, aunque no alcanza la concepción de un Dios personal.

Evolucionismo, emanacionismo y panteísmo escolástico.
Existe una distinción marcada entre la doctrina de la evolución, que caracteriza el panteísmo materialista que se origina en los hylozoistas y los seguidores posteriores de la escuela eleática, y las doctrinas de la emanación. En la primera se asume que el principio total está incluido en el desarrollo y en un progreso de lo menos perfecto a lo más perfecto, en la segunda, el principio permanece incambiable en su unidad y permite al universo fluir, convirtiéndose en etapas sucesivas en menos perfecto. Pero los sistemas emanacionistas han de ser llamados panteístas en tanto asumen que todas las cosas estaban originalmente contenidas en Dios. Tal panteísmo se halla en la India y está mayormente relacionado con la idea de emanación. Las expresiones de los Upanishads en cuanto a Brahma, el Uno absoluta y únicamente existente, el Atman, el núcleo de todo ser, son particularmente panteístas, pero no son elaboradas en un sistema lógico. Entre los griegos los neoplatónicos enseñaron la emanación decididamente, contemplando el principio más elevado, el Uno, rebosando, por lo que se ve obligado a derramarse, sin ninguna ruptura de continuidad. En su doctrina de la reabsorción en el Uno, la meta humana más elevada, es claramente visible una tendencia panteísta. Siguiendo las ideas neoplatónicas, el pseudo-Dionisio, aunque no enseña nítidamente la emanación, es claramente panteísta. Influenciado por ambas fuentes, Escoto Erígena llega a un panteísmo aún más completo. Su doble proceso, primero de análisis, o el descenso de lo universal a lo particular, el procedimiento de todas las cosas desde Dios el principio más elevado y luego de reversión o deificación, el retorno a través de la reunión de individuos en clases hasta la unidad más simple, se alcanza una vez más en Dios, por lo que muestra una amplia desviación de la doctrina de los neoplatónicos, especialmente de Proclo. En Proclo el final del proceso es la distancia extrema de la fuente; en Erígena, Dios es no sólo el principio sino el medio y el fin. No obstante, permanece sin mezclar en su propia esencia, a la vez es inmanente del mundo y trascendente. Numerosas ideas panteístas penetran las herejías y el misticismo de la Edad Media, extraídas principalmente de Erígena, que influyó especialmente en Amalrico de Bena, el maestro de la identidad del Creador y la creación. David de Dinant enseñó que había sólo una sustancia en todos los cuerpos y todas las almas, Dios mismo. La Iglesia tomó fuertes medidas contra esas enseñanzas y condenó un gran número de proposiciones de los escritos del famoso místico Eckhart, que tendía a la misma dirección. Hay mucho en común entre él y Nicolás de Cusa, quien combinó las más diversas ideas e intereses y luchó para sostener la doctrina de la creación del mundo junto con las creencias panteístas, tales como que Dios abarca todas las cosas en sí mismo, incluso las opuestas, y que Dios con su ser y su poder está presente en todo lo animado, ordenando totalmente el universo, de modo que cada cosa en su especie tiene cierta perfección. Nicolás no tuvo una influencia superficial en el desarrollo de la filosofía, aunque no tanta como Giordano Bruno, quien dependió de él en numerosos puntos. Huellas de la influencia de Bruno se encuentran en Spinoza y Leibniz; pero había en él demasiado de ecléctico para elaborar un sistema consistente y bien redondeado. Aunque permite al individualismo tener su lugar, su panteísmo es en buena medida como el de los estoicos. Incluso en Leibniz, individualista completo como era, hay huellas de lo mismo, como cuando llama a Dios el "centro de todo" y concibe a las mónadas simples como una effulguration de la Deidad. Esto muestra sólo cuán difícil es, sin caer en el dualismo declarado, excluir totalmente el panteísmo; y de hecho, aunque el panteísmo completo no es sostenible, la conciencia cristiana más profunda no puede olvidar las dos proposiciones de que en Dios vivimos, nos movemos y somos y de que él es el Altísimo, distinto de todo otro ser.