Historia
PAPIRO

La planta es conocida fuera de Egipto, por ejemplo en Sicilia, y es cultivada en muchos jardines botánicos y privados; su nombre botánico es Cyperus papyrus y su entorno muestra que necesita un clima cálido. Se puede trasplantar y se propaga por semilla o por injerto. Su uso como material de escritura es muy antiguo. Según Kenyon el papiro más antiguo retrocede al período del rey Asa (hacia 2600 a. C.) y desde ese tiempo hasta la ocupación árabe de Egipto el papiro fue el material ordinario en el que se escribió en la tierra del Nilo. A pesar de su fragilidad aparente, parece ser casi tan indestructible como las pirámides o los obeliscos, debiéndose a esta cualidad en no menor grado la resurrección del antiguo Egipto en el tiempo actual. Un relato del método de preparación lo da Plinio (Hist. nat., xiii. 11-13) y el siguiente es el ofrecido por Kenyon (Paleography of Greek papyri, p. 14, Londres, 1899): "La médula del tallo de la planta se cortaba en finas tiras que eran puestas una lado de la otra, verticalmente, en la forma de una hoja de papel. Sobre esta capa se ponía otra horizontalmente y las dos se juntaban por una especie de pegamento del que el agua del Nilo se suponía que era un constituyente necesario. Las capas se ponían bajo presión y luego se secaban al sol, tras lo cual eran pulidas para eliminar cualquier irregularidad de la superficie, quedando el material listo para su uso." Este método de preparación es conocido por haber sido usado en Sicilia incluso en el siglo XX. Por supuesto el tamaño de las hojas varía y las medidas han quedado registradas por Kenyon (ut. supra., páginas 16-17). Para la mayoría de propósitos no literarios una sola hoja bastaba; para textos más largos, especialmente los de carácter literario, se necesitaban varias hojas para formar un rollo, siendo esta última la forma clásica de las antiguas producciones. Se usaba comúnmente el lado en el que las fibras están horizontales (recto), siendo el otro lado (verso) usado sólo excepcionalmente; de ahí se sigue que cuando un trozo de papiro lleva escritura en ambos lados de diferentes manos, usualmente la más antigua es la del recto. En los siglos posteriores de la antigüedad apareció el libro o códice y finalmente sustituyó a la forma anterior de rollo; la afirmación de que la forma de libro se debe al uso del pergamino es incorrecta. Se conocen numerosos fragmentos de papiros, algunos de los cuales retroceden hasta el siglo tercero de la era cristiana.

Del papiro se habla en el Antiguo Testamento, ¿Puede crecer el papiro sin cenagal? ¿Puede el junco crecer sin agua?[…]Job 8:11; La tierra abrasada se convertirá en laguna, y el secadal en manantiales de aguas; en la guarida de chacales, su lugar de descanso, la hierba se convertirá en cañas y juncos.[…]Isaías 35:7 (gome; Septuaginta, papyros); Bajo los lotos se echa, en lo oculto de las cañas y del pantano.[…]Job 40:21 (bizzah); Hederán los canales, disminuirán y se secarán las corrientes de Egipto; la caña y el junco se marchitarán.[…]Isaías 19:6 (suf) y en Pero no pudiendo ocultarlo por más tiempo, tomó una cestilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea. Entonces puso al niño en ella, y la colocó entre los juncos a la orilla del Nilo.[…]Éxodo 2:3 se habla de una arquilla de juncos o papiro. La segunda carta de Juan también nombra al papiro (versículo 12, "papel" es probablemente papiro), mientras que Cuando vengas, trae la capa que dejé en Troas con Carpo, y los libros, especialmente los pergaminos.[…]2 Timoteo 4:13, "los libros", seguramente se refiere a papiros, ya que "pergaminos", se mencionan especialmente. Desde el año 1778, cuando un comerciante europeo desconocido de libros compró de algunos campesinos egipcios un rollo de papiros del año 191-192 d. C. y vio a esos mismos campesinos quemar unos 50 o más de otros fragmentos para disfrutar del aromático olor, la tierra del Nilo ha proporcionado un inmenso número de papiros escritos en todas las lenguas posibles, cubriendo un periodo de más de mil años. En la segunda y tercera década del siglo XIX un buen número de papiros de Memfis, Letópolis, This, Panópolis, Tebas, Hermontis, Elefantina y Syena llegaron a los museos europeos, aunque pocos fueron estudiados. Pero el año 1877 es la fecha de las más ricas adquisiciones del Fayum, contándose por miles las preciosas hojas y fragmentos. Muchos de ellos fueron desenterrados, siendo este el método de búsqueda de ese valioso material. Que los fragmentos hallados proceden de residuos amontonados de antiguas ciudades es en sí mismo indicativo. Lo que se ha encontrado no es el resto de grandes archivos, sino simplemente el residuo de basura amontonada tirada de dependencias públicas y privadas, libros rotos y hojas desechadas que han recibido una valoración nunca concebida por aquellos que las tiraron. La inmensa masa de los papiros no son de carácter literario, siendo papeles legales de varias clases, facturas y recibos, préstamos y ventas, acuerdos de matrimonio y testamentos; hay también cartas y notas, textos mágicos, horóscopos, diarios y cosas semejantes. Los más antiguos llegan hasta el tiempo de los Ptolomeos, habiendo los que alcanzan el siglo cuarto a. C. y llegando los últimos hasta los días bizantinos.
Su importancia.
La fluctuante historia del Egipto greco-romano está reflejada en esos fragmentos. No se puede valorar debidamente el valor de esos hallazgos de escritura griega, por no decir nada de otros fragmentos que contienen escritura en demótico, copto, árabe, latín, hebreo y persa, por la luz que arrojan sobre la antigüedad; representan una resurrección de una gran parte de la vida antigua. Su testimonio del pasado es tan veraz, cálido y vital que son testimonios tan fiables casi como las palabras de un autor del período y ciertamente tienen más vida que las inscripciones, que a veces son tan frías como el mármol sobre el cual están grabadas. Los papiros son autógrafos, muestran peculiaridades de la escritura a mano, revelan la vida personal del escritor. Las revelaciones que proporcionan se parecen a un flujo de sangre cálida, por ejemplo respecto a la historia de la ley, iluminando la historia de la cultura y de la lengua. De hecho esos papiros no literarios tienen un gran valor para la ciencia de la historia que no poseen las obras literarias, más pretenciosas, simplemente porque no proceden del antiguo arte sino de la vida diaria del pasado.

Los papiros no literarios a veces contienen detalles que tienen conexiones directas con la antigüedad bíblica y cristiana. Hay fragmentos que nombran a judíos viviendo en varias partes de Egipto y proporcionan una idea del judaísmo de los tiempos de los Ptolomeos hasta el tiempo del Imperio romano. Otros papiros nos permiten conocer la fecha del prefecto Munatius Félix de Egipto y datan la Apología de Justino Mártir. El período de persecución está aclarado por los libelos que se han encontrado. Hay una carta de un presbítero en el Gran Oasis a otro presbítero sobre una mujer cristiana desterrada. Hay también documentos legales de importancia e interés para el historiador del cristianismo, que incrementan el conocimiento materialmente. Aunque los papiros tienen valor para la filología griega general, son de especial importancia para la Septuaginta. Hasta el descubrimiento de los papiros había pocos documentos contemporáneos que ilustraran esa fase de la lengua griega que yace entre la Septuaginta y el Nuevo Testamento. En tales libros lo que se encuentra es el griego de común uso en el tiempo, tanto en el vocabulario como en la morfología y a veces también en la sintaxis, estando en distinción de la lengua literaria de los retóricos. La impresión trasmitida es que el desarrollo de la lengua estaba todavía en proceso y esta impresión pudo haber sido confirmada por referencia a las pocas inscripciones del período, que a veces muestran estrechas afinidades con el griego bíblico. Pero esta idea ha recibido escasa atención y la opinión mayoritaria es que el griego bíblico era un tipo especial de la lengua. Esta teoría ha tenido gran influencia en la exégesis, pero tendrá que enfrentarse ante el testimonio de los papiros. Una de las grandes ganancias de la recuperación de esos documentos es que muestran la relación de los textos bíblicos con el uso contemporáneo de la lengua griega y en un buen sentido "secularizan" el griego de la Biblia. Entre los puntos especiales que clarifican los papiros está el hecho de que la Septuaginta es un producto egipcio. Esto por supuesto no es nada nuevo, pero la Biblia griega puede ser colocada ahora entre una multitud de documentos que son, por así decirlo, de su propia nacionalidad, y por tanto gana en frescura y poder para presentar a la imaginación el entorno en el que nace. Por ejemplo, cuando los traductores sustituyeron "médicos" por "embalsamadores" en el texto hebreo de Y ordenó José a sus siervos médicos que embalsamaran a su padre; y los médicos embalsamaron a Israel.[…]Génesis 50:2, reprodujeron en su traducción la influencia de su entorno. Igualmente los papiros hicieron posible una investigación más exacta de preguntas concernientes a la ortografía, morfología y sintaxis. Por ejemplo, la repetición del numeral para expresar distribución, tal como se encuentra en Entraron, pues, con Noé en el arca de dos en dos de toda carne en que había aliento de vida.[…]Génesis 7:15 y Entonces llamó* a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos;[…]Marcos 6:7 se ilustra en el papiro Oxyrhynchus número 121 del siglo tercero d. C.; de esta manera se relaciona el griego posterior con el griego bíblico. Especialmente valiosas son las contribuciones hechas a la lexicografía del griego bíblico. Y un servicio añadido se hace al dar realismo a uno de los suelos en los que la primera semilla del cristianismo se sembró, ya que a los hombres del período se les hace vivir de nuevo y se les muestra en su trabajo, bajo sus ansiedades y distancia de Dios y en su suspiro por él. Esto es especialmente verdadero de los hombres de las clases baja y media, entre los cuales el evangelio encontró un fértil suelo. Para el que tiene más que un mero interés filológico y cuyo ojo no se contenta con una mera mirada superficial de las cosas, esos documentos proporcionan ricos resultados para un ampliado conocimiento de la civilización y la religión. Incluso la ciencia teológica se beneficia, cuando el trasfondo histórico recibe iluminación.