Historia
PASCUA
- La celebración. Nombres y significado
- Las controversias pascuales. Los cuartodecímanos de Asia Menor
- El ciclo de Pascua

Pascua, la festividad de la resurrección de nuestro Señor, es, con Navidad, la fiesta más gozosa observada por la Iglesia. La palabra inglesa Easter y la equivalente alemana Ostern, se derivan del anglosajón Ostará o Eástre, nombre de la diosa de la primavera y el amanecer (comp. Etymological Dictionary de Skeat; Beda, De ratione temporum, xv). El francés páques y los términos usados en otras lenguas romances, como el español pascua, se derivan del hebreo pesaj "paso." En la Grecia antigua el término pascha se usó para la festividad anterior a Pentecostés, dondequiera que la festividad se conmemorara. Queda por demostrar si el término quedó solo para la festividad de la muerte de Cristo o para la de la muerte y la resurrección o para la de la resurrección solamente. Lo cierto es que si la resurrección de Cristo fue anualmente conmemorada, la festividad de conmemoración fue llamada pascha y de ninguna otra manera. La palabra pascha al principio se derivó del griego paschein "sufrir" (Tertuliano, adv. Jud.; Ireneo, Hær., iv. 23, etc.). Posteriormente la verdadera derivación del hebreo pesaj se reconoció y se le dio el significado diabasis, transitus, "paso" (como por ejemplo Gregorio de Nacianzo, Sermo, xlv; Agustín, Epist., lv). Tras el año 300 el día de la resurrección fue llamado el "único día grande" por León Magno (Sermo de resurrectione Domini), "el día más real de todos los días" por Gregorio de Nacianzo; "la fiesta de las fiestas", "el más feliz de los días" y otras designaciones que muestran que era contemplada tras esa fecha, si no antes, como la más gozosa e importante del año. Juan de Damasco ha dado expresión al sentimiento devoto de la antigua Iglesia respecto a la Pascua en su himno de resurrección:
El día de la resurrección, tierra, proclámalo al exterior
la Pascua del gozo, la Pascua de Dios.
Hay dos preguntas que surgen: (1) ¿Cuándo comenzó la costumbre de la conmemoración anual de la resurrección? (2) ¿En qué día de la semana y qué día del año se celebró la festividad? Para el período tras el concilio de Nicea (325) la dificultad desaparece en gran manera. La larga declaración de Eusebio (Hist. eccl., V, xxiii-xxv) no resuelve la dificultad para el periodo ante-niceno, pero su vaguedad, que surge de lo que Eusebio asume que es conocido, más bien aumenta la dificultad. Si estuviéramos en posesión de los tratados perdidos publicados en el siglo tercero para las controversias pascuales, a las que Eusebio hace referencia, toda incertidumbre desaparecería.
Testimonio del período ante-niceno.
La única alusión posible en el Nuevo Testamento a la observancia de una Pascua cristiana, o conmemoración de la muerte de Cristo, es Limpiad la levadura vieja para que seáis masa nueva, así como lo sois, sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado.[…]1 Corintios 5:7, donde "Cristo nuestra Pascua" se dice que ha sido sacrificada por nosotros. Que los cristianos judíos continuaran manteniendo la festividad judía es totalmente probable, si no cierto, del hábito de Pablo. Por otra parte, Pablo parece tener en poco la observancia de festividades especiales salvo la del primer día de la semana (Que el primer día de la semana, cada uno de vosotros aparte y guarde según haya prosperado, para que cuando yo vaya no se recojan entonces ofrendas.[…]1 Corintios 16:2). ¿Cuál era la costumbre de los cristianos gentiles? ¿Guardaron también el tiempo dedicado a la Pascua judía, introduciendo en ella ideas cristianas? Y si lo hicieron ¿la observaron como una conmemoración de la resurrección de Cristo así como de su muerte y sepultura? En la literatura de la edad subapostólica (salvo Justino Mártir) no hay referencia a una celebración de una festividad anual de la resurrección o pascha. No hay indicios de nada de esa clase en la Didaché. Trifón acusó a los cristianos de no guardar las festividades judías o el sábado; la réplica fue que los cristianos no daban ninguna virtud al hecho de guardar tales festividades (Justino Mártir, Trypho, x). De Tertuliano parece ser evidente que había una batalla entre los elementos judíos y gentiles en la Iglesia sobre lo que debía ser incluido bajo la festividad de la pascha y una batalla dentro de la porción gentil de la Iglesia en cuanto a si alguna festividad anual debía ser observada. Tertuliano dice: Si el apóstoles deja a un lado toda reverencia especial a días y meses y años, ¿por qué celebramos la pascha en el primer mes de cada año? (De jejuniis, xiv). De ello es evidente que la pascha era observada, pero que había una diferencia sobre lo que estaba incluido bajo dicho término. En su De oratione (viii) se refiere a ella como el viernes de la muerte del Señor y en De corona (iii) dice: "Estimamos que ayunar o arrodillarse en adoración el día del Señor es ilegal. Nos regocijamos en el mismo privilegio también desde Pascua a Pentecostés." Similarmente en De baptismo (xix) dice que no ayunan el día del Señor y que el período entre el día de la pascha y Pentecostés los cristianos se regocijan. De esto parece evidente que toda la época de la pascha era observada con tristeza y aflicción. Por tanto parece que la observancia de la pascha era un tiempo de lamento y es incierto si la resurrección era observada anualmente mediante un día especial, o, si era observada, separadamente de la festividad de la muerte de Cristo.
Testimonio del período post-niceno.
El siguiente punto de aproximación es por medio de Eusebio (Hist., eccl., V, xxiii). En este famoso pasaje el historiador tiene especialmente en mente el conflicto en cuanto al día de la semana y del año en el que la pascha había de celebrarse. Afirma que ya a mediados del siglo segundo hubo una disputa sobre esta doble cuestión, siendo Policarpo de Asia Menor y Aniceto de Roma en ese tiempo los representantes de las dos ideas. Eusebio además dice que las iglesias en Asia Menor derivaban su costumbre de observar la pascha del apóstol Juan y de Felipe. Sin duda, los elementos cristianos fueron incorporados en la celebración. No era una cuestión de si un día correspondiente a la Pascua debía celebrarse, sino una cuestión sobre el tiempo en el que había de hacerse. Más aún, según Eusebio, las iglesias de Asia Menor terminaban "su ayuno en la festividad de la Pascua del Salvador." Esto era el 14 de Nisán. En otras partes de la Iglesia, continúa Eusebio, no era su costumbre "terminarla en este día" sino "en ningún otro día que no fuera el de la resurrección del Señor." De esto se deduce que en Asia Menor las iglesias acababan el ayuno el día apartado para la pascha, que es con toda probabilidad el día de la conmemoración de la crucifixión y en el resto del mundo prolongaban el ayuno hasta el domingo. No se menciona el gozo como elemento de la celebración ni en el caso de Asia Menor ni en el del resto del mundo, por lo que si la resurrección se celebraba como fiesta separada, Eusebio no lo indica. No podemos pensar que, si la resurrección se celebraba, el ayuno y la aflicción entraban en su observancia, como se ha deducido de esta declaración de Eusebio. A este pasaje de Eusebio se añadieron pasajes de los Cánones de Hipólito y de Afraates. El primero habla de la pascha como un tiempo de ayuno y lamento. Afraates igualmente no parece tener en mente la resurrección cuando habla de la pascha cristiana. Sin embargo, Alejandro de Egipto († 264, Routh, Reliquiæ Sacræ, iii. 223 y sig.) distingue la conmemoración de la muerte y la de la resurrección.
Conclusiones.
De estas informaciones insatisfactorias se pueden deducir diferentes ideas. Neander, Hilgenfeld y P. Schaff han sostenido que en los siglo segundo y tercero la pascha incluía la celebración de la resurrección y muerte de Cristo; Steitz y Drews sólo la muerte; mientras que Schürer, Karl Müller y otros sostuvieron la idea modificada de que se celebraba la terminación de la obra completa de la redención y no específicamente ni la muerte ni la resurrección. Se debe decir que el silencio de los escritores del período ante-niceno, que dan tan escasa información de la fiesta de pascha, no puede ser interpretado seguramente significando que la resurrección no se celebraba como parte distintiva de la festividad de pascha. Las pocas informaciones existentes, tomadas por ellas mismas, parecen favorecer la teoría de que no había sino una festividad de pascha y que incluye la muerte y la resurrección. Ciertamente en el siglo cuarto el término pascha se usaba para ambos acontecimientos. Entonces fue llamada "la fiesta santa, la Pascua de nuestra salvación" como hizo el concilio de Antioquía de 341 (canon i, Hefele, Conciliengeschichte, i. 513) y Atanasio frecuentemente describe la pascha como una fiesta de gozo en la que el Señor mismo es la festividad. Es una fiesta de redención. Finalmente, en el siglo cuarto pascha se usa en un sentido limitado para el domingo de resurrección solamente, como en los concilio de Arlés de 314, Cartago de 397 y el primer sínodo de Toledo, 400 (canon 20). Contemporáneamente toda la fiesta de la pascha fue conocida bajo los dos nombres de pascha de crucifixión y pascha de resurrección, siendo partes de una sola conmemoración.

Pascua. Ejemplar de principios del siglo XIV de un tratado
de Guillaume Durandus, titulado Rationale Divinorum Officiorum.
Additional MS 31032, f. 1.
Como ya se ha indicado, Eusebio señala que había una amplia diferencia entre las costumbres prevalecientes en Asia Menor y el resto del mundo cristiano, tocante al día del año y de la semana en la que la pascha había de ser celebrada. Los cristianos de Asia Menor fueron llamados cuartodecímanos, por su costumbre de celebrar la festividad invariablemente el día 14 de Nisán, el primer mes del año judío que caía en la primavera. La fecha puede caer en viernes o cualquier otro día de la semana, hecho que no hace diferencia en la celebración de la festividad. Por esta razón el día de la resurrección no siempre caía en domingo. En las iglesias del oeste y también en partes del este prevaleció una costumbre diferente. El resultado de esas diferencias fue que secciones diferentes de la Iglesia observaron la pascha en fechas diferentes. De esta diferencia surgió la controversia pascual. El concilio de Nicea tuvo como segundo objetivo la unificación de la fecha de la pascha cristiana, a lo que el concilio de Arlés (314) se había referido como una cosa muy deseable, "que la pascha del Señor debería ser observada en un día y en un tiempo en todo el mundo" (comp. Hefele, Conciliengeschichte, i. 205). El decreto de Nicea fijó el domingo de Pascua al domingo inmediatamente siguiente al decimocuarto día de la denominada luna pascual, que sucede en el equinoccio de primavera. El equinoccio de primavera invariablemente cae el 21 de marzo. Por tanto, la Pascua no puede ocurrir antes del 22 de marzo ni después del 25 de abril. En el primer caso el decimocuarto día de la luna coincidiría con el 21 de marzo, el día del equinoccio de primavera. En el segundo, el decimoquinto día de la luna caería el 21 de marzo y un mes lunar completo tendría que intervenir antes de la condición de que "el decimocuarto día de la primera luna después del equinoccio de primavera", se cumpliera y, como esto podía ser domingo, el domingo de resurrección no ocurre hasta que siete días más hayan pasado, es decir, el 25 de abril.
Ritos de celebración.
Hasta el año 300 las informaciones son muy escasas. Eusebio señala que la pascha era celebrada con lamento y que los sínodos eclesiásticos (excluyendo los de Asia Menor) ordenaron que "el misterio de la resurrección del Señor" fuera observado sólo el día del Señor y que en ese día "el término del ayuno pascual" fuera observado. La pascha era un tiempo de ayuno. "El misterio de la resurrección del Señor" debe referirse a la eucaristía. Tertuliano (Ad uxorem, ii. 4) y otros se refieren a vigilias que se extendían hasta la noche del sábado o hasta el canto del gallo de la madrugada del domingo (Constituciones Apostólicas). La principal fuente de información es la Didaskalia (xxi, Constituciones apostólicas,v. 18 -19) que habla del ayuno que comienza el lunes de la semana de Pascua y continúa con creciente rigor hasta el sábado por la noche y añade que en la noche del sábado toda la congregación se reunía en oración, especialmente por los judíos, y en la lectura de las Escrituras. El domingo era entonces observado congregándose juntos los ricos y los pobres en la fiesta de amor y la eucaristía.
En el período post-niceno y en la Edad Media.
Tras el año 300 las informaciones de las festividades de Pascua son frecuentes y muchos sermones sobre el asunto están preservados en Ambrosio, Agustín y otros escritores. Ese día era contemplado como la festividad más alegre del año. La semana comenzaba con el domingo de resurrección, siendo observado con festividades religiosas especiales y cada día tenía su sermón. El domingo de resurrección fue llamado dominica in albis u octava infantium y el domingo que terminaba la semana de Pascua fue llamado octava paschæ o pascha clausum. Ambrosio en su sermón sobre el "misterio de la Pascua" da plena expresión a los sentimientos gozosos que acompañaban la fiesta. Llamó al día el verdadero comienzo del año, la obertura de los meses, el nuevo avivamiento de las semillas y la restauración del gozo interrumpido por el frío del invierno. En ese día Dios, como si fuera, reiluminaba al sol y daba luz a la luna. La celebración de la Pascua comenzaba el sábado, a veces a las tres de la tarde, como se señala en el "itinerario" de Silvia en Jerusalén. Esta celebración del sábado fue conocida como Pascua o vigilia pascual. Agustín llamó a esta vigilia la "madre de todas las vigilias sagradas" (Sermo ccxix) y dice que incluso los paganos se quedaban despiertos esa noche. Según Lactancio (De divinis institutionibus, VII, xix) y Jerónimo (sobre no necesitará más honrar a su padre o a su madre." Y así invalidasteis la palabra de Dios por causa de vuestra tradición.[…]Mateo 15:6), se esperaba que el Señor regresara en ese tiempo. A la celebración se refieren otros autores, en misales, en los códigos de Teodosio y Justiniano y en las actas de los concilios. El servicio en las iglesias consistía de la lectura de la ley, los profetas y las narraciones de la pasión del Señor, en la administración del bautismo y la confirmación, acabando con la eucaristía. En España e Italia esos servicios están recogidos en la liturgia mozárabe en el misal gótico, el misal gálico, el sacramentario gálico y el leccionario de Luxeuil. El uso de velas encendidas se hizo universal y está atestiguado como costumbre en Roma ya a mediados del siglo tercero. Los cánones de Hipólito dicen "que en la noche de la resurrección nadie duerma y cada uno tenga una luz, pues en esa noche el Redentor hizo a todos libres de las tinieblas del pecado y la tumba." Agustín da testimonio de la costumbre de encender y llevar velas. Eusebio dice que toda la ciudad de Constantinopla quedó iluminada con velas de cera y columnas de cera ("Vida de Constantino", iv. 22). Gregorio de Nacianzo († 395, "Alocución sobre la Pascua" xlii) habla de personas de todo rango llevando cirios y lámparas. La costumbre del fuego pascual fue también una institución antigua que se puede trazar hasta el año 600 al menos, estando en uso en Francia. Alcuino (De divinis officiis, xvi. 17) y Bonifacio († 752) se refieren a ella decididamente. El nuevo fuego era encendido de una piedra y los cirios y velas encendidas del mismo. Tal vez la costumbre se extrajo de la ceremonia de los romanos en el altar de Vesta al comienzo del año nuevo el 1 de marzo, pero la importancia simbólica de tal acto, como medio de instrucción para el pueblo y expresión de la piedad por la nueva luz traída al mundo por la resurrección es tan natural que no es necesario trazarla hasta la antigua ceremonia. En la Galia la costumbre fue también observada, aunque no se sabe con cuánta amplitud, de colocar cinco fragmentos de incienso en la gran vela pascual para simbolizar las cinco heridas de Cristo. Los códigos de Teodosio y Justiniano reconocieron el carácter gozoso del día, estimulando a la emancipación de esclavos y la liberación de criminales menores y ordenando la omisión de espectáculos durante la semana de Pascua. Fue también un tiempo para la presentación de ofrendas y la distribución de limosnas. Las actas de los concilios (Orleáns, 538, Mâcon, 581 y otros) por toda la Edad Media hasta el cuarto concilio de Letrán (1215) y concilios posteriores prohibían a los judíos pisar las calles o salir fuera de las puertas desde el Jueves Santo hasta después del domingo de resurrección, para que el gozo de los cristianos no fuera interrumpido.
En tiempos modernos.
En el tiempo actual las festividades religiosas de Pascua en las Iglesias griega y latina incorporan los elementos sustanciales en la antigua costumbre del día. Se observan elaborados ritos solemnes el sábado y hasta el amanecer del domingo, cuando las velas (apagadas el Viernes Santo) se encienden con las palabras: "La luz de Cristo." En la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, durante mucho tiempo, se perpetró el piadoso fraude del "fuego santo" por el patriarca griego, que exhibía desde la tumba sagrada tres veces una vela o antorcha encendida, declarando que había sido encendida por un milagro sin intervención humana. Los espectadores, presa de gran excitación, se apresuraban a encender sus velas del fuego milagroso y lo llevaban por todo el mundo griego. A veces ocurrieron desgraciadas escenas, teniendo que intervenir los soldados turcos para impedir que se produjera violencia. En el siglo XII una tradición afirmaba que Saladino testificó de este milagro y reconoció su carácter milagroso (Itinerarium Ricardi, I, v. 16, edición, W. Stubbs, Londres, 1824). La Pascua es observada en todo el mundo por las diversas iglesias protestantes. La Iglesia de Inglaterra siempre ha observado el día y la Iglesia episcopal protestante de América la sigue. Los puritanos abolieron todo reconocimiento especial de la festividad. Las iglesias de Escocia así como las diferentes ramas no episcopales de la Iglesia protestante de América usan más y más el día como medio de conmemorar la resurrección el Señor, confirmando la fe de los hombres en la esperanza de la resurrección y dando expresión al carácter gozoso de la fe cristiana.
Los cuartodecímanos de Asia Menor.
Mientras que los cristianos judíos durante un tiempo celebraron la Pascua judía, la práctica de la Iglesia no fue uniforme ni en el día ni en las ideas y costumbres asociadas a lo que eventualmente se convirtió en la festividad de Pascua. Los cristianos de Asia Menor celebraron la Pascua judía el 14 de Nisán, uniendo con ello, según algunos, la conmemoración de la partida de Jesús de sus discípulos y la institución de la Cena del Señor. Según otros, el día fue celebrado en estricta obediencia a la ley judía, sin ninguna alusión al relato del evangelio. Una tercera idea mantiene que los cristianos de Asia Menor celebraron en el 14 de Nisán la conmemoración de la muerte de Jesús. Pero las bases de la controversia hay que buscarlas en otras partes. Si se examinan las fuentes sin prejuicio y sin tener en cuenta la crítica de los evangelios, se llega a un resultado diferente sobre la importancia y significado de la celebración. Eusebio dice que fue decidida tras numerosas conferencias de obispos de que el misterio de la resurrección del Señor de los muertos no debía ser celebrado en ningún otro día que no fuera el día del Señor y que en ese día el ayuno de Pascua debía ser roto (Hist. eccl., V, xxiii. 2). De ahí es evidente que la facción que se opuso en las conferencias, que fue indudablemente la de los cristianos de Asia Menor, debe haber celebrado la resurrección el día en el que el ayuno se rompía y que ese día no fue el domingo sino el 14 de Nisán, sobre lo que la controversia giró. Esta conclusión está justificada por el relato de Epifanio sobre los cuartodecímanos (esto es, los que conmemoraban la muerte del Señor el día 14), en el que relata que el ayuno y la celebración de la resurrección tenían lugar el mismo día. Es difícil concebir que una controversia enconada se hubiera originado sobre el mero asunto de un ayuno público; la razón auténtica para las diferencias es más profunda. Los cristianos de Asia Menor apelaron a una antigua tradición apostólica, según la cual Jesús resucitó la tarde del día de su muerte y la oposición de los occidentales iba dirigida principalmente contra la conmemoración de la muerte y resurrección en el mismo día.
Bases documentales y cálculos armonizadores.
La Didascalia siríaca intenta armonizar la tradición de los evangelios canónicos y la de los cristianos de Asia Menor. En la mañana del viernes, Jesús fue llevado ante Pilato y crucificado el mismo día. Sufrió seis horas, que son contadas como un día. Luego hubo tinieblas, que duraron tres horas, contadas como una noche, y además, desde la hora novena hasta la tarde tres horas, otro día, y luego vino la noche del sábado. En el evangelio de Mateo leemos: "Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena..." (Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María vinieron a ver el sepulcro.[…]Mateo 28:1). El cálculo es extraño, pero su propósito se aprecia fácilmente. El autor de la Didascalia creía que Jesús resucitó en la tarde del viernes en el que sufrió la muerte. Para reconciliar esa tradición con la otra que asumió una resurrección al tercer día, calculó en tal forma que Jesús realmente resucitó después de dos días y dos noches aunque sólo un día había pasado. No se sabe si era celebrado con ayunos el viernes de cada semana y los misterios de la resurrección o el 14 de cada mes o el 14 de Nisán de cada año. En el este, el domingo no era conocido como día de la resurrección y de ahí que no había celebración semanal de ese día, pero en occidente el miércoles y el viernes fueron días de ayuno regulares y el domingo fue celebrado como día de la resurrección. Es dudoso si el occidente poseyó en adición un día especial al año para la conmemoración de la muerte y resurrección del Señor.
Controversia en el siglo segundo.
Cuando Policarpo visitó a Aniceto en Roma (c. 154), discutieron la celebración de la Pascua, pero no se llegó a ningún acuerdo. Policarpo apeló a la antigüedad de la tradición en Asia Menor y Aniceto a la tradición romana. Ninguno hizo concesiones, pero no hubo ruptura. Al comienzo de la controversia pascual, surgió también la herejía de los montanistas, quienes por medio del calendario egipcio designaban el 7 de abril como día de la muerte de Cristo, fecha en la que ellos anualmente celebraban la Pascua, sin tener en cuenta el día de la semana y la fase de la luna. Este espíritu revolucionario fue combatido por los representantes de la Iglesia de Asia Menor, especialmente por Melitón de Sardis y Apolinar de Hierápolis, pero, debido a su desacuerdo con la Iglesia de Asia Menor, Víctor de Roma se inclinó favorablemente hacia los montanistas. Él intentó excluir a las iglesias de la provincia de Asia de la Iglesia, pero Policarpo de Esmirna defendió la antigua costumbre, por lo que las medidas no pudieron llevarse a cabo. La mayoría de los obispos se pusieron del lado de Policarpo. Incluso Ireneo escribió a Víctor en el nombre de los obispos de la Galia, exhortándole a ser moderado. Los dirigentes de la Iglesia de Tierra Santa, tales como Narciso de Jerusalén, Teófilo de Cesarea, también los obispos del Ponto y la Galia y la Iglesia de Alejandría se pusieron del lado de Víctor, apelando a la tradición de los apóstoles, mientras que Siria, Mesopotamia y Persia se pusieron de parte de Asia Menor. Víctor no logró someter a los asiáticos a sus ideas; por otro lado la Iglesia de Asia Menor no pudo influenciar a la Iglesia occidental para que abandonara la celebración del domingo en favor de una celebración de la resurrección, que estaba en evidente contradicción con las profecías del Antiguo Testamento, con la tradición de Pablo y los evangelios reconocidos y en favor de una costumbre que estaba basada meramente sobre la apelación a tradiciones que no podían pretender igual autoridad con los evangelios y los apóstoles. Clemente de Alejandría, como representante de la idea de las iglesias en Tierra Santa y Alejandría, parece haber influenciado en el resultado final de la controversia.
Para el siguiente periodo el problema más importante fue el cálculo del término de la Pascua y el domingo de resurrección. En Asia Menor esta cuestión no se suscitó. Los judíos insistieron estrictamente en que su festividad tendría lugar en el tiempo de la luna llena, pero más allá de esto no intentaron hacer ningún cálculo añadido. Fue probablemente en Egipto que se tomaron en consideración el equinoccio de primavera y la luna llena siguiente como referencias fijas en el cálculo de la Pascua.
La decisión nicena en cuanto a la fecha de la celebración.
En Roma se desarrolló mientras tanto un cálculo diferente de la festividad de Pascua que, además de la celebración del domingo como día de la resurrección, fue objeto de disputa entre las dos partes. Según una declaración de Tertuliano, la Pascua se celebraba anualmente en el primer mes, esto es, marzo. Pero si la Pascua se calculaba según la luna llena que sigue al equinoccio de primavera, no siempre tiene lugar en el mes de marzo. Por tanto, en el tiempo cuando Tertuliano hace su declaración (a comienzos del siglo tercero), la Pascua debe haberse celebrado en Cartago y en occidente en un día inamovible en el mes de marzo. Como Tertuliano en otro lugar designa el 25 de marzo como día de la muerte de Cristo y como esta tradición es muy frecuentemente evidente en todo el occidente, ha de asumirse que en occidente comenzaba un ayuno en esa fecha que terminaba el domingo siguiente con la celebración de la Cena del Señor. En el concilio de Nicea se hizo un intento para abolir las diferencias entre las diversas iglesias e introducir el cálculo egipcio en todas las provincias. La Pascua había de ser celebrada al domingo siguiente de la primera luna llena después del equinoccio de primavera. Pero por esta decisión no quedó garantizada una regulación uniforme de la cuestión, como se desprende de la necesidad de reafirmar la decisión en el sínodo de Antioquía en 341. Una polémica antijudía que es notoria en la regulación de la cuestión del siglo tercero indudablemente influyó en gran medida para la victoria final de la costumbre de Tierra Santa y Egipto. A pesar de la decisión de los concilios, las iglesias de Mesopotamia, Antioquía y Siria se adhirieron a la antigua costumbre.
El ciclo de Pascua.
Se trata de una determinada serie de años, de tal manera que en cada serie el domingo de Pascua siempre se repite en la misma secuencia en el mismo día del mes. Tal ciclo existe para el calendario juliano y comprende 532 años. Además de este ciclo hay otro, consistente de 84 años, que se menciona a finales del siglo tercero pero que posteriormente fue sustituido por el ciclo de 532 años, al descubrirse que el cómputo era equivocado. También se nombra un ciclo lunar de 19 años y sólo en este sentido se puede relacionar un ciclo pascual con el calendario gregoriano.