Historia

PATARINOS

Patarinos (patarini, paterini) fue una facción existente en Milán en el siglo XI. Bajo el arzobispo Ariberto (1018-45) la situación se hizo insostenible en esa ciudad, lo que desembocó en la limitación del poder del arzobispo. A la muerte de Enrique III en 1056 los disturbios se renovaron, centrándose por momentos en asuntos eclesiásticos y políticos. Arialdo, un diácono milanés de los Valvassors, denunció la contradicción entre la ley divina y la conducta mundana del clero. Fue secundado por Landolfo, del gremio de los capitanes y hombre de eminentes poderes de oratoria, por el presbítero Anselmo, que ascendió al episcopado de Lucca en 1057, y por el acaudalado Nazario. Que el clero de Milán, en asuntos de inmoralidad sexual y simonía, era peor que el de otras ciudades de Italia no se puede demostrar, pero el grado de exasperación no tenía allí precedentes, lo que desembocó en el estallido de una revolución abierta. Las propiedades del clero refractario fueron abandonadas al saqueo de las masas, compuestas de las órdenes inferiores, pobres, deudores y artesanos, aunque incluyendo también algunos de clase media. Landolfo dirigió la irrupción de un servicio divino que estaba siendo celebrado por el arzobispo mismo, viéndose el clero obligado a someterse por escrito a vivir una vida casta, quedando los casados retirados del servicio del altar y sus moradas saqueadas. Por orden de Víctor II se convocó un sínodo en Fontanetum cerca de Novara; pero Arialdo y Landolfo no se intimidaron por la excomunión lanzada contra ellos. Al contrario, procedieron a organizar a sus seguidores. De sus oponentes recibieron la designación pataria, un término probablemente derivado de un barrio en el corazón de Milán, donde todavía en el siglo XVIII había una calle ocupada por tratantes de ropa vieja (llamados patariâ). Bajo Esteban IX este movimiento recibió un renovado impulso, siendo el decreto de Fontanetum ignorado e Hildebrando enviado por la sede apostólica, lo cual era señal abierta de simpatía. Nicolás II envió a Pedro Damián y Anselmo de Lucca a Milán en 1059, quienes humillaron a la iglesia milanesa mediante un descarado partidismo hacia los patarinos. A la muerte de Landolfo tomó su lugar Erlembaldo. Bajo su dirección los patarinos obtuvieron ascensos de las clases superiores, renovando sus ataques contra el clero casado y simoníaco y su ministerio. Fueron apoyados por la autoridad de Roma, estimándose Erlembaldo como agente de Roma, ya que Alejandro II le había comisionado con el poder de excomulgar.

Mapa de las disidencias, herejías y órdenes mendicantes en los siglos XII-XIV
Mapa de las disidencias, herejías y órdenes mendicantes en los siglos XII-XIV

El conflicto abierto entre los patarinos y sus oponentes estalló en 1066. La chusma penetró en la catedral y maltrató al arzobispo Guido, asaltando luego el palacio arzobispal. Esos excesos violentos provocaron una reacción por parte de los otros ciudadanos. El arzobispo Guido proclamó un entredicho sobre la ciudad y obligó a Arialdo a retirarse. Poco después este último fue asesinado, pero al año siguiente (1067) Erlembaldo había enardecido a su facción por medio de nuevas promesas, reanudando sus altercados. Cuando el arzobispo Guido abdicó, los patarinos, siguiendo el consejo de Hildebrando, extendieron su reforma para abolir la investidura real. Cuando Godfrey, sucesor de Guido, hubo regresado de Alemania con una investidura de Enrique IV no pudo tomar posesión de su cargo. Erlembaldo estaba tan envalentonado, en la presencia del legado romano, como para dirigir la elección en 1072 de un joven clérigo de Milán, de nombre Atto, como arzobispo. Pero Enrique IV, rehusando asentir, procuró la consagración de Godfrey en Novara. Gregorio VII, amigo y consejero de los patarinos, al comienzo de su pontificado prometió un entendimiento pacífico con el rey en referencia a la lucha diocesana en Milán, lo que no puso en peligro la relación de Gregorio con Erlembaldo.

El despotismo de éste se convirtió en insufrible, formándose una liga de oposición cuyos miembros se juramentaron para reconocer como arzobispo al candidato del rey. Erlembaldo perdió su vida en la primera batalla con los anti-patarinos poco después de Pascua de 1075. La facción patarina llegó así a su final, aunque Gregorio en 1076 hizo algunos intentos de reavivarla.

La historia de los patarinos, que cubre un periodo de solo veinte años, tuvo una significación que fue tanto política como eclesiástica. En conjunto representó el gran movimiento de reforma en la Iglesia que surgió a mediados del siglo XI, siendo su recompensa el triunfo en Italia. Además sometió el antiguo arzobispado de Ambrosio a la autoridad del papa y por lo tanto ganó la Lombardía para su jurisdicción. Finalmente jugó un importante papel preparatorio en el poderoso conflicto entre el papado y el imperio alemán, al acabar con el régimen arzobispal en Milán; por otra parte al traer a un mutuo reconocimiento las clases antagonistas comprometidas en las batallas eclesiásticas en Milán, promovió la unidad y autonomía de la Iglesia democrática. En un tiempo posterior el término patarinos se usó, entre otras muchas designaciones, para los cátaros, aunque eso no establece una afinidad con los antiguos patarinos, tomando rápidamente el nombre un matiz despreciativo.