Historia
PATARINOS

El conflicto abierto entre los patarinos y sus oponentes estalló en 1066. La chusma penetró en la catedral y maltrató al arzobispo Guido, asaltando luego el palacio arzobispal. Esos excesos violentos provocaron una reacción por parte de los otros ciudadanos. El arzobispo Guido proclamó un entredicho sobre la ciudad y obligó a Arialdo a retirarse. Poco después este último fue asesinado, pero al año siguiente (1067) Erlembaldo había enardecido a su facción por medio de nuevas promesas, reanudando sus altercados. Cuando el arzobispo Guido abdicó, los patarinos, siguiendo el consejo de Hildebrando, extendieron su reforma para abolir la investidura real. Cuando Godfrey, sucesor de Guido, hubo regresado de Alemania con una investidura de Enrique IV no pudo tomar posesión de su cargo. Erlembaldo estaba tan envalentonado, en la presencia del legado romano, como para dirigir la elección en 1072 de un joven clérigo de Milán, de nombre Atto, como arzobispo. Pero Enrique IV, rehusando asentir, procuró la consagración de Godfrey en Novara. Gregorio VII, amigo y consejero de los patarinos, al comienzo de su pontificado prometió un entendimiento pacífico con el rey en referencia a la lucha diocesana en Milán, lo que no puso en peligro la relación de Gregorio con Erlembaldo.
El despotismo de éste se convirtió en insufrible, formándose una liga de oposición cuyos miembros se juramentaron para reconocer como arzobispo al candidato del rey. Erlembaldo perdió su vida en la primera batalla con los anti-patarinos poco después de Pascua de 1075. La facción patarina llegó así a su final, aunque Gregorio en 1076 hizo algunos intentos de reavivarla.
La historia de los patarinos, que cubre un periodo de solo veinte años, tuvo una significación que fue tanto política como eclesiástica. En conjunto representó el gran movimiento de reforma en la Iglesia que surgió a mediados del siglo XI, siendo su recompensa el triunfo en Italia. Además sometió el antiguo arzobispado de Ambrosio a la autoridad del papa y por lo tanto ganó la Lombardía para su jurisdicción. Finalmente jugó un importante papel preparatorio en el poderoso conflicto entre el papado y el imperio alemán, al acabar con el régimen arzobispal en Milán; por otra parte al traer a un mutuo reconocimiento las clases antagonistas comprometidas en las batallas eclesiásticas en Milán, promovió la unidad y autonomía de la Iglesia democrática. En un tiempo posterior el término patarinos se usó, entre otras muchas designaciones, para los cátaros, aunque eso no establece una afinidad con los antiguos patarinos, tomando rápidamente el nombre un matiz despreciativo.