Historia

PATRIARCA

Patriarca fue el título aplicado en la antigua Iglesia a los obispos principales que tenían jurisdicción sobre los metropolitanos.

Un patriarca con su indumentaria, de Historia del vestido por Albert Racinet
Un patriarca con su indumentaria
de Historia del vestido por Albert Racinet
El nombre aparece en el siglo IV aplicado a los obispos ordinarios, pero los obispos de Alejandría, Antioquía, Constantinopla y Jerusalén ganaron más importancia y permanecieron al frente de grandes provincias eclesiásticas, siendo el título usado específicamente para ellos. El desarrollo de la constitución de la Iglesia desembocó en la creación de los patriarcados siguiendo la analogía de las divisiones políticas en el imperio. Desde el tiempo de Diocleciano (284-305) y Constantino (306-337) estaba dividido en cuatro prefecturas y a su vez en diversas diócesis, que estaban compuestas de provincias o eparquías. La prefectura del Este comprendía las diócesis del 'este' (oriens), Asia, Ponto y Tracia, cuyas capitales eran Antioquía, Éfeso, Cesarea, Capadocia y Heraclea. Los distritos de los metropolitanos se correspondían con las provincias, así como los de los obispos con los menos importantes distritos de la ciudad; pero las divisiones eclesiásticas correspondientes a la diócesis civil no existían entonces. Ya de antiguo se aprecian los esfuerzos por parte de los metropolitanos de las ciudades prominentes de extender su jurisdicción y obtener influencia sobre diversos distritos metropolitanos. Este objetivo lo logró Alejandría a principios del siglo IV, como reconoce el famoso canon sexto del concilio de Nicea. La fraseología del canon no está del todo clara, pero es evidente por la historia del cisma meleciano que los siguientes derechos fueron afirmados por el obispo de Alejandría: emitir regulaciones vinculantes en cuestiones de disciplina; celebrar sínodos representando a los distritos metropolitanos unidos con él; en unión a tales sínodos juzgar a los obispos del distrito y en el caso de una vacante administrar la diócesis vacante. Condiciones similares surgieron en Roma y probablemente en Antioquía, aunque parece probable que el poder del patriarca de Antioquía era menor que el de Alejandría, en cuanto a ordenar solo metropolitanos y no también obispos. La extensión de la influencia de los metropolitanos de las grandes ciudades sobre los metropolitanos vecinos, correspondiente a la división civil diocesana, es el comienzo de la organización patriarcal, cuyo estímulo pudo venir del ejemplo del gobierno secular, aunque sin duda la ambición de los obispos de las metrópolis tuvo su papel.

En el oeste no se notó el proceso, debido a la posición predominante de Roma y a sus pretensiones de supremacía; pero en el este el proceso se completó para el tiempo del concilio de Constantinopla en 381. Su segundo canon contempla el reconocimiento de cinco grandes divisiones en el este: Egipto, 'el este', Asia, Ponto y Tracia.

'Los obispos pertenecientes a otra diócesis no deben ocuparse de las otras Iglesias y no deben por ello confundir a las Iglesias. Según los cánones, el obispo de Alejandría se deberá ocupar solamente de los asuntos de Egipto; los obispos de Oriente administrarán solamente Oriente, si bien salvaguardando las prerrogativas acordadas a la Iglesia de Antioquía en los cánones de Nicea; los obispos de la diócesis de Asia no se ocuparán más que de los asuntos concernientes a Asia, los del Ponto de los asuntos del Ponto, los de Tracia de los asuntos de Tracia [...] En cuanto a las Iglesias de Dios que están establecidas entre los pueblos bárbaros, deberán ser administradas según la costumbre que ha prevalecido desde los tiempos de nuestros Padres.'
(Canon 2 del concilio de Constantinopla de 381).
La provisión contra la infracción de esos límites puede haber sido dirigida solo contra los excesos de Alejandría y Antioquía, que estaban limitadas a Egipto y al 'este'. Que esto se hizo para beneficiar a Constantinopla se aprecia en el canon tercero. Constantinopla había suplantado a Heraclea como cabeza de la diócesis traciana, no tardando en absorber los poderes de Éfeso y Cesarea en Capadocia, que eran incapaces de mantenerse en pie de igualdad con las otras. El resultado de este proceso recibió sanción canónica en el concilio de Calcedonia (451). Así se redujeron los patriarcados orientales a tres, aunque se añadió otro en Jerusalén, que tenía una cierta precedencia honorífica ya desde Nicea, aunque con la reserva expresa de los derechos del metropolitano de Cesarea en Tierra Santa. En el concilio de Éfeso (431) se hizo un intento de resolver la independencia de Jerusalén de la diócesis del 'este', pero fue infructuoso hasta que, con la ayuda de Teodosio II, Tierra Santa, Fenicia y Arabia fueron cortadas del resto de esta división y sujetas a la sede de Jerusalén. Antioquía protestó y Fenicia y Arabia se quedaron con ella, yendo a parar las otras tres eparquías de Tierra Santa a Jerusalén, lo cual fue confirmado en Calcedonia. El mismo concilio también dio a Constantinopla una jurisdicción de apelaciones, a elección del apelante, con la sede patriarcal a la que podía ser inmediatamente sujeta, lo que la constituía en un archipatriarcado.

Mapa de los patriarcados de la antigüedad
Mapa de los patriarcados de la antigüedad

En el tiempo del concilio de Calcedonia los patriarcas eran conocidos todavía como eparcas, término que también era usado todavía por el metropolitano de Sárdica. Cuando posteriormente el término de patriarca quedó asociado a los títulos de los obispos de Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén, eparca permaneció para los de Éfeso y Cesarea, pero su poder no fue esencialmente diferente del de los metropolitanos. En el oeste el título de patriarca fue ostentado por los obispos de Aquileya y Grado hasta 1451, cuando el patriarca de Grado fue trasladado a Venecia y el de Aquileya quedó abolido. Posteriormente el título se le dio a los obispos de Lisboa y Goa, pero era meramente honorífico.