Historia

PATRIPASIANISMO

Patripasianismo es el nombre de la herejía nacida a fines del siglo II que atribuye al Padre los sufrimientos de Jesucristo. Consta históricamente que el patripasianismo procedió del deseo desmedido de salvaguardar la unidad de Dios, lo cual llevó al error modalista que consiste de no ver en las tres personas de la Trinidad más que modos o aspectos de una sola substancia. Los partidarios de esta opinión gustaron de llamarse a causa de su deseo de mantener, como decían, la monarquía divina en el gobierno del mundo. Esta herejía fue de carácter trinitario.

Mientras en Roma iba cobrando extensión el error patripasiano, se difundió también en esa ciudad, merced a las predicaciones de Teodoto de Bizancio llamado el Curtidor, otra herejía de carácter cristológico que negaba la divinidad de Jesucristo. Por mucho tiempo se creyó que los dos errores, el de Teodoto de Bizancio y el patripasianismo, procedían de la preocupación desmedida de mantener la unidad de Dios, la monarquía divina; razón por la cual se los designaba con el nombre común de monarquianismo. Pero para no confundirlos, al primero se le llamó monarquianismo dinámico, ya que sólo admitía en Cristo la virtud o gracia de Dios y no su misma esencia; y al otro, monarquianismo patripasiano por atribuir al Padre, como queda dicho, los sufrimientos de Jesucristo. La primera de estas denominaciones es de fecha reciente y a todas luces impropia, puesto que Teodoto no negó la divinidad de Cristo para mantener la monarquía divina, sino por otros respetos. En vista de lo cual Harnack, a quien sigue Tixeront, propuso para designar a este error el nombre de adopcionismo, pero semejante denominación, aunque de suyo propia, ofrece el serio inconveniente de introducir confusión entre esta herejía y la que más tarde agitó a España en el siglo VIII.

Tres exposiciones se nos han conservado del patripasianismo; todas ellas casi idénticas: dos debidas a Hipólito y una a Tertuliano. Por parte de los propios patripasianos nada sabemos. Dos fueron los motivos de su error: el deseo de salvaguardar la unidad divina, como expresamente lo certifica Hipólito (Contra Noetum, 1, 9), y el cuidado de mantener plenamente en Cristo su divinidad. Desgraciadamente no dudaron para ello en sacrificar la distinción personal del Padre y del Hijo, haciendo de los dos otros tantos aspectos distintos de una misma persona.

Esto último es precisamente lo que constituye el fundamento de su sistema; el haber querido hacer de dos uno y que el Padre y el Hijo fuesen tenidos por una misma cosa: "Duos unutn volunt esse ut idem Pater et Filius habeatur" (Adversus Praxean, 5). Desde el momento en que el Verbo no se distingue del Padre, el nombre de Padre para los patripasianos debe ser común a ambos, y en consecuencia el primer capítulo de san Juan que tan a las claras demuestra la distinción entre el Padre y el Verbo, a su parecer, no pasa de una mera alegoría (Contra Noetum, 15). El Padre fue quien descendió al seno de la Virgen, el que nació en la tierra y el que naciendo quedó constituido Hijo, hijo de sí mismo: "Ipse se sibi fllium fecit" (Adv. Prax., 10). Razón tuvieron los adversarios de este error en llamar a los monarquianos con ironía patripasianos, porque de su teoría resultaba que en el Calvario el Padre habría sido crucificado con su Hijo. Tertuliano, indignado contra Práxeas a quien presenta como uno de los autores principales de esta herejía, decía de él: «Práxeas en Roma ha llevado a cabo dos cosas diabólicas; ha puesto en fuga al Paráclito y ha crucificado al Padre» (Adv. Prax., 1).

La falsedad de las enseñanzas de los patripasianos es a todas luces manifiesta, pues las Sagradas Escrituras constantemente atribuyen la Encarnación a la segunda persona de la Trinidad, esto es, al Verbo, o sea al Hijo. Pasando por alto los pasajes del Antiguo Testamento, en que ya se insinúa esta verdad, como en el 1 ¿Por qué se sublevan las naciones, y los pueblos traman cosas vanas? 2 Se levantan los reyes de la tierra, y los gobernantes traman unidos contra el SEÑOR y contra su Ungido, diciendo: 3 ¡Rompamos sus cadenas y echemos de nosotros sus cuerdas! 4 El[…]Salmo 2, se aducirán tan sólo los principales del Nuevo Testamento. Antes de la concepción de Jesús anuncia el ángel Gabriel el nacimiento del Hijo de Dios (Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso lo santo que nacerá será llamado Hijo de Dios.[…]Lucas 1:35); al tratarse de la misma concepción se dice que el Verbo se hizo carne (Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.[…]Juan 1:14); en el nacimiento Jesús habla a Dios Padre (ENTONCES DIJE: "HE AQUI, YO HE VENIDO (EN EL ROLLO DEL LIBRO ESTA ESCRITO DE MI) PARA HACER, OH DIOS, TU VOLUNTAD."[…]Hebreos 10:7); en su infancia hace recurso al mandamiento de su Padre (Entonces El les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿Acaso no sabíais que me era necesario estar en la casa de mi Padre?[…]Lucas 2:49); al principio de su vida pública, el Padre da testimonio de su Hijo Jesucristo (Mientras estaba aún hablando, he aquí, una nube luminosa los cubrió; y una voz salió de la nube, diciendo: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido; a El oíd.[…]Mateo 17:5); durante su ministerio repite varias veces la distinción que existe entre él y el Padre (Juan, 3:16; 6:40); en el aposento alto Jesús invoca solemnemente al Padre (Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera.[…]Juan 17:5); durante la pasión ruega al Padre que, a ser posible, aparte de él aquel cáliz (Apartándose de nuevo, oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si ésta no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad.[…]Mateo 26:42); después preguntado por el sumo sacerdote en nombre de Dios vivo, si él era el Hijo de Dios, respondió afirmativamente (Mas Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.[…]Mateo 26:63; 27:43); y al morir encomendó su espíritu al Padre (Y Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPIRITU. Y habiendo dicho esto, expiró.[…]Lucas 23:46); una vez resucitado asegura que todavía no ha subido al Padre (Jesús le dijo*: Suéltame porque todavía no he subido al Padre; pero ve a mis hermanos, y diles: "Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios."[…]Juan 20:17) y que envía a los apóstoles como el Padre le envió a él (Jesús entonces les dijo otra vez: Paz a vosotros; como el Padre me ha enviado, así también yo os envío.[…]Juan 20:21); finalmente, sus discípulos con gran entereza proclamaron repetidas veces a Cristo Hijo de Dios (Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.[…]Hechos 2:33; 1 Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, 2 en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el […]Hebreos 1:1-2; lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.[…]1 Juan 1:3).