Historia

PATRÍSTICA, PATROLOGÍA

Patrística y patrología son los nombres de ese campo de la teología que estudia las vidas, escritos y doctrina teológica de los Padres de la Iglesia. Si hay que hacer una distinción entre las dos palabras, la patrología se centra en la historia externa, vidas, etc., de los Padres, mientras que la patrística en sus enseñanzas doctrinales.

patristica
Primeros intentos de tratamiento.
Entre los temas tratados en su "Historia Eclesiástica" Eusebio incluyó un informe de escritores que daban testimonio de las Escrituras, con lo cual puso el fundamento sobre el que autores posteriores edificaron. Pero el primero en concebir y llevar a cabo una historia de la literatura cristiana fue Jerónimo con su De viris illustribus, que a sugerencia del prefecto Pretorio Dexter, 392, revisó ese mismo año. Jerónimo se propuso hacer con los maestros y autores cristianos lo que Suetonio había hecho con otros notables de la antigüedad y al mismo tiempo mostrar, contra Celso, Porfirio y Juliano que entre los cristianos también había destacados eruditos. Incluyó en su lista 135 escritores, incluyendo tres judíos (Filón, Josefo y Justo de Tiberias) y herejes y cismáticos; pero dependió estrechamente de la obra de Eusebio mencionada antes y de su Chronicon. Aunque el valor científico de la obra de Jerónimo no es alto, fue el primero en atreverse a recorrer la senda en esa dirección. Tuvo numerosos continuadores tales como Genadio de Marsella, Isidoro de Sevilla e Ildefonso de Toledo. En la Edad Media hubo escasez para el estudio independiente de esta clase tanto de fuentes y ayudas como de interés histórico. Aunque las obras patrísticas fueron entonces copiadas, extractadas y elaboradas en catenæ exegéticas, o coleccionadas en "Sentencias" dogmáticas, el conocimiento de los Padres griegos, particularmente, quedó limitado y los métodos empleados no eran críticos. Sin embargo una erudita colección de notas, la Bibliotheca de Focio es inestimable, pues reúne citas de 280 autores paganos y cristianos. Aparte de esto, faltaban historias de las literaturas en el este; pero en el oeste Jerónimo encontró imitadores y continuadores a través de toda la Edad Media: Honorio de Autun escribió De luminaribus ecclesiæ, siendo los límites los apóstoles y Anselmo de Canterbury; Sigebert de Gembloux, quien en su Scriptores ecclesiastici cubrió el período desde los apóstoles a su propio tiempo; el denominado Anónimo Mellecensis, quien escribió hacia 1135 un De scriptoribus ecclesiasticis; el autor anónimo de De viris illustribus y Johannes Heidenberg († 1516), quien escribió Liber de scriptoribus ecclesiaticis (edición príncipe, Colonia, 1494) que denotaba un diligente uso de las fuentes aunque no crítico, comenzando con Clemente de Roma y terminando en el año 1492.

Obra medieval y luterana.
El último siglo de la Edad Media vio la necesidad de ir en pos de la tradición eclesiástica y escolástica hasta las fuentes más puras del conocimiento cristiano en la Escritura y los Padres. Gerson destacó en esta dirección. Pero especialmente influyente fue el movimiento humanista del siglo XV, que despertó el interés histórico y crítico, mientras que la imprenta contribuyó no poco. Los escritos patrísticos fueron descubiertos y editados, al principio los padres latinos y luego los griegos. Entendidos humanistas y teólogos (Erasmo, Ecolampadio, Beato Renano) e impresores (los Stephens) se aplicaron a la obra. La Reforma también ayudó por su oposición al escolasticismo y tradicionalismo, pero usó sus poderes en una forma apologética o polémica (Ecolampadio y Melanchthon). Los teólogos evangélicos en la segunda mitad del siglo XVI fueron conocidos por su saber patrístico (Matthias Flacius, Michael Neander, † 1595; Johannes Schopf, † 1621 y Abraham Scultetus, † 1624), dejando obras sobre el asunto. Los investigadores luteranos del siglo XVII en este campo, que siguieron a los antiguos "Nomenclatores" fueron Johann Gerhard, quien comenzó con Hermas y terminó con Bellarmino; Johann Hülsemann, con Patrologia (edición de J. A. Scherzer, Leipzig, 1670); Johann Christoph Meelführer, con Corona patrum; Johann Gottfried Olearius con Abacus patrologicus (Jena, 1673).

Trabajos católicos.
Mientras tanto la Iglesia católica, particularmente en sus órdenes monásticas, se vio estimulada a trabajar en este campo, especialmente la congregación benedictina de San Mauro, al haber ganado merecida reputación por su obra, por ejemplo en la edición de Agustín. Trabajadores individuales de esta orden fueron Jean Luc d'Achery, Jacques du Frische († 1693), Jean Mabillon, Thierry Ruinart, René Massuet, A. A. Touttée († 1719), Jean Martianay, Pierre Coustant († 1721), Denis N. Le Nourry († 1724), Denis de Sainte-Merthe († 1725), Julien Garnier, Charles de la Rue († 1739), Bernard de Montfaucon y Prudence Maran y Charles Clemencet († 1778). De los jesuitas fueron Fronton du Duc, Jakob Gretser († 1625) y Jan Bolland. Otros fueron Jean Garnier († 1681), François Combefis, Johannes Baptista Cotelerius y Étienne Baluze. Especialmente característico de este período fueron las colecciones, tales como las de Marguerin de la Bigne, la gran Maxima bibliotheea veterum patrum (27 volúmenes, Lyón, 1575-79) y notablemente la de Andrea Gallandi (Bibliotheca veterum patrum antiquorumque scriptorum (14 volúmenes, Venecia, 1765-81). Está también la gigantesca obra Acta Sanctorum; no debiendo olvidarse las labores de los Assemani en la Bibliotheea orientalis, que tratan de la literatura oriental. Hubo también originales investigaciones y tratados como los de Bellarmino, Louis Ellies Du Pin en Nouvelle Bibliothique (58 volúmenes, París, 1686-1704), una obra en la que el proceso crítico se aplicó al material como un todo y sus particulares con una seguridad que merece reconocimiento. La obra muestra tanto gran diligencia como un interés por los asuntos que no se esperarían en una historia de la literatura, tal como la historia de los concilios. En el lado eclesiástico la posición liberal de Du Pin, especialmente en asuntos de dogma, provocó un choque; Bossuet intentó en vano que la Sorbona censurara su obra, pero el arzobispo de París quedó convencido de la ortodoxia personal del autor. Los primeros cinco volúmenes fueron puestos en el Índice el 1 de julio de 1693 y el decreto se extendió a la obra entera por decreto del 10 de mayo de 1757. La obra fue atacada por los benedictinos, en cuyo interés Matthieu Petit-Didier publicó su Remarques sur la Bihliothéque... des Monsieur Du Pin (3 volúmenes, París. 1691-96), mientras que, de los restos de Richard Simon, Souciet publicó una fuerte Critique de la Bibliothéque... (4 volúmenes, 1730). Mientras tanto Remy Ceillier había publicado el undécimo volumen de su Histoire générale des auteurs sacris (23 volúmenes, París, 1729-63), cuyo subtítulo indica el título de la obra de Du Pin, mientras que la obra en su tendencia total se opone a la empresa de Du Pin, aunque no sin reconocer el valor de la misma. El benedictino Denis Nicolas Le Nourry produjo su Apparatus ad hibliothecam maximam patrum veterum (2 volúmenes, 1604-97). El jansenista Le Nain de Tillemont publicó sus Mémoires de l'histoire ecclésiastique (16 volúmenes, París, 1693-1712), una obra de ricos excursos, los cuales son todavía una valiosa mina. El benedictino Daniel Schram († 1797) llegó hasta Ambrosio y Epifanio en su Analysis operum sanctorum patrum (18 volúmenes, Würzburgo, 1780-96), mientras que Gottfried Lumper publicó Historia theologico-crtica de vita... sanctorum patrum... trium priorum sæculorum (13 volúmenes, Würzburgo, 1783-99).

Entre los teólogos reformados de Inglaterra, Holanda y Francia ha de ser nombrado William Cave con su Historia litteraria acriptorum ecclesiasticorum (2 volúmenes, Londres, 1688-98); James Ussher, quien trabajó en los Padres Apostólicos, las Constituciones Apostólicas y el Símbolo Apostólico; Johannes Ernst Grabe, quien produjo Specilegium sanctorum patrum (2 volúmenes, Oxford, 1698); John Pearson, quien clarificó el asunto de Ignacio; Henry Dodwell; Jean Le Clerc trató también con los Padres de la Iglesia; Jean Daillé escribió sobre Dionisio el Areopagita e Ignacio, entre otros asuntos; Casimir Remi Oudin dejó un Commentarius de scriptoribua ecclesia (3 volúmenes, Leipzig, 1722). La Iglesia luterana fue en este sentido improductiva durante el siglo XVIII, trstando su actividad en este campo sólo antigüedades en los escritos de J. A. Fabricius y C. T. G. Schönemann († 1802).

Obra del siglo XIX.
El siglo XIX fue en este campo comparativamente improductivo. Se puede mencionar Scriptorum veterum nova collectio de Angelo Mai (10 volúmenes, Roma, 1825-38) y Nova patrum bibliotheca (9 volúmenes, 1852-88). Jean Baptiste Pitra también es digno de mención, con su Specilegium Solesmense (4 volúmenes, París, 1842-58) y su Analecta sacra (4 volúmenes, 1876-84). Las series de Jacques Paul Migne que son tan útiles al mismo tiempo suponen un obstáculo a causa de los fallos en imprenta y edición. Los católicos y protestantes han producido muchos meritorios libros sobre el asunto. Tales obras serían las de Johann Adam Möhler, Patrologie (Regensburgo, 1840); Joseph Fessler, Institutiones patrologiæ (2 volúmenes, Innsbruck, 1850-59); H. J. Pestalozzi, Grundlinien der Geschichte der kirchlichen Litteratur der ersten sechs Jahrhunderte (Gotinga, 1811). Pero en las últimas décadas del siglo se produjo un gran avivamiento de interés y trabajo en esta esfera que evocó los tiempos clásicos del siglo XVII. Son de importancia los grandes descubrimientos que ampliaron el conocimiento de las fuentes antiguas. Entre ellos se pueden mencionar los fragmentos del evangelio y apocalipsis de Pedro, la Didaché, el texto completo de las cartas de Clemente, la Apología de Arístides, los Hechos de Pablo y Apolonio, el Diatessaron de Taciano, el Philosophumena y el comentario sobre Daniel de Hipólito, el Carmen de Comodiano, el Tractolus Origenis, las homilías sobre los Salmos de Jerónimo, papiros y ostracas de Egipto, etc. Se publicaron nuevas ediciones o se comenzaron otras, como la CSEL (Viena, 1866 y sig.), el conjunto de escritores griegos de los primeros tres siglos bajo los auspicios de la Academia prusiana (1897 y sig.), la Patrologia orientalis bajo la dirección de R. Graffin y F. Nau (París, 1903 y sig.), el Corpus scriptorum Christianorum orientalium (París y Leipzig, 1903 y sig.), [la obra de G. Krüger, Sammlung ausgewählter kirchen und dogmengeschichtlicher Quellenschriften (Tubinga, 1901 y sig.) y Florilegium patristicum, edición de G. Rauschen (Bonn, 1904 y sig.)]. Hay también series dedicadas a la publicación de escritores individuales y monografías sobre ellos, como la TU de Harnack y Gebhart (Leipzig, 1882 y sig.) y Cambridge Texts and Studies (1891 y sig.). También hay que tener en cuenta las numerosas publicaciones periódicas que tocan este campo, así como las monografías y colecciones con propósitos de instrucción como la Bibliothek der Kirchenväter (79 volúmenes, Kempten, 1869-88), ANF y NPNF (ver volumen i, p. xviii) y el Neutestamentliche Apokryphen de E. Hennecke (Tubinga y Leipzig, 1904). Se ha prestado atención especial a los primeros tres siglos, caracterizándose el trabajo por una notable imparcialidad e investigación. La escuela de Tubinga fue pionera en esta dirección. Pero el hombre cuya obra ha sido más provechosa e iluminadora es Adolf Harnack, proporcionando a la tarea una riqueza incomparable de conocimiento, agudos poderes de combinación, paciencia en la investigación y brillantes capacidades en el modo de exposición. Con él hubo colaboradores tales como Theodore Zahn, Adolf Hilgenfeld y Franz Xaver Funk en Alemania, Joseph Barber Lightfoot en Inglaterra, mientras que en Francia, Italia y los Estados Unidos se desarrolló una renovada actividad y trabajo en los estudios patrísticos.

Conceptos de patrística y patrología.
No es superfluo discutir la metodología de lo que se denominó "patrística" y "patrología." Esos términos brotaron a consecuencia del estudio del asunto por los teólogos luteranos del siglo XVII, para quienes esa disciplina abarcaba la colección del testimonio patrístico de las doctrinas individuales. Los católicos la estimaron como "la disciplina que investiga en los escritos de los Padres lo que pertenece a la fe, moral y disciplina y lo reduce al orden." Nitzsch lo define como "la exposición sistemática de la enseñanza sobre la fe y moral de los Padres de la Iglesia y escritores eclesiásticos." Se ha demostrado también que el interés en el asunto no fue puramente histórico, habiendo un elemento de polémica en ello. "Patrología" se aplicó al lado histórico de la disciplina, mientras que "patrística" al tratamiento sistemático, aunque esta distinción no siempre se mantuvo. No obstante, al usar esos nombres la ortodoxia luterana los tomó del catolicismo, empleando la palabra que los católicos aplicaron en honor de los maestros eclesiásticos antiguos (pater, "padre"). De hecho desde el siglo cuarto el término "padres" ha representado un conjunto determinado de hombres, especialmente obispos, que han dado testimonio en la Iglesia. No todos los "escritores eclesiásticos" fueron contados con los "Padres" como se usa en su sentido dogmático, ya que no todos fueron estimados ortodoxos. Por tanto surge una distinción entre "Padres" y "escritores." Al término "Padres de la Iglesia" se asociaron cuatro señas: antigüedad, ortodoxia doctrinal, santidad de vida y aprobación eclesiástica. Posteriormente en la historia de la Iglesia se designaron los "doctores de la Iglesia", que fueron distinguidos, además de por las cuatro señas mencionadas, por una erudición singular; este título le fue dado en eminencia a Gregorio Magno, Agustín, Ambrosio y Jerónimo, y el simbolismo posterior vio en sus cuatro nombres cuatro grados eclesiásticos: Obispo, arzobispo, cardenal y papa. El título de "doctor" fue posteriormente aplicado también a Hilario de Poitiers, Pedro Crisólogo, León Magno e Isidoro de Sevilla en el oeste; Atanasio, Basilio el Grande, Cirilo de Jerusalén, Gregorio de Nacianzo, Crisóstomo, Cirilo de Alejandría y Juan de Damasco en el este. Pero en los libros litúrgicos del este sólo tres nombres destacan: Basilio, Gregorio y Crisóstomo. El oeste también otorga el título de doctor a Beda, Pedro Damián, Anselmo de Canterbury, Bernardo de Clairvaux, Tomás de Aquino, Buenaventura, Francisco de Sales, Alfonso de Ligorio. Entre las mujeres Teresa de Ávila y Catalina de Siena han recibido también ese título.

Alcance de la materia.
Pero tal concepción supone un reduccionismo del campo de esta disciplina a lo meramente dogmático, de lo cual la ciencia histórica lucha por liberarse. Por eso Friedrich Nitzsch declaró que desde el punto de vista histórico-literario el significado de un escritor no depende de su origen de un Padre de la Iglesia y que consecuentemente la patrística debe ser liberada de un método mecánico que tiene en cuenta antes de nada estrechos asuntos cronológicos y biográficos. Tal punto de vista ya había sido señalado por Pestalozzi. La primera idea de Nitzsch implicó un regreso al principio anunciado en su prefacio a la edición de la obra de Jerónimo De viris illustribus. Este escritor puso a los Padres apostólicos en el mismo nivel que los escritores del Nuevo Testamento, figurando Filón con Hermas, Bardesanes con Musano el enemigo de los herejes. La influencia de algo similar la experimentó Bardenhewer, quien denominó a su obra Geschichte der altkirchlichen (no altchristlichen) Litteratur, en la que expresaba su idea de lo que la patrología debería ser. Desde el punto de vista histórico-literario, un gnóstico que comentó sobre el cuarto evangelio tenía derecho a estar representado igual que un maestro de la Iglesia, la afirmación de un Arrio igual que la de un Atanasio. La historia de la literatura no es dogmática y no contiene su prolegómeno; tiene sus propios principios. Sobre esa base la entrada de los escritores del Nuevo Testamento en el plan es natural y no es el resultado de manejar racionalistamente la Escritura, por lo que Jerónimo no dudó en incluirlos, siendo arbitrario excluir cualquier grupo de escritos sobre bases eclesiásticas. Si todos los escritores del Nuevo Testamento son "apostólicos", entonces hay razones suficientes para encabezar una historia de la antigua literatura cristiana con una sección sobre escritos apostólicos. Desde un punto de vista metodológico las relaciones de la disciplina de la introducción del Nuevo Testamento con la historia de la literatura cristiana antigua son asuntos sin consecuencia.

Metodología.
Esto no sólo era una mera cuestión de palabras, pues la disciplina es algo más que el arreglo de nombres escritos según detalles cronológicos y biográficos. Por eso, los seguidores de Jerónimo en la Edad Media fueron conocidos como Nomenclators y el método indicado se ha atascado en el tratamiento posterior. Franz Overbeck ha expresado la opinión (Historische Zeitschrift, xlviii, 417-472) de que la historia de la antigua literatura cristiana no alcanzará sus derechos hasta que contemple las relaciones históricas. Este escritor distingue entre una literatura cristiana primitiva surgiendo antes del contacto del cristianismo con el mundo a su alrededor y la literatura que nace después de tal contacto y en relación al mismo. La disposición a excluir, junto con el Nuevo Testamento, a los Padres apostólicos como discípulos de los apóstoles en dogmática, no es literario-histórica. Ahora se reconoce que lo relacionado ha sido separado y lo no relacionado se ha puesto junto. Pero las variedades de la literatura primitiva: evangelios, Hechos de los apóstoles, epístolas, escritos doctrinales, Apocalipsis y semejantes, comienzan con nuevas adquisiciones de material que se agrupan y el Nuevo Testamento, los escritos apócrifos y las obras de los Padres apostólicos, hallan una distribución apropiada. Los escritos gnósticos se separan de ellos, pero influenciaron a la literatura patrística. Los escritos apologéticos del siglo segundo formaron el fundamento de los que vinieron en los siguientes siglos. Las individualidades de las composiciones orientales y occidentales fueron reconocidas. El primer resultado fue la exposición de Harnack en su Geschichte der altchristlichen Litteratur, seguido por Haussleiter y Ehrhard. Que los esfuerzos se hayan aplicado principalmente a los primeros tres siglos se debe al interés preeminente que ese período tiene.

Mapa de los Padres de la Iglesia