Historia

PELAGIANISMO

Pelagianismo es el nombre dado al sistema doctrinal que enseñó Pelagio.

Mapa de las principales herejías, disidencias y cismas en los primeros siglos

Rechazo de Celestio.
La controversia pelagiana comenzó cuando Pelagio y Celestio visitaron el norte de África. Según Mario Mercator el segundo salió de Roma antes de acabar el año 409. Por otro lado, Pelagio pudo estar en Roma cuando la ciudad fue saqueada por Alarico en 410. El año 411 Pelagio estaba en Cartago, probablemente con Celestio, durante el coloquio con los donatistas. Poco después Pelagio fue al este, mientras Celestio se quedaba en Cartago, donde esperaba ser ordenado presbítero. Sin embargo, fue denunciado como hereje en un breve presentado por Paulino, un diácono de Milán, y en 411 se rechazó su ordenación por un sínodo de Cartago, aunque aparentemente evitó la excomunión. Las tesis por las que fue rechazado fueron las siguientes: (1) Adán fue creado mortal y habría muerto aunque no hubiera pecado; (2) el pecado de Adán le perjudicó sólo a él, no al género humano; (3) los niños nacen en el estado en el que Adán nació antes de caer; (4) ni el género humano muere por la muerte o pecado de Adán ni resucita por la resurrección de Cristo; (5) la ley, tanto como el evangelio, da acceso al reino de Dios y (6) ha habido hombres sin pecado, incluso antes de la venida de Cristo. Es notable que incluso en este sínodo que le rechazó, Celestio fuera atacado por el problema del bautismo de niños, por lo que se vio obligado a admitir que los niños deberían ser bautizados. Tras su condenación apeló a Roma, pero pronto se fue a Asia Menor y procuró, supuestamente con éxito, ser ordenado presbítero.

Difusión del pelagianismo.
A partir de ahí, aunque los problemas surgidos por esas controversias continuaron siendo discutidos en Cartago, Pelagio y Celestio estuvieron ambos ausentes en Asia y el primero fue, mientras tanto, tenido en alta estima por Agustín. Al discutirse más y más los problemas, Agustín, hacia el comienzo del año 412, escribió sus dos libros De peccatorum meritis et remissione y De baptismo parvulorum seguidos por su carta a Marcelino y su De spiritu et littera. Los puntos en controversia, el pecado original y la necesidad del bautismo infantil, así como la posibilidad de estar sin pecado con la ayuda de Dios y la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, los discute sin mencionar a Celestio y con solo una cortés alusión a Pelagio. En el año 413 los sermones predicados sobre el bautismo de niños por Agustín en Cartago provocaron un tumulto y demostraron cuán ampliamente difundidas estaban las ideas de Pelagio; en 414 Agustín fue informado por un tal Hilario de que algunos cristianos en Siracusa sostenían las siguientes ideas: (1) El hombre puede estar sin pecado y puede guardar fácilmente los mandamientos de Dios si quiere; (2) los niños no bautizados que mueren no pueden perecer justamente; (3) un rico que retiene sus riquezas no puede entrar en el reino de Dios, a menos que venda todo lo que tiene; (4) no se deberían hacer juramentos y (5) la Iglesia sin mancha es la visible, que es capaz de estar sin pecado. La primera de esas tesis se deriva directamente de la Eclogæ de Pelagio y la cuarta y quinta también se pueden derivar de sus escritos. La segunda y tercera son atribuidas por Agustín a Celestio. De alguna manera posteriormente Agustín recibió desde Sicilia el denominado Definitiones Cælestii, mientras que entre 413 y 418 un autor anónimo siciliano escribió seis tratados pelagianos, que casi parecen un comentario a las tesis registradas por Hilario. Por tanto está claro que el pelagianismo estaba más ampliamente extendido en 412-415 que la actividad personal de Pelagio y Celestio podía hacer pensar, debiéndose esto en parte a una tendencia natural hacia el modo pelagiano de pensamiento y parcialmente al lazo entre la cultura del periodo y la antigua filosofía popular cuasi-estoica. Al mismo tiempo hay una marcada tendencia a evitar la polémica por parte de Agustín contra Pelagio o Celestio.

Misión de Orosio.
Sin embargo, después de 415 un ánimo más personal se introdujo en la polémica de Agustín. La causa exacta de este cambio de actitud se desconoce, pero es evidente que cuando, en la primavera de 415, Agustín envió a Orosio con ciertos problemas a Jerónimo en el este, también procuró poner a Jerónimo en guardia contra Pelagio y avisar a la Iglesia oriental contra el heresiarca. No sólo fue la actitud en el este, como en la ordenación de Celestio, lo que perturbó a Agustín, sino que también recibió por dos alumnos de Pelagio, Timasio y Jacobo, el libro del heresiarca De natura, que había escrito probablemente en 414. Aunque la doctrina de este libro no era más herética que las ideas que había avanzado en su comentario bíblico, que ya eran conocidas desde hacía tiempo por Agustín, sin embargo éste se sintió profundamente ofendido, probablemente porque en su obra Pelagio procuró citar a autoridades antiguas en apoyo de sus doctrinas. Agustín replicó en su De natura et gratia, no polemizando todavía contra Pelagio por nombre. En julio de 415, unos pocos meses después de la llegada de Orosio, Juan de Jerusalén convocó un sínodo de todos o parte de sus presbíteros para considerar la posición de Pelagio. Esta asamblea fue aparentemente convocada a instigación de Orosio, por su antipatía hacia Pelagio, quien fue públicamente llamado para defender su posición. La mayoría de los presentes se posicionaron claramente con Pelagio, pero éste suscribió la fórmula de Juan y anatematizó a todo el que declarara que el hombre podía obtener la perfecta virtud sin ayuda divina. Esto lo pudo hacerlo honestamente, aunque bajo la gracia divina él no incluía el requisito de inspiración para cada acto, como era la idea de Agustín. Aunque, según Orosio, Juan y Pelagio concordaban en sus requerimientos, Orosio fue obligado a defenderse contra las acusaciones de herejía, mientras que la actitud del obispo hacia Pelagio era tan amistosa que más de un año después Agustín en una carta a Juan se sintió obligado a referirse a Pelagio como "nuestro hermano." Por tanto es evidente que Orosio fracasó en su ataque a Pelagio en Jerusalén.

Sínodos de Dióspolis, Cartago y Mileve.
Igualmente fútil fue un segundo ataque hecho por los obispos galos Heros de Arlés y Lázaro de Aix. Ambos habían sido obligados, como partidarios del usurpador Constantino, a dimitir de sus sedes tras su derrota en 411. Lo que les llamó a Tierra Santa se desconoce, pero en todo caso presentaron a Eulogio, obispo de Cesarea, un breve contra Pelagio. En diciembre de 415 se convocó un sínodo de 14 obispos en Dióspolis, la antigua Lidia. Los acusadores no pudieron estar presentes, estando uno de ellos enfermo. La mayoría de las alegaciones que se hicieron en su contra las refutó Pelagio mediante simple interpretación; la principal acusación, que él pensaba que el hombre podía ser sin pecado si quería, la defendió, igual que en Jerusalén, haciendo este poder dependiente de la ayuda de Dios. El tono de la acusación se aproximó a los auténticos puntos de la controversia pelagiana sólo en aquellos tomados de los escritos de Celestio; en su réplica Pelagio señaló que las tesis, en tanto no habían sido explicadas por ellos, fueran expuestas por otro y también las condenó. En consecuencia, el sínodo confirmó la ortodoxia de Pelagio. El este había al final respondido al desafío que los pelagianos cartagineses habían hecho en 403. En 416 Orosio trajo las nuevas con una carta de Heros y Lázaro a África. Sin embargo, reconociendo que debían reforzar sus ideas mediante alguna autoridad episcopal, los africanos, incluso antes de ver las actas del sínodo de Dióspolis, convocaron dos sínodos el otoño de 416, el primero en Cartago, con los obispos de la provincia cartaginense y el segundo en Mileve, con los obispos numidios, incluyendo a Agustín y Alipio. Ninguno de esos sínodos pronunció un anatema directo contra Pelagio o Celestio, pero en vista de las medidas previas contra Celestio, la información recibida de Dióspolis y el veredicto de aquellos que habían leído los escritos de Pelagio y Celestio, éstos fueron declarados autores de grave herejía, al no poner la gracia junto al libre albedrío y atacar la necesidad del bautismo infantil. Los africanos apelaron en dos cartas al papa Inocencio I por la autoridad de la "silla apostólica"; pero ya que el resultado de esto podía ser dudoso, especialmente al tener muchos amigos Pelagio en Roma, Agustín y los cuatro obispos (Aurelio de Cartago, Alipio, Evodio y Posidio) añadieron a las cartas sinodales una carta privada en la que defendían que Pelagio debía ser juzgado oralmente en Roma o tomar negociaciones con él por escrito. Inocencio respondió a esas tres cartas en un número igual de réplicas el 27 de enero de 417, evidentemente sin haber convocado un sínodo. Declaró impráctico citar a Pelagio a juicio, evidentemente sosteniendo que el juicio de los africanos era suficiente para la decisión. En su carta privada el papa cuestionaba la autenticidad de las actas del sínodo de Dióspolis que él ignoró totalmente en sus comunicaciones oficiales a Cartago y Mileve. Igualmente declaró que Pelagio y Celestio no tendrían parte en la Iglesia hasta que regresaran a la sensatez.

Zósimo y la Iglesia africana.
El 12 de marzo de 417 Inocencio I murió siendo sucedido por Zósimo, quien pronto se vio obligado a participar en la controversia pelagiana. Según Mario Mercator, Celestio fue de Éfeso a Constantinopla, de donde fue expulsado por el obispo Ático. Apareció en Roma y sometió a Zósimo una solicitud para que los cargos alegados contra él fueran investigados. Zósimo, junto con su clero, consideró el problema de la ortodoxia de Celestio y decidió en su favor. Ese resultado fue comunicado por el papa a los africanos, a quienes al mismo tiempo reprobó por su apresurado juicio y les demandó que revisaran su veredicto o que le entregaran a Celestio en Roma en el plazo de dos meses. Esta carta difícilmente pudo haberla enviado Zósimo antes, que estaba inmerso en el asunto de Pelagio. Éste, que había hecho una detallada presentación de sus ideas en los cuatro libros de su De libero arbitrio (escrito tras el sínodo de Dióspolis), envió esta obra y un credo, que todavía existe, junto con una carta de apelación a Inocencio, de cuya muerte no se había enterado. Los documentos los recibió Zósimo. En esta obra son muy evidentes los conceptos básicos sobre el libre albedrío del pelagianismo. Pelagio se propuso mostrar que la afirmación de un "poder natural" dado divinamente no excluye la ayuda de Dios a la volición y acción del hombre "pues lo que es mandado hacer por el libre albedrío puede ser más fácilmente cumplido por la gracia." La carta acompañante y el credo de Pelagio señalaban expresamente que los niños deberían ser bautizados y que el hombre siempre necesita la ayuda de Dios. Ambos documentos fueron leídos públicamente por mandato del papa, para regocijo de los amigos de Pelagio en Roma, que eran muchos. En una carta de 21 de septiembre de 417 el papa informó a los africanos de esos hechos y les envió las declaraciones de Pelagio, exhortándoles a regocijarse de que Pelagio y Celestio, aunque acusados por falsos jueces, nunca se habían salido de los límites de la Iglesia. Al mismo tiempo Zósimo citó a Paulino, el antiguo acusador de Celestio para que compareciera en Roma. Esas medidas de Zósimo levantaron oposición en África, pero sólo se conoce una porción de las controversias que surgieron. Sin embargo tres cosas son ciertas. Antes de finales de febrero de 418 se convocó un sínodo en Cartago, donde se formuló una réplica a la carta de Zósimo. Esta réplica fue elaborada en claros términos, declarando que ninguna sumisión general a la decisión de Inocencio podía justificar a Celestio, quien debía condenar las doctrinas erróneas que había promovido, o de otra manera se debería pensar de la sede romana, que había juzgado sus ideas como ortodoxas, que aprobaba sus errores; Paulino, escribiendo el 8 de noviembre de 417, declaró que le era innecesario ir a Roma. El 21 de marzo de 418 Zósimo replicó que no había cambiado lo que Inocencio había hecho. Esta carta llegó a su destino el 29 de abril y dos días más tarde, en presencia del enviado romano, se convocó un sínodo de más de 200 obispos en Cartago. En una carta a Zósimo se concordaba con la decisión de Inocencio para que Pelagio y Celestio reconocieran más allá de toda duda que la gracia de Dios ayuda al hombre no sólo a conocer la justicia, sino a realizarla. Al mismo tiempo se formularon varios cánones anti-pelagianos. En los mismos se afirmaba (1) que Adán llegó a ser mortal primero por la caída; (2) que los niños deben ser bautizados para remisión de los pecados por su pecado original; (3) que es un error creer "que la gracia de Dios por la que somos justificados vale sólo para la remisión de los pecados y no también para ayuda contra su comisión" y (4) que la perfección impecable es imposible en la tierra.

Rescripto de Honorio.
Ya que esas medidas eclesiásticas podían escasamente vencer la simpatía hacia Pelagio en Roma, los africanos convencieron al emperador Honorio para que publicara un rescripto sagrado en Rávena el 30 de abril de 418 en el que, lamentando la difusión del pelagianismo en Roma y en otras partes, mandaba a Celestio y Pelagio que fueran expulsados de Roma y enviados sus adherentes al exilio. Este decreto pudo afectar poco a Pelagio mismo, pues aunque Mario Mercator señala que él fue expulsado de Jerusalén por un sínodo celebrado a finales de 417 o a principios de 418 y presidido por Teodoto, obispo de Antioquía, no hay razón para suponer que él haya llegado a Roma antes de la promulgación del rescripto imperial. En el verano de 418 Agustín alude a Pelagio como si estuviera en Tierra Santa, pero desde entonces nada se sabe sobre él. Celestio, que parece haber estado en Roma el 21 de marzo de 418, probablemente huyó para evitar la ejecución del rescripto. La promulgación del edicto del emperador y el concilio general en Cartago fueron seguidos por la famosa Epistola tractoria de Zósimo que desafortunadamente no existe. Es igualmente cierto que las actas del sínodo de Cartago estuvieron en las manos de Zósimo antes de que él escribiera esta epístola, que difícilmente pudo haber aparecido muchas semanas después de finales de abril de 418. Era un documento extraordinariamente incluyente que daba una historia completa de la controversia, con extractos copiosos de los escritos de Celestio y Pelagio. Los africanos expresaron su agradecimiento por esta condenación de sus dos archi-oponentes en una carta (igualmente perdida) escrita tras un sínodo que se había celebrado. Para demostrar la imposibilidad de cualquier reconciliación, Agustín escribió sus últimos libros contra Pelagio y Celestio, en su Libri duo de gratia Christi y De peccato originali.

Juliano de Eclana.
El pelagianismo estaba oficialmente muerto en el oeste, pero los edictos imperiales de 419 y 421 mostraban que la herejía todavía ejercía una influencia secreta. La principal figura de este segundo período fue Juliano de Eclana. Cómo fue ganado al pelagianismo se desconoce, pero pudiera ser que sus estudios de Cicerón y su filosofía estoica y especialmente aristotélica, combinadas con la influencia de su amigo Paulino de Nola, hicieran a Juliano pelagiano tan pronto como se convirtió en teólogo. La Epistola tractoria de Zósimo dio a Juliano la oportunidad para presentar sus ideas, ya que la condenación de Pelagio y Celestio incumbía a la ortodoxia. Antes de ir al exilio, ya fuera porque había rechazado suscribir la Epistola tractoria o porque había desobedecido el edicto de 419 que castigaba con la destitución y el destierro el rechazo a suscribir la condenación de Pelagio y Celestio, Juliano escribió dos cartas a Zósimo criticando la condenación de Celestio en Cartago en 411. En Roma misma Juliano alegó contra la doctrina del pecado original, probablemente durante el pontificado de Zósimo, quien le anatematizó. En el breve cisma que siguió a la muerte de Zósimo en diciembre de 418, los obispos italianos eran mayormente pelagianos. Esta tendencia fue fortalecida por una carta ahora perdida, pero probablemente escrita por Juliano a Valerio, el influyente "conde" en Rávena. La acusación hecha en esta carta de que Agustín condenaba el matrimonio fue contestada (a finales de 418 o principios de 419) por el primer libro del gran obispo De nuptiis et concupiscentia ad Valerium. Este libro fue respondido por Juliano, en el verano de 419, en sus cuatro libros (de los cuales sólo se han preservado fragmentos) Ad Turbantium; al mismo período pertenece un documento pelagiano, indudablemente compuesto por Juliano mismo, oponiéndose duramente a los oponentes "maniqueos" y exhortando a los pelagianos a permanecer firmes. Este documento está estrechamente relacionado con la carta, escrita probablemente en el verano de 419, que Juliano envió en nombre de 18 obispos pelagianos a Rufo, obispo de Tesalónica. Esta carta se elaboró supuestamente para lograr una victoria para los escritores durante su exilio en el este, aunque el número de esos exiliados, muchos de los cuales volvieron pronto arrepentidos, es incierto. No más tarde que 421 Juliano mismo, tras muchos vagabundeos, vino con sus amigos, incluyendo a Floro, Oroncio y Fabio a Teodoro de Mopsuestia, quien era pelagiano en simpatía. A pesar del destierro de Juliano, la polémica entre él y Agustín todavía continuó. En 420 Agustín escribió su segundo libro De nuptiis et concupiscentia ad Valerium, rápidamente seguido por su Libri quator contra duas epistulas Pelagianorum. Ambas obras mencionan a Juliano, pero no le combaten directamente. Sin embargo, cuando Agustín recibió la copia completa del libro de su oponente Ad Turbantium, escribió, no antes de 421, su Libri sex contra Julianum. Juliano no conocía esta última obra cuando en Cilicia atacó de nuevo a Agustín en su Octo libri ad Florum. De esta polémica Agustín nada supo antes de 427 y su detallada réplica inacabada está en el libro sexto, siendo la obra llamada Opus imperfectum. Nada indica que Juliano replicara a ninguna de estas dos obras especialmente dirigidas contra él por Agustín, ni se sabe mucho de su vida tras la terminación de su Ad Forum. No presentó nuevas tesis, sino resumió en un sistema los principios de Pelagio; formuló la clara distinción del agustinianismo y retirando el elemento ascético, subrayó el intelectual y moral. Poco después de la muerte de Teodoro de Mopsuestia en 428, Juliano, con sus amigos Floro, Oroncio y Fabio, estaba en Constantinopla donde procuró ganar al emperador y al nuevo patriarca, Nestorio, para su lado. La amistad entre Teodoro y Nestorio, combinada con la afinidad del pelagianismo con la cristología nestoriana, pudo haber movido a Juliano a dar este paso, pero Nestorio, no conociendo el curso de los sucesos en el oeste, buscó información del papa Celestino I. Por alguna razón el papa permaneció callado y Nestorio, estimando a Juliano y a sus camaradas como ortodoxos, aunque no siendo él mismo pelagiano, les dejó permanecer un tiempo en Constantinopla. El patriarca parecía amistoso también hacia Celestio, probablemente en 429. En la última parte del mismo año, sin embargo, Mario Mercator publicó en Constantinopla su Commonitorium super nomine Cælestii, para demostrar que Celestio, Pelagio, Juliano y sus compañeros eran herejes que habían estado largo tiempo excluidos en el oeste y entre todos los ortodoxos del este. A principios de 440, por tanto, los pelagianos fueron expulsados por el emperador de Constantinopla y el veredicto del oeste fue igualmente adoptado por el concilio anti-nestoriano de Éfeso en 431. Según Próspero, Juliano, hacia 439, procuró obtener de nuevo su obispado por un fingido arrepentimiento, pero el papa Sixto III se le opuso a instancias de León, que posteriormente sería Magno.

Declive y desaparición.
Mientras tanto el pelagianismo permanecía, no sólo en Bretaña, donde Agrícola diseminó ideas pelagianas hasta que fue frenado por Germano, obispo de Auxerre, en 429; y en Irlanda, donde los comentarios de Pelagio fueron populares, sino también por todo el oeste incluso en el norte de África. El papa Celestino I retiró su activo apoyo a los agustinianos contra los galos semipelagianos tras la muerte de Agustín y la invasión vándala de África; la ascensión, en 432, de Sixto III, quien antes del tiempo de la Epistula tractata había figurado como el más influyente defensor de los pelagianos, probablemente explica el cambio de dirección en la idea de Juliano. Hacia ese tiempo el Liber Prædestinatus apareció desde círculos romanos que eran pelagianos de corazón, aunque reconocían a Pelagio entre los herejes. Pero donde la doctrina de Pelagio había sido anatematizada, el pelagianismo, en el sentido estricto del término, no pudo seguir existiendo. Tras el fracaso de Juliano para recuperar su diócesis parece haberse quedado en Italia, pues estaba en Campania en el pontificado de León Magno (440-461). Genadio implica que murió entre los años 441 a 445, aunque se desconoce dónde. De Celestio toda huella desaparece en 429.