Historia

PENITENCIA

Enseñanza bíblica

Entre los protestantes la palabra arrepentimiento usualmente expresa dolor por el pecado y volverse para llevar una nueva vida, mientras que la palabra penitencia se refiere particularmente a los actos de disciplina externa producidos por esa tristeza a causa del pecado. Sin embargo, entre los católicos de habla inglesa la palabra penitencia comúnmente incluye ambos significados. Arrepentimiento, en el sentido del vocablo del Nuevo Testamento metanoia, es un cambio completo de actitud mental ante la conciencia de la obligación de los mandamientos de Dios y la pecaminosidad humana. Tiene su pleno efecto sólo cuando el poder para vencer el pecado se asegura y se ofrecen el perdón y la reconciliación.

Concepto del Antiguo Testamento.
En el Antiguo Testamento se reconoce constantemente una conciencia de culpa y una necesidad de perdón. Esta última es prometida por Dios a condición de una conversión interior auténtica. Las víctimas son llevadas al sacrificio como medio de obtenerlo; pero aunque se puede designar al sacrificio una satisfacción externa, no se concibe que tenga poder en sí mismo para procurar el perdón, ya que es el resultado de la gratuita gracia de Dios. Toda la tendencia de la revelación profética y de la conciencia espiritual del salmista es subrayar la necesidad de un cambio de corazón (16 Porque no te deleitas en sacrificio, de lo contrario yo lo ofrecería; no te agrada el holocausto. 17 Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás. […]Salmos 51:16,17; Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos; volved ahora al SEÑOR vuestro Dios, porque El es compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia, y se arrepiente de infligir el mal.[…]Joel 2:13 y sig.), cuya motivación no es solamente una conciencia de culpabilidad con un temor del juicio de Dios, sino la creencia en la voluntad misericordiosa de Dios para quitar el pecado (He disipado como una densa nube tus transgresiones, y como espesa niebla tus pecados. Vuélvete a mí, porque yo te he redimido.[…]Isaías 44:22). El cambio es obra de Dios (Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.[…]Salmos 51:10; Ciertamente he oído a Efraín lamentarse: "Me has castigado, y castigado fui como becerro indómito. Hazme volver para que sea restaurado, pues tú, SEÑOR, eres mi Dios.[…]Jeremías 31:18). En contraste característico con otras religiones orientales, que subrayan la penitencia externa, los profetas exigen el ayuno sólo como expresión externa del auténtico dolor por el pecado (Aun ahora--declara el SEÑOR-- volved a mí de todo corazón, con ayuno, llanto y lamento.[…]Joel 2:12). Bajo la ley de Moisés el único día de ayuno, expresión del abatimiento interno, era el Día de la Expiación. Los sufrimientos del cautiverio y la opresión posterior del pueblo produjeron expresiones más frecuentes de esa actitud; una más profunda y permanente conciencia de pecado se muestra en los israelitas piadosos, al mismo tiempo que un peligro en la confianza en el poder de las formas externas para expresar este espíritu o incluso en sí mismas para efectuar la remoción del pecado ("Por tanto, oh rey, que mi consejo te sea grato: pon fin a tus pecados haciendo justicia, y a tus iniquidades mostrando misericordia a los pobres; quizás sea prolongada tu prosperidad."[…]Daniel 4:27).

Enseñanza de Cristo.
El Redentor, igual que su heraldo, Juan, comienza la proclamación de su mensaje mediante un llamamiento al arrepentimiento (Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.[…]Mateo 3:2; 4:17; y diciendo: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio.[…]Marcos 1:15). El bautismo cristiano expresa ese cambio y purificación interior mediante el acto de la inmersión y dicho bautismo ha de ser con el Espíritu Santo, que imparte nueva vida desde lo alto. El evangelio que Jesús predica supone que él ha venido "para salvar lo que se había perdido" (11 Porque el Hijo del Hombre ha venido a salvar lo que se había perdido. 12 ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se ha descarriado, ¿no deja las noventa y nueve en los montes, y va en busca de la descarriada? 13 Y si sucede q[…]Mateo 18:11-14; 9:10-13; 1 Todos los recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle; 2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este recibe a los pecadores y come con ellos. 3 Entonces El les refirió esta parábola, diciendo: 4 ¿Qué hombr[…]Lucas 15). En el Sermón del Monte declara la naturaleza de la justicia que debe caracterizar a aquellos que comparten las bendiciones del nuevo reino y comienza con la pobreza en espíritu, el llanto, el hambre y sed, como expresiones de dolor por el estado previo de pecado. Clavado en la cruz, Jesús acepta al ladrón arrepentido que se somete al castigo y que con fe suplicante se vuelve a él.

Enseñanza apostólica.
La predicación de los apóstoles exhorta a un cambio de corazón, cuyo impulso se encuentra en la exaltación de Cristo como Salvador (A éste Dios exaltó a su diestra como Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento a Israel, y perdón de pecados.[…]Hechos 5:31; 11:18), estando relacionado con ello el bautismo en su nombre. La expresión más profunda de un cambio moral fundamental de un estado de pecado a la comunión de los santos, se encuentra en el concepto de Pablo de ser sepultado con Cristo, o de despojarse del viejo hombre y vestirse del nuevo (¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?[…]Romanos 6:2 y sig.; habiendo sido sepultados con El en el bautismo, en el cual también habéis resucitado con El por la fe en la acción del poder de Dios, que le resucitó de entre los muertos.[…]Colosenses 2:12; que en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojéis del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos,[…]Efesios 4:22 y sig.) y en la doctrina de Juan del nuevo nacimiento (12 Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, 13 que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios. […]Juan 1:12,13; 3:3). Aquí aparece la unidad fundamental entre el auténtico arrepentimiento y la regeneración. Para aquellos que están inmersos en la nueva vida, pero que son todavía conscientes de los impulsos rebeldes de la carne, Pablo tiene una exhortación a renovarse continuamente y vestirse de Cristo (Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.[…]Romanos 12:2; 13:14). Un cambio de corazón ha de producirse cuando los hombres se someten a los deseos pecaminosos o la indiferencia se apodera de la vida espiritual (15 'Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! 16 'Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17 'Porque dices: "Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad"; y no sabe[…]Apocalipsis 3:15-19). Sin embargo, el Nuevo Testamento no conoce diferencia esencial entre este cambio de corazón y el que constituyó el arrepentimiento primario; el perdón es impartido una vez más en virtud de la sangre expiatoria e intercesión continua de Cristo (7 mas si andamos en la luz, como El está en la luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la sangre de Jesús su Hijo nos limpia de todo pecado. 8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. […]1 Juan 1:7-9; 2:1,2).

Desarrollo en la Iglesia

Desarrollo de la penitencia.
Al considerar la doctrina del arrepentimiento en su desarrollo en la Iglesia durante el período post-apostólico, se debe hacer distinción entre el arrepentimiento que precede al bautismo y el prescrito para los cristianos que han caído en grave pecado tras el bautismo y entre las condiciones impuestas en los dos casos. En el bautismo se imparte el perdón completo en virtud de la obra redentora de Cristo, exigiéndose el arrepentimiento sólo en el sentido de un cambio completo de corazón. En la penitencia de los cristianos bautizados, que es comparada por Jerónimo y Ambrosio, e incluso antes por Tertuliano, como una tabla a la que un náufrago se agarra, se requieren por un lado ciertas obras externas de penitencia por las que el pecador queda libre de la culpa y por otro en la readmisión al rebaño a través de una jerarquía eclesiástica, cuyos sacerdotes oyen la confesión del pecado, la absolución e imposición de ciertos actos externos a manera de satisfacción. Al principio esta acción eclesiástica tuvo lugar sólo en caso de graves pecados, especialmente idolatría, adulterio y asesinato, por el perjuicio ocasionado a la Iglesia y su necesidad de tomar parte en el acto de readmisión. Este acto ocurría sólo tras un período prescrito de penitencia pública y el pronunciamiento (originalmente sólo en forma de oración intercesora) del perdón divino.

Penitentes, por Goya. Museo Lázaro Galdiano. Madrid
Penitentes, por Goya. Museo Lázaro Galdiano. Madrid
Penitencia como sacramento.
La penitencia pública quedó abandonada, primero en el este, con la relajación general de la disciplina y los vínculos de la vida eclesiástica, hacia finales del siglo cuarto. Continuó más allá en el oeste, al menos para pecados notorios; se intentó una restauración de la antigua disciplina en el periodo carolingio. Pero hacia finales del siglo XI su lugar lo tomó la penitencia privada, que había estado aumentando desde tiempo atrás y ahora era impuesta por la Iglesia. Todos los pecados graves habían de ser confesados al sacerdote, quien tenía que pronunciar el perdón (aunque no fue hasta el siglo XIII que se empleó una fórmula declaratoria) e imponer una satisfacción apropiada. Este acto es llamado sacramento por Pedro Damián. La combinación de absolución y satisfacción posterior se explicó (especialmente por Abelardo) con la teoría de que la absolución misma remite la culpa y el castigo eterno del pecado, pero aún quedan restos de un castigo temporal que debe quedar resuelto mediante esas satisfacciones. Junto a esta teoría va de la mano la de las indulgencias. Para cualquier satisfacción necesaria no hecha en esta vida, queda el sufrimiento del purgatorio. El sacramento de la penitencia, descrito por los teólogos escolásticos desde Pedro Lombardo en adelante y los cánones del concilio de Trento, consiste de tres actos distintos por parte del pecador: contrición, confesión y satisfacción. Se hace una distinción entre la auténtica contrición, por la que la persona se duele por sus pecados al haber ofendido a Dios, a quien ama, y atrición, o "ese arrepentimiento incompleto que existe cuando la persona teme el juicio divino, aborrece lo ignominioso del pecado, hace una firme resolución de no pecar más y comienza a amar a Dios como fuente de justicia." La mayoría de los teólogos escolásticos, cuya opinión fue confirmada por el concilio de Trento, mantuvieron que la operación del sacramento suplía lo que faltaba en tal atrición, que el Espíritu Santo operaba incluso en ella y que aunque no era suficiente para justificar a un pecador, podía darle las disposiciones necesarias para recibir el sacramento.

Lutero.
La revisión de la doctrina de la penitencia por los reformadores, especialmente Lutero, comenzó al considerar el término bíblico metanoia, "que significa un cambio en la mente y los afectos". En este sentido Cristo quiere, como mantuvo Lutero en sus Tesis, que toda la vida de un cristiano sea de arrepentimiento. Sin embargo, en el arrepentimiento en el sentido de restauración a la gracia divina tras el pecado, el elemento dominante es la fe, que se agarra a la promesa de esa gracia; pues la contrición misma, aunque fuera perfecta, no podría merecer la gracia de Dios. Según la Confesión de Augsburgo el arrepentimiento está compuesto de "contrición, o los terrores de una conciencia sacudida por la consideración y reconocimiento del pecado" y "fe, que es concebida del evangelio y cree que el pecado es remitido por causa de Cristo." La enmienda y el abandono del pecado se supone que siguen como fruto del arrepentimiento. Lutero nada sabe de penitencia en el sentido de castigos regulados exactamente; las visitaciones divinas que a veces vienen sobre los pecadores perdonados las considera a la luz no del pecado, sino de pruebas y medios de gracia procedentes del amor divino. Aunque Lutero y Melanchthon todavía ocasionalmente llaman a la penitencia sacramento, en su idea no queda bajo ese encabezamiento, sino en la clase de las diversas administraciones de la Palabra de Dios como medio de gracia. El penitente puede recibir la declaración de perdón del ministro o de otro cristiano, pero no difiere de la que puede obtener por sí mismo del evangelio.

Posterior enseñanza no católica.
Cuando la enseñanza de los primeros reformadores, en la que Calvino no difería esencialmente de Lutero, hubo degenerado en formalismo y fe muerta, sin una auténtica conversión del corazón y la voluntad, el pietismo en Alemania y el metodismo en Inglaterra pusieron énfasis especial en el cambio de corazón. En relación con ello insistieron en la necesidad de un período, más o menos prolongado, de conflicto interior. Spener no exageró este aspecto, admitiendo que Dios tenía diferentes formas de tratar con sus hijos; pero algunos de sus seguidores se fueron a rigurosos extremos, en los que Zinzendorf creció, aunque él y sus hermanos posteriormente reaccionaron a una posición más cercana a la que Agrícola había defendido, en la que el principal énfasis se pone en el amor abarcador de Dios. La idea del conflicto ha sido característica de no poca práctica metodista, aunque menos en Inglaterra que en América. Con los pietistas concordaron tanto el movimiento racionalista como el sobrenaturalista, al poner el énfasis en el lado práctico del arrepentimiento; pero mientras que el primero había perdido el concepto de la fe del corazón que encuentra una vida nueva, el segundo no entendió suficientemente la importancia de esa fe para la creación y estímulo de una nueva buena voluntad y este defecto caracterizó una buena porción de la enseñanza protestante moderna. Schleiermacher explicó la conversión consistente de arrepentimiento (una combinación de dolor por el pecado y cambio de corazón) y fe, en el sentido de una apropiación de la perfección y bendición de Cristo. Según Ritschl la voluntad debe, en virtud del asentimiento a lo bueno, renunciar al pecado y la fe es sustancialmente la dirección de la voluntad hacia Dios como fin de su ser, con confianza en su guía. No es necesario señalar la divergencia de esas ideas con las de los reformadores, a cuya posición hay la tendencia a regresar entre no pocos de los modernos escritores.