Historia

PEREGRINACIONES

Peregrinaciones es el nombre dado a los viajes a los lugares santos por devoción y edificación. Es una característica común de la devoción religiosa, no exclusiva del cristianismo.

Mapa de los centros de peregrinación medieval
Mapa de los centros de peregrinación medieval
Pero en el caso del cristianismo la costumbre comenzó pronto. A mediados del siglo cuarto, una vez que Constantino y su madre Elena hubieran visitado el Gólgota, Belén y otros lugares y hubieran edificado allí iglesias, las peregrinaciones a Tierra Santa se hicieron bastante frecuentes. En el siglo octavo, Carlomagno hizo un tratado con Haroun al Rashid para procurar la seguridad de los peregrinos cristianos de Jerusalén y fundó un monasterio latino en esa ciudad para ellos. En el siglo XI los ultrajes a los que los peregrinos cristianos estuvieron expuestos en Tierra Santa hicieron, más que ninguna otra cosa, que surgieran las cruzadas. Pero entre tanto la Iglesia había puesto la mano en el asunto y las peregrinaciones cambiaron de carácter. Se convirtieron en "buenas obras" que expiaban graves pecados y sacrificios por los que la santidad, o al menos parte de ella, podía obtenerse. El peregrino fue colocado bajo la especial protección de la Iglesia; maltratarlo o negarle protección y limosnas era sacrilegio. Y cuando regresaba victorioso, habiendo cumplido sus votos, se convertía en centro del interés religioso de la localidad a la que pertenecía y objeto de santa reverencia. De este modo la peregrinación se convirtió en una obra de vida, un llamamiento. Hubo gente que adoptó como vocación ir de santuario en santuario a lo largo de su vida. Los lugares de peregrinación surgieron por todas partes, en las tumbas de los santos y mártires (San Pedro y San Pablo en Roma, Santa Tecla en Seleucia, San Esteban en Hipona en África, los cuarenta mártires en Capadocia, San Félix en Nola en Campania, San Martín en Tours, San Adelberto en Gnesen, San Willibrord en Echternach, Santo Tomás en Canterbury, San Olaf en Drontheim, etc.) o en el santuario de alguna reliquia o imagen milagrosa. En la Reforma, esta práctica fue ridiculizada por los protestantes, pero retenida por la Iglesia católica. Posteriormente dos nuevos lugares de peregrinación enfervorizaron al mundo católico: Lourdes en el sur de Francia, cerca de los Pirineos y Knock, cerca de Dublín, Irlanda. En ambos lugares la Virgen María es el objeto de devoción.

Mapa de las principales rutas de peregrinación medieval
Mapa de las principales rutas de peregrinación medieval

Peregrinos viajando a Canterbury, detalle de un manuscrito iluminado inglés, c. 1400
Peregrinos viajando a Canterbury,
detalle de un manuscrito iluminado inglés, c. 1400
Entre los santuarios más celebrados están los lugares de Tierra Santa, que desde el siglo XV han estado bajo la administración de la orden franciscana. También hay santuarios de la Virgen por varias partes del mundo, como por ejemplo Loreto y Genezano en Italia, Chartres, Fourvières (en Lyón) y especialmente el ya mencionado de Lourdes en Francia, Einsiedeln en Suiza, Mariazell en Austria, Guadalupe y Monserrat en España, Walsingham en Inglaterra (del que Erasmo escribió un relato), etc. Entre los santuarios de los ángeles y santos se puede mencionar el "Limina apostolorum" en el Vaticano, Monte Gargano, en Italia, en honor de San Miguel (este santuario fue devoción de los peregrinos normandos, e indujo a la conquista romana de Nápoles); Compostela en España, en honor de Santiago apóstol, Mont St. Michel en la costa septentrional de Francia, por no decir nada de las reputadas tumbas de Lázaro y sus dos hermanas en el sur. En Norteamérica el lugar más notorio de peregrinación es el santuario de Santa Ana sobre el río San Lorenzo, a unos kilómetros de Quebec, donde una famosa reliquia de Santa Ana, madre de la Virgen, se preserva, habiendo sido traída de unos santuarios dedicados a Santa Ana en Francia. En general, todos las tumbas de santos prominentes o localidades íntimamente relacionadas con sus vidas, han sido en un tiempo u otro centros de peregrinaciones por parte de fieles piadosos, aunque las pretensiones de muchos para tales honores no pueden resistir la prueba de la investigación crítica.

El cronista medieval Aimeryc Picaud describió la variedad de gentes que acudían a Compostela a venerar la tumba de Santiago:

'Allí se reúnen de todos los climas del mundo: francos, normandos, escoceses, irlandeses, galeses, alemanes, iberos, gascones, baleares, navarros impíos [por ésta, y otras frases más fuertes se advierte que le trataron mal en su paso por Navarra], vascos, godos, provenzales, los de Warasque, lotaringios, vascos, anglos, bretones, los de Cornualles, flamencos, frisones, los del Delfinado y la Saboya, italianos, pulleses, los de Poitou, aquitanos, griegos, armenios, dacios, noruegos, rusos, georgianos, los de Nubia, partos, romanos, gálatas, efesinos, medos, toscanos, calabreses, sajones, sicilianos, asiáticos, del Ponto, de Bitinia, de la India, cretenses, jerosolimitanos, antioquenos, galileos, sardos, chipriotas, húngaros, búlgaros, esclavones, africanos, persas, alejandrinos, egipcios, sirios, árabes, colosenses, moros, etíopes, filipenses, capadocios, corintios, elamitas, de Mesopotamia, libios, cirenenses, de Panfilia, de Cilicia, de Judea y otras innumerables gentes de toda lengua, tribu y nación, que llegan por compañías y falanges, y con acciones de gracias cumplen sus promesas al Señor, ofreciéndole alabanzas.

Llénase de gozo y de admiración el que contempla los coros de los peregrinos velando en torno del sacro altar del bienaventurado Santiago. De una parte se colocan los alemanes, de otra los francos, y de otra los italianos, todos con cirios encendidos en las manos, de suerte que la iglesia toda brilla como el sol en un día espléndido. Cada cual permanece con sus compatriotas en vigilia y oración. Unos salmodian al son de las cítaras; otros, al son de las liras; éstos, en acompañamiento de tímpanos; aquéllos, de flautas, y los de más allá de pífanos, o de trompetas, o de arpas, o de violas, o de ruedas británicas y gálicas, o de salterios, y de variados instrumentos músicos. Quién llora sus pecados, quién recita salmos, quién da limosna a los ciegos.

Se oyen allí diferentes géneros de lenguas y los diversos clamores y cantilenas de los extranjeros, alemanes, ingleses, griegos y de las demás tribus y naciones de todos los climas del mundo. No hay lenguas ni dialectos cuyas voces allí no resuenen.

Tales vigilias se observan con la mayor diligencia, pues unos van, otros vienen, y todos presentan sus sacrificios. Si alguno entra triste, sale alegre. Una ininterrumpida solemnidad, una fiesta continua es la que allí se celebra... Ni de día ni de noche se cierran las puertas de la basílica, y en ella nunca es de noche, porque con luz esplendorosa de candelas y cirios brilla como un mediodía.

Allá van los pobres, los ricos, los bravos caballeros, los plebeyos, los magnates, los ciegos, los mancos, los optimates, los nobles, los próceres, los prelados, los abades; unos con los pies descalzos, otros sin nada propio, y otros ligados con cadenas de penitencia. Hay quien lleva la cruz en las manos, como los griegos, y quien reparte sus bienes a los pobres, y quien trae hierro o plomo para la obra de la basílica del apóstol.'