Historia
PERFECCIONISMO
Perfeccionismo es la doctrina que enseña la posibilidad o realidad de estar libre de pecado en la vida presente. Los calvinistas y luteranos niegan cualquier perfeccionismo en esta vida; sin embargo, la teoría tiene defensores en otras ramas del cristianismo.
(1) Los católicos enseñan que, en algunos casos por un especial privilegio de Dios, alguien que ha sido justificado puede evitar todo pecado. Incluso puede ofrecer una obediencia que va más allá de las demandas legales (comp. cánones y decretos del concilio de Trento, sesión sexta, capítulo 11 y cánones 23,25).
(2) Los arminianos wesleyanos enseñan una perfección que no es angélica, adámica y absoluta, sino relativa, es decir "según la especial economía introducida por la expiación, en la que el corazón, siendo santificado, cumple la ley por el amor." "La perfección más elevada" dice Wesley "que el hombre puede obtener mientras el alma habita en el cuerpo, no excluye la ignorancia, error y una multitud de flaquezas." La causa de esta perfección es diversamente concebida y se debe, por ejemplo, a la represión de los pensamientos y deseos de lo no santo (R. S. Foster, Christian Purity, Nueva York, 1869), a la erradicación de las disposiciones no cristianas (A. Lowrey, Possibilities of Grace, Nueva York, 1884), para madurar en gracia y santidad, que ha de distinguirse de la plenitud de gloria de los redimidos en el cielo (J. Miley, Systematic Theology, 2 volúmenes, Nueva York, 1892-94).
(3) Los cuáqueros enseñan que, en el caso de los justificados, "el cuerpo de muerte y del pecado queda crucificado y sus corazones unidos y sometidos a la verdad, de manera que no obedecen cualquier sugestión o tentación del diablo sino que son libres de pecado actual y de transgresión de la ley de Dios, y en ese aspecto son perfectos. Sin embargo, esta perfección todavía admite crecimiento; quedando una posibilidad de pecar cuando la mente no vigila atenta y diligentemente en las cosas del Señor." (Confession of the Society of Friends, prop, viii).
(4) La escuela de Oberlin (A. Mahan, Scripture Doctrine of Perfection, Boston, 1839; C. G. Finney, Systematic Theology, Oberlin, 1878; comp. J. H. Fairchild, Elements of Theology, ib. 1892) enseña que "como la virtud y el pecado pertenecen sólo a la acción voluntaria y son contradictorias en su naturaleza, no pueden coexistir en el alma. El principio de la vida cristiana es la entera obediencia. Cada caída en pecado involucra, en el momento, una interrupción de la obediencia total. Las promesas de Dios y las provisiones del evangelio son tales que, cuando son plena y continuamente abrazadas, capacitan al creyente para vivir una vida de obediencia ininterrumpida, un logro que puede ser apropiadamente estimulado y esperado en la vida presente."
(5) Además de los anteriores, hay grupos esparcidos de cristianos, ya sean miembros de denominaciones o ramas de las mismas, que defienden la total santificación o perfección en esta vida. En tales personas esta teoría va comúnmente asociada con una psicología imposible de la acción moral y con normas éticas defectuosas, caracterizándose los que proclaman haber obtenido esta singular virtud por un individualismo exagerado, un holgado antinomianismo y una conducta poco social aunque moren en comunidades.
(1) Los católicos enseñan que, en algunos casos por un especial privilegio de Dios, alguien que ha sido justificado puede evitar todo pecado. Incluso puede ofrecer una obediencia que va más allá de las demandas legales (comp. cánones y decretos del concilio de Trento, sesión sexta, capítulo 11 y cánones 23,25).
(2) Los arminianos wesleyanos enseñan una perfección que no es angélica, adámica y absoluta, sino relativa, es decir "según la especial economía introducida por la expiación, en la que el corazón, siendo santificado, cumple la ley por el amor." "La perfección más elevada" dice Wesley "que el hombre puede obtener mientras el alma habita en el cuerpo, no excluye la ignorancia, error y una multitud de flaquezas." La causa de esta perfección es diversamente concebida y se debe, por ejemplo, a la represión de los pensamientos y deseos de lo no santo (R. S. Foster, Christian Purity, Nueva York, 1869), a la erradicación de las disposiciones no cristianas (A. Lowrey, Possibilities of Grace, Nueva York, 1884), para madurar en gracia y santidad, que ha de distinguirse de la plenitud de gloria de los redimidos en el cielo (J. Miley, Systematic Theology, 2 volúmenes, Nueva York, 1892-94).
(3) Los cuáqueros enseñan que, en el caso de los justificados, "el cuerpo de muerte y del pecado queda crucificado y sus corazones unidos y sometidos a la verdad, de manera que no obedecen cualquier sugestión o tentación del diablo sino que son libres de pecado actual y de transgresión de la ley de Dios, y en ese aspecto son perfectos. Sin embargo, esta perfección todavía admite crecimiento; quedando una posibilidad de pecar cuando la mente no vigila atenta y diligentemente en las cosas del Señor." (Confession of the Society of Friends, prop, viii).
(4) La escuela de Oberlin (A. Mahan, Scripture Doctrine of Perfection, Boston, 1839; C. G. Finney, Systematic Theology, Oberlin, 1878; comp. J. H. Fairchild, Elements of Theology, ib. 1892) enseña que "como la virtud y el pecado pertenecen sólo a la acción voluntaria y son contradictorias en su naturaleza, no pueden coexistir en el alma. El principio de la vida cristiana es la entera obediencia. Cada caída en pecado involucra, en el momento, una interrupción de la obediencia total. Las promesas de Dios y las provisiones del evangelio son tales que, cuando son plena y continuamente abrazadas, capacitan al creyente para vivir una vida de obediencia ininterrumpida, un logro que puede ser apropiadamente estimulado y esperado en la vida presente."
(5) Además de los anteriores, hay grupos esparcidos de cristianos, ya sean miembros de denominaciones o ramas de las mismas, que defienden la total santificación o perfección en esta vida. En tales personas esta teoría va comúnmente asociada con una psicología imposible de la acción moral y con normas éticas defectuosas, caracterizándose los que proclaman haber obtenido esta singular virtud por un individualismo exagerado, un holgado antinomianismo y una conducta poco social aunque moren en comunidades.