Pesimismo es el término filosófico empleado como antónimo de optimismo. Entró en uso en la primera mitad del siglo XIX.
El triunfo de la muerte. Por Brueghel el Viejo. Museo del Prado, Madrid
La insatisfacción con la vida que la teoría filosófica procura incorporar es, desde luego, de largo alcance. El sentimiento lo expresó Gautama en la India, el fundador del budismo († 475 a. C.), entre los hebreos en una forma modificada el libro de Eclesiastés y entre los persas el Rubaiyat de Omar Jayyam (c. 1120 d. C.). Arthur Schopenhauer (1860) fue el primer representante del pesimismo moderno. Según él el mundo es tan malo como puede ser, si es que ha de continuar existiendo. La realidad última del universo se muestra sólo en la voluntad, en cualquier fuerza ciega de la naturaleza y en toda existencia orgánica, en una lucha sin fin sin inteligencia ni propósito. El mal radical de la vida, la voluntad de vivir, es erradicado por la negación del "principio de individualización" y por la perfecta negación de la voluntad para vivir por medio del ascetismo, destruyendo las ilusiones del placer, por la caridad, por el rechazo absoluto del impulso sexual y por la total abstinencia de alimento. Eduard von Hartmann († 1906) procuró vencer el dualismo de voluntad y conocimiento en la filosofía de Schopenhauer, reduciéndolos a la unidad, que él denomina el Inconsciente. Al trabajo de la voluntad irracional del Inconsciente, él atribuye igualmente el origen de la existencia y el mal. La voluntad se ha separado de la armonía primitiva del Inconsciente y la naturaleza y la vida son las deplorables consecuencias. La razón sigue para deshacer, hasta donde es posible, el mal que la voluntad ha producido y para convencerla del error que ha causado y está causando; pero antes de que lo logre, toda la historia debe recorrerse, todos los engaños experimentarse y todas las locuras cometerse. Él no dirá que el mundo es el peor posible; no negará tampoco que puede ser el mejor posible, ya que no conocemos lo que es posible; pero sostiene decididamente que es peor que si no hubiera habido mundo. Se cree capaz de demostrar, por una apelación a la experiencia de los individuos y de la sociedad, que el sufrimiento es preponderante en un alto grado sobre el placer y lo malo sobre lo bueno. No niega que hay una clase de progreso y plan en la historia, pero la contempla, en su conjunto, como un proceso irracional, cuyas épocas sucesivas son las etapas de la ilusión. El progreso de la historia es, en su teoría, no el crecimiento de cualquier bien positivo en la historia, sino el crecimiento de la conciencia del hombre de la vaciedad y vanidad de la vida humana. El más exhaustivo de los defensores del pesimismo es Julius Friedrich August Bahnsen († 1881). Él mantiene que el mundo y la vida no son sólo esencialmente irracionales y desgraciados, sino que lo serán eternamente; que sus colegas pesimistas no tienen derecho a prometer que la agonía de la creación terminará nunca; que la esperanza de la extinción del mal en un mundo esencialmente malo es una esperanza irrazonable y sólo puede estar basada en una fe ciega (Der Widerspruch im Wissen und Wesen der Welt, 2 volúmenes, Berlín, 1880-82).