Historia
PLATONISMO Y CRISTIANISMO
- Estimación cristiana por Platón
- Filosofía espiritual platónica
- Filosofía teísta platónica
- Filosofía platónica teleológica y ética
- Religión, recompensas y castigos en Platón
- Méritos y defectos
- Escuelas platónicas posteriores

Stanza della Segnatura, palacio Vaticano
"La peculiaridad de la filosofía platónica" dice Hegel en su Historia de la filosofía (volumen 2) "es precisamente esa dirección hacia el mundo suprasensual, que busca la elevación de la conciencia a la esfera del espíritu. La religión cristiana también ha establecido este elevado principio, de que la esencia espiritual interna del hombre es su verdadera esencia y lo ha hecho principio universal." Algunos de los primeros Padres reconocieron un elemento cristiano en Platón y le atribuyeron una especie de oficio propædéutico y una relación con el cristianismo. Clemente de Alejandría llama a la filosofía "una especie de disciplina preliminar para aquellos que vivieron antes de la venida de Cristo" y añade "tal vez podemos decir que fue dada a los griegos con este propósito especial; pues la filosofía fue a los griegos lo que la ley fue a los judíos, un pedagogo para llevarlos a Cristo (comp. Strom., I, v.–xx). "Los dogmas platónicos" dice Justino Mártir "no son extraños al cristianismo. Si nosotros los cristianos decimos que todas las cosas fueron creadas y ordenadas por Dios, parece que anunciamos una doctrina de Platón y, entre nuestra idea del ser de Dios y la suya, la única diferencia parece ser el artículo." (comp. II Apol., xiii). "Justino fue" (dice Ackermann, Das Christliche im Plato, cap. i, Hamburgo, 1835) "como él mismo afirma, un entusiasta admirador de Platón antes de que encontrara en el evangelio esa plena satisfacción que había estado buscando sinceramente, pero en vano, en la filosofía. Y, aunque el evangelio permaneció infinitamente más alto en su estimación que la filosofía platónica, no obstante la estimó como una etapa preliminar para el evangelio. Del mismo modo se expresaron otros escritores apologistas sobre Platón y su filosofía, especialmente Atenágoras, el más enérgico y filosóficamente más importante de todos ellos, cuya 'Apología' es una de las obras más admirables de la antigüedad cristiana." Los Padres de la antigua Iglesia procuraron explicar la sorprendente semejanza entre la doctrina de Platón y la del cristianismo principalmente por la familiaridad, que, según suponían, ese filósofo había obtenido de los judíos y de las Escrituras judías durante su viaje a Egipto, pero parcialmente, también, por la luz universal de una revelación divina a través del Logos, que, en y por medio de la razón humana "alumbra a cada hombre que viene a este mundo" y que iluminó especialmente a buscadores tan sinceros y humildes de la verdad como Sócrates y Platón antes de la encarnación del Verbo eterno en la persona de Jesucristo. Los pasajes que contienen un sorprendente parecido a las Escrituras cristianas en su estilo axiomático, parabólico y pintoresco y todavía más en los elevados sentimientos morales, religiosos y casi cristianos que expresan, están dispersos densamente en todos los diálogos, incluso en aquellos que tratan de asuntos físicos, políticos y filosóficos y son tan característicos de Platón como el inimitable diálogo en el que están vestidos.

Museum and Art Gallery, Birmingham
Tal vez la característica más obvia y llamativa de la filosofía platónica es que es prominentemente espiritual. Hegel habla de "esta dirección hacia el mundo suprasensual", esta "elevación de la conciencia a la esfera del espíritu" como "la peculiaridad de la filosofía platónica." No hay doctrina en la que Platón más frecuente y firmemente insista que ésta, que el alma es no sólo superior al cuerpo, sino anterior al mismo en el orden del tiempo y que no meramente existe en el ser de Dios, sino en cada orden de existencia. El alma del mundo existió primero y luego fue revestida con un cuerpo material. Las almas que animan el sol, la luna y las estrellas, existieron antes de los cuerpos que ellas habitaron (Timeo). La preexistencia de las almas humanas es uno de los argumentos en los cuales descansa para probar su inmortalidad (Fedón, 73-76). Entre los otros argumentos por los cuales demuestra la inmortalidad del alma y su dignidad exaltada están: que el alma dirige y gobierna el cuerpo, y por tanto se parece a los dioses inmortales (ib. 80); que el alma es capaz de abarcar ideas eternas e inmutables y comunicar con cosas invisibles y eternas y por tanto participar de su naturaleza (ib. 79); que, en tanto es conciencia es simple, por lo que el alma misma no es compuesta y de ahí que sea incapaz de disolución (ib. 78); el alma, siendo en todas partes la causa y fuente de la vida, y en toda manera diametralmente opuesta a la muerte, no puede ser concebida mortal, como el fuego no puede ser concebido frío (ib. 102–107); que el alma, siendo su propio motor, y la fuente de toda vida y moción, nunca puede cesar de vivir y moverse (Fedra, 245); las enfermedades del cuerpo no alcanzan al alma y viceversa, lo que es enfermedad del alma, corrompe su cualidad moral, pero no tiene tendencia o poder para destruir su esencia ("República," 610), etc. Las entidades espirituales son las únicas existencias reales, estando en perpetuo cambio las materiales y fluyendo hacia y fuera de la existencia. Dios es; el mundo llega a ser y pasa. El alma es; el cuerpo siempre cambia como una indumentaria. El alma o las ideas, que son entidades espirituales, son las únicas causas verdaderas, Dios es la primera causa por la que algo es y las ideas las causas secundarias por las que las cosas son como son (Fedón, 100–101). Mente y voluntad son la causa real de toda moción y acción en el mundo, tal como verdaderamente lo son de toda moción y acción humana. Según la sorprendente ilustración en el Fedón (98, 99), la causa de Sócrates esperando la muerte en prisión, en lugar de procurar escapar como sus amigos le decían, fue que él escogió hacerlo por un sentido del deber y si hubiera escogido escapar, sus huesos y músculos habrían sido sólo los medios o instrumentos de la huida, de la cual su mente y voluntad hubieran sido la causa. Y de esta manera es en todos los fenómenos de la naturaleza, en todas las mociones y cambios del cosmos material. Y la vida en el sentido más elevado, lo que llamamos vida espiritual y eterna, lo que merece el nombre de vida, está en el alma y viene de ella, a la cual la materia sólo contamina y ensombrece y el cuerpo sólo obstruye y sepulta (Gorgias, 492, 493). El platonismo, igual que el cristianismo, dice: No mirando las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero que las cosas que no se ven son eternas (comp. al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.[…]2 Corintios 4:18).

George Frederick Watts. The Watts Gallery, Compton, Surrey
La filosofía de Platón es eminentemente teísta. "Dios" dice, en su "República" (716 A), "es (literalmente, sostiene) el principio, medio y fin de todas las cosas. Él es la suprema mente y razón, la causa eficiente de todas las cosas, eterna, inmutable, omnisciente, omnipotente, omnipresente y soberana, justa, santa, sabia y buena, lo absolutamente perfecto, el comienzo de toda verdad, la fuente de toda justicia, la fuente de todo orden y belleza y especialmente la causa de todo." (Philebus, Fedón, Timeo, "República" y "Leyes" passim). Dios es la verdad, la belleza, pero, por encima de todo, el bien. Cómo concibió Platón que esas "ideas" se relacionan con la mente divina está en disputa. Al discutir lo bueno, a veces es difícil determinar si quiere decir una idea, un atributo, un principio, un poder o un Dios personal. Pero no deja dudas en cuanto a su creencia en la personalidad divina. Dios es la razón (la inteligencia, Fedón, 97 C) y el bien ("República" 508 C); pero es también el artífice, el hacedor, el Padre, el gobernante supremo, quien engendra, dispone y ordena todas las cosas. Él es Theos y Ho Theos (Fedón, 106 D, y en otras partes). Platón a veces habla también de los dioses en plural, pero para él, como para las mejores mentes de la antigüedad, las deidades inferiores son los hijos, los siervos, los ministros, los ángeles, del Dios supremo (Timeo, 41). La unidad es un elemento esencial de la perfección. No hay sino uno más elevado y mejor, el Altísimo, el Bien supremo, Dios en el auténtico y verdadero sentido es uno. Sólo el Dios supremo es eterno, el único que tiene inmortalidad en sí mismo. La inmortalidad de las divinidades inferiores es derivada, impartida a ellas por su Padre y el Padre de todos y es dependiente de su voluntad (Timeo, 41). Dios hizo el mundo mediante la introducción del orden y la belleza en la materia caótica y poniendo en el mismo un alma viva, sensible e inteligente; luego las divinidades inferiores hicieron al hombre bajo su dirección y en sustancialmente la misma manera. Dios hizo el mundo porque es bueno y porque, libre de toda envidia o celos, desea que todo sea semejante a él mismo hasta donde la criatura puede ser como el creador (Timeo, 30 A). Por lo tanto hizo al mundo bueno y cuando lo vio se deleitó en ello (ib. 37 C; comp. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y fue la mañana: el sexto día.[…]Génesis 1:31). Dios es el autor de todo lo bueno y de lo bueno solo, no de lo malo. "Todo don perfecto viene del Padre de las luces celestiales"; "pues es moralmente imposible para el mejor ser hacer cualquier cosa distinta de lo mejor" (Timeo, 30 A; comp. Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación.[…]Santiago 1:17). Dios ejerce un cuidado providencial sobre el mundo en conjunto y sobre cada parte (sin embargo, principalmente mediante las divinidades inferiores que cumplen el oficio de ángeles, "Leyes" 905 B–906) y hace a todas las cosas, las menores así como las mayores, obrar para el bien de los justos y de los que aman a Dios y son amados por él (Fedón, 62; "República," 613). El ateísmo es una enfermedad, una corrupción del alma y ningún hombre hizo nunca un acto injusto, o pronunció una palabra impía, a menos que fuera un ateo teórico o práctico ("Leyes" 885 B), es decir, en el lenguaje acusatorio de la ley común, lo hizo, "no teniendo temor de Dios ante sus ojos."

Colección privada
La filosofía platónica es teleológica. Las causas finales, junto con las agencias racionales y espirituales, son las únicas causas dignas de estudio para el filósofo; de hecho ninguna otra merece el nombre (Fedón, 98 y sig.). Si la mente es la causa de todas las cosas, la mente debe disponer de todas las cosas para lo mejor y cuando es conocido cómo algo puede ser hecho o dispuesto, entonces, y sólo entonces, es conocido como es y la causa de su ser también (Fedón, 97). Las causas materiales no son causas e inquirir en ellas es impertinente, anti-filosófico, por no decir impío y absurdo. De esta manera Platón construye un sistema de psicología, cosmología y teología racional, que es principalmente teleológico, sobre la doble base de un razonamiento y una mitología a priori, en otras palabras, de razón y tradición, que incluye la idea de una revelación primitiva. La escatología del Fedón, Gorgias y la "República" es profesadamente un mythos, aunque él insiste que es también un logos ("República," 523). Profesa haber oído su cosmología de alguien (Fedón, 108 D) y en el Timeo propone que su teología la derivó de la tradición de los antiguos, que fueron la simiente de los dioses y quienes deben, por tanto, haber conocido la verdad sobre sus propios antecesores (40 C). Sin embargo, la estructura total es manifiestamente la obra de su propia razón e imaginación creativa y la doctrina central del conjunto es que Dios hace y gobierna el mundo con constante referencia al bien posible más elevado; las "ideas" son los poderes, o, en la fraseología de la ciencia moderna, las "fuerzas" por las cuales el fin ha de ser cumplido. La filosofía de Platón es eminentemente ética y su ética es destacadamente cristiana. Sólo uno de los diálogos fue clasificado por los antiguos como "físico" y el Timeo es principalmente teológico. Los diálogos políticos tratan la política como parte de la ética y de la ética aplicada al Estado. Además de las cuatro virtudes clasificadas usualmente por los moralistas griegos, esto es, templanza, valor, justicia y sabiduría, Platón reconoce como virtudes la humildad y la mansedumbre, que los griegos generalmente despreciaban y la santidad, que ignoraban (Euthyphron); enseña el deber de no tomar represalias y de no resistir violentamente, como se enseña en el Sermón del Monte (Critias, 49). Que es mejor sufrir el mal que hacerlo, es una doctrina prominente en Gorgias (479 E, 508 C). Pero como la "idea" más elevada es la del bien, así la excelencia más elevada de la cual el hombre es capaz es la semejanza con Dios, el bien supremo y absoluto. Un filósofo, que es el ideal de Platón, es un amante de la sabiduría, de la verdad, de la justicia, de la bondad ("República", libro sexto), de Dios, y, por la contemplación e imitación de sus virtudes, ser como él es hasta donde puede ser posible para el hombre parecerse a Dios (ib. 613 A, B).

Tate Gallery, Londres
Platón es eminentemente un filósofo religioso. Su ética, su política y su física están basadas en su teología y su religión. Las obligaciones naturales y morales, los deberes sociales y civiles, los deberes a los padres y los mayores, a los parientes y extranjeros, a los vecinos y amigos, son todos deberes religiosos ("Leyes" ix. 881 A, xi. 931 A). No sólo es Dios el legislador y gobernante del universo, sino que su ley es la fuente y fundamento de toda ley y justicia humana. "Que los dioses no sólo existen, sino que son buenos y que el honor y la justicia recompensan más de lo que el hombre hace, es el más bello y el mejor preámbulo de todas las leyes" ("Leyes" x. 887). Por tanto, en la "República" y las "Leyes" el autor a veces prologa las secciones más importantes de su legislación con algún preámbulo, exhortación, o, como Jowett lo llama, sermón, exponiendo la autoridad divina por la cual es sancionado e impuesto. Platón da prominencia también a la doctrina de un estado futuro de recompensas y castigos. A la muerte, por una ley inevitable de su propio ser, así como por designio de Dios, cada alma va a su propio lugar; las malas gravitan hacia lo malo y las buenas se elevan al bien supremo. Cuando vienen a juicio, tal vez tras una larga serie de trasmigraciones, cada una de las cuales es la recompensa o el castigo de las precedentes, las que han vivido vidas santas y virtuosas y las que no, son separadas unas de otras. Las malas cuyos pecados son curables quedan sujetas a sufrimientos en el mundo inferior, que son más o menos severos, y más o menos prolongados, según sus méritos. Las impías incurables son arrojadas al Tártaro, de donde nunca saldrán, donde son castigadas siempre como espectáculo y aviso a otros (Gorgias, 523 y sig.; Fedón, 113 D). Por otro lado, las que han vivido virtuosa y píamente, especialmente aquellas que han purificado sus vidas y corazones por la filosofía, vivirán sin cuerpos (Fedón, 114 C), con los dioses y en lugares que son brillantes y bellos más allá de toda descripción.
Méritos y defectos.
Sólo se puede hacer una alusión a otras características principales de la filosofía de Platón, tales, por ejemplo, su doctrina de las "ideas": lo verdadero, lo hermoso, lo bueno, lo santo y semejantes, que, contempladas desde su lado ético y práctico, son eternas e inmutables y no dependen de la voluntad de Dios (lo santo, por ejemplo, no es santo porque es la voluntad de Dios, sino que es la voluntad de Dios porque es santo, justo y bueno, Euthyphron,10 D); la indispensable necesidad de algo mejor que cualquier cosa existente, incluyendo todo lo humano, la sociedad y el gobierno (como la República ideal, que no es tanto un estado sino una iglesia, una escuela, una gran familia, o un hombre ideal) para la salvación del individuo o la perfección de la raza; el estado degenerado, enfermo, carnal y corrupto en el que la humanidad general ha caído desde el reino de Kronos en la edad dorada ("Leyes" 713 C; "Política," 271 D; Critias, 108 D) y del cual sólo Dios puede salvar a cualquier individuo o nación ("República," vi. 492, 493); y la necesidad de un maestro, revelador, sanador divino, que conjure el temor a la muerte y saque a luz la vida y la inmortalidad (Fedón, 78 A, 859).
Pero se puede dar un vistazo a los defectos e imperfecciones radicales de las mejores enseñanzas de Platón; su inadecuada concepción de la naturaleza del pecado como si fuera involuntario, resultado de la ignorancia, una desgracia y una enfermedad en el alma, más que una trasgresión de la ley divina; sus consecuentes ideas erróneas de su cura por las sucesivas trasmigraciones sobre la tierra y prolongados sufrimientos en el purgatorio, y mediante la filosofía; su filosofía del origen del mal, esto es, la naturaleza refractaria de la materia, que debe ser por tanto eliminada mediante mortificación corporal y por la muerte del cuerpo sin una resurrección, antes de que el alma alcance su perfección; su total incapacidad para concebir la expiación, el perdón gratuito, la gracia regeneradora y la salvación para las masas, a fortiori para el principal de los pecadores; la duda e incertidumbre de sus mejores enseñanzas religiosas, especialmente sobre la vida futura ("Apología" 40 E, 42; Fedón, 107 C) y la absoluta ausencia en su sistema de la gracia, incluso más que de la verdad, que ha venido a nosotros por Jesucristo, pues, después de todo, el platonismo no es tan deficiente en la sabiduría de Dios como lo es en el poder de Dios para salvación. Por ejemplo, la "República" propone vencer el egoísmo de la naturaleza humana mediante constituciones y leyes y educación, en lugar de un nuevo corazón y un nuevo espíritu, por comunidad de bienes y de esposas, en lugar de lealtad y amor a una persona divino-humana como Jesucristo.
Escuelas platónicas posteriores.
En la Media y Nueva Academia, hubo siempre más o menos tendencia al escepticismo, que surge de la doctrina platónica de la incertidumbre de todo el conocimiento humano salvo el de las "ideas." Los neoplatónicos, por otro lado, se inclinaron hacia el dogmatismo, misticismo, ascetismo, teosofía e incluso taumaturgia, creando de esta manera semillas de error que yacen en la enseñanza de su maestro. Tras la era cristiana, entre aquellos que eran más o menos los seguidores de Platón, hubo, en un extremo, el devoto y creyente Plutarco, el autor de "Retraso de la Deidad en el castigo de los malos" y el práctico y sagaz Galeno, cuya obra sobre los "Usos de las partes del cuerpo humano" es una anticipación de los Bridgewater Treatises, los cuales, al igual que Sócrates, habrían aceptado el cristianismo si ellos hubieran estado bajo el alcance de su influencia y, en el otro extremo, Porfirio y el emperador Juliano, quienes empuñaron las armas de la filosofía en confrontación directa con la doctrina de Cristo; mientras que en medio de ellos la mayor parte de los filósofos de las escuelas neoplatónica y ecléctica que entraron en contacto con el cristianismo anduvieron en la senda de la indiferencia, el olvido o el desprecio hacia la fe cristiana. No pocos de los seguidores de Platón descubrieron un elemento cercano y congénito en la eminente espiritualidad de las doctrinas cristianas y la elevada ética de la vida cristiana, y, entrando por el vestíbulo de la Academia, llegaron a ser algunos de los más ilustres de los Padres y doctores de la Iglesia antigua. Y muchos de los antiguos cristianos, a su vez, hallaron atractivos peculiares en la doctrina de Platón y los emplearon como armas para la defensa y extensión del cristianismo, o pusieron las verdades del cristianismo en un molde platónico. Las doctrinas del Logos y de la Trinidad recibieron su forma de los Padres griegos, quienes, si no entrenados en las escuelas, estaban influenciados, directa o indirectamente, por la filosofía platónica, particularmente en su forma judeo-alejandrina. Que de esta fuente se introdujeron errores y corrupciones en la Iglesia no se puede negar. Pero de la misma fuente procedieron no pequeñas adiciones tanto en número como en fuerza. Entre los más ilustres de los Padres que fueron más o menos platonistas, se pueden nombrar a Justino Mártir, Atenágoras, Teófilo, Ireneo, Hipólito, Clemente de Alejandría, Orígenes, Minucio Félix, Eusebio, Metodio, Basilio el Grande, Gregorio de Nisa y Agustín. Platón fue el filósofo teólogo de los primeros siglos cristianos; en la Edad Media Aristóteles ocupó su lugar. Pero en cada período de la historia de la Iglesia, algunos de los más brillantes ornamentos de la literatura, la filosofía y la religión, hombres tales como Anselmo, Erasmo, Melanchthon, Jeremy Taylor, Ralph Cudworth, Henry More, Neander y Tayler Lewis, han sido cristianos "platonistas".