Historia
PRAGMATISMO

El siguiente párrafo es de la obra de Peirce.
'La postura del pragmatismo es conocida desde hace mucho tiempo porque es la misma que la del empirismo, pero que lo presenta, a mi entender, de forma más radical y, sin embargo, de forma tal que levanta menos objeciones que cualquiera de las formas asumidas hasta ahora por el empirismo.
El pragmatismo da la espalda decididamente y de una vez por todas, a una ingente multitud de hábitos inveterados, caros a los filósofos de profesión. Se la entrega a la abstracción de todo aquello que torna inadecuado el pensamiento, es decir, a las soluciones puramente verbales, a las razones a priori, a los sistemas cerrados y a todo lo que pretende ser un absoluto o un principio, para dirigirse hacia el pensamiento concreto y adecuado, hacia los hechos, hacia la acción eficaz.
Así, el pragmatismo se opone tanto a la dirección empirista común como a la dirección racionalista. Una atmósfera cargada de libertad, la naturaleza con todo lo que puede encerrar en sí: eso es el pragmatismo, el cual toma posesión contra el dogma, contra las teorías artificiosas y contra la falsa apariencia del carácter teológico que se presume descubrir en la verdad.
Al mismo tiempo, cabe poner de relieve que el pragmatismo no se inclina por ninguna solución particular. Es sólo un método. Pero el triunfo universal de este método determinaría un cambio notable en lo que he llamado temperamento filosófico. Así como vemos al típico hombre de la corte momificarse en una república, y al típico cura ultramontano esterilizarse en un país protestante, así veremos momificarse al típico profesor ultrarracionalista. Entre la ciencia y la metafísica habría un valiosísimo acercamiento: las veríamos trabajar en la más estrecha colaboración.
Habitualmente, la metafísica ha adoptado un método muy primitivo en la investigación. Sabéis que la magia, este fruto prohibido, siempre ha sido para los hombres objeto de oscuros deseos. Sabes también qué importancia han tenido siempre las palabras en la magia: las fórmulas mágicas.
Conociendo el nombre de un espíritu, de un genio, de un demonio, de una potencia oculta, mediante la fórmula del hechizo al que esta potencia obedece, disponéis de ella a vuestro placer...
Así, el mundo siempre ha aparecido como una especie de enigma cuya clave debía buscarse y descubrirse bajo la forma de una palabra, de un nombre que habría arrojado luz completa o conferido todo el poder deseado. Esta palabra designa el principio del mundo, y el poseerla, en cierto modo, equivale a poseer el mundo mismo. Dios, la materia, la Razón, el Absoluto, la Energía: he aquí nombres que son otras tantas soluciones. Una vez poseídos estos nombres, no queda nada por hacer: Habéis alcanzado el término de vuestra investigación metafísica.
¿Seguís, en cambio, el método pragmático? Entonces os será imposible considerar estas palabras como el término de vuestra investigación. Es preciso que le quitéis a cada palabra el valor que tiene en el uso común, y que hagáis que adecue su función al campo de vuestra experiencia. Entonces, más que una solución, vemos en ella el programa de un nuevo trabajo a iniciar y, más particularmente, vemos en ella una orientación sobre los diversos modos en los cuales se pueden modificar las relaciones existentes.
Así pues, con el pragmatismo las teorías se convierten en instrumento de investigación, en lugar de ser la respuesta a un enigma y el fin de toda investigación. Las teorías no nos sirven para descansar, sino para avanzar y, si es preciso, nos permiten reconstruir el mundo. Todas nuestras teorías estaban cristalizadas: el pragmatismo les ha dado una elasticidad que nunca habían tenido y las ha puesto en movimiento.
Puesto que el pragmatismo no tiene en sí nada de nuevo, coincide con un gran número de antiguas corrientes filosóficas. Por ejemplo con el nominalismo, refiriéndose siempre a los hechos particulares; con el utilitarismo, a causa de la importancia que atribuye al aspecto práctico de los problemas; con el positivismo, a causa de su desprecio por las soluciones verbales, por los problemas sin interés, por las abstracciones metafísicas.'