Historia

PREDICACIÓN LAICA

Predicación metodista al aire libre
Predicación metodista al aire libre
Predicación laica, descrita comúnmente en Gran Bretaña como predicación local, es un servicio voluntario en el púlpito, o en la evangelización al aire libre, hecho por hombres y algunas veces por mujeres, que están comisionados por sus denominaciones para predicar, tras pasar un cierto examen de prueba, pero sin recibir las órdenes. Hay justificación en el Antiguo Testamento para la predicación laica en el deseo de Moisés de que "todo el pueblo del Señor fuera profeta" (Pero Moisés le dijo: ¿Tienes celos por causa mía? ¡Ojalá todo el pueblo del SEÑOR fuera profeta, que el SEÑOR pusiera su Espíritu sobre ellos![…]Números 11:29) y en la libre operación del espíritu profético, que comisionó a hombres tales como Oseas, Miqueas y Amós, que no pertenecían al orden sacerdotal. La justificación en el Nuevo Testamento se encuentra en el hecho de que Cristo mismo no recibió tal comisión institucional, ni ninguno de sus discípulos, mientras que Pablo afirmó haber recibido esta comisión no de hombres, sino directamente de Cristo mismo (Pablo, apóstol (no de parte de hombres ni mediante hombre alguno, sino por medio de Jesucristo y de Dios el Padre que le resucitó de entre los muertos),[…]Gálatas 1:1).

Condiciones en la iglesia primitiva.
Debe recordarse que las primeras iglesias eran principalmente "iglesias en casas", no surgiendo la idea de una labor pastoral hasta que la necesidad de la supervisión pastoral se hizo necesaria, al crecer las iglesias en membresía y organización. Durante el periodo primitivo las iglesias dependían del don profético de los miembros que lo poseían y el orden clerical evolucionó gradualmente hasta suplir las necesidades de una supervisión continua especializada, mientras el desarrollo del dogma y el combate con las numerosas herejías fortalecieron la idea de un clero ordenado comisionado para enseñar lo que la Iglesia, en conjunto, sostenía como fundamental para la fe. El clero tomó un carácter cada vez más sacerdotal y el dogmatismo y el sacerdotalismo, juntos, apagaron la continuidad de la evangelización laica. Había siempre la posibilidad de que el predicador laico, no preparado en polémicas teológicas y con entusiasmo indisciplinado, pudiera entregarse a posiciones peligrosas, cayera en manos de sectas heréticas y descarriara al pueblo. La "libertad de profetizar", quedó frenada y hacia mediados del siglo segundo es probable que la evangelización laica, salvo en campos misioneros, se abandonara casi completamente.

Decadencia de la predicación laica hasta la Edad Media.
Sin embargo, a mediados del siglo segundo el movimiento montanista en Asia Menor llevó a un avivamiento del entusiasmo por la predicación. Los montanistas ponían el mayor énfasis en la capacitación, por el Espíritu Santo, de hombres y mujeres creyentes sin distinción y sin tener en cuenta ningún canal clerical autorizado. Montano estaba asociado con dos profetisas y el entusiasmo de la secta generó una hueste de predicadores que daban prominencia a los conceptos de la dignidad del llamamiento cristiano universal y al sacerdocio real de todos los cristianos. Con muchas extravagancias, el montanismo fue el precursor del puritanismo y la no conformidad, especialmente por el lugar que la no conformidad dio a la evangelización laica. Con la caída del Imperio romano y la adopción del latín, que rápidamente se convirtió en lengua muerta, pero lengua en la cual la Biblia debía ser leída y las liturgias realizadas, la predicación laica se hizo más y más imposible. El ministerio demandaba una preparación escolástica; la liturgia práctica usurpó el lugar de la predicación y los laicos quedaron reducidos a la posición de oyentes pasivos. Sin embargo, durante toda la Edad Media el predicador laico surgió esporádicamente y tuvo oyentes, pues podía hablar al pueblo en su propia lengua, y siempre que había un movimiento de avivamiento espiritual reaparecía la predicación.

El predicador y la muerte,de Hans Holbein el Joven, c. 1538
El predicador y la muerte,
de Hans Holbein el Joven, c. 1538
Avivamiento medieval y pre-Reforma.
Los dirigentes de todos los avivamientos medievales reconocieron el valor de los predicadores laicos. Los minoritas de Francisco de Asís eran laicos y viajaron por toda Europa, siendo muchos de ellos artesanos y ganándose la vida mediante su trabajo y comercio. Francisco fundó también su orden de terciarios, o Hermanos y Hermanas de la Penitencia, que apelaban directamente a las clases trabajadoras de las que ellos habían surgido, hallando sus rebaños en los tugurios de las atestadas ciudades y en suburbios olvidados. El mismo avivamiento de la predicación laica tuvo lugar en Alemania durante dos siglos antes de la Reforma. Los Hermanos de la Vida Común se fundaron con el doble objetivo de un regreso a la sencillez de la vida cristiana y la evangelización del "pueblo común"; los Hermanos estaban unidos en comunidades y trabajaban en diversas tareas. Eran laicos, preparados para predicar en lengua vulgar y los principios de la Iglesia, cuando fueron introducidos en su predicación, eran aplicados prácticamente, más que doctrinalmente expuestos, mientras que sus discursos eran vivificados por ejemplos y confirmados por las declaraciones de maestros sabios y experimentados. Las colaciones, que eran una especie de charlas privadas edificantes, y poseían un carácter todavía más popular, sirvieron entre los Hermanos como complemento a la predicación. Tenían lugar primero en las comunidades, en cada una de las cuales, en la tarde del domingo y días de los santos, se daba una colación y un pasaje de la Escritura, especialmente de los evangelios, que era leído, explicado y aplicado prácticamente, aunque ocasionalmente, para vivificar y mejorar el discurso, se hacían preguntas por el orador a la audiencia. Los Hermanos de la Vida Común hicieron mucho para preparar la Reforma y fue la Reforma la que acabó con su existencia al tomar su obra. En Inglaterra, Wycliffe no tuvo escrúpulos para enviar "predicadores no autorizados" con porciones bíblicas en lengua vulgar, que predicaban sermones sencillos, prácticos, en el estilo doméstico a la gente corriente. Es probable que algunos de los predicadores "no autorizados" hubieran recibido órdenes sacerdotales, aunque les faltaba la licencia del obispo para predicar; otros, sin embargo, eran laicos sencillos.

La Reforma inglesa y el período de la República.
La Reforma inglesa no llevó, como podía haberse esperado, a un avivamiento inmediato de la predicación laica. Esto se debió principalmente a la férrea mano del Estado sobre el clero, cuya predicación estaba restringida tanto como era posible, y a las leyes penales contra toda separación de la Iglesia estatal. Pero cuando se suscitó el conflicto entre los Estuardo y los puritanos, el predicador laico comenzó a afirmarse a sí mismo; cuanto más la Iglesia estatal procuraba reprimir a los ministros no conformistas, tanto más los devotos disidentes de la Iglesia estatal escuchaban a los predicadores laicos. En una petición a Jacobo I con motivo de su ascenso al trono, los independientes y otros pidieron que laicos "discretos, fieles y capaces, aunque no estuvieran en el oficio del ministerio" pudieran ser designados para predicar el evangelio. Sin embargo, hubo considerable división de opiniones en las filas puritanas sobre el asunto, pues independientes y presbiterianos estaban comprometidos con defender la libre elección de ministros de una "iglesia separada" como divinamente comisionados al mismo nivel que el ministerio ordenado episcopalmente, temiéndose que el uso de predicadores laicos pudiera perjudicar la controvertida afirmación. Cromwell apoyó la predicación laica y duramente rechazó a los presbiterianos que eran los principales objetores puritanos a la misma. Hubo una gran deficiencia de predicadores durante el tiempo de la guerra civil, especialmente al paralizar las hostilidades el trabajo de la universidad; pero los piadosos soldados del ejército parlamentario remediaron la deficiencia al permitir a predicadores en sus propias filas que ejercitaran sus dones en las guarniciones. El parlamento acometió el asunto y exigió a los predicadores que sometieran a prueba sus dones "mediante la cual serán designados por ambas cámaras del parlamento"; pero los soldados ignoraron la orden y fueron leales a sus predicadores favoritos.

Un cuáquero predicando en Nueva Inglaterra, por Howard Pyle
Un cuáquero predicando en Nueva Inglaterra,
por Howard Pyle
Los cuáqueros.
El surgimiento de los cuáqueros fue el primer ejemplo de un grupo dependiente enteramente de la evangelización laica. George Fox, como Montano, sostuvo como artículo primario de fe que el Espíritu Santo capacita a hombres y mujeres indistintamente de toda ordenanza humana y que el hombre o mujer así capacitado debe ejercer el don profético. Fox y sus seguidores viajaron por todo el país, predicando el evangelio. Bajo Cromwell los cuáqueros tuvieron amplia libertad y Fox organizó la predicación laica cuáquera. En 1663 treinta predicadores itinerantes fueron con él, duplicándose el número al año siguiente; una mujer predicadora formaba parte del grupo ya en 1650 y antes de morir Fox había 73 mujeres evangelistas. Todos los Amigos, en ese tiempo, daban iguales derechos a las mujeres y a los hombres en la predicación. Los predicadores cuáqueros fueron grandes misioneros. Se establecieron en Nueva Inglaterra y parece probable que fueran el poder espiritual dominante en varios Estados. La audacia de los cuáqueros es casi increíble, pues George Robinson predicó en Jerusalén y Mary Fisher le sucedió al entregar un mensaje del evangelio a Mohammed IV.

John Wesley y los predicadores laicos.
La fría ola de racionalismo casi acabó con la predicación laica en Inglaterra, mientras que la tolerancia de la no conformidad, con la libertad dada a la predicación de ministros y la inauguración de capillas, la hizo casi innecesaria. Sin embargo, el avivamiento evangélico llegó y estableció la predicación laica con tal fuerza que ha sido un pilar de la evangelización metodista desde entonces. John Wesley mismo, como clérigo anglicano ordenado, era el primer prejuiciado contra la predicación laica, pero cambió de postura y se entregó a la preparación de predicadores laicos para cuya instrucción muchos de sus libros iban dirigidos.

La buena obra de John Wesley, por Peter Jackson
La buena obra de John Wesley, por Peter Jackson
En 1745 respondió a los ataques contra la predicación laica en su Farther Appeal to Men of Reason and Religion, recordando a los críticos el riguroso examen de los predicadores laicos en teología práctica y experimental, llamando la atención al hecho de que los escribas judíos, que eran los predicadores ordinarios de su tiempo, eran laicos, y mostrando que en Suecia, Alemania, Holanda y en casi todos países la Iglesia reformada de Europa, antes de que alguien fuera ordenado se le exigía que predicara públicamente durante un año o más ad probandum facultatem. Es notorio que hasta hoy los predicadores laicos metodistas wesleyanos, antes de ser "puestos en el plan", tienen que pasar un examen sobre las Notes of the New Testament de Wesley y sus Fifty-three Standard Sermons, además de un examen sobre las doctrinas del cristianismo, dando un relato de su conversión, experiencia cristiana y llamamiento. Cuando la asamblea trimestral metodista, el cuerpo gobernante de circuito y la unidad de la organización denominacional, quedaron constituidas, los predicadores laicos "sobre el plan" fueron hechos miembros del mismo ex officio.

La Primitiva Conexión Metodista.
Los predicadores metodistas laicos fueron el medio por el que el metodismo se difundió tan rápidamente no sólo por Gran Bretaña, sino también por los Estados Unidos y a través del mundo anglófono. Eran la avanzadilla del metodismo; las reuniones al aire libre, dirigidas por predicadores laicos, prepararon el camino para las capillas, que fueron las guarniciones permanentes de los distritos ocupados. El "predicador itinerante", podía tener entre 10 y 30 capillas y puntos de misión bajo su supervisión, y, con 30 a 50 predicadores laicos "sobre el plan" arreglaba trimestralmente para que todos los púlpitos estuvieran ocupados, mientras que "grupos de misión" de predicadores laicos llevaban a cabo campañas evangelizadoras en ciudades y localidades todavía no ocupadas.

Predicador exhortando a la gente
Predicador exhortando a la gente
Los predicadores laicos procedían de todas las clases: graduados universitarios, caballeros rurales, hombres de negocios, artesanos y agricultores, perteneciendo todos al mismo "plan." Esto promovió la comunión y salvó a la Iglesia metodista de quedar dividida en clases como había sucedido en otras iglesias. Una vez que los hermanos Wesley murieron, la conexión pasó por un período de dificultades, pues su propio éxito tendió al contentamiento. "La predicación de campo" perdió el favor y los predicadores laicos quedaron sujetos a restricciones que se hicieron irritantes para los espíritus más entusiastas. En muchos circuitos la "predicación de campo" quedó clasificada entre los ejercicios irregulares que era mejor abandonar. Esas decisiones fueron la causa del origen (1807-11) de la Primitiva Conexión Metodista que, según la iglesia madre, había hecho el mayor uso de la predicación laica. Dos predicadores laicos del plan Tunstall (Staffordshire), Hugh Bourne y William Clowes, organizaron un "día de oración", en Mow Cop, una colina prominente. Se congregó una gran multitud, habiendo muchas conversiones, pero como no habían recibido sanción oficial a Bourne y Clowes se les rechazó su pertenencia al "plan." Por tanto formaron "clases" independientes que se unieron en la Primitiva Conexión Metodista, que en 1911 completó su centenario celebrándolo mediante una colecta de 300.000 libras. En sus primeros años esta Iglesia dependió casi completamente de los predicadores laicos, hombres y a veces mujeres, que revivieron el fervor y la audacia evangelizadora de los primeros metodistas e invadieron cada parte del país, estableciéndose con especial fuerza en los distritos rurales y mineros, y en centros de industria pesquera como Hull y Grimsby.

En la Iglesia presbiteriana escocesa y anglicana.
Escocia, a principios del siglo XIX, vio un destacado avivamiento en el que la principal parte fue desempeñada por laicos presbiterianos. El movimiento fue dirigido por los hermanos James y Robert Haldane. En 1800 la Asamblea General prohibió la predicación de campo, lo que provocó una secesión por Robert Haldane, quien preparó a 300 jóvenes. Salieron impulsando por todas partes el avivamiento, compartiendo la Iglesia de Escocia, la Iglesia Unida Libre y la Iglesia Unida la elevación de la temperatura espiritual. Reconociendo el valor de la evangelización laica, la Iglesia anglicana, a mediados del siglo XIX, instituyó lectores laicos, o laicos que, tras examen, recibían la licencia del obispo para predicar bajo condiciones estrictamente prescritas. La comisión capacitaba al titular "para dirigir, en cualquier parroquia en la que tenga licencia, cultos en la escuela y otras dependencias y al aire libre y también tantos servicios extra en edificios consagrados como el interesado pueda desear y el obispo aprobar; y, más aún, realizar deberes ocasionales en cualquier otra parroquia en la diócesis a solicitud del titular."

Salvacionista predicando en una taberna
Salvacionista predicando en una taberna
El Ejército de Salvación.
La maravilla del siglo XIX, en lo que concierne a la predicación laica, fue la fundación por William Booth del Ejército de Salvación. Booth fue un ministro de la Iglesia Metodista Unida Libre, pero dejó esa Iglesia para comenzar una "misión cristiana" independiente en el este de Londres. Concibió la idea de un movimiento evangelizador como una organización militar, y su esposa, Catherine Booth, le complementó en capacidad organizativa. El Ejército de Salvación, que trabaja ahora en casi todos los países del mundo, tiene oficiales, tanto hombres como mujeres, evangelistas que son laicos. Reciben su preparación, con una extensión en casos especiales, y son enviados con autoridad para predicar. Al principio a Booth no le agradaba la idea de mujeres predicadoras, pero su objeción fue vencida por un amigo que le llevó a escuchar a una mujer predicadora en una capilla en Fetter Lane, Londres. La Iglesia anglicana fundó el Ejército de la Iglesia sobre el modelo del Ejército de Salvación, pero estaba clericalmente dirigido no siendo admitidas mujeres predicadoras. El Ejército de Salvación ha trabajado en los estratos más bajos de la sociedad, lo que ha facilitado que su preparación no tan rigurosa no haya sufrido como hubiera sido el caso si hubiera ministrado a clases más altas y críticas. Ha obtenido incontables conversiones y su obra social ha ganado el apoyo de muchos gobiernos.