Historia

PRIMADO

Primado en el uso eclesiástico general es el prelado principal de un territorio o población. La antigua jerarquía copió la división política del Imperio romano, pero los términos aplicados a los altos responsables de la Iglesia cambiaron con el paso del tiempo. En el este el sistema estuvo encabezado por los patriarcas, bajo los cuales estaban los exarcas en las diócesis (en el sentido griego de la palabra) y eparcas en las provincias o eparquías. En el oeste este orden halla su contraparte en la relación del papa, los primados y los arzobispos. Las designaciones primas, episcopus primæ sedis, o episcopus primæ cathedræ fueron originalmente sinónimas de metropolitano y ocurren tras el comienzo del siglo IV. Episcopus primæ cathedræ se aplicó a Segundo de Tigisis en las actas sinodales de Certa (305) y aparece en el canon 58 del concilio de Elvira (306). Ese lenguaje se usa con referencia a África, Italia y Galia en los siglos V y VI. El obispo de Cartago, sin embargo, tuvo una posición distinta a los otros primados, al ejercer la supervisión sobre todas las iglesias de las provincias africanas; convocó y presidió los sínodos generales africanos y podía ordenar en cualquier parte. Por otra parte no tuvo un nombre especial, siendo denominado meramente primas o senex. Su posición se correspondía con la de un patriarca oriental, pero no tuvo paralelo en Occidente. La apelación 'primado' gradualmente dio paso al título de arzobispo, que fue dado a todos los metropolitanos, siendo reservado a aquellos metropolitanos que también eran vicarios papales. En el pseudo-Isidoro hay una marcada tendencia a negar el rango de primados a los metropolitanos. Era considerado sinónimo de patriarca (Anacleto, Epist., ii. 26) y quedó restringido a los antiguos primados, o a aquellos a quienes la curia, comenzando con Nicolás I, deseaba honrar con ese título especial, lo que llevó a la práctica de designar primados en varios países para incrementar la influencia papal.

Los obispos de Roma afirmaron el más alto primado en la Iglesia, pero aunque aceptaron la identificación pseudo-isidoriana de primado y patriarca, se inclinaron a dar mayores prerrogativas a los cuatro antiguos patriarcas que a los otros primados, como por ejemplo Inocencio III ante la reunión de las Iglesias oriental y occidental. Una vez que el intento falló los primados designados por Roma tomaron un segundo lugar en la jerarquía, tras los patriarcas. Sus poderes, parcialmente determinados por los antiguos cánones, parcialmente por el uso y parcialmente por especiales privilegios papales, incluyeron la confirmación de los obispos y arzobispos en sus jurisdicciones; la convocatoria y dirección de los sínodos nacionales; la supervisión de sus territorios; el tribunal de apelaciones superiores y el derecho de coronación real. Actualmente los primados poseen poco más que ciertos privilegios honorarios. El título de primado es llevado por los arzobispos de determinadas ciudades.