Historia

PRIMICERIUS

Primicerius en la Iglesia medieval era un eclesiástico administrativo de menor rango. Estaba clasificado con el archidiácono y el tesorero, incluyendo en sus deberes, según Isidoro de Sevilla (Epist., i. 13), la supervisión de los acólitos, exorcistas y salmistas; la provisión de un ejemplo para el clero en deberes, moral, devociones y celo de perfección; la distribución de asignaciones al clero y la regulación de cantar y portar las velas en las fiestas; el deber de dar consejo a los párrocos y el envío mediante los ostiarii de las cartas episcopales imponiendo los ayunos. El oficio estuvo en boga en todas partes en el oeste en los siglos VI y VII. Posteriormente con la introducción del orden canónico el oficio quedó asociado al capítulo. Las decretales de Gregorio X (1227-41) situaron al primicerius tras el archidiácono y le hicieron superior al clero menor, con especial supervisión del servicio en el coro, identificándolo con el præcentor. En muchas diócesis el primicerius tomó las funciones del scholasticus y fue cabeza de la escuela catedralicia. Más tarde una parte de sus funciones fue transferida al deán, mientras que præcentori especiales se quedaron en los capítulos. Un desarrollo peculiar del primicerius tuvo lugar en Roma, donde el oficio aparece ya en el siglo IV y donde se ha preservado una lista completa de los primicerii notariorum desde 544 a 1297 (P. L. Galetti, Del primicero della Santa Sede Apostolica, páginas 20 y sig., Rome, 1776). Este primicerius notariorum perteneció al clero inferior y tuvo el cargo de la correspondencia parroquial, del martirologio y semejantes; tras Gregorio Magno (590-604) fue el escriba de los documentos papales, convirtiéndose en canciller y director de los archivos papales. Para los siglos VII y VIII se había elevado a tal importancia que, junto con el archidiácono y archipresbítero, actuó como papa durante una vacante. A finales del siglo X fue el primero de los siete jueces palatinos papales. Sin embargo, a finales del siglo XIII el oficio parece haber desaparecido.