Historia

PROBABILISMO

Probabilismo es una doctrina católica de teología moral que afirma que, en caso de problemas éticos, la conducta a ser adoptada debería determinarse por lo que se juzga es probablemente recto, con el debido apoyo de la autoridad precedente y reconocida por la Iglesia. Analogías con el sistema se pueden hallar entre los filósofos griegos, particularmente los neo-académicos Carneades y Clitómaco y en la distinción hecha por Cicerón (De officiis, i. 3) entre 'deber perfecto' y 'deber medio', para cuya realización 'se puede asignar una probable razón'. Una tendencia hacia el probabilismo se hizo evidente en la Iglesia, como en la admisión de un cierto grado de 'fraude pío' en la teoría de los Padres griegos tras Crisóstomo. Fue posteriormente desarrollada en los libros penitenciales medievales con su frecuente fórmula 'no hay perjuicio', tocante a asuntos éticamente equivalentes o indiferentes. Recibió un poderoso impulso en el balance de autoridades en conflicto por la casuística escolástica de los últimos tres siglos de la Edad Media. Hay que referirse a la Summa Angelica de Angelus Carsetus († 1495), la Summa rosella de Giovanni Baptista Trovamala (siglo XV), la Regulæ morales de Jean Charlier Gerson y a los dominicos del siglo XVI, particularmente la escuela de Melchor Cano, Bartolomé de Medina († 1581) y continuada por Domingo Báñez († 1604), enunciando la doctrina de que 'si una opinión es probable, puede ser aceptada, aunque una opinión más probable se oponga.'

Con esos precedentes los moralistas jesuitas, a comienzos del siglo XVII, desarrollaron la doctrina del probabilismo con extrema sutileza y lógica. El probabilismo fue formalmente introducido en los cursos de teología moral por Gabriel Vázquez en 1598, defendiendo Antonio Escobar y Mendoza el principio de que un juicio ético, apoyado probablemente por una autoridad reconocible puede indudablemente ser preferido a otra opinión que fuera más segura y más probable. Este principio afectó al confesionario, ya que un penitente que puede apelar a una opinión probable debe ser absuelto por su confesor, aun cuando éste fuera de diferente opinión, pudiendo la atrición ser probabilísticamente suficiente para la contrición. Escobar enseñó igualmente que el gran número de opiniones morales divergentes es una de las principales pruebas de la bondad de la divina providencia y que el yugo de Cristo es así más fácil. Hermann Busenbaum, en forma similar, avisó contra dar demasiado peso a los escrúpulos excesivos de conciencia, afirmando que en cada caso la opinión más suave y segura debía seguirse. Los argumentos probabilistas se usaron también en defensa de enseñanzas tales como la distinción entre pecado filosófico y teológico y reserva mental.

En 1620 la Sorbona protestó contra la doctrina del probabilismo y en 1656 Pascal la atacó en sus Cartas Provinciales. Nuevas protestas de la Sorbona en 1658 y 1665 llevaron a Alejandro VII a condenar el probabilismo y las teorías morales relacionadas (24 de septiembre de 1665). Dentro de la orden jesuita surgieron oponentes de la doctrina, entre ellos Paolo Comitoli († 1626) y Michael de Elizalde; Inocencio XI, en 1679, condenó sesenta y cinco tesis probabilistas como laxistas. En 1687 la decimotercera congregación general de los jesuitas declaró oficialmente que la Compañía de Jesús no se oponía al anti-probabilismo, aunque cuando Tirso González, el general jesuita, atacó el probabilismo en su Fundamenta theologiæ moralis (Dillingen, 1691), halló la más férrea oposición de su orden. La doctrina recibió un rudo golpe cuando, en 1700, la asamblea de clérigos de Francia prohibió que fuera enseñada. Otros autores jesuitas también se opusieron, aunque sus enemigos más encarnizados eran los dominicos. El resultado neto fue una serie de modificaciones del probabilismo, de las que la casuística jesuita del siglo XVIII generó tres tipos principales: el equiprobabilismo, según el cual una de dos opiniones morales puede seguirse solo si es exactamente tan probable como la otra; el probabiliorismo, en la que, si las probabilidades no son iguales, la que es más probable debe determinar el curso de la acción y el tuciorismo, según la cual la opinión más segura, en lugar de la más probable, es la que hay que seguir.