Historia

PROCESIONES

Procesiones en estricto sentido eclesiástico es el término aplicado a la entrada solemne del clero y sus asistentes al altar para la misa u otros actos litúrgicos y su vuelta a la sacristía.

La plaga de Tournai de 1095, de Louis Gallat (1810-1887), Musée des Beaux Arts, Tournai, Bélgica, Bridgeman Art Library, Londres/Nueva York
La plaga de Tournai de 1095, de Louis Gallat (1810-1887), Musée des Beaux Arts, Tournai,
Bélgica, Bridgeman Art Library, Londres/Nueva York
En un sentido más general procesión significa el movimiento en orden formal, dentro o fuera de la iglesia, de una comitiva religiosa, cuya cabeza, obispo o sacerdote, camina el último, estando delante los siguientes en dignidad y los primeros los de rango inferior. Se toma como un simbolismo que representa el itinerario cristiano y surge del interés en dar expresión a los diversos estados religiosos interiores, más allá de los confines del altar. Pueden ser (1) procesiones de conmemoraciones festivas, expresando acción de gracias; (2) de oración y penitencia (llamadas litaniæ, rogationes, supplicationes) como en días de petición y ocasiones de gran calamidad o visitación; (3) procesiones en honor a los obispos u otros dignatarios en su consagración o visitación; (4) procesiones funerales.

El Dios Grande. Por Leonardo Alenza. Museo Romántico. Madrid
El Dios Grande. Por Leonardo Alenza. Museo Romántico. Madrid
La procesión puede ir acompañada con oraciones y música, velas, imágenes de santos o reliquias en sus dedicaciones. Pueden ser extraordinarias, convocadas por una orden eclesiástica especial o, más frecuentemente, ordinarias, prescritas por la ley ritual, tales como el Domingo de Ramos, el Corpus Christi, Viernes Santo, etc. En tiempos antiguos las persecuciones impidieron su crecimiento, aunque las procesiones funerales parecen haber sido conocidas. Tertuliano llama processio, procedere, junto a la adoración y el ayuno, a la práctica religiosa en el sentido de asistencia a la iglesia (Ad uxorem, ii. 4; Hær., xliii). Hacia el siglo IV las procesiones de reliquias se hicieron comunes. En Constantinopla los arrianos, a quienes no se les permitía adorar dentro de las murallas, iban en procesiones por las calles cantando himnos, instituyendo Crisóstomo algo similar entre los ortodoxos. Una indicación de Ambrosio (Epist., xl., ad Theodosium) muestra que las procesiones estaban en uso en el oeste al mismo tiempo, al menos entre los monjes. Durante la Edad Media esta característica se desarrolló con gran magnificencia dentro de la Iglesia católica.