Historia

PROCURADOR

Procurador, en términos generales, es alguien que actúa como agente a favor de otro en intereses temporales. El término se aplicó antiguamente a los abogados en los tribunales civiles y a los supervisores en los eclesiásticos. Al ser una posición secular quedó prohibida para el clero por una serie de sínodos que comenzaron con el primero de Cartago (348, caps. viii–ix) llegando hasta el de Maguncia (813, cap. xiv). En el caso de que un procurador quisiera entrar en el estado clerical se le exigía primero purificarse de la participación en los deberes que su profesión conllevaba. El clero fue repetidamente amonestado a abstenerse de tareas de esa clase, siendo la única excepción el servicio en favor de viudas y huérfanos, confiados a ellos por su obispo, o donde la propiedad de la Iglesia estuviera involucrada. En la vida de la Iglesia el término parece haber sido aplicado a los que habían estado al cargo de temporalidades. También se aplicó a los que representaban a una persona en ausencia durante la ceremonia de matrimonio o compromiso y también en otras ceremonias eclesiásticas.