Historia

PROTESTANTISMO

Protestantismo es la palabra que en la historia abarca un grupo de fenómenos más amplio que las organizaciones más grandes o pequeñas que surgieron de la Reforma.

Árbol de la Reforma

Al mismo tiempo, debe ser considerado primordialmente como un movimiento eclesiástico, o al menos religioso, que puede mantener su existencia sólo como un concepto y presentación del cristianismo, aun cuando la Reforma estuviera relacionada estrechamente con las condiciones generales de la época, el Renacimiento y las condiciones sociales y políticas de Europa, especialmente en Alemania. El protestantismo surge por el deseo de regenerar el catolicismo sobre el modelo de la Iglesia primitiva, o, como sus protagonistas dijeron, "según el evangelio". En el presente artículo los elementos culturales relacionados con el protestantismo quedarán excluidos y sólo se dará un bosquejo del sistema en su acepción cristiana. Sin embargo, su desarrollo ha sido lejos de ser uniforme, habiendo quedado representado en la historia por varios tipos de organizaciones religiosas que todavía constituyen formas significativas de su existencia. Incluso así limitado, el asunto es de peculiar dificultad y cada punto a ser tratado es todavía tema de controversia.

Monumento a la Reforma en Worms - Fotografía de Wenceslao Calvo
Monumento a la Reforma en Worms - Fotografía de Wenceslao Calvo
Nombre.
El nombre "protestante" procede de la "protesta" en la que los príncipes alemanes simpatizantes con la Reforma se unieron con 14 ciudades de Alemania el 25 de abril de 1529 contra el decreto de la mayoría católica en la segunda dieta de Spira. Era una designación bastante anodina desde el punto de vista religioso y se usó primero como un epíteto político por los oponentes de los que firmaron la protesta. No se aplicó necesariamente en un sentido injurioso, por lo que los adherentes de las nuevas doctrinas pudieron interpretarlo como testimonio de su firmeza y valor. Ha sido siempre menos común en Alemania que en otras partes, aunque posteriormente, en la época de la Ilustración, la implicación suponía que el tipo de cristianismo que designaba estaba del lado de la libertad y la tolerancia, lo que lo hacía recomendable para muchos. En el siglo XIX se convirtió en el símbolo de la escuela teológica y eclesiástica "liberal".

Los adherentes de la Reforma al principio prefirieron llamarse a sí mismos "evangélicos", mientras que sus oponentes les calificaron de "luteranos", "zwinglianos", "calvinistas", etc., enfatizando de esa manera su carácter sectario y herético e implicando como mucho que ellos eran un cuerpo cismático separado de la verdadera Iglesia católica. Los mismos nombres fueron empleados por los propios protestantes en sus disputas partidistas. Tras 1530 entró en uso la expresión "adherentes de la Confesión de Augsburgo". El nombre francés "hugonotes" se originó, según Beza, en Tours, donde los protestantes se vieron obligados a reunirse por la noche, corriéndose el rumor de que se reunían en honor de un fantasma, le roi Huguet.

Es significativo que los primeros protestantes se restringieron de calificarse a sí mismos como iglesia, afirmando meramente Lutero que él y sus seguidores pertenecían a la Iglesia. La idea de que los evangélicos o los luteranos eran la Iglesia surgió en relación al concepto de la Iglesia como una escuela, a lo que ayudó el curso de los acontecimientos. Era costumbre hablar de "nuestras iglesias" (congregaciones) y de ahí, una vez que las iglesias de los Estados quedaron consolidadas y se hubo adoptado más o menos generalmente un credo, la frase "nuestra Iglesia" se puso de moda, siendo transformada en "somos la Iglesia".

Mapa de extensión de la Reforma en el Imperio
Mapa de extensión de la Reforma en el Imperio

Los protestantes alemanes, cuando hallaron necesario hablar de sí mismos como organización distinta, usaron al principio, igual que posteriormente en la Fórmula de Concordia, el término "Iglesia reformada". Fue después de 1580 y durante la controversia sobre la doctrina de la ubicuidad que la "Iglesia luterana" fue así denominada, aunque las circunstancias no tendían a hacer el nombre popular. Hacia 1600 los calvinistas y filipistas comenzaron a apropiarse para sí mismos del nombre "reformados" y a llamar "luteranos" a los que diferían de ellos. Durante la Guerra de los Treinta Años se hizo general este uso, siendo promovido por la costumbre fuera de Alemania. En Francia y Holanda los protestantes siempre llamaron a sus iglesias "reformadas", implicando que ellos eran calvinistas o zwinglianos en vez de luteranos y en Inglaterra se les dieron otros nombres a las organizaciones no católicas, tales como "Iglesia establecida", "Iglesia presbiteriana" y semejantes, no teniendo, ninguno de ellos, nada que ver con el nombre de sus dirigentes.

Mapa de la Reforma en Europa (1524-1627)
Mapa de la Reforma en Europa (1524-1627)
Conquistas territoriales.
Hacia 1600, o al estallido de la Guerra de los Treinta Años en 1618, la ola de la Reforma había alcanzado la cima de su primer impulso, aun cuando el movimiento no había llegado en todas partes a su curso completo ni la Contrarreforma estaba falta de resultados. Sin embargo, en Alemania los Estados protestantes eran los más numerosos y poderosos; los hugonotes en Francia habían obtenido una posición garantizada por el Edicto de Nantes. Los Países Bajos septentrionales habían renunciado al catolicismo; en Inglaterra la única cuestión era si la Iglesia establecida o los puritanos prevalecerían y el norte escandinavo se había hecho totalmente luterano. En general los países germánicos retuvieron las ganancias del protestantismo durante el período de la Reforma. La posición garantizada a los protestantes de Alemania por la Paz de Westfalia permaneció sustancialmente inalterada ante la ley hasta la disolución del Sacro Imperio Romano en 1806 y en otros aspectos no hubo cambios esenciales; el único suceso que auguró la pérdida protestante, la conversión de la casa real de Sajonia al catolicismo, resultó meramente en la transferencia del liderazgo de la Alemania protestante a Prusia; en Inglaterra y en Escandinavia el catolicismo quedó excluido. Por otro lado, en Francia el protestantismo fue casi exterminado por la revocación del Edicto de Nantes y hubo pérdidas al este de Alemania, Polonia, Bohemia, Austria y Hungría.

Concepto de tolerancia.
La Ilustración tuvo gran influencia sobre el desarrollo externo del protestantismo; creó la idea de tolerancia y provocó constantemente cambios en la posición de las iglesias estatales. La Reforma había sostenido la antigua doctrina de una sola Iglesia cristiana y una sola fe cristiana y en su camino para conseguirlo fue tan lejos como la antigua Iglesia lo había hecho. En opinión de Lutero la palabra de Dios y los sacramentos eran las marcas de la Iglesia y la fe; con ayuda de Melanchthon, formuló esas marcas en artículos de fe que pudieran servir como base legal para decidir entre facciones en conflicto, cuando cada una de las cuales reclamara representar a la Iglesia. Lutero también creía que las autoridades cristianas debían prestar su ayuda al evangelio, por lo que, con su aprobación, la teoría medieval de las relaciones entre la Iglesia y el Estado fue introducida en el protestantismo. La paz necesaria marcó el principio de la idea de tolerancia, decretando que católicos y protestantes no se estimaran entre sí como herejes y proveyendo que en el caso de que un príncipe protestante se pasara de la confesión luterana a la reformada o viceversa, sus súbditos quedarían libres de seguirle. Más aún, aunque en principio se excluía a las sectas de la ley, se dejó una cierta medida de libertad a los territorios en su trato hacia ellas, creando una posibilidad tácita de tolerancia. En el curso del tiempo el pietismo y el progreso del pensamiento teológico hicieron que los príncipes se cuestionaran si era su deber sostener la pura doctrina con demasiado gran celo, mientras que las nuevas teorías de la relación de la Iglesia y el Estado prepararon el camino para la creencia de que el Estado debería ejercer sólo una supervisión general sobre la Iglesia y debería tratar a las diferentes organizaciones religiosas de forma paritaria. Lo que oscuramente había sido establecido en el trasfondo de la Paz de Westfalia ahora quedó formulado y justificado sobre las bases del derecho natural, aunque no fue inmediatamente y en todas partes plenamente practicado. La tolerancia teológica se otorgó primero entre los protestantes en los Países Bajos, donde los remonstrantes y otras congregaciones fueron toleradas a principios del siglo XVII. Federico el Grande fue el primer príncipe en Alemania en dar libertad a los menonitas, unitarios y otros. Una diáspora protestante creció en los territorios católicos y viceversa. A las iglesias establecidas, luterana y reformada, se añadió desde 1817 la unida, surgiendo un número de "iglesias libres" por lo que el protestantismo de Alemania, como en otras partes del mundo, es altamente complejo. En casi todos los países cristianos la tolerancia fue hecha por principio ley del país durante el siglo XIX, al menos en referencia a los católicos y protestantes y en muchos casos en referencia a toda suerte de grupos, antiguos y nuevos. Al mismo tiempo el principio de una Iglesia establecida no ha sido abandonado, aunque sí restringido. Hay todavía muchas iglesias privilegiadas, tanto católicas como protestantes, en Europa, a pesar de la separación de la Iglesia y el Estado.

Principios fundamentales del protestantismo según Lutero.
Una teoría del protestantismo que ha sido ampliamente prevaleciente lo hace consistir de un principio formal y otro material, estando el primero basado en la doctrina de la suficiencia de la Escritura para todo en la Iglesia y el segundo en el concepto de justificación por la fe. Los intentos para exponer la teoría han sufrido usualmente de falta de claridad y de método, por lo que muchas veces el resultado ha sido confundir las dos cuestiones. Tal vez el método más satisfactorio es comenzar con un bosquejo de ciertas ideas de Martín Lutero, fundador admitido del protestantismo. Los principales puntos por los que Lutero apareció como mensajero del evangelio se pueden agrupar bajo cinco encabezamientos.

Caricatura que presenta a Lutero con la Biblia pesando más que el clero católico con sus tradiciones
Cartel que presenta a Lutero con la Biblia pesando más que el clero católico con sus tradiciones
Normas de fe.
Al estimar a la Biblia como única fuente indudable de autoridad en religión, Lutero rechazó la enseñanza católica sobre la tradición. En cuanto a la inspiración estuvo en la misma línea que la Iglesia católica, pero declaró que ésta no daba a las Escrituras todos sus derechos. En la controversia sobre si se podía real y justamente apelar a las Escrituras, afirmó lo que ha sido la posición distintivamente protestante: que las Escrituras no son oscuras ni necesitan explicación de los Padres y que no tienen un doble sentido, histórico y espiritual, sino sólo un sentido literal. Junto con su disposición a seguir ciegamente la autoridad de la Escritura como palabra de Dios, sin embargo, Lutero reconoció los credos ecuménicos y con ello los antiguos dogmas de la Trinidad y las dos naturalezas de Cristo, que halló confirmados en las Escrituras. Su método era ir desde la naturaleza humana de Cristo al verdadero conocimiento de Dios, habiendo sido este método siempre importante en el protestantismo; ha regulado las perícopas en la Iglesia luterana, ha señalado a los investigadores el camino práctico y ha centrado la atención sobre la edificación y el conocimiento de Dios en los beneficios de Cristo como la esencia del conocimiento. De los credos, Lutero sostuvo el de los apóstoles como el más importante, estimándolo un documento precioso de la antigüedad que confirmó su entendimiento del evangelio y apelando a él para probar que él no enseñaba nada nuevo, sino sólo la antigua doctrina genuina. Consistentemente estimó que los credos ecuménicos formaban un lazo, el lazo más fuerte, entre el "reino del papa" y las iglesias evangélicas, viendo en los dogmas de la Trinidad y de las naturalezas de Cristo en semejante manera una cierta medida de base común. Por otro lado, aunque tanto la Iglesia católica como Lutero mantenían la inspiración de las Escrituras, su modo de tratamiento era demasiado divergente para permitir al reformador alemán cualquier simpatía especial hacia la antigua Iglesia sobre esta base.

Martín Lutero, por Lucas Cranach el Viejo
Martín Lutero, por Lucas Cranach el Viejo
Juicio privado.
Cuando Lutero se replegó en sus experiencias con referencia a la Biblia y Cristo y renunció a todas las enseñanzas eclesiásticas contrarias a esas experiencias después de que, en su hora de necesidad en el monasterio, hubiera fracasado en hallar consuelo en lo que la Iglesia autoritativamente le ofrecía, se produjo en él una convicción de responsabilidad individual y compulsión que los protestantes desde ese tiempo han designado como "juicio privado". Al exaltar las condiciones personales, religiosas y morales, por encima de la autoridad y la tradición actuó en el espíritu del Renacimiento. Al mismo tiempo, aunque el Renacimiento descansaba sin reservas sobre la autonomía del individuo, y, en último análisis, sobre un individualismo puramente empírico, egoísta e inmoral, Lutero añadió de la palabra de Dios el concepto del hombre creado a imagen de Dios y entendió el cristianismo a la vez como libertad y obligación. Desde entonces ha sido el problema del protestantismo reconciliar la libertad del mundo del hombre y de la Iglesia con la revelación de Dios y asignar a la conciencia su propia función, como guía de conducta y creencia iluminada por el evangelio, que es la ley de Cristo. Lutero conocía bien los límites de la conciencia para juzgar a otros y estaba dispuesto a dejar a cada uno a Dios, incluso a los herejes si sólo guardaban silencio y se abstenían de perturbar los asuntos civiles mediante la agitación. Para sí mismo, reconoció que era deudor al evangelio y afirmó su independencia en asuntos de creencia sólo hasta donde el nuevo hombre en él había tomado el lugar del viejo Adán. Nunca perdió la conciencia de pecado y por palabra y acto dejó claro el verdadero lugar de la conciencia en el cristianismo.

Justificación por la fe.
El concepto de Lutero de justificación se derivó inmediatamente de la Biblia, aunque siempre definió el sentido y las palabras por la tradición agustiniana y escolástica: la justificatio es volver al hombre pecador en justo. Su idea difería de la católica sólo en que este procedimiento sucedía por la fe solamente y en ninguna manera por las obras o méritos. La divergencia de Lutero de la enseñanza católica surgió por la oposición a la doctrina de la penitencia, tal como era entonces presentada. El catolicismo enseñaba que la justificación se obtiene a través de los medios de gracia de la Iglesia, esto es, primero por el bautismo, que remueve la culpa del pecado original, luego por la penitencia para aquellos que, tras el bautismo, caen en pecado mortal. En el monasterio Lutero quedó convencido de que había perdido el perdón y la gracia del bautismo y con celo ardiente se volvió al sacramento de la penitencia. Aquí el sistema de establecer duras condiciones de absolución, que fue casi invariablemente modificado en virtud del "poder de las llaves", le aterrorizó y llenó de dudas. Al leer las epístolas de Pablo, sin embargo, llegó a creer que Dios ofrece su gracia sin condiciones y sin contemplar méritos, proporcionándola sólo donde haya fe. Igualmente llegó a la conclusión de que la justificación es residente, mientras que la gracia está siempre dispuesta para la aceptación de la fe sin necesidad de ningún intermediario. Al afirmar esta oferta libre e incondicional de la gracia de Dios a la fe, Lutero rompió con la doctrina romana de la justificación, que enseñaba grados crecientes de gracia, y que para llegar a ser digno de compartir la gracia el hombre debe en cada momento hacer "lo que esté de su parte".

La doctrina de la justificación de Lutero es nada menos que un nuevo concepto de Dios. Significa que Dios es amor. Ciertamente el amor es uno de los atributos de Dios en el sistema católico, pero va por detrás de la libertad de Dios y su omnipotencia, y no es la esencia de su ser. Para Lutero, Dios, tal como se revela en Cristo, es amor ilimitado y positivo. Su amor es tan grande, poderoso y misterioso que la mente humana no puede imaginarlo; es en cada aspecto demasiado alto para la razón y se revela en Cristo, quien es Dios en forma humana.

Nuevas normas éticas y legales.
A Lutero le parecía un incomprensible malentendido cuando se afirmaba que su doctrina de la justificación abría el camino a la laxitud moral. En su opinión sólo daba paso a la auténtica vida y la constancia en la sinceridad moral y la alegría. La fe no excusa de la obligación de las obras, sino sólo de la excesiva evaluación de las mismas. La certeza del perdón, pensaba, aseguraba al culpable que el que le perdonó le ayudaría y proporcionaría el más fuerte impulso de la voluntad para hacer penitencia, esto es, para dejar el pecado y realizar buenas obras. Por su parte, los oponentes de Lutero no podían comprender cómo era capaz de encontrar la forma de penitencia católica demasiado laxa y no obstante sostener el pensamiento de un Dios cuya misericordia es sin límites. Pero Lutero no vio incompatibilidad entre un Dios misericordioso y santo. Él creyó en un doble destino del hombre, bendición y condenación. La ilimitada misericordia de Dios es el medio más efectivo que puede usar para ganar a los hombres para el primer destino; no el temor, sino la gratitud, es el motivo más fuerte para la obediencia y es inconcebible que el Dios misericordioso y perdonador no supla el poder moral donde sea necesario.

El reformador alemán transformó el concepto de la bienaventuranza del cielo. Para la Iglesia católica la bienaventuranza es la "visión beatífica" que es el objetivo exhaustivo de un cristianismo cuyo Dios es bienaventurado en virtud de su santa naturaleza. Para Lutero, también, Dios es bienaventurado según su naturaleza, pero esta naturaleza es amor y cuando uno experimenta en la tierra la prueba del amor inmutable e insondable de Dios en el perdón de los pecados, entonces hay vida y bendición en el mundo presente, un anticipo de lo que será plenamente disfrutado solo en el cielo. Para el católico las visiones estáticas del misticismo son el anticipo del cielo sobre la tierra. Lutero fue a veces influenciado por el misticismo, pero nunca procuró visiones ni éxtasis y su misticismo fue sólo un medio de aprender y acercarse a Dios. Esta nueva idea de la bienaventuranza, con su concepto de Dios, hizo posible para Lutero hablar de la certidumbre de la salvación e incluso hizo de la confianza en la misma un deber cristiano, ya que Dios es amor. El pensamiento de la siempre certera gracia de Dios significaba para él, no indiferencia y debilidad de parte de Dios hacia el pecado, sino el poder de Dios sobre el pecado y la bienaventuranza significaba, no un bien meramente neutral, sino el bien en sí y el elemento vital del cielo.

Lutero igualmente tuvo una nueva idea del contenido de lo bueno o de la ley. Para el catolicismo la ley moral, en último análisis, es una colección de estatutos que mandan y prohiben cosas definidas, un código decretado por Dios en lugar del hombre. Para Lutero, la ley (que el hombre natural no puede entender), se convierte en una sola idea aplicable a cada individuo y cada situación. La fe siente una compulsión interior para manifestar el amor y hace al cristiano siervo de todos, aunque está exaltado por encima de todas las cosas.

Iglesia y sacramentos.

La pesca de las almas, por Adrien van der Verne, Rijksmuseum, Ámsterdam
La pesca de las almas, por Adrien van der Verne, Rijksmuseum, Ámsterdam

Lutero contempló la Iglesia como una comunidad de individuos, siendo la única característica necesaria la presencia de creyentes que están unidos en Cristo, la cabeza del cuerpo del que cada creyente es miembro. El pensamiento del cuerpo de Cristo significa para Lutero que la Iglesia no es una organización, sino un organismo, que vive en Cristo y con él. El Espíritu y la palabra de Cristo son los medios por los que la Iglesia obra. En la enseñanza católica la presencia de sacerdotes debidamente ordenados es esencial para la Iglesia, no la asistencia de adoradores. Y hasta donde la teoría romana no es la de un orden sagrado, está expresada en ordenanzas legales. Lutero piensa en principio sólo en una actitud de mente que no puede ser expresada en términos de ley. Las nuevas ideas de Lutero sobre la constitución de la Iglesia están desarrolladas en su An den christlichen Adel. Él prefirió decir "cristiandad" más que "Iglesia" y en esta obra presenta a la cristiandad ordenada en estados y llamamientos. Declara que los estados seculares pertenecen al cuerpo de Cristo y están en igualdad con las personas espirituales, tanto en su cualidad religiosa como desde el punto de vista de su situación moral. Un sacerdote debidamente escogido no es diferente de un oficial público y todos los hombres son igualmente idóneos para el servicio que Cristo ha señalado a la cristiandad, esto es trabajar para el bien del cuerpo y el alma. Lutero en ninguna manera tenía en mente solamente a los nobles, a quienes dirigió su llamamiento, sino expresamente mencionó a los zapateros, herreros y labradores. Todos debían saber que eran estados espirituales, todos igualmente ordenados sacerdotes y obispos a fin de que cada cual a su manera pudiera ser útil y provechoso para el otro y ayudarle a vivir y crecer como cristiano en su lugar designado.

Lutero predicando, grabado de Lucas Cranach el Joven
La predicación de la Palabra, grabado de Lucas Cranach el Joven

Lutero a veces declaró que, aunque todos son sacerdotes espirituales, hay también sacerdotes de la Iglesia, esto es, aquellos cuyo deber es administrar la palabra y los sacramentos. Esto desemboca en sus teorías de la Iglesia en relación con sus ritos y ceremonias. Nunca dudó que debería haber una provisión especial para todos los elementos de adoración en la cristiandad; lo que era nuevo en él era que distinguió entre los conceptos "Iglesia" y "organización para la adoración pública", considerando la segunda, por así decirlo, sólo como una secuela de la primera. Sin embargo, no encontró dificultad en estimar la Iglesia en su capacidad de organización para la adoración pública, instituida por Dios y ordenada por Cristo, investida por él con dones especiales. Su función es extender el reino de Cristo, su fundamento el mandato de bautizar. Estaba convencido de que cualquier cristiano podía leer la Biblia y sacar provecho de ella, pero creía que todos, él mismo incluido, también necesitaban la instrucción de la predicación bien ordenada. Sin embargo, él no haría de escuchar sermones un "mandamiento de la Iglesia", que ayudara a la salvación por cumplir con una ley. De ahí que al ordenar el servicio evangélico Lutero puso todo el énfasis en la predicación de la palabra de Dios, a fin de que la Biblia pudiera ser entendida y tuviera su plena eficacia como verdadero medio de gracia. Puso los sacramentos al lado de la predicación, porque en su propia experiencia había encontrado ayuda y consuelo en los sacramentos. En su doctrina de la Cena retuvo más de las antiguas doctrinas que cualquiera; pero rechazó totalmente el concepto de sacrificio y no dio otra interpretación al misterio de la Cena que el que inspiraba a la conciencia culpable hacia la fe. Su estimación por los servicios de la Iglesia y los ritos nunca llegó a ser un obstáculo para él. Estaba convencido de que la excomunión injusta no excluye de la Iglesia; enseñó que si los sacerdotes de la Iglesia no sirven, cualquier hermano cristiano puede oficiar en su lugar y evaluó la lectura de la Biblia por los padres, la instrucción catequética y las oraciones en el hogar como complementarias a los oficios similares de la Iglesia y les atribuyó el mismo poder.

Desarrollo interno del protestantismo desde la Ilustración.
Al trazar el desarrollo posterior del protestantismo hay que estar en guardia de ensalzarlo o culparlo de lo que ha pertenecido al progreso de la civilización y el pensamiento en general. El protestantismo ha contribuido con algunas nuevas ideas y aceptado otras; aunque ha enseñado, también ha aprendido. El gozo y la confianza en la evolución de la civilización han sido manifiestos entre los pueblos protestantes, lo que repetidamente les ha puesto en conflicto con la ortodoxia y con conceptos contemporáneos de moralidad.

El pietismo y la Ilustración.
El gran movimiento del pietismo fue, propiamente hablando, sólo un intento sincero de dar realización práctica a las normas del tiempo de la ortodoxia, especialmente en la vida privada. La Biblia no fue hecha la única autoridad de fe y vida para la satisfacción de muchas almas sinceras pero parciales. La Iglesia protestante quedó perturbada al haberse convertido a su manera en algo tan vinculante para su sistema y tan autoritativo como la católica. Sin embargo, la Iglesia reformada por toda su precisión de definición tuvo una vena de misticismo subyacente, mientras que el luteranismo tuvo un impulso desde sus fundadores a interpretar el arrepentimiento y la conversión como un cambio radical en la vida individual. El resultado fue esa forma de pietismo que es, tal vez, la más importante y dolorosa lucha del individuo para hacer que su llamamiento cristiano sea más seguro, esforzándose para que su cristianismo personal sea verdaderamente profundo e interior. En su conjunto el pietismo ofreció una influencia conservadora sobre el protestantismo y proporcionó a la ortodoxia nueva fuerza para elevarse a un verdadero renacimiento tras el declive de la Ilustración en el siglo XVIII.

La Ilustración dio al protestantismo un distintivo nuevo carácter. Significó para el protestantismo como tal la pérdida de sus intereses seculares y en espíritu fue más afín al Renacimiento que la Reforma. El clericalismo y la ortodoxia fueron sus enemigos por sus pretensiones de poseer una verdad autoritativa y divina que la mente humana no podía criticar. El rápido crecimiento del comercio en Inglaterra y Holanda en el siglo XVII y la riqueza que produjo trajeron a esas tierras no católicas preguntas de toda clase: sociales, políticas, filosóficas y religiosas. El intento de Bacon de hallar una nueva ciencia práctica se debió en parte a una reacción contra el método de Melanchthon. El tiempo había llegado para que el protestantismo tuviera una filosofía deductiva, al menos del mundo, y es difícilmente un accidente que, con excepción del judío Spinoza, los grandes filósofos desde Descartes hayan surgido en el seno del protestantismo y que la mayoría de ellos hayan tenido una cierta simpatía hacia el mismo.

La congregación durmiente, grabado de William Hogarth
La congregación durmiente, grabado de William Hogarth
La defunción de la ortodoxia.
Como sistema el protestantismo es intelectual y espiritual más que litúrgico y legalista. La teología protestante del siglo XVII se dirigía al pueblo común. Se podría decir que intentaba hacer de cada cristiano un teólogo. La empresa específica era hacer que la Biblia fuera conocida, ya que sólo en eso se podía basar una piedad correcta y real. Antes de que acabara ese siglo los teólogos quedaron perturbados rudamente en esta tarea por la exigencia de juzgar los resultados de la razón simplemente mediante el peso de la evidencia. Cuando esto se aplicó a las nociones ortodoxas del conocimiento natural de Dios y su ley, se abrió un abismo, pues la teología estimaba el conocimiento natural como un remanente de un conocimiento más antiguo que era sobrenatural en su origen como lo era toda verdad, la cual se revela plenamente en la Biblia; en el trasfondo palpitaba la convicción de que la mente por sí sola es impotente. Las doctrinas de la Ilustración establecieron una nueva clase de mente, confiada en sí misma, sin necesidad de instrucción de la religión. Se produjo un avivamiento del espíritu del Renacimiento, que había sido reprimido por la Reforma, aunque no faltaba simpatía hacia la Reforma. Lutero había apelado a su experiencia como un testigo de la verdad, pero este tiempo ya no era capaz de entender y explicar plenamente las funciones de la experiencia en relación con la religión. La Ilustración acometió este problema. La controversia en principio se centraba en el lugar del sobrenaturalismo en la búsqueda de la verdad. Toda clase de compromisos se intentaron por ambos lados. Los ilustrados estaban dispuestos a defender la revelación hasta donde concordaba con las investigaciones de la razón y la ortodoxia invirtió el proceso. Finalmente se obtuvo un nuevo punto de vista en una alterada aprehensión de lo que es creíble.

La lucha se libró principalmente en los campos de las ciencias naturales y la historia. La fe de la Iglesia, inevitablemente por su dependencia sobre la Biblia, estaba estrechamente ligada con las antiguas nociones del mundo y del sistema ptolemaico. A pesar de la oposición ortodoxa, el nuevo sistema copernicano iba ganando más y más la adhesión de las mentes pensantes y la nueva ciencia incluso invadió el dominio de la religión con el denominado argumento físico-teológico de la existencia de Dios. A partir de ahí vindicó el poder de la razón para obtener una creencia real y segura de Dios. Si la nueva ciencia se hubiera decantado sólo en escepticismo y materialismo, habría desintegrado al protestantismo. Pero cuando proporcionó la prueba de que la razón es capaz de logros independientes y convincentes en la esfera religiosa, abrió el camino para una revisión general del concepto de Dios con la ayuda de la razón. Incidentalmente cortó de raíz la creencia en los milagros y tendió a hacer de tales cosas como la creencia en demonios, brujas y en poderes mágicos algo obsoleto en la piedad protestante.

En el campo de la historia la experiencia sacudió la fe en una revelación especial y positiva. Las disputas entre denominaciones y sectas y la miseria de las guerras religiosas justificaron la duda de si el verdadero criterio de la verdad podía ser encontrado. Éste fue el trasfondo del primer ensayo deísta, que surgió expresamente del interés religioso. Luego se produjo un estudio más profundo y amplio de la historia pasada, una expansión del conocimiento geográfico y etnográfico y el primer conocimiento real de las religiones paganas. Tenía que admitirse que la antigüedad ofrece muchos ejemplos de una religiosidad noble y cuando se afirmó que todas las religiones tienen un idéntico meollo, la ortodoxia, a causa de su teoría de una revelación primitiva, no pudo al menos negar que esto era probable. El camino quedó abierto para la aceptación, en nombre del cristianismo mismo, de la razón moral general como la guía suprema en las cosas religiosas. Entonces la misma ciudadela de la ortodoxia fue atacada. Locke declaró a la Biblia el palacio del cristianismo racional, simplificando tanto su enseñanza moral que la ley natural ya no parecía más un impedimento para la segunda, sino su contenido real. Llegó a establecerse la convicción de que la ortodoxia no había entendido la Biblia.

Hacia mediados del siglo XVIII el protestantismo echó una mirada retrospectiva al periodo ortodoxo y lo consideró erróneo, estimando al cristianismo puro el campeón de una religión natural, racional en su metafísica y moralidad. La idea de luchar por la perfección, inmanente en el espíritu humano, y de ser educado y moldeado por la Iglesia y el Estado, era ahora su estrella iluminadora en la moral. Las soluciones a sus problemas, tanto morales como religiosos, se buscaron no tanto estableciendo exigencias estatutarias sino buscando principios rectores. Las diferencias de opinión individual habían de ser toleradas, no por una indiferencia hacia la verdad, sino porque se reconocía que el camino del evangelio es convencer.

Kant y Schleiermacher.
Kant y Schleiermacher, los dos grandes pensadores del protestantismo, refinaron sus métodos teológicos y los elevaron a un nuevo nivel. La distinción de Kant entre la razón pura y práctica no logró nada más que abrir para la teología nuevas y fructíferas sendas de investigación. Pero su concepción fundamental de la razón como una potencia legislativa fue la culminación de la idea básica de la Ilustración de que el espíritu es superior a toda naturaleza externa y que tiene permanentes valores religiosos de largo alcance, en tanto tiene referencia con una función innata conocida empíricamente de la razón, pero una que ha de ser entendida y afirmada sólo en la convicción de que el espíritu es de determinación sobrenatural. Kant no hizo mucho para contribuir al entendimiento de la religión, sino todo lo más al de la moralidad por su doctrina de la autonomía de la ley moral. Schleiermacher se atrevió a liberar a la religión del intelectualismo y el moralismo. Su pensamiento de que la esencia de la religión es el sentimiento de dependencia es profundo; significa que el hombre piadoso sabe no que él vive, sino que Dios vive en él; vive no en su propio poder, sino en un poder recibido, él "es vivido". Importante también en Schleiermacher es el avivamiento de una valoración religiosa de Cristo. Sin embargo, su sistema está cargado de nociones estéticas y panteístas, añadiéndose mucho de la misma clase al protestantismo por la escuela de Hegel.

El siglo XIX.
La primera mitad del siglo XIX fue testigo de un avivamiento de la ortodoxia, que fue seguido por un nuevo pietismo que repitió todos los excesos del antiguo en su retroceso de la Ilustración. El interés activo y fructífero en la historia del mundo que caracterizó el siglo tuvo su influencia en la historia de la Iglesia y bíblica, que hizo de esos departamentos los principales en el estudio teológico. En ese sentido, para algunos, Albrecht Ritschl hizo un servicio destacado al protestantismo por su poderosa combinación de los aspectos históricos y religiosos de la persona de Cristo, pero el tiempo no estaba todavía preparado para un sistema dogmático sobre la base de la historia investigable. Los cambios sociales y políticos inaugurados por la Revolución Francesa y el rápido y sin precedente desarrollo de la industria y el comercio generaron problemas morales que al principio inspiraron más alarma que valor. Bajo el peso del día de trabajo y las responsabilidades es fácil olvidar que el molino de Dios se mueve lentamente. El siglo hizo que las diferentes denominaciones se conocieran mejor entre sí. Norteamérica se convirtió en la vanguardia en el campo de la investigación teológica. No obstante, los antiguos conceptos de la Biblia tienen su fortaleza y debe admitirse que tanto en la Iglesia reformada como en la luterana los antiguos prototipos viven, a pesar de muchos reajustes.

Relación con el Estado.
La racionalización de la lex naturæ dio un nuevo carácter a la jus naturæ así como a la religión y la moralidad natural. Durante los siglos XVII y XVIII el Estado se secularizó más y más bajo la influencia de la nueva escuela de juristas (Grocio, Hobbes, Pufendorf, Thomasius, Pfaff, etc.), quienes encontraron su fundamento en el consentimiento del gobernado más que en el derecho divino e hicieron de su objetivo el bienestar de los ciudadanos, limitando al mismo tiempo el bienestar a las cosas de este mundo. Bajo este concepto del Estado cada ciudadano tiene libertad, incluyendo el privilegio, de pensar como le plazca mientras no perturbe el orden público. La religión se convierte en un asunto privado del individuo y el Estado renuncia a todo intento de sostener y gobernar la Iglesia, salvo donde haya funciones de contacto para el interés y objetivos del Estado. Por supuesto, el viejo orden no fue eliminado en una manera radical de una vez por todas y los gobiernos adoptaron la nueva idea en diferente medida. Sin embargo, en general el espíritu del tiempo parecía ser una amenaza que desorganizara completamente a la Iglesia, especialmente en Alemania, donde el orden existente descansaba sobre los muy diferentes conceptos de Melanchthon. En los territorios reformados el peligro fue menor, ya que las iglesias protestantes en ellos quedaron generalmente organizadas independientemente desde el principio. El anglicanismo y el luteranismo escandinavo también ejercieron una fuerza conservadora en la retención del episcopado. Tras la fundación de la Unión en Prusia hubo una reacción, debida, en parte, al aniversario de la Reforma en 1817, que dirigió la atención al origen histórico del protestantismo y las ideas y objetivos concretos de los reformadores.

Mapa de las religiones en el mundo