Historia
PSEUDO-EPÍGRAFOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO
- Discusión preliminar. Nombre y lugar
- Psuedo-epígrafos poéticos. Salmos de Salomón, etc.
- Pseudo-epígrafos proféticos. El Enoc etíope. Contenido y composición
- Pseudo-epígrafos históricos
- Pseudo-epígrafos filosóficos
Nombre y lugar.
Por pseudo-epígrafos se entiende comúnmente entre los protestantes una serie de escritos que tienen un molde de carácter bíblico y que en algunas regiones eclesiásticas han sido más o menos estimados, pero que, hasta donde se sabe, no se encuentran en los manuscritos de la Biblia griega o de la Vulgata. "Pseudo-epígrafos" no es un término acertado, ya que en los escritos canónicos y en los apócrifos hay libros que llevan un nombre que no es el del autor; pero ya que el pseudónimo es la principal característica externa de esos libros y es también por el que colectivamente son mejor conocidos, el título se ha ganado un cierto derecho. Por pseudo-epígrafos del Antiguo Testamento se entienden escritos que, sean de autoría judía o cristiana, son ostensibles por algún personaje perteneciente al Antiguo Testamento; el nombre pseudo-epígrafos del Nuevo Testamento se reserva para los evangelios, Hechos, cartas y Apocalipsis que llevan nombres cristianos, también llamados apócrifos del Nuevo Testamento. El estudio de los pseudo-epígrafos se dejó en su momento para quienes tenían la reputación de estudiar todo lo que fuera estrafalario. Una atención más seria se le dio en la escuela de Tubinga, como medio del conocimiento del paso del judaísmo al cristianismo. Tras la obra de Fabricius, Dillmann fue el primero en investigarlos; Schürer hizo un notable trabajo en el volumen octavo de su bien conocida obra, arrojando luz Gunkel desde el lado asiriológico y procediendo más resplandor para iluminar el asunto desde Persia y Egipto.
Objeto y carácter.
Esos escritos, hasta donde son de origen judío, son producto del período posterior en el desarrollo de esa religión, perteneciendo parcialmente a los años 170-135 a. C. Tienen un propósito polémico contra el paganismo tanto dentro como fuera del judaísmo y la palabra clave es separación de los gentiles. Por otro lado el propósito era una fuertemente enmarcada propaganda judía. Los escritos constituyen una teodicea nacional, la apoteosis de un judaísmo que se apresuraba a su caída. Unido a una inherente apología por el judaísmo estaba el intento de fortalecer a los creyentes en su fe. Desde las persecuciones durante el dominio griego, los judíos se habían preparado para sufrir y morir por la ley, que había sido la base de la persecución, esperando su recompensa en las bendiciones futuras en la resurrección. El principal interés de esos escritos es, por tanto, la revelación sobre esta etapa final y muchos de ellos llevan el nombre de Apocalipsis o revelación del fin. Esto es cierto ya sea el método hagádico-midrásico o filosófico. En el tratamiento escatológico del futuro las diversas esperanzas de la profecía pre-exílica se magnifican en gigantesca ilusión, potenciadas en parte por la magnitud de los poderes mundiales tratados. Mientras que las predicciones de Amós y sus contemporáneos parecían haber acabado con el exilio, se aprovechan las esperanzas de Isaías, Hageo, Zacarías y Joel de una Jerusalén que sería la capital mundial del futuro y el pensamiento de los tiempos descritos en un futuro más allá de un conflicto final que acabará la edad presente y desembocará en un nuevo nacimiento del cielo. Sin embargo, este cielo no era el antiguo, sino uno nuevo y espiritualizado ya predicho en 1 Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz y la gloria del SEÑOR ha amanecido sobre ti. 2 Porque he aquí, tinieblas cubrirán la tierra y densa oscuridad los pueblos; pero sobre ti amanecerá el SEÑOR, y sobre ti aparecerá su gloria. 3 Y acudir[…]Isaías 60. El mundo presente pertenecía a los paganos; Dios se lo había entregado a los ángeles para que lo gobernaran y estaba permitiendo que el mal dominara. Este dualismo tendrá un término en el día final y Satanás será atado en el infierno; el reino de tinieblas dará paso al reino de la luz. Entonces Israel comenzará a ser la nación dominante, aunque como un Israel renacido de tal carácter que su triunfo será el del bien sobre el mal. En algunos de los Apocalipsis menores lo hace sólo la preexistente figura del Mesías; por todas partes Dios está en el trasfondo. Para tener fuerza para soportar el último período de tribulación, las reavivadas esperanzas de Israel de un mundo mejor se extraen de las más variadas fuentes, incluyendo una filosofía de naturaleza mitológica y esotérica, por la cual se resuelve el enigma del pasado y el futuro. Igual que Saúl buscó a la divina de Endor para que le leyera el futuro, así los nuevos videntes procuran responder a sus preguntas incluso bajo un manto pagano. Se someten a un curso de disciplina para obtener la posición de adeptos en el desenredo del futuro. La apocalíptica por tanto se viste de una indumentaria medio pagana, medio monoteísta y de ello procede la imaginería de bestias y las predicciones hechas por medio de secretos, enigmas y números. Esta apocalíptica se convierte en el nuevo medio de propaganda, la nueva sabiduría. Como resultado, tal literatura, como por ejemplo el libro de Enoc, al ser una narrativa de grandes maravillas en la naturaleza y la historia, sirvió a la curiosidad más que a la edificación. Sin embargo, satisfizo el gusto de los tiempos por lo grotesco. Pero la forma requerida era la de profecía y el pseudónimo tomó naturalmente la forma apocalíptica. La nueva profecía se puso el manto de lo antiguo para velarse a sí misma de la observación de los dominadores. Los nombres de los héroes bíblicos fueron la designación de las comunidades de discípulos, que probablemente reverenciaron al héroe cuyos nombres llevaban. El pasado fue descrito en la indumentaria del futuro y esta característica es a veces de valor para determinar la fecha del escrito. El vidente recibe rápida credencial porque se cree que en su estado espiritual puede leer los registros en el cielo, donde todo está recogido, y atravesar todo el espacio y todas las regiones con ángeles como guías. La apocalíptica de esos escritos asume ser la sucesora de la profecía anterior, continúa la predicción del juicio final y de la era de salvación en la que este juicio se emite, pero con los elementos añadidos de lo trascendental y lo universal constituyentes de la presentación total.
Tratamiento de diversos intereses.
No obstante, el carácter de esos libros apela a diversos intereses. Contienen indicaciones de hechos en la esfera de la historia de la cultura y la religión; enseñan sobre el carácter del judaísmo posterior, complementan los escritos canónicos del Antiguo Testamento y revelan la receptividad mostrada por los judíos hacia las influencias en el período de la creación de esos libros; establecen el puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, preparando el terreno para las nuevas ideas que aparecerán posteriormente. Las ideas e imaginería de los escritos pseudo-epígrafos influyeron no sólo en los cristianos de las primeras generaciones, sino que continuaron reflejándose en las producciones y pensamiento de la Edad Media. El conocimiento obtenido en la actualidad de la cultura del antiguo oriente ha mostrado que incluso la cultura actual está delimitada y condicionada por lo que aparece en los escritos bajo consideración; el pasado distante y el presente inmediato están indisolublemente unidos. Más aún, esta apocalíptica habla no solamente a la cabeza, sino también al corazón. Aunque la ciencia moderna puede esbozar una sonrisa ante las descripciones del cielo y la tierra presentadas, la victoria final del bien sobre el mal es una esperanza que no ha cesado de tener eco en el interior del ser humano. Para la actual generación, como para la gente de aquel tiempo, la bienaventuranza es una consumación que se obtiene en condiciones que no son de este mundo; una esperanza que trasciende la razón.
Trasmisión.
El número de escritos pseudo-epígrafos judíos y cristianos debió haber sido grande. La leyenda judía atribuye a Enoc nada menos que 366, mientras que la leyenda musulmana sólo 30. El Apocalipsis de Esdras (xiv. 6) habla de 70 libros sagrados que son discriminados de los 24 canónicos. Por tanto, a primera vista parece extraño que tan pocos hayan sobrevivido, pero la historia revela la causa. El judaísmo externo pasó por dos severas crisis, las de los años 70 y 135 d. C. y las esperanzas de una hegemonía judía nacional y religiosa sobre las naciones incorporadas en esos libros se desvanecieron como un sueño ante la dura realidad de la derrota. Pero la entrega de esos diversos escritos se hizo más fácil porque, como la versión Septuaginta de las Escrituras, fueron empleados apologéticamente por las comunidades cristianas, de ahí que sus poseedores consintieran en hacer desaparecer los originales hebreos. La segunda causa de pérdida fue el hecho de que para los teólogos griegos de la Iglesia, preparados filosóficamente, el marco de la mitología oriental que apoyaban los escritos era claramente evidente. Desde los centros de la vida eclesiástica esos escritos fueron prohibidos y buscaron refugio fuera de los principales lugares, en Abisinia, Armenia, Arabia y lugares semejantes, que apenas habían cesado de inspirar una actividad literaria en líneas similares. Para la facilidad de la discusión será bueno dividir a los psuedo-epígrafos en escritos poéticos, proféticos, históricos y filosóficos.
Salmos de Salomón, etc.
Los 18 salmos de Salomón que a veces se encuentran en manuscritos de la Septuaginta y están reconocidos entre los antilegomena o los apócrifos, fueron editados primero por el jesuita De la Cerda in 1626, habiendo luego ediciones de Fabricius (1722), Hilgenfeld (1868–69), Geiger (1871), Fritzsche (1871), Wellhausen (traducción, 1874), y Pick (traducción inglesa, Presbyterian Review, 1883). Una nueva edición sobre principios críticos fue publicada por Ryle y James (1891), Swete (en su edición de la Septuaginta, volumen iii, 1894), Von Gebhardt (TU, xiii. 2, 1895) y Kittel (1900). Los salmos estaba originalmente en hebreo y fueron traducidos al griego por judíos hablantes de griego de la diáspora. La autoría salomónica está excluida por la evidencia interna. De las dos hipótesis, que fueron escritos en su nombre o posteriormente se les dio el nombre, la segunda es la más probable. El núcleo de la colección es trazable hasta el tiempo de la caída del dominio macabeo por Pompeyo, cuya muerte en Egipto fue conocida del escritor. Pompeyo es frecuentemente citado (xvii. 7, viii. 15, ii. 1–2, 26–27). Los príncipes de la tierra (viii. 16–17, xviii. 12) son Aristóbulo II e Hircano II. Dios ha visitado a los Macabeos, los saqueadores de tronos y profanadores del templo y con ellos a sus pecaminosos sustentadores, los sabios en consejo (es decir, los saduceos, xvii. 8, viii. 11, 19). La facción opuesta, cuyo portavoz es el salmista, son los fariseos (ii. 4, 15 y sig., viii. 8 y sig., 23 y sig., xvii. 10, 15 y sig.). La oposición entre las dos sectas recorre los salmos; los saduceos aparecen como pecadores, amantes del placer, rodeados de riqueza y profanadores del santuario (i. 4, 8–9, iv. 7–9, viii. 8–9, xii. 1 y sig.), mientras que los fariseos son corderos inocentes, santos de Dios, justos y rectos, que sirven a Dios y los hombres (iii. 3, v. 19, viii. 23, xiv. 1). La doctrina de Dios es elevada; su justicia y rectitud se proclama y únicamente a los justos se les otorga vida eterna (viii. 7, ii. 28 y sig., xiii. 11, xiv. 10). La verdadera estimación por la ley garantiza la seguridad de los rectos en el juicio (xiv. 2) y Dios enviará a su Mesías, David (xiv. 2, xviii. 5 y sig.). Luego los pecadores serán barridos, los judíos de la diáspora, unidos una vez más, reinarán en Jerusalén y bendito será el que viva en ese día (xvii. 23–25, xviii. 6). Mientras que esas indicaciones sugieren el periodo 65-40 a. C. y los salmos en conjunto concuerdan bien con esa fecha, se han hecho intentos de encontrar otras soluciones, como el tiempo de Antíoco Epífanes, de Jasón, de Ptolomeo en 320 a. C. o de Herodes.
Contenido y composición.
El libro de Enoc, citado en 14 De éstos también profetizó Enoc, en la séptima generación desde Adán, diciendo: He aquí, el Señor vino con muchos millares de sus santos, 15 para ejecutar juicio sobre todos, y para condenar a todos los impíos de todas sus obras de impiedad, que h[…]Judas 1:14,15, conocido total o parcialmente por el autor de Jubileos y mencionado en los Apocalipsis de Esdras y Baruc, gozó de popularidad poco menos que canónica en la antigua Iglesia hasta el tiempo de Jerónimo e incluso más allá de que fuera atesorado en la Iglesia griega, particularmente la alejandrina. Fue conocido por los estudiosos europeos en el siglo XVIII, cuando en 1773 Bruce adquirió tres manuscritos en Abisinia y la editio princeps la publicó Laurence en 1838. Dillmann, Schodde, Charles, Beer y Fleming hicieron investigaciones importantes. Aunque el texto etíope está basado sobre un original griego, la cuestión de un texto hebreo o arameo respaldo de aquel está a debate. En su forma actual el libro se divide en tres partes principales: una introducción sobre el inminente juicio del mundo, i–v; el cuerpo de la obra, vi.–cv. y la terminación cvi–cviii; la principal parte se subdivide en varias partes: (a) vi–xxxvi, de la que vi–xi habla de la caída de los ángeles y su castigo preliminar y final, xii–xvi de la visión de Enoc y del primer y segundo castigo de los ángeles y su progenie, xvii–xxxvi describe los viajes de Enoc en compañía de los ángeles; (b) xxxvii–lxxi es mesiánica; la sección xxxviii–xliv describe la jerarquía celestial, la xlv–lvii el juicio final, lviii–lxix la bienaventuranza de los justos en el cielo, lxx–lxxi la traslación de Enoc y la recepción como hijo del hombre; (c) lxxii–lxxxii es "astronómica" y relata la disolución del universo y la etapa final y regreso de Enoc y la morada terrestre; (d) lxxxiii–xc desarrolla la historia de Israel desde Adán a la llegada del reino mesiánico; (e) xci–cv contiene varias amonestaciones y avisos. El libro en conjunto es una especie de filosofía natural espiritual, una revelación de cosas secretas, presentes y futuras, la naturaleza y la historia, incluyendo la vida y vicisitudes de Enoc. Es un compuesto de relatos que han cristalizado alrededor del nombre de Enoc en el que los períodos de crecimiento y las culturas que los unen e incluso los filos cortantes son todavía visibles. A una composición pertenecen vi–xi, lx, lxv-lxix 25, cvi–cvii y otras secciones pequeñas e incluso vi-xi es una mezcla de dos fuentes; xvii–xxxvi es también susceptible de análisis, como se indica por el doble nombre del Mesías. Un nuevo libro comienza con xxxvii 1, conteniendo la genealogía de Enoc así como la de una persona de otro modo desconocida, mostrando la forma de introducción y carácter del escrito que la fuente no fue oral sino escrita, siendo caracterizado en esta parte Enoc como "hijo del hombre." Además parece que el libro astronómico es una conclusión a los viajes, aunque no necesariamente una parte original orgánica. Una buena introducción la proporciona i–v; xii–xvi va unida al relato de la caída y castigo de los ángeles; xvii–lxxxii proporciona la perspectiva para las predicciones, reservándose los avisos y exhortaciones apropiadamente para el final. Pero que son desacertadas en el arreglo se puede ver al comparar lxx–lxxi con lxxxi 7. En el libro están presentes dos juegos de tradiciones, una que es un ciclo de Enoc y la otra un ciclo de Noé, aunque el análisis literario no ha dado su última palabra.
Fecha.
Entre los estratos más antiguos se ha de situar el Apocalipsis de las diez semanas, xciii 1–14, xci 12–17, el cual, ya que no hay mención en el mismo de los Macabeos, no hay que fecharlo antes del 167 a. C. Justo antes está la visión de los 70 pastores; xc. 9 señala a los Macabeos, siendo el "gran cuerno" o bien Judas Macabeo o Juan Hircano, situando lxxxv–xc ya sea antes de 160 o hacia 135-130 a. C. La lucha partidista revelada en cii–ciii y partes relacionadas se refiere mejor al período de Alejandro Janneo (104-78 a. C.) que al de Juan Hircano. Las especulaciones sobre cosmogonía y cosmología delatan influencias de la filosofía griega y oriental. A un estrato posterior pertenece xxxvii–lxix, que sigue la cronología no del Pentateuco samaritano, sino de la Septuaginta. Los saduceos aparecen en xxxviii 5, xlvi 8, xlviii 10, liii 5–6. No hay huella clara de conflicto con los romanos y un tiempo anterior al año 64 a. C. está indicado por las partes descriptivas, que no se pueden referir al tiempo de Herodes ni los pasajes mesiánicos ser contemplados como interpolaciones de fuentes cristianas. Los materiales del ciclo de Noé tienen que ver principalmente con la angeología y cosmología y es notorio que una fuente de Noé de propósito similar fue empleada por Jubileos x 13, xxi 10. El lugar de la redacción fue probablemente el norte de Tierra Santa, cuyas alturas sugieren la imaginería de la caída de los ángeles. Parece que la obra terminada sirvió para ser un libro de referencia que respondiera a los problemas sobre el tiempo y la eternidad; fue la Biblia apocalíptica del judaísmo del tiempo de Cristo. Ningún otro Apocalipsis tiene un ámbito tan amplio; más aún, la confianza en el gobierno venidero mundial de los judíos es tan firme, que todavía no habían surgido dudas en cuanto a la salvación, al no haber ocurrido aún la catástrofe final, la destrucción de Jerusalén. Psicológicamente, IV de Esdras es una obra superior, pero su alcance es menor y su exhaustividad más reducida.
El Enoc eslavo.
Fue publicado por Popow en 1880, en una recensión más corta por Nowakowitch en 1884, por Charles y Morfill, Oxford, en 1896, y en traducción alemana por Bonwetach, Gotinga, 1896. El eslavo se deriva de un texto griego y no depende del Enoc etíope. Se narran los viajes de Enoc a través de los siete cielos en iv–xxi, la creación y la historia desde Adán hasta el diluvio ocupa xxii–xxxviii, habiendo enseñanza y exhortación en xxxix–lxvi; la ascensión de Enoc aparece en lxvii y un resumen de su vida en lxviii. La primera parte está en estrecho contacto con el Enoc etíope; el origen es judío, pero el material fue trabajado por un redactor cristiano. La referencia a los sacrificios judíos demanda una fecha anterior al 70 d. C.
La Asunción de Moisés.
Esta obra fue conocida desde Orígenes, De principiis III, ii. 1., como fuente de la cita en Judas 9. Un fragmento extenso lo encontró Ceriani en la Biblioteca Ambrosiana en Milán en 1861, siendo publicado por él. Desde entonces ha sido publicado o traducido repetidamente. Es probable que tenga un origen hebreo o arameo. Según el capítulo 1, Moisés cuando tenía 120 años y en el año del mundo 2.500 dio este libro secreto a Josué; contiene el relato de las experiencias de Israel hasta el establecimiento del reino mesiánico (i–x), tras lo cual Israel será sometido a severos sufrimientos por sus pecados (xi–xii). La terminación del libro, incluyendo la Asunción de Moisés y la parte citada por Judas, se han perdido. La tradición sobre el libro discrimina entre un Testamento de Moisés (que se corresponde con la porción existente) y un Analepsis Mouseos, dos nombres que se corresponden con las dos partes del libro, la primera de las cuales es la de Ceriani, mientras que la segunda existe sólo en citas patrísticas. En vi. 1 sqq se habla de los asmoneos como los sacerdotes-reyes malignos y blasfemos. El rey que los sucede y reina durante 34 años es naturalmente Herodes el Grande. El poderoso rey del oeste que envía sus ejércitos y su general (Quintilio Varo) a Tierra Santa es Augusto (vi 8–9). Pero vi 7 muestra que el autor debe haber escrito antes de la muerte de Felipe y Antipas y el tiempo debe haber sido poco después de la muerte de Herodes, aunque algunos han situado el libro hasta el 138 d. C. A causa de sus ataques contra asmoneos, herodianos y fariseos, el autor ha sido tomado por un esenio o un zelote; pero el reconocimiento del sacrificio en ii. 6, iv. 8 y la idea del futuro en el capítulo x no cuadran con las nociones esenias, mientras que la presentación del capítulo ix no se ajusta a las enseñanzas de los zelotes. Otros han visto en el autor a un pietista mesiánico, o un judío piadoso y sinceramente nacionalista, o a un fariseo quietista; una noción que no está muy descaminada es que fuera un fariseo quietista y rigorista. En cualquier caso fue un estrecho seguidor del autor de Daniel; Herodes, el sucesor de los degenerados asmoneos, tomó el lugar de Antíoco Epífanes. No obstante, el autor ve en el futuro inmediato socorro, siendo sucedido el dominio impío por un período de turbación y luego el reino de Dios.
Textos, ediciones y carácter.
Este nombre procede del latín, donde los canónicos Esdras y Nehemías son reconocidos como I y II de Esdras y el apócrifo Esdras es III de Esdras. El nombre original parece haber sido "Esdras el profeta" o "Apocalipsis de Esdras." Existe en traducción latina, siríaca, etíope, armenia y dos árabes. El texto latino corrupto fue publicado por Fabricius en 1743, por Van der Blis en 1839, por Volkmar en 1863, por Hilgenfeld en 1869 y por en Fritzsche 1871, y a veces aparece impreso en la Vulgata después del Nuevo Testamento. Un nuevo texto, que suple un gran vacío en el texto como era conocido hasta entonces, fue preparado por Bensly y publicado tras su muerte por James, sobre la base del Codex Sangermanensis y otros tres manuscritos. Éste sustituye a todos los textos previos. Bajo el nombre "Confesión de Esdras" la sección viii 20–36 circula como composición separada y se encuentra en una traducción independiente y en copias. La siríaca fue publicada en 1868 y 1883 por Ceriani, precedida por una traducción latina en 1866. Laurence publicó la etíope en 1820 con una traducción latina y otra inglesa y Dillmann publicó un texto crítico sobre la base de nuevo material en 1894. Una traducción en inglés de uno de los textos árabes fue publicada por Ockley, basándose en el Codex Bodleianus en 1711, apareciendo una edición árabe por Ewald en 1863; también él hizo disponible el otro texto árabe en parte, aunque fue primero publicado completamente por Gildemeister en 1877, según un manuscrito del Vaticano. La armenia fue publicada en la Biblia armenia de 1805 y está en la colección de apócrifos del Antiguo Testamento editada por los mequitaristas en 1896. Aunque esos textos se apoyan en el griego, es evidente de un testimonio interno que el respaldo yace en un original hebreo, que se ha perdido. La abundancia excesiva de citas y referencias en los escritos patrísticos testifican de la difusión y popularidad de la obra en la Iglesia antigua, una popularidad que duró hasta la Edad Media. El latín es más cercano al original, tras el cual vienen el siríaco y etíope. La ocasión del libro fue la destrucción de Jerusalén por los romanos (referidos como Edom, iii 15–16, vi 7–10) y el propósito es presentar un futuro más brillante para los judíos. De ese modo Esdras, 30 años después de la destrucción de la ciudad por los caldeos (los romanos), tiene siete visiones. Las primeras tres son especulativas, las siguientes tres escatológicas y en la séptima se encuentra el término de la vida de Esdras y la génesis del Apocalipsis.
Contenido y fecha.
En las primeras tres visiones (iii 1–ix 25) la calamidad Israel es un ejemplo particular de un desastre más general. La desgracia de Israel es más severa que su culpa, de ahí el misterio en el hecho de que aquellos que son los más grandes pecadores opriman a Israel (iii 28, 31–32, v 23 y sig.). El enigma es difícil, pero la razón es el don en el hombre que hay que emplear, de ahí el intento para resolverlo. La edad venidera mostrará que Dios ama a su pueblo (v. 33) y que su tiempo está cerca (iv. 44, v. 48); Dios mismo traerá el fin cuando el dominio romano cese (v. 3, vi. 6, 9) entre señales y maravillas en el cielo y la tierra, aunque sólo unos pocos participarán de los resultados (vii. 45 y sig.). En el juicio los pecadores serán condenados, siendo el juicio de justicia y no de misericordia (vii. 33 y sig.). El castigo de los pecadores se describe con tintes espantosos. En la cuarta visión (ix. 26–x. 59) se presenta la expectativa de que el tiempo de tristeza de Sion pasará pronto y que Jerusalén será reedificada. La quinta visión (x. 60–xii. 50) se ve un águila con doce alas, tres cabezas y ocho alas subordinadas, que se levanta del mar y vuela sobre la tierra. Una vez que las doce alas y las seis alas subordinadas han gobernado y desaparecido y quedan sólo una cabeza y dos alas, sale un león del bosque y pronuncia juicio contra el águila. El águila es el último de los cuatro reinos de 1 En el año primero del rey Belsasar de Babilonia, Daniel tuvo un sueño y visiones en su mente, estando en su cama. Entonces escribió el sueño y relató el resumen de él. 2 Habló Daniel, y dijo: Miraba yo en mi visión nocturna, y he aquí, los cuatro v[…]Daniel 7. En la sexta visión (xiii. 1–58) surge un hombre del mar y vuela con las nubes y al volar los hombres con él, los destruye con llamas de su boca. La explicación muestra que este hombre es el hijo de Dios, Salvador del mundo, que restaura las diez tribus a su tierra. En la séptima visión Esdras se prepara para su fin y dicta sus visiones durante 40 días en 94 libros. El libro es un diálogo, en el que el ángel Uriel es uno de los interlocutores. Muy poco se sabe de las tradiciones populares para permitir trazar las partes separadas a sus orígenes o decidir sobre las relaciones mutuas. Pero el autor evidentemente perteneció a los visionarios patriotas. Sostiene que el mundo fue creado para los judíos y que para ellos, como dueños, ha de venir. Cuanto más espantosas son sus desgracias presentes, más grande es la recompensa que tendrán. La diferencia entre los pronunciamientos del autor y los de Jeremías en una situación semejante es inmensa. Hay similitudes entre Esdras y Pablo, aunque para Esdras el interés está en la teodicea nacional y en la apologética judía, mientras que el deseo de Pablo es la liberación del poder del pecado. Pablo representa a los antiguos profetas como un testigo personal; Esdras se cubre bajo el seudónimo y halla refugio en el esoterismo. La fecha antes de la cual el libro no pudo haber sido escrito es 70 d. C., ya que el autor ha sobrevivido a la caída de Jerusalén. Es difícil proponer una fecha más exacta. Wellhausen aprecia en v. 1–12 una indicación de los tiempos de Nerón y en v. 8 una referencia a la erupción del Vesubio de 79 d. C. Otros disciernen en esta última sólo características apocalípticas generales. Pero el libro no parece haber sido escrito bajo la influencia inmediata de la caída de la capital y un considerable período de desgracias posteriores parece haberse experimentado, habiendo pasado tal vez treinta años (iii. 1). El águila es con toda probabilidad Roma. Posiblemente la primera ala representa a César, la segunda a Augusto; las perturbaciones del periodo central señalan a los sucesos tras la muerte de Nerón; las tres cabezas pueden ser Vespasiano, Tito y Domiciano. Se han elaborado otras combinaciones difiriendo en detalle sólo de las sugeridas. La fecha se ha situado en 31 a. C. (Gutschmid) con interpolaciones cristianas y desde 75 a 100 d. C. (Le Hir), con interpolaciones judías o cristianas c. 218 d. C. Los intentos hechos por Kabisch y De Faye para analizar el libro en las fuentes que lo componen falla en vista de la unidad general de colorido prevaleciente en el conjunto. El lugar en el que pudo haber sido escrito es o bien Tierra Santa, a causa de la lengua hebrea del original, o Roma, donde pudo surgir de la diáspora (comp. iii. 2, 29, v. 17).
V y VI de Esdras.
En la Iglesia el Apocalipsis judío de Esdras llegó con muchos cambios. Desde la primera Biblia latina de 1462, el libro ha sido ampliado en dos capítulos prefijados y dos añadidos al final, siendo de origen cristiano, apareciendo la primera sección como IV de Esdras i-ii y V de Esdras y la segunda como IV de Esdras xv–xvi y VI de Esdras. En cualquier caso ambos se han de distinguir tanto del Apocalipsis de Esdras como el uno del otro. El primero está completo en sí mismo y se divide en dos partes: (1) i. 5-ii. 9 es una amenaza contra el antiguo pueblo de Dios, los judíos, que son rechazados por Dios a causa de su ingratitud; (2) ii. 10–47 consiste de promesas al pueblo actual de Dios, los cristianos, a quien pertenece el reino celestial. Está escrito en griego, usa abundantemente la profecía del Antiguo Testamento, es vigoroso en estilo y recuerda al discurso de Esteban y a la carta de Bernabé por su polémica. Sus relaciones con el Pastor de Hermas y con las Actas de Perpetua y Felicidad, sugieren el año 200 d. C. como fecha más baja para su composición y el oeste como su lugar. VI de Esdras amenaza a los paganos (IV de Esdras xv. 6–xvi. 35) y consuela a los cristianos (xvi. 36–78) porque el día del desastre está cerca. El tono general implica un origen cristiano, refleja una persecución en toda la mitad oriental del Imperio romano y sugiere como fecha de composición los años 120 al 300 y Asia Menor su lugar.
El Logos de Esdras.
Tischendorf publicó en su Apocalypses Apocryphi (Leipzig, 1866), páginas 24 y sig., un "Logos y Apocalipsis del Santo Esdras y del amado Dios", un Apocalipsis cristiano de fecha muy tardía mostrando lo ineludible del juicio divino sobre los pecadores y exponiendo los castigos inminentes. Se conoce otra literatura apocalíptica bajo el nombre de Esdras, una sobre el dominio del islam.
Apocalipsis de Baruc.
Además del apócrifo de Baruc, aparecieron bajo ese nombre, el amigo y ayudante de Jeremías, una serie de escritos judíos y cristianos.
El mejor conocido y más digno de ellos es el descubierto por Ceriani en un manuscrito siríaco de Milán y publicado por él en el original (Monumenta sacra et profana, 1871, y Translatio Syra Pescitto, iv. 257 y sig., 1883) y en traducción latina (Monumenta sacra et profana, i. 2, páginas 73 y sig., 1866). La carta de Baruc a las nueve tribus y media, que está al final, fue conocida y publicada en las políglotas de París y Londres. Una nueva traducción inglesa del Apocalipsis por Charles apareció en 1897 y en alemán por Ryssel en 1900. El siríaco es de un original griego del que xii. 1–xiii. 2 y xiii. 11–xiv. 3 fueron encontrados por Grenfell y Hunt. El griego retrocede a un original hebreo. En i-v aparece que en el año 25 de Jeconías, Dios anunció a Baruc la inminente caída de Jerusalén. Al día siguiente los caldeos aparecieron ante la ciudad, habiendo ángeles escondido los vasos sagrados, y destruyeron los muros (vi–viii). Baruc ayunó 70 días y recibió añadidas revelaciones, acompañando Jeremías a los cautivos a Babilonia (ix–xii). Tras otro ayuno Baruc comprende que el juicio le espera a los paganos; Sion es derribada para que el fin del mundo pueda llegar antes (xiii–xx). La primera destrucción de Jerusalén ha de ser seguida por una segunda, que marca el comienzo de la bienaventuranza (xxi–xxxiv). Entonces siguen una serie de visiones, alguna de ellas precedida por ayunos, en la primera de la cual aparece el Mesías y establece su reino. Una revela la historia de Israel desde Adán en adelante, apareciendo el mar alternativamente con aguas oscuras y claras, teniendo cada una su significado; luego vienen las dos cartas, una a las nueve tribus y media y la otra a las otras dos y media (xxxv-lxxvi, donde el texto se interrumpe). Este libro fue escrito tras la destrucción de Jerusalén por Tito, como muestra la caracterización de los destruidores (como caldeos, una máscara que el autor emplea) y por claras referencias a la contaminación del templo por Pompeyo (la primera destrucción). Hay secciones que parecen indicar en partes una fecha anterior a ella, como por ejemplo xxxix–xl, lxix–lxx. Existen relaciones entre este libro y el IV de Esdras, debiendo haber uno usado al otro, aunque cuál es más antiguo es dudoso, estando los estudiosos divididos igualmente sobre la cuestión. No existen otros datos para establecer el tiempo de composición aparte de la comparación con IV de Esdras y el trasfondo general histórico. Aunque el año 70 d. C. es el terminus a quo, su uso evidente por Papías en la descripción de la abundancia del reino mineral fija el terminus ad quem. El autor fue un adherente del judaísmo, pero su residencia no es determinable.
Un Apocalipsis griego de Baruc fue descubierto por Butler en un manuscrito en el Museo Británico en 1897, siendo publicado por James, acompañado por una traducción inglesa del texto eslavo por Morfill; hay una traducción alemana según el texto de James hecha por Ryssel en Apocrypha and Pseudepigrapha de Kautsch (1900). El texto eslavo es un extracto del griego, que es más corto que el original conocido por Orígenes; éste habla de siete cielos, el griego tiene cinco y el eslavo sólo dos. Expone que Baruc, afligido por la caída de Jerusalén, es confortado con la promesa de que aprenderá profundos secretos y viaja por los cinco cielos en compañía de un ángel. La narrativa recuerda a la del Enoc eslavo. La base es judía, pero hay interpretaciones cristianas. Existe otra literatura de Baruc, pero de origen cristiano, describiendo un escrito las vicisitudes de la Iglesia, especialmente la Iglesia etíope; otro es una versión eslava de Baruc y hay un Apocalipsis latino de Baruc.
Otros Apocalipsis.
Nicéforo, Ambrosiaster y Jerónimo mencionan un Apocalipsis de Elías o un libro suyo y Orígenes parece hacer de sino como está escrito: COSAS QUE OJO NO VIO, NI OIDO OYO, NI HAN ENTRADO AL CORAZON DEL HOMBRE, son LAS COSAS QUE DIOS HA PREPARADO PARA LOS QUE LE AMAN.[…]1 Corintios 2:9 una cita de ello, aunque Jerónimo lo combate y parece referirse a una Ascensión Isaías. Un Apocalipsis hebreo de Elías, situado por un editor en el período post-talmúdico y por otros en el siglo tercero, fue publicado por Jellinek en 1855 (Bet-ha Midrasch III, xvii. 65 y sig.) y por Buttenwieser en 1897.
El Apocalipsis de Sofonías, una obra "del profeta Sofonías", la menciona Nicéforo y fue conocida de Clemente de Alejandría, quien la cita por contener una "Ascensión de Isaías" y descripciones de un viaje por el cielo y el infierno; el vidente es arrebatado y llevado a través de varios cielos, viendo en el quinto a los ángeles llamados por él kurioi, "señores." Posiblemente a este Apocalipsis de Sofonías ha de trazarse un escrito existente en dos dialectos coptos, también otros dos mencionados por Steindorff que tratan del establecimiento de un reino mesiánico que ha de durar 1.000 años sobre una tierra renovada. La unidad de la primera parte (i–xviii) aparece en las relaciones generales. Por tanto el Apocalipsis anónimo de Steindorff y su fragmento de un libro de Sofonías concuerdan con el carácter del Apocalipsis que conoció Clemente de Alejandría. La segunda parte, aunque habla de Elías (en tercera persona), no es realmente un Apocalipsis de Elías, y concuerda con la primera parte para completar un Apocalipsis de Sofonías. El conjunto es una obra cristiana o una producción judía trabajada por un cristiano y en su forma actual es probablemente posterior al de Clemente de Alejandría, posiblemente de la segunda mitad del siglo tercero.
De un Apocalipsis de Jeremías, Jerónimo deriva Entonces se cumplió lo anunciado por medio del profeta Jeremías, cuando dijo: Y TOMARON LAS TREINTA PIEZAS DE PLATA, EL PRECIO DE AQUEL CUYO PRECIO HABIA SIDO FIJADO por los hijos de Israel;[…]Mateo 27:9, mientras que Orígenes lo atribuye a un Secreta Eliæ. La Biblia copta contiene una corta profecía ostensiblemente por Jeremías. Por esta razón dice: Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo.[…]Efesios 5:14 es atribuido por Epifanio a un Apocalipsis de Elías, pero otros, por ejemplo Eutalio y Sincello, lo atribuyen a un Apocryphon Jeremiæ.
Nicéforo cita un Apocalipsis de Zacarías, un escrito cristiano basado en Y su padre Zacarías fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó diciendo:[…]Lucas 1:67.
Nicéforo también habla de un escrito de Habacuc, uno de Ezequiel y otro de Daniel.
Sincello menciona un Apocalipsis de Moisés basado en Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión significan nada, sino la fe que obra por amor.[…]Gálatas 5:6; 6:15. En la lista anónima de libros canónicos se hace mención a un escritor de Lamec.
Nicéforo habla de un escrito de Abraham, posiblemente el eslavo Apocalipsis de Abraham publicado por Bonwetsch al alemán en 1897, en el que Abraham es enseñado por un ángel para ofrecer un sacrificio aceptable, es llevado al cielo y allí recibe revelaciones sobre la historia de su pueblo. Es de origen judío, siendo usado por las Recongnitiones clementinas, siendo compuesto, por tanto, antes de las mismas. Posiblemente distinguido de este libro ha de ser el del mismo nombre usado por los gnósticos setitas (Epifanio, Hær., xxxix. 5), posiblemente la Inquisitio Abrahamæ de Nicetas; también el Testamento de Abraham publicado por James en 1892 (TS, ii. 2) y por Bassilyew en 1893 (Anecdota Græco-Byzantina, i) en griego, del que existen versiones eslava, rumana, etíope y árabe.
Los primeros padres y los Doce patriarcas.
Anastasio el Sinaíta menciona un Testamento de los primeros padres que dice que Adán a los 40 días de su creación fue al paraíso. Este relato está tanto en el libro de los Jubileos como en el Libro de Adán y Eva. El Testamento de los Doce patriarcas lo cita Orígenes, estando probablemente referido en Nicéforo y la sinopsis de Atanasio. El texto griego fue editado por Grabe, 1698, 1714, repetido por Fabricius 1713, Gallandi 1788 y Migne 1857. El libro es conocido en versión latina, armenia y antigua eslava. El contenido en sustancia es la historia contada por cada uno de los patriarcas a sus descendientes, con avisos y exhortaciones que cuadran con el carácter de la persona que habla y extraídos de la experiencia personal del hablante, tal como se revela en el Antiguo Testamento. Con curiosa unanimidad casi todos los patriarcas hablan del liderazgo de Judá y Leví. Parece haber una referencia a Cristo como Salvador y otra a Pablo, como apóstol a los paganos; consecuentemente, desde 1810 ha sido costumbre atribuir esta obra a un cristiano, siendo la única controversia el tipo de cristianismo representado. El autor ha sido llamado un cristiano esenio, ebionita, nazareno o paulino, etc. Pero la obra tiene un fundamento de procedencia judía; las referencias cristianas son interpolaciones. Aunque el énfasis especial no se pone sobre la ley y cuando se habla de ella es más bien la ley moral que la ritual, no obstante el desarrollo es de tal modo que sólo interesaría a un judío. Por otro lado, las interpolaciones cristianas son muy definidas y la cristología es patripasiana. No obstante, parece, al menos en dos estratos de esas interpolaciones y porque la base judía no es una unidad, que hay una doble recensión. La obra probablemente tuvo una larga historia en la sinagoga antes de que llegara a ser posesión de la Iglesia. El tiempo de composición está indicado por las porciones que son estrechamente paralelas con pasajes en el libro de los Jubileos. El autor más antiguo es claramente un partidario y seguidor de la casa Macabea, especialmente en su fase de sacerdotes-príncipes, por lo cual gobierna por derecho sobre las otras tribus, así como por sus éxitos en sus conflictos con los paganos, en los que obtuvo la libertad religiosa y política. Otras partes muestran claramente la brecha entre los asmoneos y los piadosos, de modo que el tronco de Leví por su maldad ha descarriado a todo Israel (Testamento de Leví, xiv. y sig.). Los tiempos de Aristóbulo II y de Hircano II están claramente señalados. El amor por los macabeos que brilla en algunas partes del libro se torna en otras en odio. Por tanto parece que el origen del Testamento de los Doce patriarcas debe situarse entre los años 166 a 64 a. C. Para las interpolaciones cristianas el terminus ad quem es Ireneo, quien conocía la referencia a Cristo surgiendo de las tribus de Judá y Leví.
Otros Testamentos.
Sólo se conoce el título de un libro de los Tres patriarcas. De un Testamento de Abraham copto comp. I. Guidi, Il testo copto del Test. di Abramo (Roma, 1900). Hay un Testamento de Jacob citado en el Decretum Gelasii y se conoce un Testamento de Isaac y Jacob. El Proseuch Ioseph, Oración o bendición de José, que contiene unos 1.100 versos, mencionado por Orígenes y Miguel Glykas, es posiblemente el mismo que las "Palabras de José el justo" de la Ascensión de Isaías, iv. 22, en la que algunos ven referencias a Eclesiástico xlix. 12. El Testamento de Moisés nombrado por Nicéforo, en el pseudo-Atanasio y en otras partes puede ser el mismo que Jubileos; aunque si el número de versos de 1.100 es correcto, difícilmente se puede sostener esa suposición. Un Testamento de Ezequiel aparece en el Martirio de Isaías. Existe el Testamento de Adán y Noé. En las actas del concilio de Nicea aparece un Libro de las palabras místicas de Moisés, del que nada más se sabe. El Libro de Eldad y Medad comp. G. Beer en Monatschrift für Wissenschaft des Judenthums, 1857, páginas 346 y sig. se cita en el Pastor de Hermas, Visión, ii. 3. El Testamento de Jacob, relacionado con el Testamento de los Doce patriarcas, comp. James, Apocrypha Anecdota, v. 1, en TS, 1897, páginas lxx. y sig., 103 y sig. y Conybeare en JQR, 1900, páginas 111 y sig.
Son el producto en su mayor parte de los judíos helenistas ocupados en los siglo segundo y primero a. C., en narrar y adornar los relatos bíblicos como parte de su propaganda.
Jubileos.
Para la historia patriarcal, Epifanio, muchos de los escritores bizantinos y otros se apoyaron sobre un libro nombrado como Jubileos, Pequeño Génesis y títulos semejantes. Ya sea una obra semejante o un extracto de ella, fue conocida como Apocalipsis de Moisés, la Vida de Adán, el Testamento de Moisés o el Libro de las hijas de Adán. En el siglo XIII su conocimiento se había perdido y reapareció a mediados del siglo XIX, en un "Libro de los Jubileos" etíope publicado primero por Dillmann de dos manuscritos en 1859, por Schodde en traducción (Oberlin, 1888), por Charles de cuatro manuscritos en 1895, en traducción de 1902 de material añadido y por Littmann en 1900 (en Kautzsch, Apokryphen). Ceriani descubrió fragmentos de una traducción latina que contenía un tercio del material en el texto etíope en un manuscrito en la Biblioteca Ambrosiana en Milán, que publicó en 1861; Rönsch los editó en 1874 y Charles en 1895. Hay indicaciones de una traducción siríaca, aunque no se ha decidido si de extractos o del conjunto. El texto etíope retrocede a una versión griega, que se deriva de una hebrea, como se muestra por las huellas de juegos de palabras que requieren para su explicación un original hebreo (no arameo) (comp. iv. 15, 28). Las tendencias a usar el nuevo hebreo se muestran por el uso de Mastema por Satanás (por ejemplo en x. 8). En conjunto, el texto etíope es confiable y está en buenas condiciones, aunque se indican lagunas, probablemente debido a un propósito o "tendencia". El contenido va paralelo a la historia bíblica desde la creación a la institución de la Pascua (1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. 3 Y dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz. 4 Y […]Génesis 1-1 Y el SEÑOR habló a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: 2 Este mes será para vosotros el principio de los meses; será el primer mes del año para vosotros. 3 Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: "El día diez de este mes c[…]Éxodo 12). Se supone una cronología muy definida, quedando arreglado todo el período de la creación hasta la entrada en Canaán en 50 periodos jubilares o de 49 años cada uno (2.450 años). Cada suceso está situado en referencia a este esquema cronológico. Los textos de Génesis se emplean en la forma de midrash, embelleciéndose la narrativa y suprimiéndose a veces el texto o alterándolo para adaptarlos a las necesidades del autor. El espíritu del escritor sacerdotal se intensifica. Por eso el sábado no fue una institución comenzada en la creación, sino observada por Dios y los arcángeles; la circuncisión no comenzó con Abraham, sino que los ángeles ya la emplearon; toda la ley de Moisés no es más que una réplica de un ejemplar eterno. Incluso el tabernáculo existió en el cielo. Similarmente, las debilidades de los patriarcas son glosadas y lo que para el conocimiento avanzado parecería mala teología experimentó un cambio. La declaración de Abraham sobre Sara se suprime, la prueba de Abraham no procede de Dios sino de Mastema (Atenas) y Jacob nunca fue tramposo ni injusto. Las ventajas atribuidas al pueblo escogido son expuestas en colorido brillantes. Se subraya el aislamiento de Israel de los paganos, siendo éstos la heredad de Israel y cualquiera que entrega su hija a un gentil la entrega a Moloc. Se asume que Jubileos deriva de Moisés, una obra esotérica, que incluye material esotérico comunicado por los patriarcas desde Enoc a través de Matusalén, Lamec, Noé, Sem, Abraham, Isaac, Jacob y José, por lo que puede ser descrito como un suplemento hagádico-haláquico a la Torah desde una apologética levítica. El trasfondo de los Jubileos es un periodo cuando las peculiaridades religiosas y nacionales de Israel estaban en peligro de extinción por una cultura extranjera, esto es, entre 200 y 160 a. C. Reflejan el énfasis puesto sobre el sábado y la circuncisión por los intentos de Antíoco Epífanes de abolir ambas instituciones. Semejante propósito tiene el énfasis puesto para evitar el matrimonio con gentiles e incluso comer con ellos y también la sugerencia de abstención de los juegos del estadio. La carrera victoriosa de los Macabeos es reflejo de la victoria de Jacob y sus hijos sobre los amorreos (xxix. 10–11, xxxiv. 1 y sig.) y las victorias de Juan Hircano sobre los edomitas también son pasado, mientras que Herodes no ha llegado todavía al trono. Las funciones del sumo sacerdote asumidas por la casa de los Macabeos son realidades presentes, estimadas como derechos legítimos. El autor aparece como un fariseo de la facción más estricta, aunque es un ferviente adherente del liderazgo macabeo. El tiempo de composición parece estar a mediados del período del reinado de Juan Hircano. El propósito del autor parece ser sancionar la idea farisea del gobierno de los Macabeos. Aunque el período del reinado de Alejandra, que ha sido propuesto, se adaptaría en algunos aspectos a las circunstancias, no hay atisbo de la ruptura entre fariseos y Macabeos que precedió inmediatamente a ese reinado. Hay poco apoyo para la suposición de que el autor haya usado las visiones del Enoc etíope y que por tanto la composición de Jubileos haya de ser asignada a un tiempo del reinado de Herodes.
El Martirio de Isaías.
Orígenes menciona frecuentemente un escrito judío apócrifo en el que se relata el martirio de Isaías; Epifanio y Jerónimo hablan de una Ascensión de Isaías. El canon Montfauçon cita a Horasis Hesaiou, conocido en el siglo XI de Eutimio Zigabeno; al comienzo del siglo XII Georgius Cedrenus menciona un Testamento de Ezequiel; Sixto Senensis en 1566 habla de una traducción latina de una Visión de Isaías impresa en Venecia 1522 (redescubierta por Gieseler y publicada en 1832). En 1828 Mai publicó los fragmentos de una antigua traducción latina de la Ascensión (Nova collectio, iii. 2, páginas 238–239). En 1819 se arrojó luz sobre la obra de Isaías existente bajo varios nombres, por la publicación por Laurence de una Ascensión de Isaías a partir de un manuscrito etíope. Gfrörer volvió a publicar la traducción latina de Laurence en 1840; Dillmann publicó una edición crítica del etíope con traducción latina en 1877 y Charles editó en 1900 los textos etíope y latino, usando la traducción latina de Bonwetsch a partir de una versión eslava de la Visión y el fragmento griego extenso de Grenfell y Hunt (que publicaron en Amherst Papyri., part i, 1900). La obra contiene una predicción por Isaías en el año 26 de Ezequías sobre la impiedad del reino de Manasés (capítulo uno); después de la muerte de Ezequías, Manasés se entrega al servicio de Satanás e Isaías huye a la soledad (capítulo dos); un tal Belchira acusa a Isaías ante Manasés de agitador contra el rey y el pueblo, espoleado por Satanás, quien odia a Isaías a causa de su profecía de salvación por el Mesías (iii. 1-iv. 22); Manasés manda serrar a Isaías por la mitad (capítulo cinco); en el año 20 de Ezequías, Isaías tiene una visión en la que un ángel le guía al séptimo cielo, donde aprende que Cristo va a descender a la tierra; entonces es dirigido al firmamento donde contempla la vida de Jesús desde su nacimiento hasta su ascensión, luego el ángel regresa al cielo e Isaías a su vida terrenal (vi.–xi). El libro surge de la unión de dos composiciones enteramente discretas, una puramente judía que relata del martirio de Isaías bajo Manasés y la otra una ascensión o visión puramente cristiana; a ellas se añadieron otros dos retazos como introducción y conclusión, junto con piezas más cortas que fueron incorporadas, parte de ellas correspondientes al Testamento de Ezequiel mencionado por Cedrenus. Las leyendas del martirio de Isaías, probablemente influenciadas por elementos legendarios persas, fueron posiblemente conocidas por el autor de la epístola a los Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos a espada; anduvieron de aquí para allá cubiertos con pieles de ovejas y de cabras; destituidos, afligidos, maltratados[…]Hebreos 11:37 y por Justino Mártir (Trypho, cxx), lo que proporciona el terminus ad quem para al menos una parte del libro. El terminus a quo no se puede determinar, pero el origen está relacionado al menos con Además, Manasés derramó muchísima sangre inocente hasta llenar a Jerusalén de un extremo a otro, aparte de su pecado con el que hizo pecar a Judá para que hiciera lo malo ante los ojos del SEÑOR.[…]2 Reyes 21:16 y el desarrollo pertenece al midrash sobre los profetas, que continuó desplegándose con exuberancia en los períodos temprano y medio eclesiástico, proporcionando un estímulo para la fidelidad en tiempo de la persecución. Desde un punto de vista histórico la parte cristiana es más iluminadora que la judía, conectando con las ideas gnósticas y docetas en la Iglesia antigua (comp. xi. 2 y sig.). Aquí la parte más antigua parece ser la sección concluyente, que da nombre al libro entero. En otra parte están descritos los malos pastores y falsos profetas de las comunidades cristianas de principios del siglo segundo (iii. 13 y sig.; comp. el pastor de Hermas y la Didaché).
Otros pseudo-epígrafos históricos.
El primero a ser mencionado es Paralipomena Jeremiæ. El núcleo de este libro, interpolado por cristianos y judíos, se encuentra en la Biblia Abisinia con el doble título Reliquiæ verborum Baruch y Reliquiæ verborum Jeremiæ, puesto con los otros escritos de Baruc y Jeremías. Existe en etíope, griego (Menoeum Græcorum), armenio y eslavo. Comienza, como el Apocalipsis siríaco de Baruc, con los días antes de la cautividad de Jerusalén por los caldeos y la custodia por Jeremías de los objetos del templo. Baruc permanece en Jerusalén, pero Jeremías va a Babilonia. Abimelec, enviado por Jeremías a la viña de Agripa a por higos, cae dormido y se despierta 66 años después, regresa a la ciudad, encuentra todo cambiado y busca a Baruc, quien escribe a Jeremías una carta de que si el pueblo se separa de los paganos volverá a la ciudad. Un águila lleva la carta a Jeremías, junto con los higos que todavía están frescos y Jeremías lleva al pueblo de vuelta. Los judíos que traen esposas babilónicas no son admitidos en la ciudad; entonces fundan Samaria. Jeremías cae como muerto en la ciudad, revive después de tres días y alaba a Dios por la salvación en Cristo y el pueblo lo apedrea hasta la muerte por su profecía. El terminus a quo está determinado por el uso del Apocalipsis siríaco de Baruc; el terminus ad quem es posiblemente la primera década del siglo segundo.
El Libro de José y Asenat, pertenece a la propaganda midrásica contra los matrimonios mixtos, empleando el romance, ampliamente difuso, de que Asenat llegó a ser la esposa de José tras comer con él el "pan de vida bendecido", beber una "poción de inmortalidad" y ser ungida con el "aceite de la incorrupción."
Un libro que trata de la lucha de Moisés con los adivinos egipcios Janes y Jambres (comp. Y habló el SEÑOR a Moisés y a Aarón, diciendo:[…]Éxodo 7:8 y sig.; Y así como Janes y Jambres se opusieron a Moisés, de la misma manera éstos también se oponen a la verdad; hombres de mente depravada, reprobados en lo que respecta a la fe.[…]2 Timoteo 3:8) lo menciona Orígenes (sobre ¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste![…]Mateo 23:37; 27:9), siendo comparado por Schürer con la "Penitencia de Janes y Jambres" del Decretum Gelasii. Plinio (Hist. nat., XXX, i. 11) conoce un libro bajo el nombre de Janes, que puede retroceder a tiempos pre-cristianos.
Otro libro aparte de la Oración de Manasés fue conocido en círculos judíos bajo el título "La conversión de Manasés" (comp. Fabricius, Codex pseudepigraphus Veteris Testamenti, i. 1100–02). Los Libros de Adán son de interés al tratar con especulaciones sobre el hombre original; la narrativa de Génesis se funde con fuentes extranjeras. Un Libro judío de Adán es conocido del Talmud y un Adán apócrifo fue conocido en las Constituciones Apostólicas (vi. 16). Una haggada, originalmente judía pero elaborada por un cristiano, existe bajo el engañoso título "Apocalipsis de Moisés" publicado por Tischendorf en 1866, por Ceriani en 1868, y en la latina Vita Adæ et Evæ (publicada por Meyer, 1878), que retrocede a un original griego. Los dos textos, encontrados en Pseudepigrapha de Kautzsch, se corresponden en parte verbalmente, pero cada uno tiene secciones no encontradas en el otro. Una versión armenia, dependiente de un texto griego (que, sin embargo, no es original), fue proporcionada en traducción inglesa por Conybeare en 1895. El Spelunca thesaurorum publicado por Bezold en siríaco y alemán en 1883-88 está ampliado en una Vita Adami publicada por Trumpp en 1880 del etíope, mientras que la primera parte de la Vita Adami es del Hexaëmeron publicado por Trumpp en 1882. En la más estrecha relación con este círculo está el Testamento de Adán (siríaco y francés por Renan, 1853; fragmento griego por James, 1893). Los setitas gnósticos tuvieron muy pronto un Apocalipsis de Adán y otros gnósticos un Evangelio de Eva. Una Poenitentæ Adæ se condena en el Decretum Gelasii y una "Vida de Adán" es citada por Sincello. Un escrito gnóstico titulado Noria (esposa de Noé) es citado por Epifanio (Hær., xxvi. 1), quien cita también un Descenso de Jacob (1 Y llamó Isaac a Jacob, lo bendijo y le ordenó, diciendo: No tomarás mujer de entre las hijas de Canaán. 2 Levántate, ve a Padán-aram, a casa de Betuel, padre de tu madre; y toma de allí mujer de entre las hijas de Labán, hermano de tu madre. 3 Y el[…]Génesis 28) en Hær., xxx. 16.
Pseudo-epígrafos filosóficos.
Se puede hacer mención de IV de Macabeos o "La supremacía de la razón", que fue falsamente atribuida a Josefo. El libro está basado en 2 Macabeos vi. 18–vii. 42.