Historia

PTOLOMEOS

Ptolomeos es el nombre dinástico de los reyes de origen macedonio que gobernaron en Egipto desde la muerte de Alejandro hasta que los romanos incorporaron el país a su imperio el año 43 antes de Cristo. El nombre significa "guerrero." El asunto tiene interés para el estudiante religioso no sólo por la relación que sostuvieron los miembros de la dinastía con los judíos, sino también a causa de la promoción del saber y los intereses literarios que en lo esencial influyeron directamente en los primeros tres siglos de la era cristiana al desarrollo de la apologética y saber cristiano. Los primeros miembros de la dinastía figuran en los libros apócrifos de Macabeos y en la narrativa de Josefo, mientras que hay alusiones a ellos que se encuentran también en el libro de Daniel.

Ptolomeo I Soter, retrato en un tetradracma de plata; Museo Británico
Ptolomeo I Soter, retrato en un tetradracma de plata;
Museo Británico
Ptolomeo I Soter. También conocido como Ptolomeo Lago (de ahí procede el nombre lágida para la dinastía), fue hijo de Lago y Arsinoe, nació hacia 367. En su juventud fue compañero de juegos de Alejandro. Expulsado de la corte de Filipo de Macedonia en una de las contiendas cortesanas, fue vuelto a llamar al ascenso de Alejandro, alcanzando alto rango y popularidad entre sus compañeros por las raras cualidades de diligencia y por saber eludir las intrigas. A la muerte de Alejandro recibió la provincia de Egipto como sátrapa en 323, estando probablemente determinado totalmente a establecerse como soberano. En 321 su oposición a los planes de Pérdicas, quien fue prácticamente regente tras la muerte de Alejandro, por haber traído el cuerpo del conquistador a Egipto, hizo que Ptolomeo rompiera con Pérdicas, quien invadió Egipto y fue asesinado tras un infructífero ataque contra Ptolomeo. Éste se mantuvo en Egipto contra Antígono, tras intentar en vano apoderarse de Siria, pero gobernó como sátrapa hasta 305 en nombre del joven sucesor de Alejandro. Con la partición del imperio de Alejandro se renovó la lucha entre los poderes del Nilo y el Éufrates por la posesión de Tierra Santa. Hacia 320 Ptolomeo atacó Siria siendo Jerusalén tomada un sábado, cuando los judíos rehusaron luchar. La resistencia de judíos y samaritanos fue el pretexto para la deportación de gran número de ambos pueblos de la ciudad y el país para establecerlos en la nueva ciudad de Alejandría y otras partes de Egipto, mientras que a los inmigrantes voluntarios Ptolomeo les ofreció atractivas ventajas. Durante toda su historia los judíos siempre ha manifestado un apego hacia Egipto y el generoso tratamiento de Ptolomeo hizo que la región fuera atractiva una vez más para ellos. Su aptitud comercial, laboriosidad, alta moralidad y preferencia por los griegos frente a los nativos egipcios les ganaron la confianza de los gobernantes, aunque provocó el odio de la población nativa. Mientras tanto la posesión de Tierra Santa fue arduamente disputada por Ptolomeo y Antígono, en tanto éste vivió, y por su hijo Demetrio. Se libraron batallas decisivas, en las cuales alternativamente Ptolomeo y su oponente fueron victoriosos, en 315, 312, 301, 297 y posteriormente. Mientras tanto Ptolomeo llevó a cabo la reconstrucción de la ciudad de Alejandría, fundando allí el museo y la famosa biblioteca. Reservó la porción nororiental de la ciudad a los judíos, estableciendo allí a los prisioneros de guerra tomados en sus campañas sirias y a los que su política indujo a establecerse voluntariamente. A partir de entonces, los judíos alejandrinos tuvieron una posición honorable en la historia de su nación. Esto es natural cuando se recuerda que Filón estimaba el número de judíos presentes en Egipto en su tiempo en un millón, la mayoría de los cuales estaban en Alejandría. Aunque en la ciudad la mayoría de los judíos vivían en la zona mencionada, no tardaron mucho en tener residencias por toda la capital. La disposición de Ptolomeo, mostrada tanto a los hebreos como a los egipcios, fue cortés y bondadosa, su gobierno fue firme y con tacto, mientras que su propósito era el bienestar del pueblo en lo material, artístico, científico y literario. Con su reinado en Alejandría están asociadas celebridades tales como Demetrio el Falereano, Zenodoto, Hecateo, Euclides y Hierófilo, el anatomista (que pudo haber iniciado la vivisección); Alejandría se convirtió en la ciudad más atractiva del mundo por el saber, arte y ciencia; la literatura floreció, el pueblo ejerció su elección en asuntos de religión y el rey fue popular con todas las clases. Murió en 283 a. C.

Ptolomeo II Filadelfo, busto en bronce.Museo Arqueológico Nacional, Nápoles
Ptolomeo II Filadelfo, busto en bronce.
Museo Arqueológico Nacional, Nápoles
Ptolomeo II Filadelfo (285-247). Estuvo asociado en el gobierno con su padre dos años antes de la muerte de éste, una política que se hizo habitual con esta dinastía. Era el más joven de los hijos de su padre, aunque no se sabe por qué sustituyó a sus hermanos mayores. Que el al principio sintiera que su posición era precaria se muestra por haber ejecutado a un hermano, tal vez dos, por conspiración, y por desterrar al consejero de su padre, quien le había avisado sobre elevar al hijo menor al poder. Siguió la política de su padre al promover las artes y ciencias, continuó la construcción y equipamiento del museo y biblioteca, puso a Zenodoto y luego a Callimaco al cargo de ésta, construyó el faro, edificó templos, fundó ciudades, limpió canales, recuperó tierras desaprovechadas y desarrolló el comercio. La tradición judía lo considera protector especial de la nación, su templo y Escrituras, atribuyéndose a su iniciativa la traducción del Antiguo Testamento hebreo al griego. Su trato hacia la provincia de Siria y Tierra Santa parece haber sido generoso, los impuestos livianos y cuando se pagaron se le concedió autonomía práctica a los habitantes, como se muestra por el hecho de que las contiendas entre samaritanos y judíos eran frecuentes y de que estos últimos estaban también enfrentados con los dominadores del territorio palestino. El golpe de sagacidad diplomática de Ptolomeo fue su embajada a Roma y su generoso tratamiento a los embajadores enviados por el Senado, que continuó al rechazar un préstamo a Cartago. Hacia 280 hizo a Tierra Santa, Coele-Siria y Fenicia parte integral de su reino, permaneciendo ligados a Egipto hasta 198 a. C., cuando Antíoco el Grande las ganó para Siria. Una consecuencia de la conquista de Ptolomeo fue la helenización de Filadelfia, la antigua Rabah Amón, Ptolemaida y Filoteria en el mar de Galilea. Este Ptolomeo comenzó la práctica egipcia común con los posteriores Ptolomeos y se casó con su hermana Arsinoe, aunque este matrimonio tuvo lugar comparativamente tarde en su vida (probablemente en 278-277), figurando ella en las inscripciones repetida y prominentemente.

Ptolomeo III Evergetes,copia de un original del siglo III a. C.Museo Arqueológico Nacional, Nápoles
Ptolomeo III Evergetes,
copia de un original del siglo III a. C.
Museo Arqueológico Nacional, Nápoles
Ptolomeo III Evergetes (247-222). Era el hijo mayor de Filadelfo y parece haber estado asociado con su padre durante varios años en la administración conjunta. Comenzó su reinado con una campaña en Siria, parcialmente para retenerla para el imperio y parcialmente para salvar la vida y vengar el asesinato de su hermana Berenice por su rival Laodice, esposa de Antíoco II Teos. En relación con esta campaña existió antiguamente una inscripción que reclamaba para Ptolomeo la conquista del oriente hasta Media, Susiana y Bactriana. Pero la expedición debió haber sido una mera incursión hasta las regiones del Éufrates, aunque recuperó imágenes transportadas mucho antes por Cambises y por tanto fue popular con los egipcios. Además, confirmó el gobierno de Egipto sobre las regiones al este del Mediterráneo. A su regreso, según relata la tradición judía, el rey ofreció grandes sacrificios en el templo de Jerusalén. Un memorial del suceso y de las actividades internas se encuentra en la estela de Canopo, una inscripción trilingüe del año 238 a. C., que es de valor en varios aspectos. Tras esta guerra, acabada en 245, Evergetes se dedicó a desarrollar los recursos del país, empleando mucho tiempo y dinero también en construir santuarios y templos en Esneh, Edfu, Karnak y Philæ, o en repararlos o adornarlos. Abundan las evidencias que muestran que este Ptolomeo era inclinado hacia los sentimientos religiosos de los egipcios nativos y que los sacerdotes fueron sus constantes consejeros. Su política externa fue de ayuda a los Estados opuestos a Macedonia. Entre sus hechos benéficos el más notorio es el realizado a Rodas tras el gran terremoto de 224, que derribó el famoso Coloso y destruyó los muros y muelles, amenazando el futuro del lugar. Grandes cantidades de dinero, maíz, madera y artesanos y sus salarios confirman la simpatía de Ptolomeo hacia los afectados y su generosidad. Por tanto, bajo los tres primeros Ptolomeos el bienestar de Egipto fue cuidadosamente protegido y promovido. Esos reinos marcan los más prósperos y tal vez felices años que Egipto nunca haya conocido.

Ptolomeo IV Filopator (222–205). Con este rey comienza el declive de la dinastía. Hay razones para dudar si Polibio, la principal autoridad para este reinado, ha descrito correctamente el carácter de este rey al describirlo como asesino, borracho y libertino, indiferente a la responsabilidad del gobierno dentro y a las necesidades de las provincias externas fuera. Este Ptolomeo, que parece haber estado bajo el control total del astuto Sosibio, su inescrupuloso consejero y canciller, está acusado del asesinato de su hermano Magas, su tío Lisímaco, su madre Berenice y su hermana-esposa Arsinoe. Según los historiadores, la insurrección fue la consecuencia natural del fracaso en los asuntos de gobierno, que desembocó en la muerte del célebre Cleomenes, cuyo relato lo proporciona Plutarco en sus "Vidas." La oportunidad presentada la aprovechó Antíoco III el Grande de Siria, que atacó los dominios asiáticos de un rey demasiado indolente o demasiado envuelto en la búsqueda del placer para gobernar en lo interior y defender sus dominios en lo exterior. Estimulado por Teodoto, el gobernador egipcio de Coele-Siria, cuyos méritos no habían sido reconocidos por Ptolomeo, Antíoco comenzó, en 220, una serie de ataques que terminaron con la pérdida de las posesiones asiáticas de la corona egipcia y su toma por el gobierno sirio. En 218 esas regiones parecían estar completamente perdidas para Egipto. Pero Sosibio y su camarilla fueron espoleados por el peligro, usaron la diplomacia del retraso hasta que completaron sus preparativos y en 217 ganaron una decisiva victoria cerca de Rafia. Ptolomeo ni siquiera entonces calculó el peligro, siendo o bien demasiado confiado o bien demasiado indolente para sacar partido de su ventaja, para llegar a un tratado con Antíoco. Hay indicaciones de que después del regreso de Ptolomeo a Egipto hubo una serie de insurrecciones locales o una amplia desafección que requirió considerable tiempo vencer mediante mercenarios. En gran parte parece haber sido una guerra de campesinos, aplastada por la fuerza, traición y crueldad. A pesar de la mala reputación que los informes literarios han dejado de este Ptolomeo, no faltan indicaciones de que fue menos malo de lo que los relatos afirman. No fue enemigo de la literatura e incluso se le adjudica la composición de un drama, continuando la política de sus predecesores respecto a la biblioteca de Alejandría. Inscripciones y registros asociados muestran que el dominio egipcio continuó en tierras distantes, que los romanos enviaron una embajada en su décimo año de reinado y recordaron el entendimiento con Ptolomeo II Fildalefo y que los griegos le reverenciaron. Muestra de su interés por Egipto aparece en los templos que terminó, construyó, reparó o adornó. No obstante, también los informes de los historiadores señalan que al menos los últimos años de su reinado no fueron gloriosos. Él y el reino parecen haber sido gobernados por su amante Agatocleia, su hermano Agatocles y el astuto Sosibio. No es improbable que a los dos primeros se debiera el asesinato de su esposa-hermana Arsinoe. Los judíos parecen haber estado en menos favor en la corte que bajo los reinos anteriores.

Ptolomeo V Epífanes Eucaristo (205–182). Era un niño de cinco años cuando subió al trono, habiendo estado nominalmente asociado durante tres años anteriormente con su padre en el gobierno. La regencia durante su infancia la comenzaron Agatocles y Sosibio, cuyo primer interés fue enviar a regiones distantes o en misiones diplomáticas o de otra índole a todos los de posición eminente que pudieran amenazar su control. El joven rey fue puesto al cuidado de la infame Agatocleia; se reclutaron nuevos mercenarios extranjeros, para que el ejército pudiera estar a la orden de los nuevos amos y proporcionara una fuerza dependiente. Hecho esto, Agatocles se entregó a la disipación, lo que enseguida suscitó la indignación, resentimiento e insurrección. Tlepolemos, un astuto griego y rival de Agatocles, reunió fuerzas, poniendo a éste a la defensiva. En una revuelta Agatocles y toda su familia fueron asesinados. Tlepolemos se convirtió en el primer ministro, mientras que otro griego de excelente carácter fue guardián del rey y gobernador virtual. Los sucesos externos no eran menos tormentosos. Antíoco aprovechó el tiempo propicio para obtener el control de Coele-Syria y Tierra Santa, entrando en Jerusalén en 198, acabando así definitivamente con el dominio egipcio tras derrotar a las fuerzas egipcias bajo el mando de Scopas. Filipo V de Macedonia también tomó bajo su control algunas de las islas griegas que habían sido posesiones egipcias, quedando solo Chipre y Cirene del territorio extranjero gobernado por los Ptolomeos. Antíoco intentó aumentar su ventaja, pero se hizo una apelación a Roma y al sirio se le prohibió dar más pasos hostiles contra Egipto. Mientras tanto se había hecho un tratado por el que Ptolomeo se casaría con Cleopatra, hija de Antíoco, y de esta manera ese célebre nombre se introdujo en Egipto. Ella recibiría como dote los ingresos de las antiguas posesiones de Egipto en el continente asiático, aunque esas regiones estaban guarnecidas por tropas sirias y gobernadas por oficiales sirios. La custodia de Aristómenes continuó con un retorno de la prosperidad, hasta que el codicioso general Scopas intentó una insurrección y fue condenado y ejecutado. Hay claras indicaciones de que las insurrecciones nativas que comenzaron en el reinado precedente continuaron en el alto Egipto y que no fue hasta casi finales del reinado que la región se recuperó completamente de los nubios que habían estado presionándola. En 196 Ptolomeo tomó el poder en sus propias manos, relato que recoge la Piedra Rosetta. En 193 el rey fue a Rafia para encontrarse y casarse con Cleopatra, quien demostró ser una mujer capaz, leal a los intereses de su marido. Ptolomeo intentó mantener los asuntos extranjeros en una condición favorable, enviando una embajada a Roma con dones (que ellos declinaron) y a la liga Aquea, no logrando tampoco resultados. En sus últimos años Ptolomeo parece haber degenerado, suscitando el resentimiento de sus súbditos por la imposición de nuevos impuestos y la usurpación de los privilegios del templo. Una insurrección que estalló fue suprimida con dificultades y el término estuvo marcado con demostraciones de infidelidad y traición por parte del rey. Envenenó a su competente ministro Aristómenes y distanció a sus ayudantes entre la nobleza, probablemente al proponerles soportar los gastos de una invasión a Siria que él contemplaba. En ese tiempo fue envenenado, no improbablemente por la antigua nobleza a quien anteriormente había ofendido. Hizo poco por la construcción y ello en la región de Philæ.

Ptolomeo Eupator (182). Fue el hijo mayor del anterior, que pudo haber reinado aunque durante muy corto tiempo. Los antiguos historiadores unánimemente hacen a Ptolomeo Filometor el sucesor inmediato de Epífanes. Pero los papiros y otros documentos afirman su existencia y reinado, aunque nada se sabe de él salvo que, siguiendo la costumbre de la dinastía, al ser el hijo mayor estuvo asociado con su padre en el gobierno.

Ptolomeo VII Filometor, imagen de un tetradracma en plata; Museo Británico
Ptolomeo VII Filometor, imagen de un tetradracma
en plata; Museo Británico
Ptolomeo VI Filometor (182–¿146?). Era hijo de Ptolomeo V, teniendo sólo siete años cuando le sucedió; pero la reina madre gobernó capazmente durante su minoría, siendo coronado en 173. Cleopatra murió el mismo año y su muerte fue la ocasión para el estallido de hostilidades entre Ptolomeo y Antíoco Epífanes, reivindicando el primero la continuidad de los ingresos de las posesiones asiáticas e insistiendo el segundo en su devolución al erario público sirio. Epífanes se preparó para la guerra, derrotando a los egipcios en Pelusio, capturando a Ptolomeo en Memfis y proclamándose rey de Egipto, haciendo a Ptolomeo su vicerrey en Memfis. Un hermano menor del egipcio, conocido posteriormente como Ptolomeo VII Evergetes II, defendió con éxito Alejandría contra Antíoco y éste se retiró. Los dos hermanos acordaron reinar en conjunto, por lo que Epífanes se decidió a realizar un nuevo ataque contra Egipto, pero el legado romano Marco Popilio Lænas le ordenó firmemente que se retirara. Fue su ira, en parte, la que causó la terrible persecución contra los judíos, haciendo el nombre de Antíoco Epífanes execrable desde entonces. Este suceso hizo una vez más que Egipto se convirtiera en lugar de refugio para los judíos. En 163 los hermanos Ptolomeos riñeron y el joven expulsó al mayor. Éste apeló a Roma y fue restaurado por el Senado, mientras que al joven se le dio el reino de Cirene. Pero Evergetes apeló a Roma pidiendo el control de Chipre, que le fue otorgado a condición de que su hermano consintiera. En una segunda visita a Roma, tras suprimir una insurrección en Cirene, se le prometió de nuevo el reino de Chipre, pero su hermano ya estaba suficientemente consolidado allí con fuerzas, de modo que lo capturó y lo envió de nuevo a su dominio cirenaico y con instrucciones a ser satisfechas (153 a. C.). La guerra estalló entre Filometor y Siria y tras cambiar de lado de Alejandro Balas a Demetrio, Ptolomeo capturó Antioquía, siendo aclamado allí como rey de Siria, pero estableció a Demetrio sobre el trono. En una batalla en 146 cuando estaba luchando con Demetrio contra Alejandro, Ptolomeo se cayó de su caballo y murió unos días más tarde. Durante su reinado continuó las tradiciones de su familia en construir, reparar o adornar templos, dejando huellas en Karnak, Edfu, Kom Ombo, Der al-Medineh, Dabud y Philæ.

Ptolomeo Eupator II. Era hijo de Ptolomeo VI y Cleopatra, siendo un niño cuando su padre murió. Su madre lo proclamó y Ptolomeo VII inmediatamente marchó sobre la capital; pero los romanos intervinieron, le adjudicaron el trono a Ptolomeo VII e hicieron que se casara con Cleopatra. Los informes relatan que el día del matrimonio Ptolomeo Eupator II fue asesinado, por lo que su reinado fue meramente nominal.

Ptolomeo VII Evergetes II (146–117). Mostró tras su ascenso lo que sucesos previos habían indicado, que fue el peor de los Ptolomeos. La rebelión en Siene ya mencionada fue probablemente causada por opresión y desgobierno; mostró trazas de crueldad y venganza, entregándose a los placeres de los sentidos. Al llegar al trono procedió a tomar venganza sobre los que se le habían opuesto, siendo los ricos capturados y ejecutados en sus propiedades confiscadas, mientras que Alejandría fue entregada a los mercenarios para ser saqueada. Ésta parece haber sido su carrera hasta que, en 130, la ciudad estalló en revuelta, quemó su palacio y le obligó a huir. Su hermana Cleopatra fue hecha reina. Pero el año 128 pudo volver y su hermana halló refugio en Antioquía, mientras que Demetrio II intentaba infructíferamente restaurarla. Esta acción la aceptó Ptolomeo como razón suficiente para interferir en los asuntos sirios y durante un tiempo prestó su apoyo al aspirante sirio Alejandro Zabinas, quien tuvo éxito hasta que Ptolomeo transfirió su favor a Antíoco Gripo, quien se casó con Trifena, hermana de Ptolomeo, y asumió la corona siria. Aquí una vez más los Ptolomeos entraron en relaciones con los judíos y este miembro de la familia les mostró tal hostilidad que se desató una batalla literaria entre los judíos y sus oponentes, apareciendo una parte de la defensa judía en las interpolaciones de los Oráculos Sibilinos. Egipto parece haber sido el escenario de revueltas locales durante los restantes seis años del gobierno de Ptolomeo. No obstante, igual que sus predecesores, estuvo involucrado en la reparación o construcción de partes de templos y en sus sentimientos fue el más egipcio de su dinastía. Promovió la literatura y escribió una obra en 24 libros.

Ptolomeo VIII Soter II (117–81). Era hijo de Ptolomeo VII por su sobrina y esposa Cleopatra, de quien se dice que intentó hacerse con el gobierno y asociar a su hijo menor (Ptolomeo IX Alejandro) con ella; mas las fuerzas alejandrinas la obligaron a abandonar esta idea y escoger a Ptolomeo VIII. Pero ella hizo que dejara a su hermana-esposa Cleopatra y se casara con su hermana más joven Selene y envió a Ptolomeo Alejandro a reinar en Chipre. Josefo (Ant., XII, x. 2–4) afirma que tras algunos años de pacífico reinado conjunto, Ptolomeo y Cleopatra se enfrentaron por el tratamiento a los judíos, estando ella favorablemente dispuesto hacia ellos y siendo dos de sus consejeros y generales descendientes de Onías. Cleopatra aparentó que su vida estaba en peligro de Latiro, quien tuvo que salir de Egipto, mientras que Alejandro fue vuelto a llamar desde Chipre para la corregencia (106). Latiro entonces capturó Chipre y en el año 103 intervino en Tierra Santa contra Janneo, a quien derrotó. Josefo atestigua un increíble acto de salvajismo (Ant. XIII, xii. 6) de Latiro en relación con su campaña en Tierra Santa. Se dice que invadió el país, ordenó a sus soldados estrangular a las mujeres y los niños, cortarlos en pedazos y cocerlos, sacrificando los miembros. El propósito agregado era conseguir para su ejército una reputación de severidad que abrumara al enemigo. No es imposible que el propósito del egipcio fuera establecer un reino en Tierra Santa y mantenerlo como punto de partida desde el que obtener entrada de nuevo en Egipto. Pero fue expulsado de Tierra Santa por un ataque por tierra y mar realizado por Cleopatra y Ptolomeo Alejandro. Hacia el año 101 Cleopatra fue asesinada por Ptolomeo IX Alejandro, quien se vio obligado a huir y pereció, ya sea en batalla o en el mar, en 88 a. C. Latiro fue vuelto a llamar por los egipcios y reinó en comparativa calma. El único suceso infeliz fue en el sur, donde Tebas fue centro de una rebelión, promovida por los nubios. Dos años más tarde se vieron obligados a reducir la ciudad, tras lo cual quedó prácticamente destruida. A Ptolomeo se le pidió (c. 87) que prestara su flota a los romanos en la guerra mitridática, pero diplomáticamente eludió la solicitud. Con los atenienses gozó de gran favor. Como los otros Ptolomeos dejó huellas de su dedicación en los templos.

Ptolomeo X Alejandro II. Era hijo de Ptolomeo IX Alejandro y madre desconocida. Su abuela Cleopatra III le envió con sus posesiones a Cos, donde hacia el año 88 fue hecho prisionero por Mitrídates el Grande, siendo tratado bondadosamente. Escapó con Sulla y vivió con él en Roma hasta la muerte de Ptolomeo VIII; luego, cuando la hija de éste, Cleopatra-Berenice III, trató de apoderarse de la soberanía, los alejandrinos enviaron a Roma por él. Se arregló un matrimonio nominal entre él y su madrastra, pero tras 19 días él la asesinó, por lo que los soldados se rebelaron y lo mataron. Con él termina la sucesión masculina legítima.

El resto de la dinastía tiene poco interés. El reino estaba maduro para caer en manos de los romanos cuando sus empresas en otras partes se lo permitieran, tal como la guerra en España, la guerra con los piratas y con Mitrídates.

Ptolomeo XI Filopator Filadelfo (80–51). Apodado por los alejandrinos Auletes, "el flautista", se casó con su hermanastra Cleopatra Trifena, quien sería la madre de la famosa Cleopatra, y también con una dama desconocida que fue la madre de Ptolomeo XII y Ptolomeo XIII, cuyos reinados fueron sólo nominales. Su reinado fue turbulento, lleno de vicisitudes y hacia el fin del mismo se mantuvo en el trono contra los deseos de los egipcios únicamente por las tropas romanas. Tras su muerte reinó Cleopatra, con intervalos de gobierno turbulento o en conjunto con los otros Ptolomeos, y luego sobrevino el gobierno de los romanos.