Historia
PTOLOMEOS
- Ptolomeo I Soter
- Ptolomeo II Filadelfo
- Ptolomeo III Evergetes
- Ptolomeo IV Filopator
- Ptolomeo V Epífanes Eucaristo
- Ptolomeo Eupator
- Ptolomeo VI Filometor
- Ptolomeo Eupator II
- Ptolomeo VII Evergetes II
- Ptolomeo VIII Soter II
- Ptolomeo X Alejandro II
- Ptolomeo XI Filopator Filadelfo

Museo Británico

Museo Arqueológico Nacional, Nápoles

copia de un original del siglo III a. C.
Museo Arqueológico Nacional, Nápoles
Ptolomeo IV Filopator (222–205). Con este rey comienza el declive de la dinastía. Hay razones para dudar si Polibio, la principal autoridad para este reinado, ha descrito correctamente el carácter de este rey al describirlo como asesino, borracho y libertino, indiferente a la responsabilidad del gobierno dentro y a las necesidades de las provincias externas fuera. Este Ptolomeo, que parece haber estado bajo el control total del astuto Sosibio, su inescrupuloso consejero y canciller, está acusado del asesinato de su hermano Magas, su tío Lisímaco, su madre Berenice y su hermana-esposa Arsinoe. Según los historiadores, la insurrección fue la consecuencia natural del fracaso en los asuntos de gobierno, que desembocó en la muerte del célebre Cleomenes, cuyo relato lo proporciona Plutarco en sus "Vidas." La oportunidad presentada la aprovechó Antíoco III el Grande de Siria, que atacó los dominios asiáticos de un rey demasiado indolente o demasiado envuelto en la búsqueda del placer para gobernar en lo interior y defender sus dominios en lo exterior. Estimulado por Teodoto, el gobernador egipcio de Coele-Siria, cuyos méritos no habían sido reconocidos por Ptolomeo, Antíoco comenzó, en 220, una serie de ataques que terminaron con la pérdida de las posesiones asiáticas de la corona egipcia y su toma por el gobierno sirio. En 218 esas regiones parecían estar completamente perdidas para Egipto. Pero Sosibio y su camarilla fueron espoleados por el peligro, usaron la diplomacia del retraso hasta que completaron sus preparativos y en 217 ganaron una decisiva victoria cerca de Rafia. Ptolomeo ni siquiera entonces calculó el peligro, siendo o bien demasiado confiado o bien demasiado indolente para sacar partido de su ventaja, para llegar a un tratado con Antíoco. Hay indicaciones de que después del regreso de Ptolomeo a Egipto hubo una serie de insurrecciones locales o una amplia desafección que requirió considerable tiempo vencer mediante mercenarios. En gran parte parece haber sido una guerra de campesinos, aplastada por la fuerza, traición y crueldad. A pesar de la mala reputación que los informes literarios han dejado de este Ptolomeo, no faltan indicaciones de que fue menos malo de lo que los relatos afirman. No fue enemigo de la literatura e incluso se le adjudica la composición de un drama, continuando la política de sus predecesores respecto a la biblioteca de Alejandría. Inscripciones y registros asociados muestran que el dominio egipcio continuó en tierras distantes, que los romanos enviaron una embajada en su décimo año de reinado y recordaron el entendimiento con Ptolomeo II Fildalefo y que los griegos le reverenciaron. Muestra de su interés por Egipto aparece en los templos que terminó, construyó, reparó o adornó. No obstante, también los informes de los historiadores señalan que al menos los últimos años de su reinado no fueron gloriosos. Él y el reino parecen haber sido gobernados por su amante Agatocleia, su hermano Agatocles y el astuto Sosibio. No es improbable que a los dos primeros se debiera el asesinato de su esposa-hermana Arsinoe. Los judíos parecen haber estado en menos favor en la corte que bajo los reinos anteriores.
Ptolomeo V Epífanes Eucaristo (205–182). Era un niño de cinco años cuando subió al trono, habiendo estado nominalmente asociado durante tres años anteriormente con su padre en el gobierno. La regencia durante su infancia la comenzaron Agatocles y Sosibio, cuyo primer interés fue enviar a regiones distantes o en misiones diplomáticas o de otra índole a todos los de posición eminente que pudieran amenazar su control. El joven rey fue puesto al cuidado de la infame Agatocleia; se reclutaron nuevos mercenarios extranjeros, para que el ejército pudiera estar a la orden de los nuevos amos y proporcionara una fuerza dependiente. Hecho esto, Agatocles se entregó a la disipación, lo que enseguida suscitó la indignación, resentimiento e insurrección. Tlepolemos, un astuto griego y rival de Agatocles, reunió fuerzas, poniendo a éste a la defensiva. En una revuelta Agatocles y toda su familia fueron asesinados. Tlepolemos se convirtió en el primer ministro, mientras que otro griego de excelente carácter fue guardián del rey y gobernador virtual. Los sucesos externos no eran menos tormentosos. Antíoco aprovechó el tiempo propicio para obtener el control de Coele-Syria y Tierra Santa, entrando en Jerusalén en 198, acabando así definitivamente con el dominio egipcio tras derrotar a las fuerzas egipcias bajo el mando de Scopas. Filipo V de Macedonia también tomó bajo su control algunas de las islas griegas que habían sido posesiones egipcias, quedando solo Chipre y Cirene del territorio extranjero gobernado por los Ptolomeos. Antíoco intentó aumentar su ventaja, pero se hizo una apelación a Roma y al sirio se le prohibió dar más pasos hostiles contra Egipto. Mientras tanto se había hecho un tratado por el que Ptolomeo se casaría con Cleopatra, hija de Antíoco, y de esta manera ese célebre nombre se introdujo en Egipto. Ella recibiría como dote los ingresos de las antiguas posesiones de Egipto en el continente asiático, aunque esas regiones estaban guarnecidas por tropas sirias y gobernadas por oficiales sirios. La custodia de Aristómenes continuó con un retorno de la prosperidad, hasta que el codicioso general Scopas intentó una insurrección y fue condenado y ejecutado. Hay claras indicaciones de que las insurrecciones nativas que comenzaron en el reinado precedente continuaron en el alto Egipto y que no fue hasta casi finales del reinado que la región se recuperó completamente de los nubios que habían estado presionándola. En 196 Ptolomeo tomó el poder en sus propias manos, relato que recoge la Piedra Rosetta. En 193 el rey fue a Rafia para encontrarse y casarse con Cleopatra, quien demostró ser una mujer capaz, leal a los intereses de su marido. Ptolomeo intentó mantener los asuntos extranjeros en una condición favorable, enviando una embajada a Roma con dones (que ellos declinaron) y a la liga Aquea, no logrando tampoco resultados. En sus últimos años Ptolomeo parece haber degenerado, suscitando el resentimiento de sus súbditos por la imposición de nuevos impuestos y la usurpación de los privilegios del templo. Una insurrección que estalló fue suprimida con dificultades y el término estuvo marcado con demostraciones de infidelidad y traición por parte del rey. Envenenó a su competente ministro Aristómenes y distanció a sus ayudantes entre la nobleza, probablemente al proponerles soportar los gastos de una invasión a Siria que él contemplaba. En ese tiempo fue envenenado, no improbablemente por la antigua nobleza a quien anteriormente había ofendido. Hizo poco por la construcción y ello en la región de Philæ.
Ptolomeo Eupator (182). Fue el hijo mayor del anterior, que pudo haber reinado aunque durante muy corto tiempo. Los antiguos historiadores unánimemente hacen a Ptolomeo Filometor el sucesor inmediato de Epífanes. Pero los papiros y otros documentos afirman su existencia y reinado, aunque nada se sabe de él salvo que, siguiendo la costumbre de la dinastía, al ser el hijo mayor estuvo asociado con su padre en el gobierno.

en plata; Museo Británico
Ptolomeo Eupator II. Era hijo de Ptolomeo VI y Cleopatra, siendo un niño cuando su padre murió. Su madre lo proclamó y Ptolomeo VII inmediatamente marchó sobre la capital; pero los romanos intervinieron, le adjudicaron el trono a Ptolomeo VII e hicieron que se casara con Cleopatra. Los informes relatan que el día del matrimonio Ptolomeo Eupator II fue asesinado, por lo que su reinado fue meramente nominal.
Ptolomeo VII Evergetes II (146–117). Mostró tras su ascenso lo que sucesos previos habían indicado, que fue el peor de los Ptolomeos. La rebelión en Siene ya mencionada fue probablemente causada por opresión y desgobierno; mostró trazas de crueldad y venganza, entregándose a los placeres de los sentidos. Al llegar al trono procedió a tomar venganza sobre los que se le habían opuesto, siendo los ricos capturados y ejecutados en sus propiedades confiscadas, mientras que Alejandría fue entregada a los mercenarios para ser saqueada. Ésta parece haber sido su carrera hasta que, en 130, la ciudad estalló en revuelta, quemó su palacio y le obligó a huir. Su hermana Cleopatra fue hecha reina. Pero el año 128 pudo volver y su hermana halló refugio en Antioquía, mientras que Demetrio II intentaba infructíferamente restaurarla. Esta acción la aceptó Ptolomeo como razón suficiente para interferir en los asuntos sirios y durante un tiempo prestó su apoyo al aspirante sirio Alejandro Zabinas, quien tuvo éxito hasta que Ptolomeo transfirió su favor a Antíoco Gripo, quien se casó con Trifena, hermana de Ptolomeo, y asumió la corona siria. Aquí una vez más los Ptolomeos entraron en relaciones con los judíos y este miembro de la familia les mostró tal hostilidad que se desató una batalla literaria entre los judíos y sus oponentes, apareciendo una parte de la defensa judía en las interpolaciones de los Oráculos Sibilinos. Egipto parece haber sido el escenario de revueltas locales durante los restantes seis años del gobierno de Ptolomeo. No obstante, igual que sus predecesores, estuvo involucrado en la reparación o construcción de partes de templos y en sus sentimientos fue el más egipcio de su dinastía. Promovió la literatura y escribió una obra en 24 libros.
Ptolomeo VIII Soter II (117–81). Era hijo de Ptolomeo VII por su sobrina y esposa Cleopatra, de quien se dice que intentó hacerse con el gobierno y asociar a su hijo menor (Ptolomeo IX Alejandro) con ella; mas las fuerzas alejandrinas la obligaron a abandonar esta idea y escoger a Ptolomeo VIII. Pero ella hizo que dejara a su hermana-esposa Cleopatra y se casara con su hermana más joven Selene y envió a Ptolomeo Alejandro a reinar en Chipre. Josefo (Ant., XII, x. 2–4) afirma que tras algunos años de pacífico reinado conjunto, Ptolomeo y Cleopatra se enfrentaron por el tratamiento a los judíos, estando ella favorablemente dispuesto hacia ellos y siendo dos de sus consejeros y generales descendientes de Onías. Cleopatra aparentó que su vida estaba en peligro de Latiro, quien tuvo que salir de Egipto, mientras que Alejandro fue vuelto a llamar desde Chipre para la corregencia (106). Latiro entonces capturó Chipre y en el año 103 intervino en Tierra Santa contra Janneo, a quien derrotó. Josefo atestigua un increíble acto de salvajismo (Ant. XIII, xii. 6) de Latiro en relación con su campaña en Tierra Santa. Se dice que invadió el país, ordenó a sus soldados estrangular a las mujeres y los niños, cortarlos en pedazos y cocerlos, sacrificando los miembros. El propósito agregado era conseguir para su ejército una reputación de severidad que abrumara al enemigo. No es imposible que el propósito del egipcio fuera establecer un reino en Tierra Santa y mantenerlo como punto de partida desde el que obtener entrada de nuevo en Egipto. Pero fue expulsado de Tierra Santa por un ataque por tierra y mar realizado por Cleopatra y Ptolomeo Alejandro. Hacia el año 101 Cleopatra fue asesinada por Ptolomeo IX Alejandro, quien se vio obligado a huir y pereció, ya sea en batalla o en el mar, en 88 a. C. Latiro fue vuelto a llamar por los egipcios y reinó en comparativa calma. El único suceso infeliz fue en el sur, donde Tebas fue centro de una rebelión, promovida por los nubios. Dos años más tarde se vieron obligados a reducir la ciudad, tras lo cual quedó prácticamente destruida. A Ptolomeo se le pidió (c. 87) que prestara su flota a los romanos en la guerra mitridática, pero diplomáticamente eludió la solicitud. Con los atenienses gozó de gran favor. Como los otros Ptolomeos dejó huellas de su dedicación en los templos.
Ptolomeo X Alejandro II. Era hijo de Ptolomeo IX Alejandro y madre desconocida. Su abuela Cleopatra III le envió con sus posesiones a Cos, donde hacia el año 88 fue hecho prisionero por Mitrídates el Grande, siendo tratado bondadosamente. Escapó con Sulla y vivió con él en Roma hasta la muerte de Ptolomeo VIII; luego, cuando la hija de éste, Cleopatra-Berenice III, trató de apoderarse de la soberanía, los alejandrinos enviaron a Roma por él. Se arregló un matrimonio nominal entre él y su madrastra, pero tras 19 días él la asesinó, por lo que los soldados se rebelaron y lo mataron. Con él termina la sucesión masculina legítima.
El resto de la dinastía tiene poco interés. El reino estaba maduro para caer en manos de los romanos cuando sus empresas en otras partes se lo permitieran, tal como la guerra en España, la guerra con los piratas y con Mitrídates.
Ptolomeo XI Filopator Filadelfo (80–51). Apodado por los alejandrinos Auletes, "el flautista", se casó con su hermanastra Cleopatra Trifena, quien sería la madre de la famosa Cleopatra, y también con una dama desconocida que fue la madre de Ptolomeo XII y Ptolomeo XIII, cuyos reinados fueron sólo nominales. Su reinado fue turbulento, lleno de vicisitudes y hacia el fin del mismo se mantuvo en el trono contra los deseos de los egipcios únicamente por las tropas romanas. Tras su muerte reinó Cleopatra, con intervalos de gobierno turbulento o en conjunto con los otros Ptolomeos, y luego sobrevino el gobierno de los romanos.