Historia
PURGATORIO

Hospital de la Caridad, Sevilla
La enseñanza de la Iglesia ortodoxa es la siguiente:
'¿Qué es necesario destacar de las almas que han partido con fe, pero sin haber tenido tiempo de dar frutos dignos de arrepentimiento?
Que pueden ser ayudadas para la obtención de una bendita resurrección por las oraciones ofrecidas en su favor, especialmente al ser ofrecidas en unión con la oblación del sacrifico incruento del cuerpo y sangre de Cristo y por obras de misericordia hechas en fe por su memoria.
¿Eh qué se basa esta doctrina?
En la constante tradición de la Iglesia católica, cuyas fuentes se pueden apreciar incluso en la Iglesia del Antiguo Testamento. Judas Macabeo ofreció sacrificios por sus hombres que habían caído (2 Macabeos 12:43). La oración por los que han partido ha formado siempre parte de la liturgia divina, desde la primera del apóstol Santiago. San Cirilo de Jerusalén dice: "Muy grande será el beneficio para aquellas almas por las que la oración es ofrecida en el momento cuando el sacrifico santo e imponente se ejerce (Lecturas mistagógicas, v. 9). San Basilio de Cesarea, en sus Oraciones por Pentecostés dice que "el Señor nos concede recibir nuestras oraciones y sacrificios propiciatorios por los que están en el Hades, dándonos la esperanza de procurarles la paz, rescate y libertad."
'1030. Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.
1031. La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los concilios de Florencia y de Trento. La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura, habla de un fuego purificador: "Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Por eso os digo: todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.[…]Mateo 12:31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro." [San Gregorio Magno]
1032. Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: "Por eso mandé [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 Macabeos 12:46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos:
"Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre, ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos." [San Juan Crisóstomo]'
(Catecismo de la Iglesia católica)

La doctrina del purgatorio de la Iglesia católica es que las almas que parten de esta vida en estado de gracia, pero con pecados veniales o culpables de algún castigo una vez que la culpa de los pecados ha sido removida, están sujetas a un proceso de limpieza antes de entrar en el cielo. Las almas detenidas allí son ayudadas por las oraciones de los fieles. Esas almas probablemente oran a Dios en favor de aquellos que son conocidos a ellas en la tierra, e inspiran a los vivos a ofrecer oraciones en su favor. En cuanto a la localización del lugar, la naturaleza de las penas o la duración del proceso purificador son cuestiones a las que la Iglesia católica no da respuesta.