Historia

PURIFICACIÓN DE LAS MADRES, RITO DE

Según las prescripciones de 1 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo: 2 Habla a los hijos de Israel y diles: "Cuando una mujer dé a luz y tenga varón, quedará impura por siete días; como en los días de su menstruación, será impura. 3 "Al octavo día la carne del prepucio del niño s[…]Levítico 12 las mujeres eran consideradas ceremonialmente impuras tras dar a luz y dado que María se sometió a la ordenanza de la purificación (Cuando se cumplieron los días para la purificación de ellos, según la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor[…]Lucas 2:22), la idea halló cabida en la Iglesia.

Purificación de María y presentación de Jesús en el temploSalterio De Lisle
Purificación de María y presentación de Jesús en el templo
Salterio De Lisle
Dionisio de Alejandría, en su epístola a Basílides da por sentado que las madres piadosas no se acercarán a la mesa del Señor hasta que estén ceremonialmente limpias y Zonaras y Balsamon le dieron fuerza canónica. Según el ritual establecido para la primera visita a la iglesia (Goar, Euchologion, página 257), la madre estaba presente el día cuadragésimo de su parto con su hijo y su padrino; el sacerdote ofrecía una oración por su purificación completa y otra por la criatura, acompañada con el signo de la cruz; luego, llevando a la criatura, introducía a la madre dentro de la iglesia con una fórmula apropiada. En un ritual etíope madre e hijo eran ungidos en la frente con óleo. La Iglesia occidental tomó una posición diferente. Gregorio Magno escribió en respuesta a una pregunta de Agustín de Canterbury que las madres recientes podían abstenerse durante un tiempo de la comunión por la reverencia, pero que no debían ser condenadas si la recibían poco después del parto, entrando esta decisión en el derecho canónico (Decreta Gregorii, iii. 47). Sin embargo, la costumbre occidental era llevar a la madre formalmente a la iglesia, con el recién nacido, normalmente el cuadragésimo día, manteniéndose la idea de la purificación, simbolizada por la aspersión con agua bendita en la puerta de la iglesia. En el Rituale Romanum, editado por Pablo V en 1614, hay un oficio para la "bendición de la mujer tras el parto". El sacerdote, portando una estola blanca, recibe a la mujer en la puerta, y tras la recitación del 1 Salmo de David. Del SEÑOR es la tierra y todo lo que hay en ella; el mundo y los que en él habitan. 2 Porque El la fundó sobre los mares, y la asentó sobre los ríos. 3 ¿Quién subirá al monte del SEÑOR? ¿Y quién podrá estar en su lugar santo? 4 El d[…]Salmo 24 le extiende uno de los extremos de la estola e introduce a la mujer en la iglesia; ella se arrodilla ante el altar mientras que se dicen ciertas oraciones, acabando con una bendición. La Reforma en Alemania, en su mayor parte, abolió la ceremonia por dar origen a errores y abusos, aunque algunas iglesias la retuvieron, dando un carácter evangélico al rito, insistiéndose frecuentemente en el deber de dar gracias tras el feliz parto. En el periodo racionalista la práctica de impartir una bendición espacial a la madre se abandonó, aunque hasta hoy es usual pedir a la congregación que ore por ella y la criatura en su primera aparición en la iglesia; varios libros de servicio luteranos contienen un oficio para su bendición en el altar tras el servicio público. Tal oficio también se halla en el Libro de Oración Común de la Iglesia anglicana. Su título en el primer libro de Eduardo VI fue "Orden de purificación de las mujeres", pero fue cambiado en el segundo a "Acción de gracias de las mujeres tras el parto, comúnmente llamado rito de purificación."