Historia

REALISMO

Realismo en filosofía es la postura que atribuye a las cosas que se conocen o se perciben una existencia o naturaleza que es independiente de si alguien las piensa o percibe. Una de las primeras y más famosas doctrinas realistas es la teoría de Platón sobre las formas, que afirma que cosas tales como lo bello o lo justo existen más allá y por encima de los objetos particulares bellos y los actos particulares justos en los que se manifiestan y ejemplifican en forma más o menos imperfecta; las formas mismas no se conciben localizadas ni en el tiempo ni en el espacio. Aunque el término usual de Platón para ellas (eido) a veces se traduce por idea, él no las concibe en la mente sino en abstracto, existiendo independientemente tanto de la actividad mental como de las cosas sensibles particulares. Como tal están fuera del alcance de la percepción sensorial, a la que Platón concede solo creencias sobre apariencias, en oposición al conocimiento de lo que es verdaderamente real. De hecho, las formas son conocibles solo por el intelecto filosóficamente preparado.

Aunque la interpretación de la teoría de Platón sigue siendo un asunto de controversia erudita, no hay duda de que su promulgación inició una disputa interminable sobre la existencia de los universales, concebidos, en oposición a los particulares, como entidades o propiedades generales, que pueden estar plenamente presentes en diferentes tiempos y lugares o manifestarse mediante muchos objetos particulares distintos. Aristóteles, alumno de Platón, reaccionó contra el realismo extremo de su maestro, resumido en la tesis universalia ante res, según la cual los universales existen por sí mismos, antes e independientemente de su manifestación en los particulares sensibles. Aristóteles defendió un realismo más moderado de universalia in rebus, por el que los universales no tienen existencia independiente sino que existen en los particulares que los manifiestan.

En el periodo medieval los defensores de un amplio realismo aristotélico fueron combatidos por nominalistas y conceptualitas. Los nominalistas, especialmente Guillermo de Occam, subrayaron que todo en el mundo lingüístico es particular. Argumentaron que los universales son meramente palabras que tienen una aplicación general, aplicación que está suficientemente explicada por la referencia a las similitudes entre los diversos particulares a los que las palabras se aplican. Los conceptualistas concordaron con los nominalistas en que todo es particular, pero sostuvieron que las palabras que tienen aplicación general lo hacen en virtud de su utilidad como intermediarios mentales, llamados generalmente ideas o conceptos.

Aunque es medieval en origen, esta idea tiene su mejor adaptación en la teoría del filósofo inglés John Locke de las ideas abstractas, así llamadas porque se suponen que están formadas de las ideas totalmente particulares suplidas en la experiencia por la "abstracción" de sus diferencias, para dejar solo lo que es común a todas ellas. La doctrina de Locke fue criticada vigorosamente en el siglo XVIII por sus sucesores empiristas, George Berkeley y David Hume, quienes razonaron que las ideas que se corresponden a las palabras generales están plenamente determinadas y particularizadas y que su generalidad de aplicación se logra al hacer que una idea particular sirva indiferentemente como representante de muchas.