Historia
REFORMA
- Panorama histórico
- Ataque contra el carácter y motivos de los reformadores
- Minimizando el elemento religioso
- Sus bases
- Tres principios del protestantismo
- La Reforma en los diferentes países. Alemania. Primer período

Panorama histórico.
Fue un movimiento religioso saludable, por un lado protestando contra los abusos en la Iglesia católica y por otro suponiendo un regreso a la Escritura en su sentido más simple. Primordialmente no era político, ni filosófico, ni literario, sino religioso y moral. No fue una revolución abrupta, sino que hunde sus raíces en la Edad Media. Hubo muchos "reformadores antes de la Reforma". La presión constante en la Iglesia medieval hacia una reforma, los escritos de hombres como Marsilio de Padua y Jorge de Heimburg, el largo conflicto entre los emperadores alemanes y los papas, los concilios reformadores de Pisa, Constanza y Basilea, las sectas heréticas como los humiliati, valdenses y albigenses en Francia, norte de Italia y Austria, Wycliffe y los lolardos en Inglaterra, Hus, los husitas y los Hermanos Bohemios en Bohemia, Arnaldo de Brescia y Savonarola en Italia, la piedad espiritualista y la teología de los místicos de los siglos XIV y XV, los escritos teológicos de Wessel y Goch en Alemania y Holanda, el surgimiento de las lenguas nacionales y las letras en conexión con la conciencia nacional, la invención de la imprenta, el humanismo y el avivamiento de las letras y el saber clásico bajo la dirección de Agrícola, Reuchlin y Erasmo, fueron todos ellos factores preparativos para la Reforma. En estos y otros similares movimientos el impulso se manifestaba en favor de una concepción más espiritual del cristianismo, de la idea devocional opuesta a la sacramental, de la individual opuesta a la jerárquica y en favor de la comunión inmediata de todos los cristianos con Dios, aparte de la ayuda sacerdotal. Las iglesias evangélicas reclaman una parte de la heredad de toda la historia precedente y se sienten deudoras con los misioneros, estudiosos, Padres, confesores y mártires de todas las edades, pero insisten en la autoridad inmediata de Cristo y sus órganos inspirados como final. La Reforma está relacionada con el catolicismo medieval como la Iglesia apostólica con la sinagoga judía, o el evangelio con la dispensación de la ley.
El contexto histórico en el que se fragua la Reforma se podría bosquejar en el siguiente diagrama:
| TIPO DE CAMBIO | DESCRIPCIÓN |
|---|---|
| Político | Surgimiento de los Estados nacionales: Inglaterra, Francia, España. Recelo de los gobernantes hacia las intromisiones ajenas. |
| Social | Desaparición del feudalismo como estructura social. Aparición de una clase media: la burguesía. Auge del comercio y la artesanía. |
| Geográfico | Descubrimiento de nuevas rutas y nuevos mundos. Colón, Magallanes, Vasco de Gama. |
| Técnico | Invención de la imprenta. |
| Intelectual | Surgimiento del humanismo y derrumbe del escolasticismo. Espíritu crítico, nacimiento de la ciencia como método de conocimiento. |
| Religioso | Movimientos disidentes: lolardos, husitas, etc. Escándalos del catolicismo: Cisma de occidente, cautividad babilónica del papado, corrupción del clero. |

instrumento de los demonios
La idea de que el movimiento fue una etapa en el desarrollo legítimo de la Iglesia es combatida por los historiadores católicos y por escritores de la escuela anglo-católica de la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia episcopal protestante de América. Esos escritores tratan la Reforma como un error o un crimen. Fue un crimen porque sus dirigentes deliberadamente resquebrajaron la unidad de la Iglesia occidental. Fue un error porque impidió el crecimiento ordenado de la Iglesia bajo la dirección de su ordenada jerarquía y desembocó en un declive de la influencia de la Iglesia en las naciones y la cristiandad. Los principales representantes de esta idea son Döllinger, en su primer período antes de 1870, el cardenal Hergenröther, Janssen, Denifle, Nicolas Paulus, el cardenal Newman y F. A. Gasquet (The Eve of the Reformation, Londres, 1905). Historiadores católicos tales como Hefele y Funk defienden la misma idea con un matiz moderado. El propio término (Neuerung, "innovación") que los católicos alemanes, Denifle, Funk y otros, adjudican a la Reforma cataloga al movimiento como una ruptura violenta con la historia precedente de la Iglesia y una desviación de la verdadera forma de cristianismo. Los escritores católicos siguen tres métodos para mostrar que la Reforma fue una ruptura dañina y violenta: (1) Los motivos y carácter de los reformadores mismos son descritos como irreligiosos y a veces sórdidos. Este método se le aplicó a los reformadores en su propio día o poco después de su muerte. Lutero fue acusado de cometer suicidio, Calvino de sodomía y Knox con las mismas u otras ofensas. La causa que produjo la Reforma fue el crudo egocentrismo y carnalidad de Lutero y en Inglaterra el sensualismo y orgullo monárquico de Enrique VIII. Esos hombres, con Calvino, quien es comparado por Döllinger y otros con Marsilio de Padua, groseramente rompieron la autoridad legítima de la Iglesia e ilegalmente sirvieron a sus propias ambiciones y merecieron el título y destino de los herejes. Los ataques magnifican las imperfecciones de los reformadores y pasan por alto sus buenas cualidades y sus propósitos de hacer lo bueno. Niegan las declaraciones de aquellos que estuvieron cerca de esos hombres y, como en el caso de Lutero, distorsionan en una confesión de carnalidad y ordinariez las declaraciones aisladas hechas por Lutero mismo en su propia forma vigorosa y exagerada de lenguaje, que tuvo sus excesos. (2) Las doctrinas que los reformadores promulgaron se declaran no sólo antibíblicas y contrarias a la tradición de la Iglesia sino inmorales. Entre los primeros representantes de este método estuvo Johann Eck. No ha habido ninguno más capaz que Denifle. Éste, en una prolongada discusión, cataloga la doctrina de Lutero de la justificación por la fe no sólo como la madre de la impiedad sino el resultado de los propios hábitos carnales de Lutero, quien, incapaz de refrenar sus apetitos, finalmente les dio rienda suelta y se inventó la doctrina como tapadera de sus excesos. Por esa doctrina quería decir "uno puede ser tan inmoral como le plazca, ya que la fe le salvará". Denifle presenta contra este principio el que él atribuye a la Iglesia católica de la salvación por la fe que actúa por el amor. El amor es el elemento que se expresa en obediencia y conformidad al ejemplo moral de Cristo. Este elemento lo dejó a un lado Lutero intencionalmente. Para tener justificación, Denifle toma una declaración de uno de los sermones de Lutero y luego le da una interpretación para que sirva a sus objetivos de justa crítica. (3) De la Reforma se dice que ocasionó un brusco frenazo en las fuerzas de progreso y mejora que estaban en marcha en la Iglesia. Janssen (History of the German People at the Close of the Middle Ages, 12 volúmenes, Londres, 1896 y sig.) ha presentado esta idea muy sutil y hábilmente. La obra produjo una impresión destacada cuando apareció en alemán y tuvo numerosas ediciones. Subrayando las fuerzas educativas que estaban activas, ciertos movimientos económicos en la sociedad, algunos tratados devocionales que aparecieron en Alemania, etc., confunde al lector al suponer que esas corrientes desconectadas fueron un gran factor que impulsaba el océano de la reforma social y eclesiástica que dirigentes como Gerson y Clamanges habían procurado y que concilios reformadores habían intentado alcanzar. Lutero no solo detuvo este movimiento de progreso sino que lo retrasó y comenzó en Alemania una era de desintegración social e impiedad individual que el mundo occidental todavía sufre. Janssen traza la actividad benéfica del siglo XV "a la doctrina del mérito de las buenas obras, enseñada por la Iglesia que en esa época todavía continuaba dominando las mentes." La teoría, tal como Janssen la manejó, ignora la corrupción de la corte papal a finales del siglo XV y comienzos del XVI, pasa por alto el completo fracaso del quinto concilio de Letrán, que fue clausurado pocos meses antes de que Lutero clavara sus tesis, para poner las reformas en marcha y escamotea la general perturbación de la cristiandad occidental. También deja sin considerar el hecho de que la mayoría de los países leales al catolicismo desde la era de la Reforma, como Austria, España y Latinoamérica han ido muy por detrás, en asuntos de civilización y progreso humano, respecto a las partes protestantes del mundo, como Inglaterra, Alemania y Norteamérica. Burckhardt en su History of the Italian Renaissance declara, con no poca probabilidad, que en realidad el papado fue salvado por la Reforma.
Minimizando el elemento religioso.
Otra teoría de origen posterior es la que hace al elemento religioso secundario en la Reforma o lo minimiza hasta darle poca importancia. Esta teoría supone la singular concepción de que el observador moderno conoce mejor lo que estaba en las mentes de Lutero, Calvino y Latimer que lo que esos hombres sabían. Ellos tenían la impresión de que eran movidos por consideraciones religiosas y tenían fines religiosos, pero estaban equivocados. Sus oponentes, igualmente, estaban confundidos al oponerse a ellos con argumentos extraídos de la religión. Más aún, la vasta literatura producida en la edad de la Reforma fue escrita con una idea equivocada de lo que la batalla significaba. Cambios duraderos sociales, políticos y económicos siguieron a la Reforma que estaban envueltos en sus principios, pero primordialmente el movimiento fue una revuelta de la conciencia contra los abusos en la Iglesia y una proclamación de nuevo del evangelio. Esta fue, en cualquier caso, la idea que los reformadores tenían de sí mismos.
Sus bases.
El movimiento comenzó con la pregunta práctica: ¿Cómo puede la conciencia turbada encontrar perdón y paz y estar segura de la salvación personal? Retuvo del sistema católico todas las doctrinas objetivas del cristianismo sobre la Trinidad y el carácter y la obra de Cristo; de hecho retuvo todo lo contenido en el Credo de los Apóstoles y en otros credos ecuménicos de la Iglesia antigua. Pero se pronunció de manera diferente en la prevaleciente soteriología, esto es, la aplicación de las doctrinas del cristianismo, especialmente la justificación del pecador ante Dios, el carácter de la fe, las buenas obras, los derechos de la conciencia, la regla de fe y el significado y número de los sacramentos. Puso al creyente en relación directa y unión con Cristo como única y suficiente fuente de salvación, dejando a un lado las doctrinas de la mediación e intercesión sacerdotal. El protestante va directamente a la Palabra de Dios para instrucción y al trono de la gracia para su devociones, mientras que el católico piadoso consulta la enseñanza de su Iglesia y prefiere ofrecer sus oraciones a la Virgen y a los santos.

De este principio general de la libertad evangélica, y directamente relacionado con la relación del creyente con Cristo, proceden las tres doctrinas fundamentales del protestantismo: La absoluta supremacía de la (1) Palabra y los (2) principios de la gracia de Cristo y (3) el sacerdocio general de todos los creyentes. El primero es denominado principio formal, o mejor, objetivo; el segundo, el material, o mejor, el principio subjetivo y el tercero puede ser llamado el principio social o eclesiástico. Los escritores alemanes subrayan los dos primeros, pero a veces pasan por alto el tercero, que es de igual importancia.
(1) El principio objetivo proclama que las Escrituras canónicas, especialmente el Nuevo Testamento, son la fuente infalible y regla de fe y práctica, afirmando el derecho de interpretación privada del mismo, en distinción a la idea católica, que declara a la Biblia y a la tradición fuentes parejas y reglas de fe, haciendo de la tradición, especialmente de los decretos de los papas y concilios, el único intérprete legítimo e infalible de la Biblia. En su forma extrema Chillingworth expresó este principio de la Reforma en la bien conocida fórmula: "La Biblia, toda la Biblia y nada más que la Biblia es la religión de los protestantes." Sin embargo, el protestantismo en ninguna manera desprecia o rechaza la autoridad de la Iglesia como tal, sino solo la subordina, y mide su valor, de acuerdo a la Biblia. De ahí que, a pesar de tener sus propios símbolos y normas de doctrina, retiene todos los artículos de los antiguos credos y un gran número de tradición ritual y disciplinaria, rechazando solo aquellas doctrinas y ceremonias para las cuales no hay una seguridad clara en la Biblia o que contradicen su espíritu y letra. Las ramas calvinistas del protestantismo fueron más allá en su antagonismo para recibir tradiciones que los luteranos y anglicanos; pero todos rechazan la autoridad del papa, lo meritorio de las buenas obras, las indulgencias, la veneración de la Virgen, los santos y las reliquias, los sacramentos (aparte del bautismo y la eucaristía), el dogma de la transubstanciación y el sacrifico de la misa, el purgatorio y las oraciones por los muertos, la confesión auricular, el celibato del clero y el sistema monástico.
(2) El principio subjetivo de la Reforma es la justificación por la fe sola, o más, bien, por la gracia a través de la fe operativa en las buenas obras. Hace referencia a la apropiación personal de la salvación cristiana y procura dar toda la gloria a Cristo, al declarar que el pecador es justificado ante Dios (es decir, perdonado de la culpa y declarado justo) únicamente sobre la base de los méritos suficientes de Cristo, captados por una fe viva, en oposición a la teoría entonces prevaleciente, y sancionada sustancialmente por el concilio de Trento, que hace a la fe y buenas obras fuentes parejas de justificación, poniendo el énfasis sobre las obras. El protestantismo no desprecia las buenas obras, pero niega su valor como fuente o condición de la justificación e insiste en ellas como fruto necesario de la fe y evidencia de la justificación.
(3) El sacerdocio universal de los creyentes implica el derecho y deber de los laicos cristianos no solo a leer la Biblia en la lengua vernácula sino también a tomar parte en el gobierno y en todos los asuntos públicos de la Iglesia. Se opone al sistema jerárquico, que coloca la esencia y autoridad de la Iglesia en un sacerdocio exclusivo y hace a los sacerdotes ordenados los mediadores necesarios entre Dios y el pueblo.

El movimiento en Alemania fue dirigido por el genio y energía de Lutero y el saber y moderación de Melanchthon, ayudados por los electores de Sajonia y otros príncipes y sostenidos por la mayoría del pueblo, a pesar de la oposición de los obispos y del emperador Carlos V. Comenzó en la universidad de Wittenberg con una protesta contra el tráfico de indulgencias el 31 de octubre de 1517 y pronto se esparció por toda Alemania, que estaba en diversas formas preparada para una ruptura con el papa. Al principio Lutero contemplaba con horror la idea de una separación de las tradiciones del pasado y atacó unos pocos abusos, dando por hecho que el papa mismo los condenaría si se le informaba. Pero la irresistible lógica de los sucesos le puso en irreconciliable conflicto con la autoridad central de la Iglesia. León X, en julio de 1520, pronunció la sentencia de excomunión contra Lutero, quien, a su vez, quemó la bula. La dieta de Worms en 1521 añadió a la excomunión del papa la condena del emperador. La firme posición del monje, ante los poderes combinados civil y eclesiástico de la época, es una de las escenas más sublimes de la historia y marca una época en el progreso de la libertad. La insatisfacción con los diversos abusos de Roma y el deseo para la libre predicación del evangelio eran tan extensos, que la Reforma, tanto en sus características negativas como positivas, se difundió, a pesar de la bula del papa y la condena del emperador, echando firmes raíces antes de 1530 en la mayor parte del norte de Alemania, especialmente en Sajonia, Brandeburgo, Hesse, Pomerania, Mecklenburgo, Lüneburgo, Frisia y en casi todas las ciudades libres, como Hamburgo, Lübeck, Bremen, Magdeburgo, Frankfort y Nuremberg; mientras que en Austria, Baviera y a lo largo del Rin, fue perseguida y suprimida. Entre las causas principales de su rápido progreso estuvieron los escritos de los reformadores, la versión alemana que Lutero hizo de la Biblia y los himnos evangélicos, que introdujeron las nuevas ideas en la adoración pública y el corazón del pueblo. La dieta de Spira en 1526 dejó a cada Estado seguir su propia discreción sobre la cuestión de la Reforma hasta que un concilio general lo resolviera todo, sancionando de este modo el principio de independencia territorial en asuntos de religión; cada soberano tenía su propia organización eclesiástica separada en estrecha unión con el Estado. La siguiente dieta de Spira (en 1529) prohibió el progreso de la Reforma. Contra este decreto de la mayoría católica, los príncipes evangélicos, conscientes de los inalienables derechos de la conciencia y el decreto de la dieta anterior, protestaron vehementemente el 19 de abril de 1529, lo que suscitó el nombre de "protestantes." La dieta de Augsburgo, en 1530, donde los luteranos ofrecieron su principal confesión de fe, elaborada por Melanchthon amenazó a los protestantes con medidas violentas si no regresaban a la antigua Iglesia. Éste fue el primer período de la Reforma alemana.

Desde 1530 a la Guerra de los Treinta Años.
El segundo periodo abarca la formación de la Liga Protestante de Esmalcalda para la defensa armada del luteranismo, las diversas conferencias teológicas de las dos facciones para una resolución de la controversia, la muerte de Lutero (1546), los Interim o compromisos imperiales, la Guerra de Esmalcalda, que acabó con el triunfo del ejército protestante bajo Mauricio de Sajonia y el tratado de Passau, 1552, que daba reconocimiento legal a los protestantes. Fue confirmado en la dieta de Augsburgo. El tercer período, desde 1555 a 1580, se caracterizó por las violentas controversias internas dentro de la Iglesia luterana: la controversia de Osiander sobre la justificación y santificación; la adiaforista, que surgió originalmente de los Interim; la sinergista, sobre las buenas obras y la cripto-calvinista, o controversia sacramentaria, sobre la presencia real en la Cena.

Suiza
La Reforma en Suiza fue contemporánea con la de Alemania, aunque independiente de ella, y resultó en la comunión reformada distinta a la luterana. En todos los principios y doctrina esenciales, salvo el modo de la presencia de Cristo en la Cena, la reforma helvética concordó con la alemana, pero se distanció más de las tradiciones recibidas en asuntos de gobierno, disciplina y adoración y procuró una reforma más radical moral y práctica del pueblo. Se divide naturalmente en tres períodos. El de Zwinglio, desde 1516 a 1531; el calvinista, hasta la muerte de Calvino en 1564 y el período de Bullinger y Beza, a finales del siglo XVI. El primero pertenece principalmente a los cantones alemanes, el segundo a los franceses y el tercero a ambos. Zwinglio comenzó su predicación contra varios abusos en Einsiedeln, en 1516, y luego, con más energía y eficacia, en Zurich, en 1519. Al principio tuvo el consentimiento del obispo de Constanza, quien le ayudó a combatir la venta de indulgencias en Suiza, siendo grandemente considerado incluso por el nuncio papal. Pero en 1522 ocurrió una ruptura, cuando Zwinglio atacó los ayunos como invenciones humanas y muchos de sus oyentes cesaron de observarlos.


Aunque la reforma en Alemania y Suiza contó con la mayoría de la población, en Francia se encontró con la oposición unida de la corte, la jerarquía y el sentimiento popular, teniendo que pasar por pruebas y persecuciones severas. Muchos de los primeros protestantes fueron ejecutados o tuvieron que exiliarse. Fue solo tras el establecimiento de la Reforma en la Suiza francesa que el movimiento arraigó en el reino vecino. La primera congregación protestante se formó en París en 1555 y el primer sínodo celebrado en la misma ciudad en 1559. En 1561, en la conferencia teológica en Poissy, Theodore Beza elocuentemente, pero en vano, defendió la causa de los protestantes ante los dignatarios de la Iglesia católica, originándose allí el nombre "reformados" como designación eclesiástica. En 1571 el sínodo general en La Rochelle adoptó la Confesión Galicana y un sistema de gobierno y disciplina esencialmente calvinista, aunque modificado por las circunstancias peculiares de una Iglesia que no estaba en unión con el Estado (como en Ginebra), sino en antagonismo. Inevitablemente el movimiento asumió un carácter político que desembocó en una serie de guerras civiles, que perturbaron a Francia hasta finales del siglo XVI. La facción católica, respaldada por la mayoría de la población, estaba encabezada por los duques de Guisa y aspiraba al trono, entonces ocupado por la casa de Valois. La facción protestante (o hugonotes), numéricamente débil, pero teniendo en sus filas a algunos de los talentos más nobles de Francia, estaba encabezada por el príncipe de Navarra, siguiente heredero al trono. La reina regente, Catalina, durante la minoría de sus hijos (Francisco II y Carlos IX), aunque decididamente católica en sentimiento, intentó frenar a ambas facciones, a fin de controlarlas. Pero los partidarios de Roma tomaron posesión de París, mientras que el príncipe de Condé ocupó Orleáns. La vergonzosa y sangrienta masacre de los hugonotes el día de San Bartolomé, 24 de agosto de 1572, descabezó pero no aniquiló a la facción protestante y el ascenso al trono de Enrique de Navarra, quien, tras el asesinato de Enrique III en 1589, se convirtió en rey de Francia como Enrique IV, pareció decidir el triunfo del protestantismo en Francia. Pero la facción católica, todavía más numerosa y poderosa y apoyada por España y el papa, eligió un rival y amenazó con sumir al país en un nuevo baño de sangre. Entonces Enrique, por motivos políticos y patrióticos, en 1593 abjuró de la fe protestante en la que había sido criado, diciendo "París bien vale una misa." Al mismo tiempo procuró, en 1598, que sus antiguos correligionarios, que entonces tenían 760 congregaciones por todo el reino, pudieran tener existencia legal y el derecho de ejercer libremente su religión, mediante el célebre Edicto de Nantes. Pero la Iglesia reformada en Francia, tras florecer durante un tiempo, fue asolada por nuevos desastres bajo el despotismo de Richelieu, reduciéndola finalmente, tras la revocación del edicto de Nantes por Luis XIV en 1685, a una "Iglesia del desierto". Sobrevivió a las más crueles persecuciones y enriqueció mediante los miles de exiliados a los países protestantes que los recibieron en Europa y América.

De un dibujo de Felipe Ward
El movimiento fue inspirado en parte por las obras de Lutero, pero mayormente por las influencias reformada y calvinista de Suiza y Francia. Sus primeros mártires Esch y Voes, fueron quemados en Amberes en 1523 y celebrados por Lutero en un poema. El brazo despótico de Carlos V y de su hijo Felipe II recurrió a las más severas medidas para aplastar el insurgente espíritu de libertad religiosa y política. El duque de Alba sobrepasó a los emperadores paganos de Roma en crueldad y según Grocio aniquiló a 100.000 protestantes holandeses durante los seis años de su mandato (1567-73). Finalmente las siete provincias septentrionales formaron una República federal, primero bajo el liderazgo de Guillermo de Orange y, tras su asesinato (1584), bajo su hijo Mauricio y tras una larga y heroica lucha lograron su independencia de la Iglesia católica y de la corona española. Las provincias meridionales permanecieron católicas y sujetas a España. El primer sínodo reformado holandés se celebró en Dort en 1574 y al año siguiente se fundó la universidad de Leiden. La Iglesia reformada de Holanda adoptó el Catecismo de Heidelberg, la Confesión Belga y los Cánones de Dort de 1618-19. En los Países Bajos el sistema del arminianismo fue elaborado por alumnos de Beza, zambullendo a la Iglesia holandesa en una larga y enconada controversia. El arminianismo se difundió por Inglaterra en la última parte del reinado de Jacobo I y bajo Laud, siendo adoptado por John Wesley.

La preparación para la Reforma vino por los trabajos y martirios de Jan Hus y Jerónimo de Praga. Su seguidores, los husitas, habrían prevalecido en las guerras que emprendieron si no hubieran estado divididos por disensiones internas entre calixtinos, utraquistas y taboritas. De sus restos surgió la Unitas Fratrum o Hermanos Bohemios. A pesar de violentas persecuciones, se perpetuaron en Bohemia y Moravia. Cuando la Reforma surgió, enviaron varias diputaciones a Lutero y muchos de ellos abrazaron la doctrina de la Confesión de Augsburgo, pero la mayoría se pasó a la comunión reformada o calvinista. Durante el reinado de Maximiliano II hubo grandes perspectivas para la conversión de toda la nación bohemia; pero la Guerra de los Treinta Años y la Contrarreforma aplastaron el protestantismo y dejaron Bohemia en un escenario de desolación. Un jesuita llamado Anton Koniasch (1737) se jactaba de haber quemado más de 60.000 libros bohemios, principalmente Biblias. Los Hermanos Bohemios que tuvieron que huir a Moravia se convirtieron, bajo el cuidado del conde Zinzendorf, en el núcleo de la Iglesia morava. Pero incluso en Bohemia el protestantismo no pudo ser totalmente aniquilado y comenzó a levantar cabeza cuando el emperador José II publicó el Edicto de Tolerancia el 29 de octubre de 1781. El avivamiento del patriotismo y literatura checa vino en su ayuda. El quinto centenario de Hus se celebró en Praga en 1869, estando marcado por la publicación de Documenta Magistri Johannis Hus, edición de F. Palacky (Praga, 1869).
Hungría
Este país entró en contacto con la Reforma primero por discípulos de Lutero y Melanchthon que habían estudiado en Wittenberg después de 1524. Fernando I otorgó a algunos magnates y ciudades libertad de adoración y Maximiliano II (1564-76) amplió la medida. Mátyas Biró Dévay, el primer patriota y dirigente, fue al principio luterano, pero en sus últimos años adoptó las ideas del reformador suizo. El sínodo de Erdöd, en 1545, organizó la Iglesia luterana y el sínodo de Czenger, en 1557, la reformada. Rodolfo II, al suprimir la libertad religiosa, provocó que el príncipe Stephen Bocskag de Transilvania, fortalecido por su alianza con los turcos, reconquistara mediante las armas (1606) la plena tolerancia para luteranos y calvinistas en Hungría y Transilvania, la cual bajo sus sucesores Bethlen Gábor y George Rákóczy I, fue confirmada por los tratados de Nikolsburg (1622) y Linz (1645). En Transillvania, el socinianismo también halló refugio, manteniéndose hasta hoy.

Hermanos Bohemios fugitivos y los escritos de los reformadores alemanes fueron el origen del movimiento en Polonia. El rey Segismundo Augusto (1548-72) lo favoreció, manteniendo correspondencia con Calvino. El protestante más distinguido de ese país fue el calvinista Johannes a Lasco. En el sínodo general de Sendomir (Consensus Sendomiriensis), en 1570, se llegó a un compromiso entre las facciones luterana y reformada, pero las posteriores disensiones internas, el aumento del socinianismo y los esfuerzos de los jesuitas anularon el protestantismo en ese país. Las regiones de Courlandia, Livonia y Estonia abrieron sus puertas a la Reforma y adoptaron la confesión de Augsburgo.
Escandinavia
Los reformadores de Suecia fueron dos hermanos, Olav y Lars Petri, discípulos de Lutero, quienes, tras 1519, predicaron contra el estado existente de la Iglesia. Fueron ayudados por Lorenz Anderson. Gustav Vasa, quien liberó al país de los daneses en 1523, favoreció el protestantismo y todo el país, incluyendo los obispos, siguieron su ejemplo. En 1527 la Reforma fue legalizada y en 1593 el sínodo de Upsala confirmó y terminó la obra al adoptar la Confesión de Augssburgo original, con exclusión de cualquier otra. Suecia retuvo la forma episcopal de gobierno en la unión más estrecha con el Estado. Éste país prestó gran servicio a la causa del protestantismo en Europa por su rey Gustavo Adolfo en la Guerra de los Treinta Años. En 1877 se otorgó la total libertad religiosa.
Dinamarca llegó a ser de manera semejante un territorio exclusivamente luterano, con una forma episcopal de gobierno eclesiástico-estatal, bajo Christian III. Los nuevos obispos recibieron la ordenación presbiteriana a través de Bugenhagen y son por tanto meramente superintendentes, igual que los obispos de la Iglesia evangélica de Prusia. Una dieta en Copenhague en 1536 destruyó el poder político del clero católico y dividió dos terceras partes de la propiedad de esa Iglesia entre la corona y la nobleza. El resto se dedicó a la nueva organización eclesiástica. Desde Dinamarca la Reforma pasó a Noruega en 1536. El arzobispo de Drontheim huyó con los tesoros de la Iglesia a Holanda; otro obispo dimitió; un tercero fue encarcelado y el clero inferior fue dejado a la elección entre el exilio y la sumisión al nuevo orden de cosas, prefiriendo la mayoría esta última opción. Islandia, que entonces estaba sometida al gobierno danés, igualmente se sometió a la Reforma danesa.

La batalla entre la antigua y la nueva religión duró más en Inglaterra y Escocia que en el continente y continuó en sucesivas oleadas hasta finales del siglo XVII; pero dejó finalmente una impresión muy fuerte sobre el carácter de la nación y afectó profundamente a su política e instituciones sociales. En teología el protestantismo inglés era dependiente de la Reforma continental, especialmente de las ideas y principios de Calvino; pero mostraba una mayor energía política y poder de organización. Fue desde el principio un movimiento tanto político como religioso, de ahí que proporcionara un mayor alcance a la corruptora influencia de la ambición egoísta y pasión violenta que la Reforma en Alemania y Suiza; pero pasó también a través de severas pruebas y persecuciones. En la Reforma inglesa se pueden distinguir cinco periodos. El primero, desde 1527 a 1547, testificó de la abolición de la autoridad del papado bajo Enrique VIII, siendo el hecho culminante la aprobación del Acta de Supremacía en 1534 que hacía del rey "la única cabeza en la tierra de la Iglesia de Dios llamada Anglicana ecclesia." Enrique se enfrentó al papa por motivos puramente personales y egoístas, porque éste se negó a consentir que se divorciara de Catalina de Aragón. "El defensor de la fe", título que le fue dado por el papa por su defensa de los siete sacramentos contra Lutero, permaneció en doctrina y sentimiento religioso siendo católico hasta el fin de su vida y a su muerte los denominados "artículos sangrientos", que imponían bajo las más severos castigos el dogma de la transubstanciación, confesión auricular, misas privadas y celibato del sacerdocio, fueron impuestos. Castigó con igual severidad a protestantes que a católicos disidentes que se atrevieran a dudar de su jefatura sobre la Iglesia de Inglaterra. Pero aunque destruyó el poder del papa y del monasticismo en Inglaterra, un movimiento más importante y profundo se sucedía entre el pueblo, bajo la influencia de las tradiciones derivadas de Wiclif y los lolardos, los escritos de los reformadores continentales y principalmente de la versión inglesa de las Escrituras. El segundo período abarca el reinado de Eduardo VI, desde 1547 a 1553 y marca la introducción positiva de la Reforma. Su principal instrumento eclesiástico, Cranmer, fue ayudado en la obra por Ridley y Latimer y por varios teólogos reformados del continente a quienes llamó a Inglaterra, especialmente Bucero de Estrasburgo, que fue elegido profesor en Cambridge y Pietro Martire Vermigli de Zurich, durante algún tiempo profesor en Oxford. Las obras más importantes de este período y de hecho de toda la Reforma inglesa, además de la versión inglesa de la Biblia, fueron los Cuarenta y dos artículos de la Religión (posteriormente reducidos a Treinta y Nueve Artículos) y el Libro de Oración Común.

Mientras el papa languidece, Thomas Cranmer está al lado del heredero como consejero

El primer impulso para la Reforma en Escocia procedió de Alemania y Suiza. Copias de los escritos de los reformadores continentales llegaron hasta el norte. Entre sus primeros mártires estuvieron Patrick Hamilton y George Wishart, que pasaron algún tiempo en el continente y fueron condenados a la hoguera por el arzobispo Beaton. El movimiento fue dirigido a una conclusión victoriosa bajo la guía de John Knox. El parlamento de 1560 formalmente introdujo la Reforma y adoptó la Primera Confesión Escocesa, elaborada a su solicitud por Knox, Spottiswoode, Row y tres más, prohibiendo, bajo severos castigos, el ejercicio de la adoración católica. Esta confesión permaneció en vigor hasta la adopción de la Confesión de Westminster en 1648. En 1651 se publicó el Primer Libro de Disciplina, dando a la nueva Iglesia una organización completamente presbiteriana, culminando en una asamblea general de ministros y ancianos. El modo de adoración, proporcionado en el Book of Our Common Order adoptado en 1564, quedó reducido a la mayor simplicidad, con un decidido predominio del elemento didáctico. Knox siguió estrechamente el modelo establecido por la Iglesia de Ginebra, a la que él estimaba "la mejor escuela de Cristo desde los días de los apóstoles." Cuando la desafortunada María Estuardo comenzó su reinado, en agosto de 1561, hizo un intento de restaurar la religión católica. Pero su propia imprudencia y la determinada resistencia de Knox y la nación, frustraron sus planes. Tras huir a Inglaterra (1568), el protestantismo fue de nuevo declarado la única religión de Escocia y recibió sanción formal y legal bajo la regencia de Murray. El segundo período en la Reforma escocesa incluye el determinado conflicto entre Andrew Melville, campeón del presbiterianismo, y Jacobo VI, que se inclinaba por la derrota de las formas presbiterianas de gobierno de adoración y la introducción del episcopado según el modelo en boga en Inglaterra.

Las primeras huellas destacables de la Reforma en Italia aparecen en el norte, en Venecia, pero la culminación se alcanzó en el sur, en Nápoles. El primer y creciente período se sitúa entre 1520, cuando los escritos de la Reforma alemana cruzaron por vez primera los Alpes, y 1540 o 1541, el año de la muerte Valdés, quien creó un selecto círculo en Nápoles que fue la mayor fuerza intelectual y original de los reformadores italianos. Casi simultáneamente con el nacimiento del círculo evangélico en Nápoles se produjo (1542) la sistemática y deliberada reacción instigada desde Roma; la bula de Pablo III, Licet ab initio, por cuyos términos la Inquisición quedaba organizada según el modelo español y se extendía por toda Italia (salvo Nápoles), fue el estallido de la tormenta. Con actividad incansable hasta 1570, este tribunal, dirigido personalmente por los papas, utilizó toda la influencia política de la curia y realizó su trabajo, obligando a varios defensores principales de la Reforma a huir y mediante las mazmorras, el fuego y el agua aniquiló el movimiento. Lo que todavía sobrevivió en la senda de la tendencia evangélica durante los años posteriores de este segundo período, quedó despojado de todos los esfuerzos por una reforma interior de la Iglesia y permaneció en deliberada, casi mordaz, oposición a Roma, entrando en ciertas tendencias radicales que se manifestaron en Alemania, pero particularmente en los Países Bajos, donde los dirigentes de una Reforma conservadora evangélica resistieron férreamente con fuerza.
En Venecia hasta 1527 no hubo evidencia de medidas represivas más allá de la repetida quema de escritos reformadores de origen alemán; pero hacia finales de 1530 el nuncio papal, Caraffa (posterior Pablo IV), se interpuso contra los "herejes" con gran firmeza e incluso sentenció a un franciscano, Girolamo Galateo (nacido en Venecia en 1490), a la muerte, sin obtener confirmación para la ejeceución del Senado. Quedó encarcelado durante siete años, luego fue liberado, pero en 1540 fue arrestado de nuevo y, quebrantado por sus anteriores sufrimientos, murió al año siguiente. Su "Apología", dedicada al Senado, impresa en Bolonia en 1541, bosquejaba un notorio plan de reforma interna de la Iglesia, que delata la influencia de doctrinas alemanas y sobre la cuestión del libre albedrío, los sacramentos, la veneración de los santos y otros puntos es auténticamente bíblico. En un informe que Caraffa preparó para la curia se mencionaban otros dos herejes destacados. Bartolomeo Fonzio era un veneciano que incurrió en la suspensión del oficio sacerdotal en 1529, escapando a Alemania y estando presente en Marburgo en 1530. Se escribió con Bucero en 1531. Fue probablemente Fonzio, a pesar de su posterior negativa, quien tradujo el tratado de Lutero An den christlichen Adel al italiano. Posteriormente estuvo de nuevo activo en Italia y en 1558 fue arrestado en Cittadella, no lejos de Venecia; fue sentenciado a muerte y abogado, por 44 "erróneas doctrinas" extraídas de sus escritos. Cuando Caraffa preparó el informe ya mencionado, en 1532, vivía también en Venecia el fugitivo florentino, Antonio Bruccioli, quien prestó al movimiento de la Reforma grandes servicios al elucidar e imprimir escritos bíblicos en lengua italiana. Quedó bajo sospecha y así continuó y a pesar de una retractación ocasional fue repetidamente llevado a juicio. Murió en prisión en 1566. Como es su caso fue también el de Fra Baldo Lupetino de Albona en Istria y Baldassare Altieri, de Aquila, en territorio napolitano, perteneciendo su actividad religiosa y su secuela tanto al primer como segundo período de la historia de la Reforma italiana.
Mientras tanto, la doctrina había encontrado su auténtico y vital centro en Italia en el círculo de Juan de Valdés en Nápoles. El biógrafo de Caraffa (Caraccioli, Vita di Papa Paolo IV, manuscrito en el Museo Británico) con buenas razones declara que Nápoles era el "nido de la herejía"; pero es falsa la tradición que afirma que la creencia luterana fue llevada allí por soldados alemanes tras el saqueo de Roma en 1527. Desde 1536 en adelante hay un grupo que incluye a Valdés mismo, dedicado a las doctrinas fundamentales de la Reforma alemana e influenciado por el misticismo, y en el que estaban incluidos los más importantes miembros de la Reforma italiana: Bernardino Ochino, Pietro Martire Vermigli, Pietro Carnesacchi, Benedetto di Mantua (revisor del pequeño libro "Del beneficio de la muerte de Cristo", probablemente de A. Palerio), Mario Galeata, Francesco d'Alvise de Caserta, Giovanni Bugio, Galeazzo Caraccioli, Marcantonio Flaminio y otros que parcialmente, es verdad, nunca fueron más allá de intentar una reforma desde dentro de la Iglesia. El artículo central en el que todos convergían en doctrina era el principio de la justificación por la fe. Para Valdés no era importante la estructura externa de la Iglesia, estando lejos de intentar elevar el nivel de la revuelta contra las instituciones eclesiásticas, al no ser un organizador; sus enseñanzas se abrieron paso más allá del círculo cuyo centro estaba marcado por su personalidad, iluminada por una piedad profunda, siendo sólo por accidente que sus escritos fueran preservados como legados preciosos por sus amigos. El principal servicio en este sentido lo realizó la más noble de sus discípulos, Giulia Gonzaga, duquesa de Traetto.


Existe mejor información sobre lo que ocurrió desde el principio de la enérgica reacción en Venecia y en sus dominios que en referencia a los sucesos y alcance de la represión en la Italia meridional y central. En Venecia el movimiento estuvo relacionado con la situación política general y el Senado, desde el tiempo de la caída de la facción protestante en Alemania por la Guerra de Esmalcalda, cambió su actitud y se mostró mucho más dócil con la curia de lo que anteriormente había sido. Mientras tanto un nuevo movimiento religioso había surgido en Venecia. En 1550 Julio III afirmó que podría haber 1.000 venecianos que pertenecieran a la secta anabaptista. De este modo salió a la luz un nuevo grupo, ya que los anteriores defensores de la Reforma no pertenecían a la reforma radical, sino a la conservadora, tal como era promulgada por Lutero. Ambas tendencias fueron colaterales en progreso desde mediados de siglo y ambas contaron con nombres eminentes, pero la actitud de mutuo antagonismo por parte de sus dirigentes contribuyó aún más a que la fuerza bruta de su enemigo común anulara el movimiento. Entre los defensores de la Reforma conservadora hay que citar a hombres como Pietro Speziali (en Cittadella) y Francesco Spiera. Entonces el ya mencionado Fra Baldo Lupetino se vio atrapado por su destino y sólo durante un poco más de tiempo pudo Baldassare Altieri de Aquila, que había estado en correspondencia con Lutero, Bullinger y otros, trabajar en el frente de la derrotada facción de Esmalcalda una vez que se vio obligado a dejar Venecia en 1529. Una transición al constante crecimiento de la facción anabaptista lo proporciona Francesco Negri de Bassano, así como Celio Secondo Curione. Sin embargo, el padre propiamente dicho de los anabaptistas italianos fue Camillo de Sicilia, quien, tras su conversión, se denominó a sí mismo "Renato." Su sistema es bastante espiritualista; cualquiera que es elegido recibe el "Espíritu"; los hijos del "Espíritu" meramente duermen al morir, para entrar en una forma más elevada de ser posteriormente; el resto perecerán en la destrucción. Los sacramentos son sólo emblemas, Cristo es por encima de todo un hombre divinamente favorecido, etc. Sus fundamentos teológicos estaban fijados en un "concilio" organizado, por 70 de sus representantes, en Venecia en 1550, aunque no sin la separación de una facción radical más moderada, por lo que hubo tres grupos distintos, en lugar de dos, como previamente, en el protestantismo en Italia. En el destino posterior de las congregaciones anabaptistas, que estaban estrechamente asociadas con el centro de la causa anabaptista moderada en Nikolsburg en Moravia, se encuentran dos brillantes mártires en el período en el que la tormenta comenzó a rugir: Giulio Gherlandi y Francesco della Saga, que fueron víctimas de la Inquisición veneciana en 1555. Entre los defensores de la Reforma en territorio veneciano se puede finalmente citar al obispo Pier Paolo Vergerio, porque, según su propia afirmación, la verdad del evangelio quedó impresa indeleblemente en él en Padua, en el lecho de muerte del desafortunado Spiera y porque la Inquisición en Venecia le sometió a un tedioso juicio. Estas disputas le proporcionaron una fuente inagotable de armas contra la Iglesia católica extraídas del armamento de su propia experiencia y conocimiento exacto de la jerarquía, si bien no se puede comparar con los hombres de la primera generación en devoción desinteresada por la verdad, valentía y gozo en el sacrificio. Tampoco sus escritos pueden equipararse con los otros frutos del movimiento, tal como algunos de ellos se muestran en la Bitlioteca della Riforma Italiana (6 volúmenes, Florencia, 1881-86).

El movimiento evangélico en España fue precedido, a la vez que fue simultáneo, por los movimientos de los místicos y humanistas. Los místicos, denominados alumbrados, mostraban una cierta actitud independiente hacia los preceptos externos de la Iglesia católica. Francisco de Osuna, en 1527, en la tercera parte de su Abecedario (Toledo, 1527) subraya la inutilidad de todas las buenas obras y la necesidad de la "fe sola." El humanismo de Erasmo encontró un entusiasta admirador en Alfonso de Valdés, secretario imperial. Su hermano Juan trabajó en favor del principio de la justificación por la fe dentro de la Iglesia católica, particularmente en Italia, antes de que se abandonaran los intentos de reconciliación con los protestantes. Los hermanos Jaime y Francisco de Enzinas tuvieron que enfrentar la persecución y Francisco de San Román, enviado a Bremen, 1541, asistió a un culto evangélico quedando profundamente impresionado por el sermón de Jacobus Probst. Leyó literatura evangélica y elaboró un catecismo en español. A su regreso a Amberes fue detenido y encarcelado durante ocho meses. En Lovaina, Enzinas le quiso disuadir de predicar por su falta de preparación y experiencia, pero estimulado por su celo, fue a Regensburgo, donde estaba el emperador presidiendo la dieta. Allí fue arrestado y tras la partida del emperador, 29 de julio de 1541, fue llevado a Italia y a España encadenado, siendo entregado en Mallorca a la Inquisición. Trasladado a Valladolid, sería quemado en la hoguera como hereje obstinado en 1542. Francisco de Enzinas, tras ir a Wittenberg y traducir el Nuevo Testamento del griego al español, fue encarcelado en 1543, pero dos años más tarde pudo escapar. Su hermano Jaime tradujo un catecismo al español, pero en 1545 fue arrestado en Roma y murió en la hoguera en 1547. Juan Díaz de Cuenca, población natal de los hermanos Valdés, estudió teología en París durante 13 años, siendo convertido por Jaime de Enzinas. Tras una estancia de varios meses en Ginebra con Calvino, 1545, y tras ayudar a Bucero en el coloquio de Regensburgo, se retiró a Neuburgo y publicó su breve Summa (1546). A instigación de su hermano Alfonso, asociado a la corte papal en Roma, fue asesinado traicioneramente el 27 de marzo de 1546. Los primeros grupos evangélicos como núcleos de congregación se formaron en Sevilla. Juan Pérez de Pineda, prior de la iglesia de Osma, y secretario de la embajada imperial en Roma, 1547, quedó impresionado por los abusos papales. Tras su regreso a Andalucía fue nombrado director del Colegio de doctrina en Sevilla, esforzándose en promover la piedad auténtica. Amenazado por la Inquisición emigró a Ginebra. Mientras tanto, Rodrigo de Valera, un laico, que por el estudio diligente de la Biblia latina se había apartado de la doctrina católica y había predicado su nueva fe en las calles, influenció a Juan Egidio, quien trabajó al unísono con Constantino Ponce de la Fuente, desde 1533 poderoso predicador en la catedral. Este editó Confessio hominis peccatoris publicado en Serinium antiquarum del Dr. Gerdes (Groningen, 1749-65) y Summa, en Españoles Reformados (Madrid, 1847). Egidio, suspendido por la Inquisición (1552) de predicar y enseñar durante diez años, se retractó, pero murió arrepentido en Sevilla en 1556. En 1555 siete hombres y mujeres de Sevilla huyeron a Ginebra e igualmente doce monjes del monasterio de San Isidoro en Sevilla. Pérez que había estado en Francfort, 1556-58, logró permiso en Ginebra para ser predicador de una congregación española. Había publicado una traducción española del Nuevo Testamento (Ginebra, 1556), Sumario breve de doctrina Christiana (1556), el comentario de Juan de Valdés a Romanos (1557) y sobre 1 Corintios (1557). En este último año algunas de sus publicaciones fueron llevadas a Sevilla.


Estados Unidos
El protestantismo fue sembrado por los primeros emigrantes protestantes a las diversas colonias, desde los puritanos en Nueva Inglaterra a los holandeses, suecos, alemanes y franceses de las colonias centrales y a los anglicanos y hugonotes de Virginia y las Carolinas. Todas las clases de protestantismo europeo habían echado raíces antes de que acabara el siglo XVII.