Historia

REFORMA

Reforma es el nombre histórico que se ha dado al movimiento religioso del siglo XVI, el más grande desde la aparición del cristianismo. Dividió a la Iglesia occidental en dos secciones opuestas y dio origen a las diversas organizaciones evangélicas o protestantes de la cristiandad. Tiene tres ramas principales: la luterana, como en Alemania, la zwingliana y calvinista, en Suiza, Francia, Holanda y Escocia y la anglicana, en Inglaterra. Cada una de esas ramas ha sido a su vez la raíz de otras denominaciones protestantes, especialmente en Inglaterra y los Estados Unidos, bajo el patrocinio de la libertad civil y religiosa. El protestantismo ha echado raíces principalmente en los pueblos germanos o teutones y es más fuerte en Alemania, Suiza, Escandinavia, Holanda, Gran Bretaña y Norteamérica, extendiendo sus operaciones misioneras a todos los países paganos. Durante la segunda mitad del siglo XX se ha extendido notablemente en grandes regiones de Latinoamérica, África y en algunas de Asia.

Árbol de la Reforma

Panorama histórico.
Fue un movimiento religioso saludable, por un lado protestando contra los abusos en la Iglesia católica y por otro suponiendo un regreso a la Escritura en su sentido más simple. Primordialmente no era político, ni filosófico, ni literario, sino religioso y moral. No fue una revolución abrupta, sino que hunde sus raíces en la Edad Media. Hubo muchos "reformadores antes de la Reforma". La presión constante en la Iglesia medieval hacia una reforma, los escritos de hombres como Marsilio de Padua y Jorge de Heimburg, el largo conflicto entre los emperadores alemanes y los papas, los concilios reformadores de Pisa, Constanza y Basilea, las sectas heréticas como los humiliati, valdenses y albigenses en Francia, norte de Italia y Austria, Wycliffe y los lolardos en Inglaterra, Hus, los husitas y los Hermanos Bohemios en Bohemia, Arnaldo de Brescia y Savonarola en Italia, la piedad espiritualista y la teología de los místicos de los siglos XIV y XV, los escritos teológicos de Wessel y Goch en Alemania y Holanda, el surgimiento de las lenguas nacionales y las letras en conexión con la conciencia nacional, la invención de la imprenta, el humanismo y el avivamiento de las letras y el saber clásico bajo la dirección de Agrícola, Reuchlin y Erasmo, fueron todos ellos factores preparativos para la Reforma. En estos y otros similares movimientos el impulso se manifestaba en favor de una concepción más espiritual del cristianismo, de la idea devocional opuesta a la sacramental, de la individual opuesta a la jerárquica y en favor de la comunión inmediata de todos los cristianos con Dios, aparte de la ayuda sacerdotal. Las iglesias evangélicas reclaman una parte de la heredad de toda la historia precedente y se sienten deudoras con los misioneros, estudiosos, Padres, confesores y mártires de todas las edades, pero insisten en la autoridad inmediata de Cristo y sus órganos inspirados como final. La Reforma está relacionada con el catolicismo medieval como la Iglesia apostólica con la sinagoga judía, o el evangelio con la dispensación de la ley.

El contexto histórico en el que se fragua la Reforma se podría bosquejar en el siguiente diagrama:

UN MUNDO EN CAMBIO
TIPO DE CAMBIODESCRIPCIÓN
PolíticoSurgimiento de los Estados nacionales: Inglaterra, Francia, España.
Recelo de los gobernantes hacia las intromisiones ajenas.
SocialDesaparición del feudalismo como estructura social.
Aparición de una clase media: la burguesía.
Auge del comercio y la artesanía.
GeográficoDescubrimiento de nuevas rutas y nuevos mundos. Colón, Magallanes, Vasco de Gama.
TécnicoInvención de la imprenta.
IntelectualSurgimiento del humanismo y derrumbe del escolasticismo.
Espíritu crítico, nacimiento de la ciencia como método de conocimiento.
ReligiosoMovimientos disidentes: lolardos, husitas, etc.
Escándalos del catolicismo: Cisma de occidente, cautividad babilónica del papado, corrupción del clero.

Caricatura anti-protestante en la que Lutero es instrumento de los demonios
Caricatura anti-protestante en la que Lutero es
instrumento de los demonios
Ataque contra el carácter y motivos de los reformadores.
La idea de que el movimiento fue una etapa en el desarrollo legítimo de la Iglesia es combatida por los historiadores católicos y por escritores de la escuela anglo-católica de la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia episcopal protestante de América. Esos escritores tratan la Reforma como un error o un crimen. Fue un crimen porque sus dirigentes deliberadamente resquebrajaron la unidad de la Iglesia occidental. Fue un error porque impidió el crecimiento ordenado de la Iglesia bajo la dirección de su ordenada jerarquía y desembocó en un declive de la influencia de la Iglesia en las naciones y la cristiandad. Los principales representantes de esta idea son Döllinger, en su primer período antes de 1870, el cardenal Hergenröther, Janssen, Denifle, Nicolas Paulus, el cardenal Newman y F. A. Gasquet (The Eve of the Reformation, Londres, 1905). Historiadores católicos tales como Hefele y Funk defienden la misma idea con un matiz moderado. El propio término (Neuerung, "innovación") que los católicos alemanes, Denifle, Funk y otros, adjudican a la Reforma cataloga al movimiento como una ruptura violenta con la historia precedente de la Iglesia y una desviación de la verdadera forma de cristianismo. Los escritores católicos siguen tres métodos para mostrar que la Reforma fue una ruptura dañina y violenta: (1) Los motivos y carácter de los reformadores mismos son descritos como irreligiosos y a veces sórdidos. Este método se le aplicó a los reformadores en su propio día o poco después de su muerte. Lutero fue acusado de cometer suicidio, Calvino de sodomía y Knox con las mismas u otras ofensas. La causa que produjo la Reforma fue el crudo egocentrismo y carnalidad de Lutero y en Inglaterra el sensualismo y orgullo monárquico de Enrique VIII. Esos hombres, con Calvino, quien es comparado por Döllinger y otros con Marsilio de Padua, groseramente rompieron la autoridad legítima de la Iglesia e ilegalmente sirvieron a sus propias ambiciones y merecieron el título y destino de los herejes. Los ataques magnifican las imperfecciones de los reformadores y pasan por alto sus buenas cualidades y sus propósitos de hacer lo bueno. Niegan las declaraciones de aquellos que estuvieron cerca de esos hombres y, como en el caso de Lutero, distorsionan en una confesión de carnalidad y ordinariez las declaraciones aisladas hechas por Lutero mismo en su propia forma vigorosa y exagerada de lenguaje, que tuvo sus excesos. (2) Las doctrinas que los reformadores promulgaron se declaran no sólo antibíblicas y contrarias a la tradición de la Iglesia sino inmorales. Entre los primeros representantes de este método estuvo Johann Eck. No ha habido ninguno más capaz que Denifle. Éste, en una prolongada discusión, cataloga la doctrina de Lutero de la justificación por la fe no sólo como la madre de la impiedad sino el resultado de los propios hábitos carnales de Lutero, quien, incapaz de refrenar sus apetitos, finalmente les dio rienda suelta y se inventó la doctrina como tapadera de sus excesos. Por esa doctrina quería decir "uno puede ser tan inmoral como le plazca, ya que la fe le salvará". Denifle presenta contra este principio el que él atribuye a la Iglesia católica de la salvación por la fe que actúa por el amor. El amor es el elemento que se expresa en obediencia y conformidad al ejemplo moral de Cristo. Este elemento lo dejó a un lado Lutero intencionalmente. Para tener justificación, Denifle toma una declaración de uno de los sermones de Lutero y luego le da una interpretación para que sirva a sus objetivos de justa crítica. (3) De la Reforma se dice que ocasionó un brusco frenazo en las fuerzas de progreso y mejora que estaban en marcha en la Iglesia. Janssen (History of the German People at the Close of the Middle Ages, 12 volúmenes, Londres, 1896 y sig.) ha presentado esta idea muy sutil y hábilmente. La obra produjo una impresión destacada cuando apareció en alemán y tuvo numerosas ediciones. Subrayando las fuerzas educativas que estaban activas, ciertos movimientos económicos en la sociedad, algunos tratados devocionales que aparecieron en Alemania, etc., confunde al lector al suponer que esas corrientes desconectadas fueron un gran factor que impulsaba el océano de la reforma social y eclesiástica que dirigentes como Gerson y Clamanges habían procurado y que concilios reformadores habían intentado alcanzar. Lutero no solo detuvo este movimiento de progreso sino que lo retrasó y comenzó en Alemania una era de desintegración social e impiedad individual que el mundo occidental todavía sufre. Janssen traza la actividad benéfica del siglo XV "a la doctrina del mérito de las buenas obras, enseñada por la Iglesia que en esa época todavía continuaba dominando las mentes." La teoría, tal como Janssen la manejó, ignora la corrupción de la corte papal a finales del siglo XV y comienzos del XVI, pasa por alto el completo fracaso del quinto concilio de Letrán, que fue clausurado pocos meses antes de que Lutero clavara sus tesis, para poner las reformas en marcha y escamotea la general perturbación de la cristiandad occidental. También deja sin considerar el hecho de que la mayoría de los países leales al catolicismo desde la era de la Reforma, como Austria, España y Latinoamérica han ido muy por detrás, en asuntos de civilización y progreso humano, respecto a las partes protestantes del mundo, como Inglaterra, Alemania y Norteamérica. Burckhardt en su History of the Italian Renaissance declara, con no poca probabilidad, que en realidad el papado fue salvado por la Reforma.

Minimizando el elemento religioso.
Otra teoría de origen posterior es la que hace al elemento religioso secundario en la Reforma o lo minimiza hasta darle poca importancia. Esta teoría supone la singular concepción de que el observador moderno conoce mejor lo que estaba en las mentes de Lutero, Calvino y Latimer que lo que esos hombres sabían. Ellos tenían la impresión de que eran movidos por consideraciones religiosas y tenían fines religiosos, pero estaban equivocados. Sus oponentes, igualmente, estaban confundidos al oponerse a ellos con argumentos extraídos de la religión. Más aún, la vasta literatura producida en la edad de la Reforma fue escrita con una idea equivocada de lo que la batalla significaba. Cambios duraderos sociales, políticos y económicos siguieron a la Reforma que estaban envueltos en sus principios, pero primordialmente el movimiento fue una revuelta de la conciencia contra los abusos en la Iglesia y una proclamación de nuevo del evangelio. Esta fue, en cualquier caso, la idea que los reformadores tenían de sí mismos.

Sus bases.
El movimiento comenzó con la pregunta práctica: ¿Cómo puede la conciencia turbada encontrar perdón y paz y estar segura de la salvación personal? Retuvo del sistema católico todas las doctrinas objetivas del cristianismo sobre la Trinidad y el carácter y la obra de Cristo; de hecho retuvo todo lo contenido en el Credo de los Apóstoles y en otros credos ecuménicos de la Iglesia antigua. Pero se pronunció de manera diferente en la prevaleciente soteriología, esto es, la aplicación de las doctrinas del cristianismo, especialmente la justificación del pecador ante Dios, el carácter de la fe, las buenas obras, los derechos de la conciencia, la regla de fe y el significado y número de los sacramentos. Puso al creyente en relación directa y unión con Cristo como única y suficiente fuente de salvación, dejando a un lado las doctrinas de la mediación e intercesión sacerdotal. El protestante va directamente a la Palabra de Dios para instrucción y al trono de la gracia para su devociones, mientras que el católico piadoso consulta la enseñanza de su Iglesia y prefiere ofrecer sus oraciones a la Virgen y a los santos.

Cuadro de los reformadores, por Lucas Cranach
Cuadro de los reformadores, por Lucas Cranach
Tres principios del protestantismo.
De este principio general de la libertad evangélica, y directamente relacionado con la relación del creyente con Cristo, proceden las tres doctrinas fundamentales del protestantismo: La absoluta supremacía de la (1) Palabra y los (2) principios de la gracia de Cristo y (3) el sacerdocio general de todos los creyentes. El primero es denominado principio formal, o mejor, objetivo; el segundo, el material, o mejor, el principio subjetivo y el tercero puede ser llamado el principio social o eclesiástico. Los escritores alemanes subrayan los dos primeros, pero a veces pasan por alto el tercero, que es de igual importancia.
(1) El principio objetivo proclama que las Escrituras canónicas, especialmente el Nuevo Testamento, son la fuente infalible y regla de fe y práctica, afirmando el derecho de interpretación privada del mismo, en distinción a la idea católica, que declara a la Biblia y a la tradición fuentes parejas y reglas de fe, haciendo de la tradición, especialmente de los decretos de los papas y concilios, el único intérprete legítimo e infalible de la Biblia. En su forma extrema Chillingworth expresó este principio de la Reforma en la bien conocida fórmula: "La Biblia, toda la Biblia y nada más que la Biblia es la religión de los protestantes." Sin embargo, el protestantismo en ninguna manera desprecia o rechaza la autoridad de la Iglesia como tal, sino solo la subordina, y mide su valor, de acuerdo a la Biblia. De ahí que, a pesar de tener sus propios símbolos y normas de doctrina, retiene todos los artículos de los antiguos credos y un gran número de tradición ritual y disciplinaria, rechazando solo aquellas doctrinas y ceremonias para las cuales no hay una seguridad clara en la Biblia o que contradicen su espíritu y letra. Las ramas calvinistas del protestantismo fueron más allá en su antagonismo para recibir tradiciones que los luteranos y anglicanos; pero todos rechazan la autoridad del papa, lo meritorio de las buenas obras, las indulgencias, la veneración de la Virgen, los santos y las reliquias, los sacramentos (aparte del bautismo y la eucaristía), el dogma de la transubstanciación y el sacrifico de la misa, el purgatorio y las oraciones por los muertos, la confesión auricular, el celibato del clero y el sistema monástico.
(2) El principio subjetivo de la Reforma es la justificación por la fe sola, o más, bien, por la gracia a través de la fe operativa en las buenas obras. Hace referencia a la apropiación personal de la salvación cristiana y procura dar toda la gloria a Cristo, al declarar que el pecador es justificado ante Dios (es decir, perdonado de la culpa y declarado justo) únicamente sobre la base de los méritos suficientes de Cristo, captados por una fe viva, en oposición a la teoría entonces prevaleciente, y sancionada sustancialmente por el concilio de Trento, que hace a la fe y buenas obras fuentes parejas de justificación, poniendo el énfasis sobre las obras. El protestantismo no desprecia las buenas obras, pero niega su valor como fuente o condición de la justificación e insiste en ellas como fruto necesario de la fe y evidencia de la justificación.
(3) El sacerdocio universal de los creyentes implica el derecho y deber de los laicos cristianos no solo a leer la Biblia en la lengua vernácula sino también a tomar parte en el gobierno y en todos los asuntos públicos de la Iglesia. Se opone al sistema jerárquico, que coloca la esencia y autoridad de la Iglesia en un sacerdocio exclusivo y hace a los sacerdotes ordenados los mediadores necesarios entre Dios y el pueblo.

La Reforma en los diferentes países

Alemania

Martín Lutero
Martín Lutero
Primer período.
El movimiento en Alemania fue dirigido por el genio y energía de Lutero y el saber y moderación de Melanchthon, ayudados por los electores de Sajonia y otros príncipes y sostenidos por la mayoría del pueblo, a pesar de la oposición de los obispos y del emperador Carlos V. Comenzó en la universidad de Wittenberg con una protesta contra el tráfico de indulgencias el 31 de octubre de 1517 y pronto se esparció por toda Alemania, que estaba en diversas formas preparada para una ruptura con el papa. Al principio Lutero contemplaba con horror la idea de una separación de las tradiciones del pasado y atacó unos pocos abusos, dando por hecho que el papa mismo los condenaría si se le informaba. Pero la irresistible lógica de los sucesos le puso en irreconciliable conflicto con la autoridad central de la Iglesia. León X, en julio de 1520, pronunció la sentencia de excomunión contra Lutero, quien, a su vez, quemó la bula. La dieta de Worms en 1521 añadió a la excomunión del papa la condena del emperador. La firme posición del monje, ante los poderes combinados civil y eclesiástico de la época, es una de las escenas más sublimes de la historia y marca una época en el progreso de la libertad. La insatisfacción con los diversos abusos de Roma y el deseo para la libre predicación del evangelio eran tan extensos, que la Reforma, tanto en sus características negativas como positivas, se difundió, a pesar de la bula del papa y la condena del emperador, echando firmes raíces antes de 1530 en la mayor parte del norte de Alemania, especialmente en Sajonia, Brandeburgo, Hesse, Pomerania, Mecklenburgo, Lüneburgo, Frisia y en casi todas las ciudades libres, como Hamburgo, Lübeck, Bremen, Magdeburgo, Frankfort y Nuremberg; mientras que en Austria, Baviera y a lo largo del Rin, fue perseguida y suprimida. Entre las causas principales de su rápido progreso estuvieron los escritos de los reformadores, la versión alemana que Lutero hizo de la Biblia y los himnos evangélicos, que introdujeron las nuevas ideas en la adoración pública y el corazón del pueblo. La dieta de Spira en 1526 dejó a cada Estado seguir su propia discreción sobre la cuestión de la Reforma hasta que un concilio general lo resolviera todo, sancionando de este modo el principio de independencia territorial en asuntos de religión; cada soberano tenía su propia organización eclesiástica separada en estrecha unión con el Estado. La siguiente dieta de Spira (en 1529) prohibió el progreso de la Reforma. Contra este decreto de la mayoría católica, los príncipes evangélicos, conscientes de los inalienables derechos de la conciencia y el decreto de la dieta anterior, protestaron vehementemente el 19 de abril de 1529, lo que suscitó el nombre de "protestantes." La dieta de Augsburgo, en 1530, donde los luteranos ofrecieron su principal confesión de fe, elaborada por Melanchthon amenazó a los protestantes con medidas violentas si no regresaban a la antigua Iglesia. Éste fue el primer período de la Reforma alemana.

La Reforma en el Imperio
La Reforma en el Imperio

Desde 1530 a la Guerra de los Treinta Años.
El segundo periodo abarca la formación de la Liga Protestante de Esmalcalda para la defensa armada del luteranismo, las diversas conferencias teológicas de las dos facciones para una resolución de la controversia, la muerte de Lutero (1546), los Interim o compromisos imperiales, la Guerra de Esmalcalda, que acabó con el triunfo del ejército protestante bajo Mauricio de Sajonia y el tratado de Passau, 1552, que daba reconocimiento legal a los protestantes. Fue confirmado en la dieta de Augsburgo. El tercer período, desde 1555 a 1580, se caracterizó por las violentas controversias internas dentro de la Iglesia luterana: la controversia de Osiander sobre la justificación y santificación; la adiaforista, que surgió originalmente de los Interim; la sinergista, sobre las buenas obras y la cripto-calvinista, o controversia sacramentaria, sobre la presencia real en la Cena.

Mapa de la división religiosa por la Reforma y la Contrarreforma en el siglo XVII
Mapa de la división religiosa por la Reforma y la Contrarreforma en el siglo XVII
Esas disputas teológicas desarrollaron plenamente el sistema doctrinal del luteranismo expuesto en el Libro de Concordia (publicado por vez primera en 1580), que abarca todos los libros fundamentales de su Iglesia, esto es, los tres credos ecuménicos, la Confesión de Augsburgo y su Apología, ambas de Melanchthon; los dos catecismos de Lutero y los Artículos de Esmalcalda, elaborados por él en 1537 y la Fórmula de Concordia. Por otro lado, la fanática intolerancia de la facción luterana estricta contra los calvinistas y los luteranos moderados (llamados, según su dirigente, filipistas) empujó a un gran número de éstos a la Iglesia reformada (calvinista), especialmente en el Palatinado (1560), Bremen (1561), Nassau (1582), Anhalt (1596), Hesse-Cassel (1605) y Brandeburgo (1614). La comunión reformada alemana adoptó el Catecismo de Heidelberg como confesión de fe. El siglo XVI cierra la historia teológica de la Reforma alemana; pero su historia política no acabó hasta después de la terrible Guerra de los Treinta Años por el tratado de Westfalia en 1648, que garantizó a las iglesias luterana y reformada alemanas (pero no a otras) iguales derechos que a los católicos dentro de los límites del imperio alemán.

Suiza
La Reforma en Suiza fue contemporánea con la de Alemania, aunque independiente de ella, y resultó en la comunión reformada distinta a la luterana. En todos los principios y doctrina esenciales, salvo el modo de la presencia de Cristo en la Cena, la reforma helvética concordó con la alemana, pero se distanció más de las tradiciones recibidas en asuntos de gobierno, disciplina y adoración y procuró una reforma más radical moral y práctica del pueblo. Se divide naturalmente en tres períodos. El de Zwinglio, desde 1516 a 1531; el calvinista, hasta la muerte de Calvino en 1564 y el período de Bullinger y Beza, a finales del siglo XVI. El primero pertenece principalmente a los cantones alemanes, el segundo a los franceses y el tercero a ambos. Zwinglio comenzó su predicación contra varios abusos en Einsiedeln, en 1516, y luego, con más energía y eficacia, en Zurich, en 1519. Al principio tuvo el consentimiento del obispo de Constanza, quien le ayudó a combatir la venta de indulgencias en Suiza, siendo grandemente considerado incluso por el nuncio papal. Pero en 1522 ocurrió una ruptura, cuando Zwinglio atacó los ayunos como invenciones humanas y muchos de sus oyentes cesaron de observarlos.

Mapa de la Reforma en Suiza
Mapa de la Reforma en Suiza
El magistrado de Zurich ordenó disputaciones públicas en enero y octubre de 1523 para resolver la controversia. En ambas ocasiones, Zwinglio, respaldado por las autoridades y la gran mayoría del pueblo, triunfó sobre sus oponentes papales. En 1526 las iglesias de la ciudad y las poblaciones vecinas quedaron limpiadas de imágenes y santuarios, sustituyendo la misa por una adoración simple. La dieta suiza (igual que la alemana) tomó una actitud hostil hacia el movimiento reformado, con una respetable minoría en su favor. Para resolver la controversia para la República, se celebró una conferencia general teológica en Baden, en el cantón Aargau, en mayo de 1526, con Johann Eck, el famoso antagonista de Lutero, como representante católico y Ecolampadio como representante de la causa reformada. El resultado fue adverso en forma, pero de hecho favorable, a la causa de la Reforma, que se introdujo en la mayoría de los cantones, a voluntad de los magistrados y del pueblo, por Ecolampadio en Basilea y por Haller en Berna, también, en parte, en Saint-Gallen, Schaffhausen, Glarus, Appenzell, Thurgau y los Grisones; mientras que en las partes francesas de Suiza, Guillaume Farel y Viret prepararon el camino para Calvino. Pero los cantones pequeños alrededor del lago de Lucerna, Uri, Schwytz, Unterwalden, Lucerna y Zug, se opusieron finalmente a toda innovación. En última instancia estalló la guerra abierta entre los cantones reformados y los católicos. La política de Zwinglio se vio sobrepasada por la aparentemente más humana, pero de hecho más cruel y desastrosa, política de Berna, de forzar a los pobres montañeses a medidas de hambre. Los católicos, resueltos a mantener sus derechos, atacaron y vencieron al pequeño ejército de Zurich en la batalla de Cappel en octubre de 1531. Zwinglio, quien había acompañado a los soldados como capellán y patriota, halló una muerte heroica en el campo de batalla y Ecolampadio de Basilea murió unas pocas semanas después. Por tanto, el progreso de la Reforma quedó súbitamente detenido en las porciones alemanas de Suiza. Pero tomó un nuevo comienzo en los cantones occidentales o franceses, de donde se elevó a una posición más elevada que nunca. Poco después de esta crítica coyuntura, la gran mente maestra de la Iglesia reformada, quien continuaría hasta modificar y completar la obra de Zwinglio y rivalizar con Lutero en influencia, comenzó a atraer la atención del público. Juan Calvino, francés por nacimiento y educación, pero exiliado de su tierra natal por su fe, encontró un nuevo hogar, en 1536, en Ginebra, donde Farel había preparado el camino. Aquí desarrolló su extraordinario genio y energía como el mayor teólogo de la Reforma e hizo de Ginebra el modelo eclesiástico para la comunión reformada y asilo para los protestantes perseguidos de toda nación. Sus escritos teológicos, especialmente los Institutos y comentarios, ejercieron una influencia formativa en todas las iglesias y confesiones de fe reformadas; mientras que su genio legislativo desarrolló la forma presbiteriana de gobierno, que descansa sobre el principio de la igualdad ministerial y de representación popular de la congregación mediante ancianos laicos. Calvino dejó en Theodore Beza un digno sucesor, quien, con Heinrich Bullinger, sucesor de Zwinglio en Zurich, trabajó a finales del siglo XVI para la consolidación de la Reforma suiza y la difusión de sus principios en Francia, Holanda, Alemania, Inglaterra y Escocia.

Matanza del día de San Bartolomé
Matanza del día de San Bartolomé
Francia
Aunque la reforma en Alemania y Suiza contó con la mayoría de la población, en Francia se encontró con la oposición unida de la corte, la jerarquía y el sentimiento popular, teniendo que pasar por pruebas y persecuciones severas. Muchos de los primeros protestantes fueron ejecutados o tuvieron que exiliarse. Fue solo tras el establecimiento de la Reforma en la Suiza francesa que el movimiento arraigó en el reino vecino. La primera congregación protestante se formó en París en 1555 y el primer sínodo celebrado en la misma ciudad en 1559. En 1561, en la conferencia teológica en Poissy, Theodore Beza elocuentemente, pero en vano, defendió la causa de los protestantes ante los dignatarios de la Iglesia católica, originándose allí el nombre "reformados" como designación eclesiástica. En 1571 el sínodo general en La Rochelle adoptó la Confesión Galicana y un sistema de gobierno y disciplina esencialmente calvinista, aunque modificado por las circunstancias peculiares de una Iglesia que no estaba en unión con el Estado (como en Ginebra), sino en antagonismo. Inevitablemente el movimiento asumió un carácter político que desembocó en una serie de guerras civiles, que perturbaron a Francia hasta finales del siglo XVI. La facción católica, respaldada por la mayoría de la población, estaba encabezada por los duques de Guisa y aspiraba al trono, entonces ocupado por la casa de Valois. La facción protestante (o hugonotes), numéricamente débil, pero teniendo en sus filas a algunos de los talentos más nobles de Francia, estaba encabezada por el príncipe de Navarra, siguiente heredero al trono. La reina regente, Catalina, durante la minoría de sus hijos (Francisco II y Carlos IX), aunque decididamente católica en sentimiento, intentó frenar a ambas facciones, a fin de controlarlas. Pero los partidarios de Roma tomaron posesión de París, mientras que el príncipe de Condé ocupó Orleáns. La vergonzosa y sangrienta masacre de los hugonotes el día de San Bartolomé, 24 de agosto de 1572, descabezó pero no aniquiló a la facción protestante y el ascenso al trono de Enrique de Navarra, quien, tras el asesinato de Enrique III en 1589, se convirtió en rey de Francia como Enrique IV, pareció decidir el triunfo del protestantismo en Francia. Pero la facción católica, todavía más numerosa y poderosa y apoyada por España y el papa, eligió un rival y amenazó con sumir al país en un nuevo baño de sangre. Entonces Enrique, por motivos políticos y patrióticos, en 1593 abjuró de la fe protestante en la que había sido criado, diciendo "París bien vale una misa." Al mismo tiempo procuró, en 1598, que sus antiguos correligionarios, que entonces tenían 760 congregaciones por todo el reino, pudieran tener existencia legal y el derecho de ejercer libremente su religión, mediante el célebre Edicto de Nantes. Pero la Iglesia reformada en Francia, tras florecer durante un tiempo, fue asolada por nuevos desastres bajo el despotismo de Richelieu, reduciéndola finalmente, tras la revocación del edicto de Nantes por Luis XIV en 1685, a una "Iglesia del desierto". Sobrevivió a las más crueles persecuciones y enriqueció mediante los miles de exiliados a los países protestantes que los recibieron en Europa y América.

Ejecución de Egmont y de Horn en Bruselas. De un dibujo de Felipe Ward
Ejecución de Egmont y de Horn en Bruselas.
De un dibujo de Felipe Ward
Países Bajos.
El movimiento fue inspirado en parte por las obras de Lutero, pero mayormente por las influencias reformada y calvinista de Suiza y Francia. Sus primeros mártires Esch y Voes, fueron quemados en Amberes en 1523 y celebrados por Lutero en un poema. El brazo despótico de Carlos V y de su hijo Felipe II recurrió a las más severas medidas para aplastar el insurgente espíritu de libertad religiosa y política. El duque de Alba sobrepasó a los emperadores paganos de Roma en crueldad y según Grocio aniquiló a 100.000 protestantes holandeses durante los seis años de su mandato (1567-73). Finalmente las siete provincias septentrionales formaron una República federal, primero bajo el liderazgo de Guillermo de Orange y, tras su asesinato (1584), bajo su hijo Mauricio y tras una larga y heroica lucha lograron su independencia de la Iglesia católica y de la corona española. Las provincias meridionales permanecieron católicas y sujetas a España. El primer sínodo reformado holandés se celebró en Dort en 1574 y al año siguiente se fundó la universidad de Leiden. La Iglesia reformada de Holanda adoptó el Catecismo de Heidelberg, la Confesión Belga y los Cánones de Dort de 1618-19. En los Países Bajos el sistema del arminianismo fue elaborado por alumnos de Beza, zambullendo a la Iglesia holandesa en una larga y enconada controversia. El arminianismo se difundió por Inglaterra en la última parte del reinado de Jacobo I y bajo Laud, siendo adoptado por John Wesley.

Jerónimo de Praga
Jerónimo de Praga
Bohemia
La preparación para la Reforma vino por los trabajos y martirios de Jan Hus y Jerónimo de Praga. Su seguidores, los husitas, habrían prevalecido en las guerras que emprendieron si no hubieran estado divididos por disensiones internas entre calixtinos, utraquistas y taboritas. De sus restos surgió la Unitas Fratrum o Hermanos Bohemios. A pesar de violentas persecuciones, se perpetuaron en Bohemia y Moravia. Cuando la Reforma surgió, enviaron varias diputaciones a Lutero y muchos de ellos abrazaron la doctrina de la Confesión de Augsburgo, pero la mayoría se pasó a la comunión reformada o calvinista. Durante el reinado de Maximiliano II hubo grandes perspectivas para la conversión de toda la nación bohemia; pero la Guerra de los Treinta Años y la Contrarreforma aplastaron el protestantismo y dejaron Bohemia en un escenario de desolación. Un jesuita llamado Anton Koniasch (1737) se jactaba de haber quemado más de 60.000 libros bohemios, principalmente Biblias. Los Hermanos Bohemios que tuvieron que huir a Moravia se convirtieron, bajo el cuidado del conde Zinzendorf, en el núcleo de la Iglesia morava. Pero incluso en Bohemia el protestantismo no pudo ser totalmente aniquilado y comenzó a levantar cabeza cuando el emperador José II publicó el Edicto de Tolerancia el 29 de octubre de 1781. El avivamiento del patriotismo y literatura checa vino en su ayuda. El quinto centenario de Hus se celebró en Praga en 1869, estando marcado por la publicación de Documenta Magistri Johannis Hus, edición de F. Palacky (Praga, 1869).

Hungría
Este país entró en contacto con la Reforma primero por discípulos de Lutero y Melanchthon que habían estudiado en Wittenberg después de 1524. Fernando I otorgó a algunos magnates y ciudades libertad de adoración y Maximiliano II (1564-76) amplió la medida. Mátyas Biró Dévay, el primer patriota y dirigente, fue al principio luterano, pero en sus últimos años adoptó las ideas del reformador suizo. El sínodo de Erdöd, en 1545, organizó la Iglesia luterana y el sínodo de Czenger, en 1557, la reformada. Rodolfo II, al suprimir la libertad religiosa, provocó que el príncipe Stephen Bocskag de Transilvania, fortalecido por su alianza con los turcos, reconquistara mediante las armas (1606) la plena tolerancia para luteranos y calvinistas en Hungría y Transilvania, la cual bajo sus sucesores Bethlen Gábor y George Rákóczy I, fue confirmada por los tratados de Nikolsburg (1622) y Linz (1645). En Transillvania, el socinianismo también halló refugio, manteniéndose hasta hoy.

Jan Laski
Jan Laski
Polonia
Hermanos Bohemios fugitivos y los escritos de los reformadores alemanes fueron el origen del movimiento en Polonia. El rey Segismundo Augusto (1548-72) lo favoreció, manteniendo correspondencia con Calvino. El protestante más distinguido de ese país fue el calvinista Johannes a Lasco. En el sínodo general de Sendomir (Consensus Sendomiriensis), en 1570, se llegó a un compromiso entre las facciones luterana y reformada, pero las posteriores disensiones internas, el aumento del socinianismo y los esfuerzos de los jesuitas anularon el protestantismo en ese país. Las regiones de Courlandia, Livonia y Estonia abrieron sus puertas a la Reforma y adoptaron la confesión de Augsburgo.

Escandinavia
Los reformadores de Suecia fueron dos hermanos, Olav y Lars Petri, discípulos de Lutero, quienes, tras 1519, predicaron contra el estado existente de la Iglesia. Fueron ayudados por Lorenz Anderson. Gustav Vasa, quien liberó al país de los daneses en 1523, favoreció el protestantismo y todo el país, incluyendo los obispos, siguieron su ejemplo. En 1527 la Reforma fue legalizada y en 1593 el sínodo de Upsala confirmó y terminó la obra al adoptar la Confesión de Augssburgo original, con exclusión de cualquier otra. Suecia retuvo la forma episcopal de gobierno en la unión más estrecha con el Estado. Éste país prestó gran servicio a la causa del protestantismo en Europa por su rey Gustavo Adolfo en la Guerra de los Treinta Años. En 1877 se otorgó la total libertad religiosa.
Dinamarca llegó a ser de manera semejante un territorio exclusivamente luterano, con una forma episcopal de gobierno eclesiástico-estatal, bajo Christian III. Los nuevos obispos recibieron la ordenación presbiteriana a través de Bugenhagen y son por tanto meramente superintendentes, igual que los obispos de la Iglesia evangélica de Prusia. Una dieta en Copenhague en 1536 destruyó el poder político del clero católico y dividió dos terceras partes de la propiedad de esa Iglesia entre la corona y la nobleza. El resto se dedicó a la nueva organización eclesiástica. Desde Dinamarca la Reforma pasó a Noruega en 1536. El arzobispo de Drontheim huyó con los tesoros de la Iglesia a Holanda; otro obispo dimitió; un tercero fue encarcelado y el clero inferior fue dejado a la elección entre el exilio y la sumisión al nuevo orden de cosas, prefiriendo la mayoría esta última opción. Islandia, que entonces estaba sometida al gobierno danés, igualmente se sometió a la Reforma danesa.

Thomas Cranmer
Thomas Cranmer
Inglaterra
La batalla entre la antigua y la nueva religión duró más en Inglaterra y Escocia que en el continente y continuó en sucesivas oleadas hasta finales del siglo XVII; pero dejó finalmente una impresión muy fuerte sobre el carácter de la nación y afectó profundamente a su política e instituciones sociales. En teología el protestantismo inglés era dependiente de la Reforma continental, especialmente de las ideas y principios de Calvino; pero mostraba una mayor energía política y poder de organización. Fue desde el principio un movimiento tanto político como religioso, de ahí que proporcionara un mayor alcance a la corruptora influencia de la ambición egoísta y pasión violenta que la Reforma en Alemania y Suiza; pero pasó también a través de severas pruebas y persecuciones. En la Reforma inglesa se pueden distinguir cinco periodos. El primero, desde 1527 a 1547, testificó de la abolición de la autoridad del papado bajo Enrique VIII, siendo el hecho culminante la aprobación del Acta de Supremacía en 1534 que hacía del rey "la única cabeza en la tierra de la Iglesia de Dios llamada Anglicana ecclesia." Enrique se enfrentó al papa por motivos puramente personales y egoístas, porque éste se negó a consentir que se divorciara de Catalina de Aragón. "El defensor de la fe", título que le fue dado por el papa por su defensa de los siete sacramentos contra Lutero, permaneció en doctrina y sentimiento religioso siendo católico hasta el fin de su vida y a su muerte los denominados "artículos sangrientos", que imponían bajo las más severos castigos el dogma de la transubstanciación, confesión auricular, misas privadas y celibato del sacerdocio, fueron impuestos. Castigó con igual severidad a protestantes que a católicos disidentes que se atrevieran a dudar de su jefatura sobre la Iglesia de Inglaterra. Pero aunque destruyó el poder del papa y del monasticismo en Inglaterra, un movimiento más importante y profundo se sucedía entre el pueblo, bajo la influencia de las tradiciones derivadas de Wiclif y los lolardos, los escritos de los reformadores continentales y principalmente de la versión inglesa de las Escrituras. El segundo período abarca el reinado de Eduardo VI, desde 1547 a 1553 y marca la introducción positiva de la Reforma. Su principal instrumento eclesiástico, Cranmer, fue ayudado en la obra por Ridley y Latimer y por varios teólogos reformados del continente a quienes llamó a Inglaterra, especialmente Bucero de Estrasburgo, que fue elegido profesor en Cambridge y Pietro Martire Vermigli de Zurich, durante algún tiempo profesor en Oxford. Las obras más importantes de este período y de hecho de toda la Reforma inglesa, además de la versión inglesa de la Biblia, fueron los Cuarenta y dos artículos de la Religión (posteriormente reducidos a Treinta y Nueve Artículos) y el Libro de Oración Común.

La Reforma en Inglaterra. Enrique VIII señala a su hijo y sucesor Eduardo VI. Mientras el papa languidece, Thomas Cranmer está al lado del heredero como consejero
La Reforma en Inglaterra. Enrique VIII señala a su hijo y sucesor Eduardo VI.
Mientras el papa languidece, Thomas Cranmer está al lado del heredero como consejero
El tercer período es el reinado de María, desde 1553 a 1558, y presenta el infructuoso intento de esa reina y del cardenal Pole, arzobispo de Canterbury, de restaurar la religión católica y la autoridad del papa. El ínterin papal hizo más para consolidar la Reforma en Inglaterra que Enrique, Eduardo e Isabel. En su corto reinado cientos fueron martirizados, otros huyeron al continente, especialmente a Ginebra, Zurich, Brasilia y Francfort, donde fueron recibidos y entraron en contacto con las iglesias reformadas de Suiza y Alemania. El cuarto período es la restauración y establecimiento permanente de la Reforma anglicana, durante el largo reinado de Isabel (1558-1603). La jerarquía católica fue reemplazada por la protestante y los Artículos de Religión y el Libro de Oración Común del reinado de Eduardo fueron introducidos de nuevo, tras ser revisados. La supremacía eclesiástica de la corona se renovó igualmente, aunque en forma modificada; la reina rechazó el título de "cabeza suprema" de la Iglesia de Inglaterra y escogió, en su lugar, el menos objetable título de "gobernador supremo". La Iglesia anglicana, tal como fue establecida por Isabel, era semi-católica en su forma de gobierno y adoración litúrgica, una especie de via media entre Roma y Ginebra. Se acomodaba a la política de la corte, pero era ofensiva para la severa escuela de estrictos calvinistas que habían regresado desde su exilio continental. El resultado fue el prolongado conflicto entre anglicanismo y puritanismo en el seno de la Iglesia inglesa. Las Actas de Uniformidad, que exigían estricta adhesión a la letra del Libro de Oración en cada particular sin omisión o adición, enconaron a la facción puritana, lo que ocasionó una disminución de su número. Tras la derrota de la Armada, algunos representantes puritanos fueron ejecutados, mientras que otros buscaron libertad religiosa huyendo a Holanda. El quinto periodo comienza en 1603 con el reinado de Jacobo I. La insana política religiosa de ese rey y su sucesor Carlos I enardeció el espíritu puritano del reino, culminando la agitación en la Asamblea de Westminster en la que el puritanismo logró un memorable pero temporal triunfo. Bajo Carlos II (1660-85) se restableció el episcopado. Tras la caída final de los Estuardos, que habían adoptado el catolicismo, los disidentes lograron una libertad limitada por el Acta de Tolerancia de 1689.

John Knox, grabado de T. Beza, 1580
John Knox, grabado de T. Beza, 1580
Escocia
El primer impulso para la Reforma en Escocia procedió de Alemania y Suiza. Copias de los escritos de los reformadores continentales llegaron hasta el norte. Entre sus primeros mártires estuvieron Patrick Hamilton y George Wishart, que pasaron algún tiempo en el continente y fueron condenados a la hoguera por el arzobispo Beaton. El movimiento fue dirigido a una conclusión victoriosa bajo la guía de John Knox. El parlamento de 1560 formalmente introdujo la Reforma y adoptó la Primera Confesión Escocesa, elaborada a su solicitud por Knox, Spottiswoode, Row y tres más, prohibiendo, bajo severos castigos, el ejercicio de la adoración católica. Esta confesión permaneció en vigor hasta la adopción de la Confesión de Westminster en 1648. En 1651 se publicó el Primer Libro de Disciplina, dando a la nueva Iglesia una organización completamente presbiteriana, culminando en una asamblea general de ministros y ancianos. El modo de adoración, proporcionado en el Book of Our Common Order adoptado en 1564, quedó reducido a la mayor simplicidad, con un decidido predominio del elemento didáctico. Knox siguió estrechamente el modelo establecido por la Iglesia de Ginebra, a la que él estimaba "la mejor escuela de Cristo desde los días de los apóstoles." Cuando la desafortunada María Estuardo comenzó su reinado, en agosto de 1561, hizo un intento de restaurar la religión católica. Pero su propia imprudencia y la determinada resistencia de Knox y la nación, frustraron sus planes. Tras huir a Inglaterra (1568), el protestantismo fue de nuevo declarado la única religión de Escocia y recibió sanción formal y legal bajo la regencia de Murray. El segundo período en la Reforma escocesa incluye el determinado conflicto entre Andrew Melville, campeón del presbiterianismo, y Jacobo VI, que se inclinaba por la derrota de las formas presbiterianas de gobierno de adoración y la introducción del episcopado según el modelo en boga en Inglaterra.

Juan de Valdés
Juan de Valdés
Italia
Las primeras huellas destacables de la Reforma en Italia aparecen en el norte, en Venecia, pero la culminación se alcanzó en el sur, en Nápoles. El primer y creciente período se sitúa entre 1520, cuando los escritos de la Reforma alemana cruzaron por vez primera los Alpes, y 1540 o 1541, el año de la muerte Valdés, quien creó un selecto círculo en Nápoles que fue la mayor fuerza intelectual y original de los reformadores italianos. Casi simultáneamente con el nacimiento del círculo evangélico en Nápoles se produjo (1542) la sistemática y deliberada reacción instigada desde Roma; la bula de Pablo III, Licet ab initio, por cuyos términos la Inquisición quedaba organizada según el modelo español y se extendía por toda Italia (salvo Nápoles), fue el estallido de la tormenta. Con actividad incansable hasta 1570, este tribunal, dirigido personalmente por los papas, utilizó toda la influencia política de la curia y realizó su trabajo, obligando a varios defensores principales de la Reforma a huir y mediante las mazmorras, el fuego y el agua aniquiló el movimiento. Lo que todavía sobrevivió en la senda de la tendencia evangélica durante los años posteriores de este segundo período, quedó despojado de todos los esfuerzos por una reforma interior de la Iglesia y permaneció en deliberada, casi mordaz, oposición a Roma, entrando en ciertas tendencias radicales que se manifestaron en Alemania, pero particularmente en los Países Bajos, donde los dirigentes de una Reforma conservadora evangélica resistieron férreamente con fuerza.

En Venecia hasta 1527 no hubo evidencia de medidas represivas más allá de la repetida quema de escritos reformadores de origen alemán; pero hacia finales de 1530 el nuncio papal, Caraffa (posterior Pablo IV), se interpuso contra los "herejes" con gran firmeza e incluso sentenció a un franciscano, Girolamo Galateo (nacido en Venecia en 1490), a la muerte, sin obtener confirmación para la ejeceución del Senado. Quedó encarcelado durante siete años, luego fue liberado, pero en 1540 fue arrestado de nuevo y, quebrantado por sus anteriores sufrimientos, murió al año siguiente. Su "Apología", dedicada al Senado, impresa en Bolonia en 1541, bosquejaba un notorio plan de reforma interna de la Iglesia, que delata la influencia de doctrinas alemanas y sobre la cuestión del libre albedrío, los sacramentos, la veneración de los santos y otros puntos es auténticamente bíblico. En un informe que Caraffa preparó para la curia se mencionaban otros dos herejes destacados. Bartolomeo Fonzio era un veneciano que incurrió en la suspensión del oficio sacerdotal en 1529, escapando a Alemania y estando presente en Marburgo en 1530. Se escribió con Bucero en 1531. Fue probablemente Fonzio, a pesar de su posterior negativa, quien tradujo el tratado de Lutero An den christlichen Adel al italiano. Posteriormente estuvo de nuevo activo en Italia y en 1558 fue arrestado en Cittadella, no lejos de Venecia; fue sentenciado a muerte y abogado, por 44 "erróneas doctrinas" extraídas de sus escritos. Cuando Caraffa preparó el informe ya mencionado, en 1532, vivía también en Venecia el fugitivo florentino, Antonio Bruccioli, quien prestó al movimiento de la Reforma grandes servicios al elucidar e imprimir escritos bíblicos en lengua italiana. Quedó bajo sospecha y así continuó y a pesar de una retractación ocasional fue repetidamente llevado a juicio. Murió en prisión en 1566. Como es su caso fue también el de Fra Baldo Lupetino de Albona en Istria y Baldassare Altieri, de Aquila, en territorio napolitano, perteneciendo su actividad religiosa y su secuela tanto al primer como segundo período de la historia de la Reforma italiana.

Mientras tanto, la doctrina había encontrado su auténtico y vital centro en Italia en el círculo de Juan de Valdés en Nápoles. El biógrafo de Caraffa (Caraccioli, Vita di Papa Paolo IV, manuscrito en el Museo Británico) con buenas razones declara que Nápoles era el "nido de la herejía"; pero es falsa la tradición que afirma que la creencia luterana fue llevada allí por soldados alemanes tras el saqueo de Roma en 1527. Desde 1536 en adelante hay un grupo que incluye a Valdés mismo, dedicado a las doctrinas fundamentales de la Reforma alemana e influenciado por el misticismo, y en el que estaban incluidos los más importantes miembros de la Reforma italiana: Bernardino Ochino, Pietro Martire Vermigli, Pietro Carnesacchi, Benedetto di Mantua (revisor del pequeño libro "Del beneficio de la muerte de Cristo", probablemente de A. Palerio), Mario Galeata, Francesco d'Alvise de Caserta, Giovanni Bugio, Galeazzo Caraccioli, Marcantonio Flaminio y otros que parcialmente, es verdad, nunca fueron más allá de intentar una reforma desde dentro de la Iglesia. El artículo central en el que todos convergían en doctrina era el principio de la justificación por la fe. Para Valdés no era importante la estructura externa de la Iglesia, estando lejos de intentar elevar el nivel de la revuelta contra las instituciones eclesiásticas, al no ser un organizador; sus enseñanzas se abrieron paso más allá del círculo cuyo centro estaba marcado por su personalidad, iluminada por una piedad profunda, siendo sólo por accidente que sus escritos fueran preservados como legados preciosos por sus amigos. El principal servicio en este sentido lo realizó la más noble de sus discípulos, Giulia Gonzaga, duquesa de Traetto.

Interrogatorio de un acusado por el tribunal inquisidor
Interrogatorio de un acusado por el tribunal inquisidor
Entre los discípulos de Valdés que no sobrepasaron los límites de una Reforma desde dentro de la Iglesia estaba Marcantonio Flaminio de Imola, extraordinariamente capacitado como poeta, siendo él quien dio al libro "Del beneficio de la muerte de Cristo" la forma bajo la cual, según el testimonio de Vergerio, circuló por el país en más de 40.000 copias, aunque ni una sola biblioteca italiana actualmente tiene una edición de ese período. Los primeros golpes de la reacción, que fue introducida en 1542 por la reorganización de la Inquisición en Roma, fueron dirigidos contra los dos más eminentes miembros del círculo que rodeaba a Valdés: Ochino y Vermigli. Ochino fue suspendido del oficio de predicar y evitó, huyendo, una citación a aparecer en Roma para explicarse. Al mismo tiempo, Vermigli, que había ascendido a un alto rango en la orden de los canónigos agustinos, tuvo que huir, entregando a sus asociados un testimonio de la fe evangélica en su Semplice dichiaragione sopra i dodici articoli della fede cristiana. Entonces la reacción se dirigió contra un tercer miembro del círculo napolitano, Pietro Carnesecchi (nacido en Florencia en 1508), quien había desempeñado altos puestos bajo la curia. Tras haber evitado la Inquisición durante una estancia de varios años en el extranjero y en Venecia, fue llevado a juicio por el papa Pablo IV, pero escapó tras haber sido citado dos veces, una por la muerte del papa y otra por la destrucción de los cargos documentales contra Carnesecchi, con ocasión de la revuelta contra el edificio de la Inquisición en 1559. Pío IV retomó el asunto y Carnesecchi, cuya correspondencia con Giulia Gonzaga fue el fundamento de un segundo juicio, fue ejecutado con otros "herejes" en octubre de 1567. Entre las víctimas de la Inquisición no pocos eran de origen napolitano y todos pertenecían al número de los que la complacencia del vicerrey entregaba, año tras año, a la curia, aunque la Inquisición española no tenía permiso para operar en el reino y un intento de introducirla en 1547 quedó frustrado por una sanguinaria insurrección del pueblo. La complacencia del vicerrey quedó también demostrada a la muerte de Giulia Gonzaga en 1566, cuando se apoderó de su correspondencia y la envió a Roma. Por sus largos años de supervisor de la Inquisición, Pío V adquirió el más exacto conocimiento de la situación y renovó e intensificó la actividad del tribunal, por lo que se ganó el nombre de Fra Michele dell' Inquisizione. Un estruendo de persecución se expandió a toda Italia en los años de su pontificado (1566-1572). Sobre las víctimas sólo queda información defectuosa, pero logró acabar con el movimiento.

Quema de herejes en el siglo XVI
Quema de herejes en el siglo XVI
Con referencia a las víctimas adicionales capturadas en el sur, se da alguna información en la obra de Luigi Amabile, II santo offizio della inquisizione in Napoli (2 volúmenes, Cittià di Castello, 1892). Durante los años 1560 y 1561 los habitantes evangélicos de San Sisto y La Guardia fueron cruelmente perseguidos. Más aún, el Santo Oficio intervino regularmente entre Nápoles y Ostia, trayendo incesantemente nuevos "sospechosos" ante el tribunal. El número de emigrantes, o más bien fugitivos, por la fe desde Sicilia y el reino continuó creciendo, pudiendo determinarse su cuantía en Ginebra, adonde muchos buscaron refugio (comp. J. Galiffe, Le Refuge italien de Genève, Ginebra, 1881). Para Italia meridional y central alguna información aceptable la proporciona un protocolo de la Inquisición romana de los años 1564-67, que contiene las sentencias decretadas contra los herejes durante ese periodo. Cómo eran las cárceles de la Inquisición romana lo describe el joven Camerarius, quien estuvo bajo arresto allí, en 1565, cuya Relatio vera, fue impresa por J. G. Schelhorn (De vita, fatis ac meritis Philippi Camerarii, Nuremberg, 1749). Frecuentemente los monjes, dominicos en su mayor parte, venían para intentar convencer a los presos, aunque una vez fue Pedro Canisio, el jesuita. Entre sus compañeros cautivos había espías. Camerarius y su compatriota, Peter Rieter, fueron liberados por la intercesión rigurosa del emperador Maximiliano II, a quien habían apelado. El 23 de junio de 1566 hubo una "abjuración pública" de 23 que estaban acusados, quienes, en su mayor parte habían sido sentenciados a cadena perpetua o al rigor de las galeras. Tras ello, la sentencia fue pronunciada sobre el noble napolitano, Pompeo de' Monti, que fue decapitado cerca del puente de Santángelo el 4 de julio de 1566. Otras víctimas que fueron ejecutadas en Roma se encuentran en la lista de mártires reformadores italianos; tres de ellos bajo Julio III: Fanino de Faenza, Domenico de Bassario y el agustino Giuliano; posteriormente otros dos, Giovanni Buzio (también llamado Mollio), de Montalcino y un desconocido de Perugia; bajo Pablo IV, el joven noble Pomponio Algieri de Nola fue quemado y cuántos en ese tiempo iban a enfrentar un destino similar se puede deducir del hecho de que a la muerte de este papa en 1559, cuando la furia del pueblo abrió las puertas de la prisión, no menos de 70 herejes fueron liberados.

Existe mejor información sobre lo que ocurrió desde el principio de la enérgica reacción en Venecia y en sus dominios que en referencia a los sucesos y alcance de la represión en la Italia meridional y central. En Venecia el movimiento estuvo relacionado con la situación política general y el Senado, desde el tiempo de la caída de la facción protestante en Alemania por la Guerra de Esmalcalda, cambió su actitud y se mostró mucho más dócil con la curia de lo que anteriormente había sido. Mientras tanto un nuevo movimiento religioso había surgido en Venecia. En 1550 Julio III afirmó que podría haber 1.000 venecianos que pertenecieran a la secta anabaptista. De este modo salió a la luz un nuevo grupo, ya que los anteriores defensores de la Reforma no pertenecían a la reforma radical, sino a la conservadora, tal como era promulgada por Lutero. Ambas tendencias fueron colaterales en progreso desde mediados de siglo y ambas contaron con nombres eminentes, pero la actitud de mutuo antagonismo por parte de sus dirigentes contribuyó aún más a que la fuerza bruta de su enemigo común anulara el movimiento. Entre los defensores de la Reforma conservadora hay que citar a hombres como Pietro Speziali (en Cittadella) y Francesco Spiera. Entonces el ya mencionado Fra Baldo Lupetino se vio atrapado por su destino y sólo durante un poco más de tiempo pudo Baldassare Altieri de Aquila, que había estado en correspondencia con Lutero, Bullinger y otros, trabajar en el frente de la derrotada facción de Esmalcalda una vez que se vio obligado a dejar Venecia en 1529. Una transición al constante crecimiento de la facción anabaptista lo proporciona Francesco Negri de Bassano, así como Celio Secondo Curione. Sin embargo, el padre propiamente dicho de los anabaptistas italianos fue Camillo de Sicilia, quien, tras su conversión, se denominó a sí mismo "Renato." Su sistema es bastante espiritualista; cualquiera que es elegido recibe el "Espíritu"; los hijos del "Espíritu" meramente duermen al morir, para entrar en una forma más elevada de ser posteriormente; el resto perecerán en la destrucción. Los sacramentos son sólo emblemas, Cristo es por encima de todo un hombre divinamente favorecido, etc. Sus fundamentos teológicos estaban fijados en un "concilio" organizado, por 70 de sus representantes, en Venecia en 1550, aunque no sin la separación de una facción radical más moderada, por lo que hubo tres grupos distintos, en lugar de dos, como previamente, en el protestantismo en Italia. En el destino posterior de las congregaciones anabaptistas, que estaban estrechamente asociadas con el centro de la causa anabaptista moderada en Nikolsburg en Moravia, se encuentran dos brillantes mártires en el período en el que la tormenta comenzó a rugir: Giulio Gherlandi y Francesco della Saga, que fueron víctimas de la Inquisición veneciana en 1555. Entre los defensores de la Reforma en territorio veneciano se puede finalmente citar al obispo Pier Paolo Vergerio, porque, según su propia afirmación, la verdad del evangelio quedó impresa indeleblemente en él en Padua, en el lecho de muerte del desafortunado Spiera y porque la Inquisición en Venecia le sometió a un tedioso juicio. Estas disputas le proporcionaron una fuente inagotable de armas contra la Iglesia católica extraídas del armamento de su propia experiencia y conocimiento exacto de la jerarquía, si bien no se puede comparar con los hombres de la primera generación en devoción desinteresada por la verdad, valentía y gozo en el sacrificio. Tampoco sus escritos pueden equipararse con los otros frutos del movimiento, tal como algunos de ellos se muestran en la Bitlioteca della Riforma Italiana (6 volúmenes, Florencia, 1881-86).

Interrogatorio de un sospechoso ante los inquisidores
Interrogatorio de un sospechoso ante los inquisidores
España
El movimiento evangélico en España fue precedido, a la vez que fue simultáneo, por los movimientos de los místicos y humanistas. Los místicos, denominados alumbrados, mostraban una cierta actitud independiente hacia los preceptos externos de la Iglesia católica. Francisco de Osuna, en 1527, en la tercera parte de su Abecedario (Toledo, 1527) subraya la inutilidad de todas las buenas obras y la necesidad de la "fe sola." El humanismo de Erasmo encontró un entusiasta admirador en Alfonso de Valdés, secretario imperial. Su hermano Juan trabajó en favor del principio de la justificación por la fe dentro de la Iglesia católica, particularmente en Italia, antes de que se abandonaran los intentos de reconciliación con los protestantes. Los hermanos Jaime y Francisco de Enzinas tuvieron que enfrentar la persecución y Francisco de San Román, enviado a Bremen, 1541, asistió a un culto evangélico quedando profundamente impresionado por el sermón de Jacobus Probst. Leyó literatura evangélica y elaboró un catecismo en español. A su regreso a Amberes fue detenido y encarcelado durante ocho meses. En Lovaina, Enzinas le quiso disuadir de predicar por su falta de preparación y experiencia, pero estimulado por su celo, fue a Regensburgo, donde estaba el emperador presidiendo la dieta. Allí fue arrestado y tras la partida del emperador, 29 de julio de 1541, fue llevado a Italia y a España encadenado, siendo entregado en Mallorca a la Inquisición. Trasladado a Valladolid, sería quemado en la hoguera como hereje obstinado en 1542. Francisco de Enzinas, tras ir a Wittenberg y traducir el Nuevo Testamento del griego al español, fue encarcelado en 1543, pero dos años más tarde pudo escapar. Su hermano Jaime tradujo un catecismo al español, pero en 1545 fue arrestado en Roma y murió en la hoguera en 1547. Juan Díaz de Cuenca, población natal de los hermanos Valdés, estudió teología en París durante 13 años, siendo convertido por Jaime de Enzinas. Tras una estancia de varios meses en Ginebra con Calvino, 1545, y tras ayudar a Bucero en el coloquio de Regensburgo, se retiró a Neuburgo y publicó su breve Summa (1546). A instigación de su hermano Alfonso, asociado a la corte papal en Roma, fue asesinado traicioneramente el 27 de marzo de 1546. Los primeros grupos evangélicos como núcleos de congregación se formaron en Sevilla. Juan Pérez de Pineda, prior de la iglesia de Osma, y secretario de la embajada imperial en Roma, 1547, quedó impresionado por los abusos papales. Tras su regreso a Andalucía fue nombrado director del Colegio de doctrina en Sevilla, esforzándose en promover la piedad auténtica. Amenazado por la Inquisición emigró a Ginebra. Mientras tanto, Rodrigo de Valera, un laico, que por el estudio diligente de la Biblia latina se había apartado de la doctrina católica y había predicado su nueva fe en las calles, influenció a Juan Egidio, quien trabajó al unísono con Constantino Ponce de la Fuente, desde 1533 poderoso predicador en la catedral. Este editó Confessio hominis peccatoris publicado en Serinium antiquarum del Dr. Gerdes (Groningen, 1749-65) y Summa, en Españoles Reformados (Madrid, 1847). Egidio, suspendido por la Inquisición (1552) de predicar y enseñar durante diez años, se retractó, pero murió arrepentido en Sevilla en 1556. En 1555 siete hombres y mujeres de Sevilla huyeron a Ginebra e igualmente doce monjes del monasterio de San Isidoro en Sevilla. Pérez que había estado en Francfort, 1556-58, logró permiso en Ginebra para ser predicador de una congregación española. Había publicado una traducción española del Nuevo Testamento (Ginebra, 1556), Sumario breve de doctrina Christiana (1556), el comentario de Juan de Valdés a Romanos (1557) y sobre 1 Corintios (1557). En este último año algunas de sus publicaciones fueron llevadas a Sevilla.

Julianillo Hernández reparte Biblias en el convento de Sevilla
Julianillo Hernández reparte literatura en el convento de Sevilla
Su descubrimiento llevó al arresto de un gran número de personas que eran sospechosas de herejía, huyendo algunos del país. Constantino fue arrestado. Igualmente surgió un movimiento evangélico en la capital, Valladolid, y en las inmediaciones, a iniciativa de Carlos de Seso, de Verona, quien en Italia había entrado en contacto con la doctrina de la Reforma. Cautamente había reunido seguidores, particularmente la familia Cazalla, entre los cuales estaba el predicador de la corte Agustín de Cazalla. En 1558 intervino la Inquisición y el 21 de mayo de 1559 tuvo lugar en Valladolid un auto de fe contra los protestantes. Cazalla se retractó, pero fue quemado vivo. Un hermano y una hermana fueron ejecutados y otro hermano y hermana condenados al encarcelamiento, siendo los restos de la madre exhumados para ser quemados. El único que rehusó retractarse fue Antonio de Herrezuelo, quien sufrió una muerte heroica. En agosto de 1559, Carranza, arzobispo de Toledo, fue arrestado y tras un encarcelamiento de 17 años fue condenado a abjurar de la herejía. El 24 de septiembre de 1559 tuvo lugar un auto de fe en Sevilla. Una casa en la que los evangélicos habían celebrado frecuentes reuniones fue derribada. El rey asistió a un segundo auto de fe en Valladolid en octubre de 1559 y prestó juramento de que ayudaría y favorecería a la Inquisición. Carlos de Seso fue quemado; también Juan Sánchez el sacristán de otro hermano de Agustín de Cazalla, quien a su vez fue ejecutado. En Sevilla el 22 de diciembre de 1560 Julián Hernández, un hermano laico del convento de San Isidoro, junto con otros, fue llevado a la hoguera. Los restos de Egidio y Constantino, que habían muerto en prisión y la efigie de Pineda fueron entregados a las llamas. En 1562 se celebraron varios autos de fe con varias víctimas, incluyendo a García Arias, llamado Maestro Blanco, que había evangelizado en el monasterio. Con esta persecución el movimiento evangélico de España quedó prácticamente silenciado. El resto de los actos de la Inquisición se centraron en comerciantes y navegantes franceses, holandeses e ingleses residentes, además de cualquier movimiento nacional. En agosto de 1565 en Toledo fue ejecutado un grupo de protestantes franceses. Del grupo de monjes fugitivos de San Isidoro se originó Artes Inquisitionis (Heidelberg, 1567), bajo el seudónimo de Reinaldo Gonzalo de Montes, cuya fiabilidad quedó en evidencia por su odio hacia sus atormentadores y su temperamento sanguíneo. Otro monje fugitivo de San Isidoro, Antonio del Corro, llegó a Ginebra en 1557, trasladándose de allí a Lausana para estudiar en la academia. Theodore Beza le honró con su amistad. En 1559 del Corro, con la recomendación de Calvino, regresó al sur de Francia para estar más cerca de sus compatriotas. En 1563, él, junto con su colega de convento Casiodoro de Reina y con Valera imprimieron el Nuevo Testamento español en uno de los castillos de la reina de Navarra. Del Corro quedó proscrito en Toulouse, pero pudo escapar. En Bergerac, donde la reina le visitó, se le prohibió predicar por ser extranjero. Juan Pérez de Pineda encontró el mismo destino en Blois. Todos esos fugitivos de Sevilla fueron protegidos en Montargis por Renata de Francia. En 1566 del Corro atendió una invitación como predicador en Amberes. Sin embargo, para la reina regente que un español fuera predicador evangélico era objetable. Guillermo de Orange quería que los evangélicos de los Países Bajos se declararan en favor de la Confesión de Augsburgo para conseguir ayuda imperial. Sin embargo, los predicadores evangélicos fueron desterrados de los Países Bajos, comenzando el régimen del duque de Alba. Mientras tanto, del Corro había ido a Inglaterra. En Londres su conocida amistad con Reina, que había llegado allí desde Ginebra en 1559, y se había hecho cargo de la congregación española, dejando Inglaterra por cargos infundados, alejó a del Corro de la congregación francesa. Sirvió a la italiana, pero le fue negada la comunión siendo privado del púlpito por el obispo.

Condenados en un auto de fe
Condenados en un auto de fe
Se unió a la Iglesia anglicana y bajo los auspicios de la corporación legal de los caballeros Templarios en Londres pronunció alocuciones teológicas en latín. Fue profesor religioso en tres institutos de la universidad de Oxford en 1597; fue censor teológico de Christ Church College, 1581-85; recibió una prebenda en San Pablo, Londres, 1582 y murió en esa ciudad en 1591. Trasformó la epístola los Romanos en un diálogo entre el apóstol y un romano (Londres, 1574). Su paráfrasis latina de Eclesiastés (1579) ha sido impresa varias veces. Grandemente estimado como teólogo por los arminianos, negó la predestinación para reprobación y se dice que se opuso la intervención del Estado contra los herejes. Cuando Casiodoro de Reina dejó Inglaterra en 1565 se estableció con su familia en Francfort sobre el Main, donde se ganó la vida en el comercio de seda y trabajó en su traducción de la Biblia (Basilea, 1568-69), que es la primera Biblia en español completa traducida de las lenguas originales. Francfort le otorgó la ciudadanía. En 1578 era pastor de los seguidores de la Confesión de Augsburgo de habla francesa en Amberes. En 1585 regresó a Francfort y en 1594 era predicador de la colonia holandesa de persuasión luterana. Cipriano de Valera huyó con sus amigos de San Isidoro a Ginebra y en 1562 fue quemado en efigie como Reina y del Corro. Estudió en Cambridge (licenciatura en humanidades, 1560; máster en humanidades, 1563); fue miembro de Magdalen College y en 1566 estuvo relacionado con Oxford. Publicó Los dos Tratados del Papa i de la Misa (1588); Tratado para confirmar a los pobres Cautivos de Berberia (1594); una nueva edición del catecismo español de Ginebra de 1559 (1596); El Testamento Nuevo de C. de Reina (1596; 1870); Institucion de la Religion Christiana (1597), una traducción de los Institutos de Calvino y La Biblia de C. de Reyna (Amberes, 1602 y sig.). Pedro Galés, un joven catalán, fue arrestado hacia 1559 en Roma porque había afirmado que era innecesario confesarse a un sacerdote y abstenerse de carne ciertos días, viéndose obligado a abjurar. Estudió en Bolonia y París y fue profesor en Ginebra en 1582. Poco después se marchó al sur de Francia y enseñó en diversos lugares, hasta que una conferencia pastoral calvinista determinó que no era sano en doctrina. En el camino a Burdeos, con su esposa e hijos, fue capturado por miembros de la Santa Liga y en 1593 entregado a España. En la prisión de la Inquisición en Zaragoza declaró que la doctrina de la Iglesia católica estaba en frecuente contradicción con la de Cristo y los apóstoles. Su segundo juicio terminó tras su muerte y sus restos fueron desenterrados y quemados el 17 de abril de 1595. Melchor Román de Aragón entró en la orden de los jacobinos. En la provincia de Toulouse fue designado procurador provincial y enviado a Roma; posteriormente fue vicario provincial y confesor de las Dames du Chapellet d'Agen. La contemplación de una víctima quemada en la hoguera le causó tal impresión que ingresó en la Iglesia reformada en Bergerac en 1600.

Estados Unidos
El protestantismo fue sembrado por los primeros emigrantes protestantes a las diversas colonias, desde los puritanos en Nueva Inglaterra a los holandeses, suecos, alemanes y franceses de las colonias centrales y a los anglicanos y hugonotes de Virginia y las Carolinas. Todas las clases de protestantismo europeo habían echado raíces antes de que acabara el siglo XVII.