Historia

REINO DE DIOS

Visión de la Nueva Jerusalén descendida del cielo, del Apocalipsis de Bamberg, c. 1000–20; en la biblioteca estatal Bamberg, Alemania (MS. 140)
Visión de la Nueva Jerusalén descendida del cielo,
del Apocalipsis de Bamberg, c. 1000–20;
en la biblioteca estatal Bamberg, Alemania (MS. 140)
La enseñanza del reino de Dios en la Iglesia antes de Agustín.
En el cristianismo primitivo posterior el reino de Dios fue un concepto exclusivamente escatológico, por lo que, según Hegesipo, un pariente de Jesús declaró a Domiciano que "el reino de Cristo no es cósmico o terrenal, sino celestial y angélico en la consumación de las edades" (comp. también 1 Clem, xlii. 3; Hermas, Similitudes, x. 12, 8). La Iglesia se distingue del reino de Dios; ella será congregada de los cuatro puntos de la tierra en el reino que Dios ha preparado para ella (Didaché, ix. 4, x. 5). Para Tertuliano, Cipriano, Justino e Ireneo la principal característica de la venida del reino es el gobierno de Dios, por el que ellos entienden la discontinuidad de su estado de servidumbre y opresión y el disfrute de una maravillosa fertilidad de la tierra. Por otro lado, Lactancio (Divinae institutiones, VII, xxiv. 4) sostuvo que la justicia reinará con Dios y Cristo en la tierra, no siendo la maldad enteramente destruida, sino condenada a perpetua servidumbre, siendo el objeto de la victoria de Dios y el triunfo de los justos. Ireneo (Haer., v. 32 y sig.), en oposición a la interpretación alegórica gnóstica del Nuevo Testamento, entendió el sábado cósmico del milenio (comp. 1 Por tanto, temamos, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. 2 Porque en verdad, a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva, como también a ellos; pero la palabra que ellos […]Hebreos 4) y la celebración celestial (Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.[…]Mateo 8:11) como la anticipación del reino, en el que los justos pueden disfrutar la recompensa de su paciencia donde habían sufrido opresión. Entre los Padres griegos fue Orígenes quien, bajo la influencia del ideal griego del dominio de la razón sobre las pasiones, creó un concepto ético e individualista del reino de Dios basado en ni dirán: "¡Mirad, aquí está!" o: "¡Allí está!" Porque he aquí, el reino de Dios entre vosotros está.[…]Lucas 17:21; Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo.[…]Romanos 14:17; 6:12 y Y cuando todo haya sido sometido a El, entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquel que sujetó a El todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.[…]1 Corintios 15:28, pero tan modificado que el don de Dios y sus bendiciones salvadoras trascienden el deber ético, considerándose el estado espiritual del cristiano el principio de la perfección celestial. Él entiende la segunda petición de la Oración del Señor expresamente según la analogía del dominio de un rey sobre sus súbditos en una ciudad bien ordenada, por lo que el alma debe someterse al gobierno de Dios y obedecer sus leyes espirituales. La perfección del reino de Dios, por la que Dios será todo en todos, tiene lugar en cada individuo cuando Cristo conquista a los enemigos en él y progresa incesantemente en conocimiento, sabiduría y otras virtudes hasta la perfección en Cristo. Los mismos pensamientos se encuentran en Cirilo de Jerusalén ("Catequesis Mistagógicas" v. 13) y Gregorio de Nisa (De oratione, ii), mientras que Crisóstomo, influenciado por la idea estoica del sabio que es rey, desarrolló el pensamiento de que con la venida del reino el alma misma reinará, estando de ese modo en armonía con la enseñanza del Nuevo Testamento del reino de Dios de que adquiriremos dominio (De oratione dominica hom.). Efrén (Cohortatio ad pœnitentiam, xxiv, comp. ix, x), igual que Juan Casiano (Cohortatio, i. 13), siguiendo a Orígenes, subrayó el lado místico de la morada de Dios.

Fresco de Agustín en Letrán
Doctrina de Agustín sobre el reino.
Agustín une en el concepto del reino de Dios las dos características de "ser gobernado por Dios" y "reinar con Dios", siendo esta última, que comienza tras la resurrección, la señal decisiva. Los santos o los justos mismos constituyen el reino de Dios, ya que sus corazones son gobernados interiormente por Cristo o Dios; pero el reino, estrictamente hablando, está todavía en el futuro, por lo que declaró que era una necedad relacionar la vida temporal con el reino de los cielos. Con Agustín el futuro "reinado con Dios" no tiene analogía con un dominio ejercido sobre otros o con una influencia sobre otros, sino que consiste plenamente en la contemplación y disfrute de Dios. No obstante, Agustín abandonó su anterior expectativa del milenio y refirió las promesas de 1 Y vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo y una gran cadena en su mano. 2 Prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años; 3 y lo arrojó al abismo, y lo cerró y lo selló sobre él, pa[…]Apocalipsis 20 al presente (De civitate Dei, xx. 9), por lo que el reino de los santos con Cristo prometido para el milenio debe existir en el presente, aunque con un poder muy inferior al del futuro. El reino consecuentemente significa para él, como para Bernabé antes de él, el descanso sabático. Por más personal que esta concepción del reino en el que Dios gobierna pueda ser, Agustín la estimó desde el mismo comienzo como una comunidad, una fase en la batalla que se libra en el transcurso del mundo entre el "reino de los cielos" y el "reino de la tierra" o "del diablo." Por otro lado, también identificó la Iglesia empírica, que incluye pecadores, con el reino de Dios. Esta organización es para él un instrumento del gobierno de Dios y la actividad de sus ministros es útil para el reino, incluso si su conducta personal es mala. Por tanto, no es extraño que el escolasticismo hiciera de la "Iglesia en conflicto" de Agustín la "Iglesia militante" y en manera semejante él influenció en el curso del desarrollo medieval, por su idea de que el Estado secular debe someterse a la guía de la Iglesia, que incorpora la verdadera justicia para la comunidad. En lo que respecta a la sociedad organizada, tras Agustín se desarrolló la idea del reino en relación con el individuo. Bernardo, igual que los Padres griegos (comp. Tomás de Aquino, Catena aurea, sobre 1 Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. 2 Por eso, cuando des limosna, no toques trompeta delante de ti, como hacen los[…]Mateo 6 y 1 Y aconteció que estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó también a sus discípulos. 2 Y El les dijo: Cuando oréis, decid: "Padre, santificado sea tu nombre. Ve[…]Lucas 11) y Agustín, distinguió, sobre la base de ni dirán: "¡Mirad, aquí está!" o: "¡Allí está!" Porque he aquí, el reino de Dios entre vosotros está.[…]Lucas 17:21, entre una sumisión libre de la voluntad del hombre a la voluntad de Dios en el mundo presente y el futuro reino con Cristo. Buenaventura (Stimulus amoris, iii. 17) considera la devoción a Dios y la experiencia de salvación como el bien más elevado, que es la morada de Dios; mientras que según Tauler (Predigten, Francfort, 1703, 774, 926, 1202, 1200), el reino de Dios es Dios mismo habitando en el alma en su propia naturaleza y esencia, con todos sus dones y tesoros celestiales.

Martín Lutero
Martín Lutero
Lutero sobre el reino.
Lutero sigue, en general, los pensamientos de Agustín, aunque con importantes modificaciones. Él trata el reino de Dios desde el punto de vista de la ley y el evangelio, expresando la ley el destino eterno del hombre, que es realizado por el evangelio, por lo que la vida según la ley es vida en el reino de Dios. En este aspecto también usa la analogía de un rey gobernando y un pueblo obediente. La vida de sumisión voluntaria a la voluntad de Dios es al mismo tiempo la vida bienaventurada, por lo que "la bienaventuranza significa que Dios gobierna en nosotros y que nosotros somos su reino." De este modo el reino de Dios en tanto dominio ético de Dios es para él el bien más elevado, en el sentido ético y también religioso. El hombre está bajo el dominio del pecado, pero el evangelio viene con un mensaje de redención a través de Cristo, por el que la ley es cumplida o el gobierno de Dios realizado según sus dos factores, comenzando en el presente y terminando en el futuro. Sobre la tierra es llamado el reino de Dios, pero para Lutero no hay diferencia real entre el reino de Dios y el de Cristo. Debido al concepto de Lutero de redención, difiere de Agustín tocante a la realización del reino de Dios. Aunque ambos contemplan el reino como una devoción voluntaria libre mediante la ley y como un don milagroso del Espíritu de Dios, Lutero deriva el efecto de este cambio, que tiene lugar a través de los poderes milagrosos de Dios, psicológicamente de la seguridad individual del perdón a través de Cristo. Más aún, a consecuencia de su doctrina de que, más que todas las acciones humanas, la fe que descansa sobre la seguridad del perdón en Cristo es la certeza de la salvación, la fe del cristiano significa para Lutero la experiencia de salvación en una forma bastante diferente a la de Agustín y por tanto para él el futuro "reino con Dios" coincide con el presente "gobierno de Dios", tanto en tiempo como en contenido. Lutero extiende el pensamiento del dominio real de los creyentes sobre todas las criaturas y sobre cielo y tierra, en el sentido de que la seguridad de la paternidad de Dios incluye la seguridad de que todas las cosas cooperan juntas para el bien, es decir para vida eterna. De este modo por su concepto del reino, que es participar en el dominio de Dios o Cristo sobre todo, evita el desprecio de lo bueno y lo malo en este mundo que había sido enseñado por Agustín y, al principio, por él mismo.

El reino terrenal de Dios de Lutero.
Ya que el reino de Dios consiste de los cristianos sobre los cuales y en favor de los cuales Dios o Cristo gobierna y que gobiernan con él, era natural para Lutero contemplar el reino sobre la tierra como un estado extensivo e intensivo de crecimiento, por lo que es el deber de todo cristiano aumentar el número de los fieles o edificar el reino de Dios. Pero Lutero no fue lo suficientemente lejos como para contemplar el reino de Dios como el bien ético más elevado o como un fin ético que todo lo abarca. Eso se debe a que, en primer lugar, su ética no era teológica sino experimental y en segundo lugar porque no subordinó las esferas de la economía y la política estatal que, junto con la Iglesia, constituyen su ideal de vida sobre la tierra, a un propósito común y eterno. La esfera secular y sus diversas vocaciones tienen para él sólo objetivos terrenales y sus obras son gobernadas por la ley natural. Él no creyó en la posibilidad y necesidad de elevar el llamamiento terrenal a una esfera superior de moralidad por medio del cristianismo, aunque no contradijo la idea de Melanchthon, quien vio en las buenas obras del cristiano en su llamamiento secular una "política de Cristo para mostrar su reino al mundo." Para Lutero, como para otros, la realización del reino de Cristo era la Iglesia, que, sin embargo, consideraba que es la congregación de creyentes a los que Cristo gobierna por la Palabra y el Espíritu. Por otro lado, reconoce el reino de Dios donde quiera que la fe y el amor se manifiestan en los llamamientos terrenales y sostuvo que la Iglesia es el reino sólo donde su actividad verdaderamente procede de la fe y el amor.

Zwinglio
Zwinglio
Teorías de Zwinglio y Calvino.
Con Zwinglio la concepción ética del reino de Dios es preponderante. Para él está contenido, en primer lugar, en la predicación, es decir, en el ofrecimiento de las bendiciones celestiales y de la gracia prometida en Cristo y, en segundo lugar, en la Iglesia, a la que la predicación llama. Donde el evangelio es recibido se establece el reino de Dios, que consiste de fe, piedad, justicia e inocencia, por lo que coincide con aquellos que son regenerados por Cristo; subraya la idea de que el "pueblo de Dios" se caracteriza simple y únicamente por su lucha para tener el reino de Dios internamente. Con Calvino la característica fundamental del reino es el gobierno de Dios, en el sentido de la subordinación del hombre a la voluntad divina (Commentarii in N. T., edición de A. Tholuck, Berlín, 1833-34, i. 167). No está en el futuro, sino que comienza en fe sobre la tierra por la Palabra y la operación secreta del Espíritu Santo. Es, por tanto, un resultado de la actividad divina y humana. Tampoco vino primero con Cristo, cuyo oficio fue "difundir por todo el mundo el reino de Dios, que estaba entonces restringido a un rincón de Judea." El futuro reino es por tanto la consumación del que comenzó en la tierra y se caracteriza por el progreso continuo. A diferencia de Lutero, Calvino procuró expresar el reino de Dios en las formas externas de la vida. La realización del gobierno de Dios es, a ojos de Calvino también, la Iglesia, siendo la comunión de los santos la prueba de la Iglesia empírica. También difirió de Lutero al inclinarse a contemplar la constitución del Nuevo Testamento como una ley eterna dada por Dios y a estimar la disciplina eclesiástica como un orden instituido por Dios para la conservación del estado espiritual; al mismo tiempo distinguió cuidadosamente el dominio político del eclesiástico.

El pietismo y la Ilustración sobre el reino.
En el pietismo el anhelo por la mejora de las condiciones religiosas llevó a una distinción entre el reino de Dios y la Iglesia oficial o la moralidad cristiana. Spener defendió la expectativa de mejores tiempos para la Iglesia, interpretándola como un triunfo preparatorio del glorioso reinado de Cristo; un tiempo de expansión y avivamiento de la Iglesia, que comenzaría con la destrucción de Babilonia (la Iglesia católica) y la conversión de los judíos. La generación más joven de pietistas, como J. J. Moser, fechó el comienzo del reino desde el movimiento de Spener, por el contraste entre el cristianismo tradicional y el genuino. La emancipación de la dogmática, un estudio más profundo de la Biblia y su interpretación histórica llevó al principio de que las Escrituras contenían el registro de la historia de la revelación y la religión, que pasa través de una serie de desarrollos comprendidos bajo el término general de "reino de Dios", una teoría presentada especialmente por Bengel, C. A. Crusius y Johann Jakob Hess. El período de la Ilustración subrayó primordialmente el lado ético activo del reino de Dios y su analogía con una comunidad de súbditos obedientes, pero no pasó por alto el lado religioso, ya que es sólo a través del gobierno de Dios en el mundo que la armonía entre la esfera de la moralidad y la de la naturaleza se cumple, o que la unión completa de la humanidad se efectúa, lo cual es necesario para la realización de la idea moral. Debido a la indeleble bondad del corazón, se sostenía que no hay distinción clara entre la historia de la humanidad natural y la historia de la salvación, por lo que el reino de Dios progresa incluso fuera del judaísmo y el cristianismo. Leibniz interpretó el "reino de la gracia" como el dominio de Dios en el mundo-espíritu, mientras que Semler lo entendió como el nuevo reino espiritual de Dios en la Iglesia y Reinhard lo concibió como una fraternidad ética establecida por Jesús para incluir a todos los pueblos.

Kant y Herder.
Por otro lado, Kant, hizo de la moralidad algo enteramente independiente, siendo incluso la regeneración un acto del individuo. Sin embargo, la moralidad guía a una fe religiosa de la razón al ser el deber conceptuado como el bien más elevado. El poder de la moralidad es insuficiente para lograrlo y por tanto debe postularse un gobierno moral del mundo, ya que una sociedad debe estar establecida según las leyes de la virtud, para la protección del individuo contra el principio maligno que le rodea. A esta comunidad ética, que puede ser realizada sólo como pueblo de Dios bajo las leyes de la virtud, Kant la denominó el reino de Dios sobre la tierra y usa su idea como una prueba para la crítica y purificación de la Iglesia empírica. Herder consideró el reino de Dios el desarrollo de la humanidad que acontece bajo las leyes de la naturaleza o de la bondad, poder y sabiduría de Dios, quien proporciona los medios y capacidades, siendo el primero en combinar conscientemente el sentido ético y religioso del cristianismo con el desarrollo griego universal y libre de toda la personalidad.

Schleiermacher
Schleiermacher
Teoría de Schleiermacher.
El fundador del uso específico del concepto del reino de Dios en la teología moderna fue Schleiermacher. La idea del reino de Dios forma la base de su enseñanza, gobernando tanto su sistema de doctrina como de ética. El reino de Dios es el propósito y realización de la redención y no sólo el propósito más elevado de acción, sino también la bendición superior (Christliche Sitte, Berlín, 1843, p. 78). Entiende el reino de Dios según la analogía de la relación entre un rey que gobierna y sus súbditos obedientes, de modo que la voluntad del rey es la voluntad de todos los que sirven y viven bajo él. La manera en la que el gobierno de Dios (o el ser de Dios) se ejerce en el hombre es la conciencia de Dios, que es real sólo en tanto actividad motivadora o, más específicamente (ya que Dios es la unidad suprema que todo lo abarca), como el amor a toda la humanidad (Glaubenslehre, Berlín, 1821-22, 90, 94). Esta conciencia de Dios eleva al hombre por encima del mundo y así se realiza el posterior progreso del reino de Dios en la tierra. En distinción a Kant, Schleiermacher no sólo concibió la actividad moral como algo inmediatamente religioso, sino teniendo su motivación en la conciencia de Dios; pero pudo también entender la actividad humana como obra divina, en virtud de su concepto fundamental ético del bien más elevado. Mediante ello entendió un resultado tal de la actividad moral que incluyó esta actividad a la vez dentro de sí misma y propagándose. No obstante, la limitación de Schleiermacher de la bienaventuranza que surge de la conciencia de Dios en aquellos llenos de amor por toda la humanidad fue, al menos en terminología, una reducción ética del concepto del reino inmanente de Dios. Para Schleiermacher la realización del reino de Dios era la obra de Cristo, hasta donde él, a través de la fuerza y bienaventuranza de su conciencia de Dios, ejerció un poder creativo de atracción que originó una vida común gobernada por el mismo impulso de la conciencia de lo divino; como antes de Cristo nunca había habido un poder tan grande de conciencia pura de Dios, no hubo ninguna sociedad que abarcara a toda la humanidad.

Reconciliación de las ideas en conflicto por Schleiermacher.
Al proponerse armonizar la tradición cristiana con el punto de vista del desarrollo histórico, Schleiermacher vio, por un lado, una línea de evolución, realizada primero en Cristo y, por otro lado, contempló las condiciones antes de Cristo como una vida universal de pecado, es decir, un impedimento de la naturaleza humana contrario a su destino, fundándose sobre la obra de Cristo la vida universal del reino de Dios por la redención. Para ambos puntos de vista presupuso la perfección original o indeleble del hombre y el mundo. De este modo, compartió la idea del cristianismo primitivo, tocante a un reino del mal opuesto al reino de Dios, aunque él incluso llegó a rechazar el dominio de un diablo personal y reemplazó la idea paulina de "carne" y la doctrina agustiniana del pecado original por la del pecado universal, pero se contradijo a sí mismo al considerar el pecado como un paso necesario en el desarrollo. El reino de Dios se hace real por la redención del pecado y del mal. La conciencia de Dios, dada por Cristo al creyente, es la voluntad pura y bienaventurada dirigida hacia el reino de Dios; pero este impulso continuo hacia el reino de Dios se hace real en el individuo en tanto el espíritu de vida universal fundado por Cristo se convierte en su propio impulso (Glaubenslehre, 121). Esta vida universal del reino de Dios coincidió para Schleiermacher con su concepto de la Iglesia, ya que para él la existencia de la Iglesia era un asunto de fe en Cristo, quien solo puede estar seguro de que en un mundo de pecado y maldad la Iglesia empírica es un lugar de bondad y salvación. Su posición aquí es similar a la de Lutero, porque como él también sostuvo que el reino de Dios no puede ser probado por la organización legal de la Iglesia y no coincide con la Iglesia empírica. Aunque hay una amplia divergencia entre el concepto, tanto en el cristianismo primitivo como en el posterior, de que el reino inmanente Dios viene través del poder milagroso del Espíritu procedente del Cristo exaltado y la idea de Schleiermacher de que la vida personal de Cristo sobre la tierra se convierte en el poder motivador del espíritu universal de la vida universal, esta divergencia se basa meramente en una psicología cambiada. Por otro lado, hay una limitación esencial de la esperanza cristiana cuando es reducida a una esperanza del progreso orgánico infinito, con un rechazo de la perfección eterna del individuo y la comunidad. Sin embargo, Schleiermacher marcó un importante desarrollo no sólo en la doctrina de la fe, sino también en la doctrina de la ética, ya que la doctrina de la fe evolucionó para él hasta convertirse en el impulso ético de hacer todo lo que está en nuestro poder para la realización del reino de Dios, mientras que en la satisfacción religiosa otorgada por Dios se encuentra un motivo suficiente para la moralidad. Al mismo tiempo se hace posible armonizar los incentivos divergentes para la moralidad presentados en el Nuevo Testamento y mezclar en el concepto de un bien superior simple las dos variedades previas de ética cristiana, la teoría del deber y la teoría de la virtud. Igualmente evita el peligro del quietismo en caso de no haber un fin que estimule la voluntad y, finalmente, proporciona una base para unir la ética cristiana antigua y la pre-cristiana.

Albrecht Benjamin Ritschl
Albrecht Benjamin Ritschl
Teoría del reino de Ritschl.
Ritschl siguió a Schleiermacher, pero profundizó sus pensamientos al acercarse al Nuevo Testamento y a Lutero. Él basó su posición sobre la vida histórica del conjunto de creyentes, que está establecida por la revelación de la gratuita gracia de Dios en Cristo que trae perdón de pecados. Igual que Schleiermacher, unió el reconocimiento de un desarrollo moral que culmina en Cristo con el concepto de pecado, pero para él el pecado era más que el desarrollo imperfecto, era la contradicción de lo bueno y su juicio, como nuestra propia acción y culpa no es fenomenológico, como lo era para Schleiermacher, sino inherente y acorde al juicio de Dios. El movimiento espiritual de los creyentes acontece en dos direcciones: en la función específicamente religiosa de la conciencia de reconciliación con Dios y en la función de actividad moral para el reino de Dios. Ritschl entendió este reino según la analogía de un pueblo que de corazón obedece a su gobernante; sin embargo, la voluntad de Dios la contempló no como una suma de normas sino como un propósito uniforme. Tanto para Schleiermacher como para Ritschl el reino de Dios es el bien más elevado, no sólo como un problema a ser resuelto progresivamente por la actividad de toda la humanidad, sino también como un bien religioso, como un don y obra de Dios y algo que genera vida y bienaventuranza. Aunque Ritschl fue rígidamente seguido por Kaftan al subrayar no sólo el estricto propósito divino del reino de Dios, sino también las bienaventuranza divinas a ser disfrutadas, él rechazó hablar con Kaftan de dos lados del reino de Dios, un lado ético por el que el hombre se enfrenta el mundo y un lado místico por el que se retira del mundo; pues no sólo hace al reino de Dios supra-mundano en el Nuevo Testamento, sino que la idea de Kaftan lleva al quietismo.

El reino de Dios y la Iglesia.
El resultado ético del concepto de Schleiermacher del reino de Dios fue plenamente aceptado por Ritschl y de este modo quedó capacitado para obviar un dualismo entre las exigencias morales de santidad y justicia por un lado y de amor por otro, al reconocer que el amor, dirigido hacia los fines del reino de Dios, es en sí mismo la voluntad moral. Igualmente eliminó la falta de claridad de Lutero y Schleiermacher al definir la relación del reino de Dios con la Iglesia, al distinguir entre conceptos religiosos, éticos y legales de la Iglesia. Hasta donde son estimados como obra de Dios, la Iglesia y el reino de Dios coinciden, siendo ambos la suma total de personas que han sido trasladadas por el evangelio de Cristo a una vida de fe éticamente activa, independientemente de cualquier organización legal. La Iglesia tiene el deber especial de adorar, reconocer y educar; el reino de Dios el de organizar a la humanidad a través del amor. La organización legal de la Iglesia es sólo un medio para la solución de sus problemas éticos. Si la teología sistemática retiene el concepto de reino Dios, debe siempre estar en continuidad objetiva no sólo con la teología desde Orígenes, sino también con el cristianismo primitivo, aunque sus fórmulas puedan ser enmendadas por el conocimiento histórico moderno.