Historia

RELIGIONES DE MISTERIO

Misterios tribales

Sileno con dos sátiros, siglo I a. C. Pompeya
Sileno con dos sátiros, siglo I a. C. Pompeya
Definiciones.
Un misterio, según lo definió Jane Ellen Harrison (Prolegomena to the Study of Greek Religion, p. 151, 2ª edición, Cambridge, 1908), es "un rito en el que se muestra cierto sacra que no puede ser contemplado sin peligro por el adorador, hasta que haya pasado por ciertas purificaciones." Esta definición es válida tanto para los misterios tribales como para los cúlticos. Los pueblos primitivos impiden a los no iniciados contemplar lo sacra, porque tal contemplación es un quebranto del tabú que traería perjuicio a la tribu, por lo que castigan tal quebranto a fin de expiar el crimen y liberar a la tribu de la culpa y malas consecuencias resultantes de la transgresión. Por misterios tribales se quiere decir aquellos ritos de iniciación de los muchachos (y en algunas regiones de las muchachas) en el momento que llegan a la madurez, por los que adquieren los derechos de los adultos tal como la tribu los concibe. Por cultos de misterio se entienden las organizaciones más avanzadas que tuvieron lugar, por ejemplo, en Grecia y el Imperio romano y están ejemplificadas en las celebraciones eleusinas, dionisíacas (báquicas) y órficas.

Factores fundamentales.
Los dos fundamentos de la institución denominada misterios tribales son (1) la inamovible distinción de los sexos, siendo el femenino casi universalmente considerado inferior en la sociedad primitiva y por tanto limitado en naturaleza y privilegios y (2) la distinción, borrada por la edad, entre el muchacho y el hombre, siendo el primero clasificado en la sociedad con las mujeres. La iniciación marca la separación formal del muchacho de la clasificación social con las mujeres y del tutelaje por ellas, junto con la liberación de las incapacidades que tal clasificación impone y la apropiación de los derechos y deberes de la madurez, o, en algún grado, dar los primeros pasos hacia esa apropiación. Pero entre muchos pueblos la distinción entre hombre y muchacho no se borra por la edad solamente, sino que la ceremonia viene en ayuda de la naturaleza. Un varón no iniciado, aunque con suficiente edad, está clasificado con las mujeres y catalogado bajo sus incapacidades tribales. De acuerdo con la lógica primitiva el ceremonial debe tener las dos características de secreto y ordalía. El paso de pubertad a madurez supone el poder de procrear y ante el misterio de la nueva vida hay una aureola de sobrecogimiento. En su mentalidad está relacionado con el poder de los espíritus y por tanto cae en la esfera de la religión; el favor de esos espíritus y el uso fructífero de los poderes de la madurez dependen de cierta corrección en el procedimiento y por eso entra también en el dominio de la magia primitiva. En ambas esferas gobiernan las ideas que bajo los romanos se expresaron como sacra y profana, presuponiendo la participación en ciertos ritos de clases definidas y la exclusión de ellos de otras clases. A causa de la inferioridad estipulada de las mujeres, por su incapacidad natural, ellas y quienes están clasificados con ellas no pueden participar y ni siquiera ser testigos del ceremonial que comienza la transformación del muchacho en hombre. Sólo los varones adultos poseen el conocimiento de los medios por los que los aspirantes a adultos pueden obtener correctamente tales derechos, o, para expresar la idea en otras palabras, pueden ser miembros de la tribu en plenitud, participando por el favor de los espíritus en su gobierno y en los deberes propios de los hombres. De ahí que sólo pueden estar presentes los adultos varones iniciados y los candidatos, ya sea para participar o para ser testigos de la iniciación y en muchos casos son los ancianos, que se han retirado de servicios tales como la guerra y semejantes, quienes dirigen las ceremonias. Además, como la iniciación marca la admisión del candidato a la madurez con sus responsabilidades, los ritos muchas veces asumen el carácter de una ordalía que procura examinar sus cualificaciones para el rango al que aspira. Una vez más, la superación de la ordalía supone la disponibilidad para el matrimonio, encaminándose los ritos realizados al estado matrimonial, tales como la circuncisión y algunas veces la subincisión.

Desarrollo de las sociedades tribales.
De lo anterior se desprende que la tribu se divide en dos amplias secciones: Los iniciados (varones) y las mujeres y no iniciados. La primera sección constituye lo que en todos los aspectos es una sociedad secreta. El secreto está reforzado por una serie de tabúes, cuya ruptura supone graves castigos. El asunto que ha de mantenerse en secreto varía según la tribu, pero puede describirse en términos generales como los ritos de iniciación y sus métodos de realizarlos, incluyendo las máscaras, los disfraces de los ejecutantes, las danzas y canciones que constituyen parte de las ceremonias, así como el significado tradicional de las mismas. La amplia división de miembros tribales en dos clases da lugar como orden social a un sistema más complejo que se desenvuelve en tres formas: (1) Se puede dividir en sociedades en las que hay varios grados con admisión de uno a otro y elevación en importancia y prestigio. La distinción básica aquí es la edad; pero el número de grados u otras características distintivas varían con la tribu o pueblo. La influencia del individuo en la tribu generalmente depende de su avance y estatus en los diversos grados. (2) Por otro lado, la sociedad puede ser intertribal, como los tótems genéricos y la ocasión de la iniciación se convierte en un asunto no de una sola tribu, sino de los iniciados y candidatos de las diversas tribus afiliadas. El efecto de esta característica en cuanto al desarrollo social se puede apreciar al instante. Es completamente natural en tales asambleas que los asuntos intertribales sean discutidos, se traten las ocasiones de disputa y que las causas que pueden desembocar en guerra, por no decir nada de las diferencias individuales, puedan también considerarse a fin de ser completamente apaciguadas. En tales momentos prevalece una paz intertribal, bajo pena de muerte si se rompe. Las consecuencias inmediatas son un decidido avance en la estructura social y el bienestar ético. (3) El tercer método de desarrollo es lo que puede ser descrito como fraternidad mágica, cuyos resultados a veces son lo contrario al bien en sus efectos sobre la organización social.

Carácter social.
Las iniciaciones, al ser de importancia para la tribu, se celebran como festividades que apelan a cada miembro iniciado. Los materiales para las festividades los proporcionan en parte los padres de los candidatos y en parte la tribu en conjunto. En el caso donde no se ha desarrollado la centralización del poder en las manos del jefe, estando el gobierno más bien en los ancianos, el ideal promovido por los misterios es fuertemente el de la fidelidad a la tribu, representada por los ancianos, que dirigen las ceremonias en presencia de los iniciados. Donde ha ocurrido la centralización del poder, puede surgir una organización menos democrática, pudiéndose formar varias sociedades secretas, más o menos limitadas en membresía y con diferentes exigencias para cualificación por parte de los aspirantes. En esos casos las ceremonias pueden crecer en complejidad e imponencia y el elemento religioso a veces se subraya más, por lo que se convierten en guardianas de la religión. En tal circunstancia se puede abreviar la ceremonia de la pubertad y no conlleva membresía en las sociedades. Esta organización más aristocrática no supone obligación universal, como las de tipo más primitivo, sino privilegio especial, cuya obtención requiere no sólo el sufragio de los miembros, sino también cualificaciones no livianas, que a su vez proporcionan un grado de consideración en la tribu correspondiente a la dificultad superada. La realización de los ritos requeridos en la pubertad se desarrolla en grados más elevados en las sociedades, cada uno de los cuales tiene su propia ceremonia de iniciación posiblemente realizada a intervalos considerables. La entrada en los mismos se convierte en un estímulo para el ambicioso. Donde se alcanza esta etapa, la separación del muchacho de sus padres puede tener lugar a los cinco años de edad y el curso de instrucción y servicio activo puede durar hasta que tenga catorce o hasta que su padre muera y lo herede. En las sociedades tribales la simplicidad e ingenuidad de la fe primitiva decae y aparece la auto-búsqueda con una inevitable duplicidad y engaño, llegándose a la extorsión y gobernando por la opresión e incluso el asesinato, como en el interior de África. En no pocos casos la sociedad tribal se convierte en un medio de perpetuar el poder de los ancianos y de procurarles un fácil apoyo en su ancianidad. Entre los indios norteamericanos, que están en esta etapa, la institución de la iniciación tiene como característica central únicamente la pubertad vigilada del candidato, que bajo la tensión del ayuno y del esfuerzo mental sueña en un animal o espíritu que de esta manera se convierte en su genio guardián.

Fraternidades mágicas.
Con la creencia en la virtud invariable de la magia, no es extraño que las fraternidades mágicas se formen sobre los ritos de iniciación y que las ceremonias tengan que ver con lograr el éxito en la caza y la agricultura. Una de las ideas fundamentales de la iniciación es la corrección del propio estatus respecto al matrimonio (y por tanto a la obtención de progenie). En la lógica primitiva el paso de este fin a la consideración de los medios de vida es corto. Se invoca la magia para el éxito en varias empresas, como en la danza del búfalo de los indios. Y como los antecesores fallecidos se supone que tienen poder para lo bueno o lo malo sobre la consecución de progenie y de los frutos de la caza y del suelo, no es extraño que las sociedades se formen alrededor del culto a los antepasados. En muchas sociedades los muertos son considerados miembros todavía activos, aunque invisibles. Tales organizaciones, vinculadas en esta manera al pasado, aunque interesadas activamente en el bienestar presente, se convierten en depositarias de la tradición, creadoras del ritual secreto y protectoras del arte poético que existe bajo tales condiciones. Por otro lado, pueden degenerar y convertirse en centros de orgías y prácticas demasiado horribles para ser descritas, especialmente en África, donde se encuentran los peores ejemplos. En resumen, los fenómenos asociados con la iniciación en los misterios ilustran tanto las cualidades más nobles como las más viles de la humanidad. Han contribuido tanto a la elevación como a la degeneración de los pueblos y muestran las aspiraciones del hombre, así como sus más lamentables fracasos.

La "casa de los hombres".
En muchas condiciones primitivas y cuando las tribus son nómadas no hay una localización exacta, aparte del lugar donde la tribu ha acampado, para las ceremonias. En esas circunstancias es usual para los muchachos acampar apartados del lugar donde las familias se han establecido. Los ritos se realizan en un lugar más retirado, a salvo de la intrusión por el ruido de algún instrumento, cuyo sonido avisa que la ceremonia se está realizando. Donde la morada lo exija la separación de los sexos, ya comentada, se evidencia en muchas comunidades por la existencia de la "casa de los hombres." Se trata usualmente de una estructura conspicua en el lugar, no admitiéndose la entrada a los no iniciados o al menos a aquellos que no son elegibles para la iniciación. Allí pueden vivir, o al menos dormir, los varones solteros. Esta casa se convierte en el centro y lugar de los misterios y las sociedades y fraternidades la convierten en su sede. Con la multiplicación de fraternidades puede haber varias de esas casas en una comunidad. Esta casa sirve como hogar del consejo, e incluso puede ser el centro de defensa en caso de ataque. Las celebraciones tienen lugar dentro de ella o ante ella, trayéndose allí las noticias que son de importancia para la tribu.

Métodos de iniciación.
En cuanto a la razón para la existencia de los misterios, en general es la introducción del joven en los derechos y maneras apropiadas de realizar los deberes de la madurez, lo que supone la preparación para el matrimonio, según lo estime la propia cultura. Los métodos particulares dependen de las tradiciones, usos e ideas de la tribu, grupos de tribus o pueblo. Las prácticas prevalecientes se expresan en dos ideas sobresalientes: (1) La ordalía, que supone un sufrimiento severo, físico y mental, que puede terminar, y a veces termina, fatalmente, aunque la superación de la prueba establece el derecho del candidato para la admisión al rango de los guerreros, o al menos para ser instruido y ser idóneo para ese estado; (2) instrucción para realizar los deberes, religiosos y sociales, que la nueva posición conlleva. Muchas veces la ordalía supone mutilaciones que son permanentes y supuestamente pueden servir al triple propósito de marcas que demuestran el hecho de la iniciación y el derecho a los privilegios de la madurez, de pruebas del valor del aspirante y la capacidad para soportar el dolor sin quejarse e incluso con indiferencia y en el rito más común (el de la circuncisión) de hacer idóneo al candidato para los deberes del matrimonio. Cuando llega el momento de la iniciación se aparta a los candidatos de las mujeres y muchachas, vistiendo ocasionalmente una indumentaria particular indicativa de su candidatura. Son llevados al campamento de los hombres o a la casa de los hombres; en algunos casos la entrega de los muchachos por las mujeres es ocasión de ceremonias dramáticas e impresionantes, que subrayan el nuevo estado al que los muchachos aspiran. Tras su separación, los muchachos son instruidos por precepto y a veces por ceremonial, anunciándoseles que salen de la infancia y sus formas y que su lugar está por tanto con los hombres, de los cuales han de recibir las lecciones en la guerra o en la caza o en otros deberes que les hagan dignos miembros de la sociedad. El candidato tras la iniciación se supone que es un nuevo ser. Con bastante generalidad se representan dramáticamente su muerte y resurrección. A la luz de instituciones más desarrolladas es evidente que este ceremonial es una cruda forma de expresar la purificación; la noción fundamental no es totalmente ajena a la idea paulina "muertos al pecado" (¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?[…]Romanos 6:2). No es imposible que bajo influencia hipnótica el candidato crea que ha muerto y ha vuelto a la vida de nuevo. Las mujeres sostienen esta creencia o la simulan. Los candidatos son embadurnados con lodo, mugre, polvo o yeso, que al quitárseles es símbolo del desprendimiento de lo que les separaba de la plena madurez. El período de reclusión varía desde unos días hasta un año, a veces con escasas raciones de alimento. El hecho del nuevo nacimiento y resurrección está señalizado por la recepción de un nombre nuevo (incluso secreto), algo que tiene su continuidad en los cultos de misterio. Además de las mutilaciones ya ciatadas sirven como acompañamientos la depilación, tatuajes, pintura, extracción de un diente, marca por fuego, bebida de sangre, azotes o perforación de nariz, labio u orejas. Todo ello con una exhibición de cierta parafernalia, tales como instrumentos de percusión y ciertos objetos simbólicos que varían en diferentes entornos, pero de los que no se puede hablar de ellos en compañía mezclada.

Valor educativo.
La instrucción durante el período de reclusión tiende en general, incluso entre las tribus más rudas de un carácter que debe asombrar por su salubridad incluso a aquellos que se supone tienen un alto grado de civilización, a desarrollar la moralidad, especialmente la que tiene que ver con el sexo y la propiedad. En conjunto, además de lo que compete a las necesidades diarias (que en este tipo de sociedad incluye además de las formas de obtener alimento mediante la caza y la pesca, así como su preparación, también el arte y los métodos de guerra), está la educación de los muchachos en su conducta hacia las mujeres, que no es en algunos aspectos inferior a las normas de moral sexual en tierras occidentales. La inculcación del autocontrol que restringe la indulgencia se logra a través de la reclusión de las mujeres. Y el objetivo del autocontrol se hace más difícil por el sistema del tabú y las restricciones impuestas por las normas que complican las ideas de relación e impiden matrimonios entre ciertas clases en la tribu. Por tanto, el candidato recibe instrucción sobre la elección de una esposa que legalmente le puede pertenecer, encargándosele que guarde estrictamente esos límites. Se le avisa contra la promiscuidad (aunque en algunas regiones el período de iniciación va seguido por una especie de orgía). Se le enseña la necesidad de la obediencia a los ancianos, de la fidelidad a las obligaciones tribales, se le instruye en la geografía de las posesiones tribales y en la necesidad de que, en beneficio público, ha de permanecer dentro de los límites tribales. Se le enseñan las cualidades de confianza, justicia, honestidad, generosidad, bondad hacia los débiles, estimación filial, valor y buen juicio, mientras que se subrayan incluso los principios de eugenesia desde el punto de vista del bienestar tribal. La fidelidad a la tribu se impone mediante la enseñanza de su historia y sus relaciones con otras tribus, así como los juegos, canciones y danzas nativas (que tienen propósitos religiosos); también se transmiten los secretos y obligaciones del sistema de tótems y tabús. Por el consejo que viene de los ancianos alrededor de la lumbre, una vez que los trabajos diarios se han acabado, se gana la admiración y estimación de los jóvenes, se fortalece el sentimiento de fraternidad y se produce un efecto moderador. Tan pronunciados son esos efectos que casi garantizan, tomados en conjunto, la ficción de un nuevo nacimiento. Este curso de instrucción puede continuar durante un considerable período, por ejemplo entre los masai de África dura hasta los 40 años. Y el ceremonial tiene valor añadido al requerirse la membresía legítima en la tribu, no siendo elegibles los hijos de relaciones ilegítimas. Ello supone también un grado de previsión económica en la que los padres deben tener suficientes propiedades para contribuir a la fiesta usual en los misterios. Los que están impedidos por incapacidades quedan en una posición inferior, cuyos efectos difícilmente pueden ser apreciados por pueblos de otras latitudes. La lealtad a los ancianos y compañeros tribales y el auto-interés se combinan para la perpetuación de los misterios y la preservación de sus secretos, mientras que una útil solidaridad tribal no es el menor de los beneficios. Las cualidades del servicio auténtico en forma de carácter, entre mucho que es supersticioso y dañino, incluso abyecto, son promovidas por esta institución.

Influencia en el desarrollo social.
El estudio imparcial de los misterios tribales enseña que la vida social, religiosa y política se centra en ellos. Son responsables de la formación del carácter en la juventud; las ideas entonces instiladas controlan la vida doméstica, social y religiosa del adulto. Son un poder fuertemente conservador, basado en un utilitarismo empírico que en muchos aspectos es grandemente ético. La moralidad individual y social son su resultado principal. Incluso es así en las formas más crudas. El secreto y las fraternidades mágicas en los misterios primarios desarrollan la influencia no menos profundamente en los tres departamentos de la vida humana y son potentes factores en la evolución del organismo social. También es digno de consideración el asunto desde un punto de vista histórico. Cuando se aprecia que los misterios eleusinos, órficos y otros que dominaron tan gran porción de la vida griega están elaborados y basados filosóficamente sobre las ideas centrales de la variedad primitiva, la importancia histórica de esas formas primitivas se hace todavía más evidente.

Cultos de misterio eleusinos

Trasfondo religioso griego.
Los misterios típicos de esta clase son griegos. Para una completa apreciación de su importancia y relaciones es un prerrequisito el conocimiento de al menos un escueto bosquejo de la historia religiosa griega. El conocimiento de la religión griega común desde el dominio del cristianismo está fundado sobre el panteón de Homero y el sistema mitológico de Hesiodo. Estuvo reflejados en los escritos de los clásicos griegos y son la sustancia sobre la que se fundamentó el culto oficial. Las divinidades homéricas son Afrodita, Apolo, Ares, Artemisa, Atenas, Hera, Poseidón y Zeus, "rey y gobernador de dioses y hombres." Pero hay constantes recuerdos, en la mención de otras divinidades incluso en los clásicos, de que esos dioses homéricos no eran todos en los que los griegos creían. Posteriores investigaciones dejaron claro que en la religión popular, que no tuvo el prestigio de los cultos estatales, esas otras divinidades tenían un gran papel. Está demostrado que los miembros del panteón homérico fueron invasores, no indígenas, entre los griegos pre-homéricos. Antes de que ellos entraran, otros cultos, que en algunos casos persistieron, tuvieron divinidades indígenas naturales cuya adoración y sacrificios adoptaron los invasores o se los apropiaron, tomando éstos los cultos y santuarios de los antiguos dioses; incluso los sacrificios y el modo de adoración fueron a veces incongruentes y a veces inapropiados, según las ideas griegas comunes (como cuando Zeus, un dios celestial, recibió en dos casos el sacrificio de un cerdo, que era apropiado sólo para un dios terrenal). Esas divinidades anteriores eran en su mayor parte terrenales, siendo su preocupación el producto de la tierra, estando vinculado a su adoración el folklore campesino con una persistencia que incluso los deslumbrantes templos, la adoración establecida y el elevado arte inspirado por los nuevos dioses no pudieron erradicar. Como en la India, que tras el declive del budismo, las creencias nativas obligaron a un compromiso con la fe filosófica del brahmanismo que resultó en el hinduismo, así en Grecia el control sobre las mentes religiosas detentado por Cibeles o Rea, por Démeter, Perséfone o Gea, por Dionisio y Leto y Selene no sólo se mantuvo firme, sino que en algunos casos tuvo que ser reconocido por el Estado. Fue en relación con este grupo de divinidades, al que se debe añadir el profeta Orfeo, que se observaron los cultos mistéricos. Que los misterios en los que esas divinidades fueron el foco de atención existieron prácticamente en todo el mundo griego está demostrado. Durante varios siglos inmediatamente antes de la era cristiana quedaron diluidos o mezclados o adulterados por elementos más toscos traídos de Asia Menor, Creta o Tracia, en los cuales las ceremonias orgiásticas y primitivas parecen haberse cultivado con un arrebato que se diferenciaba poco de los ritos salvajes. Pero la distinción entre el culto de misterio griego y la celebración tribal es, en conjunto, que el primero cristaliza en divinidades personales y esas divinidades son terrenales o relacionadas con los frutos de la tierra. Las divinidades que sobresalen son la "Gran Madre" de Asia Menor, que tomó forma en Grecia en, por ejemplo, Démeter y Kore, y, entre los dioses masculinos, Dionisio, "señor de la uva y su zumo tinto."

Origen de los eleusinos.

Mapa de las religiones orientales en el Imperio romano
Mapa de las religiones orientales en el Imperio romano

No obstante, se puede dar por demostrado que los mitos griegos del periodo histórico se han de trazar a celebraciones de clanes probablemente del mismo carácter que las descritas en la primera parte de esta discusión. Que la organización del clan, si no sobre una base totémica al menos con acompañamientos totémicos, existió en Grecia en el periodo prehistórico y que dejó observancias que sobrevivieron en el periodo histórico es algo axiomático para los estudiosos de las religiones comparativas. Y esta organización del clan supone la iniciación mística. La asociación de los clanes mistéricos con divinidades definidas no presenta dificultades. El desarrollo de genios en semidioses y de espíritus en grandes divinidades es un fenómeno bien conocido; los centros de cristalización proporcionaron dioses extranjeros traídos con las primeras migraciones. En tales casos, como en los misterios eleusinos, el enfoque sobre Démeter y Kore se explica por los elementos del mito mismo en la narrativa, de un período de infertilidad seguido por un regreso de la cosecha atribuido a la diosa. El carácter local de los misterios celebrados en Eleusis está atestiguado por un gran número de hechos, el más prominente de los cuales es la realización de los ritos principales ("misterios mayores") en Eleusis, mientras que sólo los ritos preliminares ("misterios menores") se celebraban en Atenas. Más aún, esta última celebración fue sustituida casi ciertamente tras el sometimiento de Eleusis a Atenas en el siglo séptimo a. C., siendo claramente un móvil político para permitir a la ciudad soberana participar en las observancias populares y promover el orgullo local. Una prueba casi decisiva es la transmisión hereditaria de las principales funciones de los misterios y la restricción del conocimiento de los secretos más elevados a ciertas familias de Eleusis, los Eumolpidæ, Triptolermidæ y Diocletidæ, dándoseles un linaje heroico o semi-divino. Otras indicaciones de derivación de los ritos primitivos de la pubertad son los requerimientos de madurez en los candidatos, así como (en tiempos anteriores) la ciudadanía local y (en todos los tiempos) la legitimidad de nacimiento; aquí también ha de situarse la retención en lo sacra de intrusiones originalmente mágicas (hasta donde los informes de lo sacra son confiables), cuyo antiguo significado se perdió mientras que se les confirió un simbolismo más filosófico y palpablemente secundario.

Eleusis. Ruinas y templo de los misterios
Eleusis. Ruinas y templo de los misterios
Estimación de los eleusinos.
Los hechos aducidos, y varios otros, apoyan la selección de los eleusinos como ilustrativos y típicos de este tipo de ritos. Es importante no sólo la evidente antigüedad y una tendencia al sincretismo, sino también el valor en el que fueron tenidos, su duración a lo largo de un milenio y el secreto que velaba los procedimientos. Cuán grandemente eran estimados está testificado por una serie de testimonios. Por ejemplo, Pausanias dice (V, x. 1): "No hay nada en lo que la bendición de Dios descanse en tan plena medida como en los ritos de Eleusis y los Juegos Olímpicos"; Píndaro declara: "¡Feliz quien se va de la vacua tierra habiendo sido testigo de ellos! Verdaderamente conoce los asuntos de la vida"; Sófocles destaca: "Benditos triplemente los mortales que, habiendo contemplado los misterios, han descendido al Hades; sólo para ellos habrá una vida futura [de felicidad], no encontrando nada los otros sino sufrimiento" y el himno homérico a Démeter anuncia: "¡Feliz entre los mortales el hombre que ha contemplado esas cosas! El que no está iniciado y no tiene parte en ellas no tiene igual suerte bajo la oscura penumbra en la muerte". La historia se puede trazar desde Píndaro y los himnos homéricos en el siglo séptimo a. C. hasta el 396 d. C.; los misterios sobrevivieron a los edictos de los emperadores cristianos, pero los monjes que acompañaron a Alarico a Ática en 396 procuraron la destrucción de los templos y edificios en Eleusis, donde los dramas místicos tenían su sede. Para la continuidad del secreto hay evidencia no sólo en la todavía densa ignorancia respecto al ritual y el hecho de que lo poco que se conoce es el resultado de indagar pacientemente en cada fuente disponible que cubre un milenio de literatura griega y romana, sino también en el explícito testimonio de Gregorio de Nacianzo: "Eleusis conoce tanto como el testigo el secreto de este espectáculo (el drama), que con razón es guardado tan hondo" ("Discurso XXXIX. Sobre las luces santas".

El mito de Kore.
El mito que yace en el fundamento de los eleusinos tal como se celebraban en el periodo histórico fue el de Kore, hija de Démeter, que fue raptada mientras estaba recogiendo flores y fue arrebatada por Hades, rey del mundo inferior, conviniendo Zeus en el hecho. Démeter vagó desconsolada por la tierra buscando a su hija y al final Helios le dijo que sólo había sido violada. Tras nueve días deambulando llegó a Eleusis disfrazada de anciana, sentándose en la fuente sagrada. Fue bondadosamente recibida por Celeo, rey del lugar, pero rechazó beber vino, aunque probó el kykeon, un compuesto de alimento y agua con sabor a menta, rompiendo de esta manera su largo ayuno. Se convirtió en enfermera del hijo de Celeo, a quien diariamente ungió con aceite y por la noche en baños de fuego para hacerle inmortal. Pero la madre sospechó, espió a la diosa, quedó paralizada ante la contemplación de las llamas y, gritando, frustró el propósito de Démeter. Ésta entonces se manifestó, hizo que un templo se construyera en su honor y allí puso su morada, inaugurando los misterios, cuya dirección enseñó a las familias de Eumolpus, Triptolemus y Diocles, mandándoles que mantuvieran siempre en secreto el conocimiento impartido en las ceremonias salvo a los iniciados (Arnobio, "Contra los paganos" v. 25). Pero Démeter todavía lamentaba a su hija y en simpatía la tierra rechazó sus frutos, hasta que la raza de los hombres y la continuidad de las ofrendas a los dioses se vieron amenazados. Zeus entonces envió a Hermes al mundo inferior para liberar a Kore y llevarla de vuelta a la tierra. Sin embargo, Hades prevaleció sobre la doncella para que comiera una semilla de granada y habiéndola comido fue obligada a regresar allí, aunque se le permitió morar una temporada en la tierra. De ese modo doncella y madre se reunieron en Eleusis y la tierra una vez más fue fructífera. Eumolpus quedó legitimado con la realización verdadera de las ceremonias, poseyendo su familia los principales lugares para la dirección de los misterios. Los objetos naturales en Eleusis hechos sagrados por la visita de Démeter fueron la colina donde se construyó el santuario y la fuente Callichoros, modelada por el olivo bajo el que Deméter descansó. En el mito se fueron gradualmente entretejiendo elementos dionisíacos y órficos, que no obstante nunca oscurecieron, como pasó en otras partes, el motivo local.

Deméter, estatua del siglo IV a. C.Museo Británico, Londres
Deméter, estatua del siglo IV a. C.
Museo Británico, Londres
El mito es evidentemente etiológico; una sequía puede haber sido la ocasión de la introducción de los elementos de Deméter y Kore que sustentaron las razones primitivas de los antiguos ritos del clan. Lo que parece haber escapado a la atención de los observadores es la discordia entre mito y ceremonial. El primero relaciona la reunión en el otoño de doncella y madre, en la época de la cosecha y de la siembra del grano de invierno. La desaparición de Kore es por consentimiento común la siembra de la semilla de maíz, que reaparece (viniendo del submundo) en sus retoños en la primavera, que es según cualquier analogía el tiempo de reunión de madre e hija. Más aún, las ofrendas de la cosecha eran, según la evidencia epigráfica, parte del ritual en Eleusis. Por tanto, el mito, forzado en relación con los eleusinos, fue sobreimpuesto sobre las antiguas ceremonias de clan, tal como los elementos dionisíaco-órfico-jáquico posteriormente entraron en el conjunto.

Misterios menores.
Como ya se ha indicado, los misterios eleusinos se calsificaban en "menores" y "mayores". Los primeros se celebraban en Atenas y servían como graduación o preparación preliminar para los mayores o iniciación real; estaban consagrados a Kore y Dionisio, mientras que los mayores eran consagrados a Deméter y Kore. El tiempo de los menores está en duda, siendo o bien en el mes de Anthesterion (febrero-marzo) o en Elafebolion (marzo-abril); los días eran del veinte al veintiuno. El lugar era Agra o Agri, un suburbio de Atenas, cerca de la fuente Callirhoe, donde había un templo de Deméter y Perséfone (Kore). El recuerdo del origen puramente complementario de los misterios menores está preservado en la leyenda de que fueron instituidos en honor de Heracles, quien deseaba ser iniciado, pero no pudo en su visita a Atenas coincidir con la época de la observancia; además, quien no fuera ciudadano no podía tomar la iniciación mayor y a los extranjeros se les permitía tomar el grado menor. La observancia entonces se hizo preliminar para la ceremonia final. Poco se sabe de esos ritos, aunque es cierto que el pensamiento central, igual que el de los mayores, era la purificación, habiendo varias señales de ese procedimiento: Ayuno (abstención de aves, ciertas clases de pescado, legumbres, granadas y manzanas), continencia y baño en las orillas del río Ilysoos (comp. Eusebio, Præparatio Evangelica, III, i). Los candidatos recibían instrucción del mistagogo (preceptor para la ocasión) en los asuntos necesarios; posiblemente incluía la versión eleusina del mito sobre las divinidades principales y puede haber abarcado las corrupciones jáquicas-dionisíacas. Ciertamente se enseñaban los métodos de purificación, también las restricciones alimenticias y tabúes y la clase y orden de sacrificios.

Isis, Atis y Cibeles, fresco de época romana, Museo Nazionale di Napoli, Napóles, Italia
Isis, Atis y Cibeles, fresco de época romana.
Museo Nazionale di Napoli, Napóles, Italia
Misterios mayores; ceremonias iniciales.
Los misterios mayores se dividían entre Atenas y Eleusis, lugares comunicados por la "vía sagrada", por la que pasaban las procesiones, con santuarios a intervalos frecuentes que eran importantes para la celebración. El tiempo era el mes Boedromion, la época de la cosecha de las frutas tardías, pero sobre las fechas exactas y el orden de los ritos hay considerable diferencia entre las autoridades. Para tres de las fechas hay evidencia epigráfica que fija los días para ciertas ceremonias. La inauguración de la celebración iba precedida, tal vez dos meses antes, por la proclamación de los heraldos sagrados anunciando la tregua solemne entre Estados en guerra, para que los participantes pudieran viajar con seguridad. Las fechas fijadas por las inscripciones (Corpus inscriptionum Atticarum, III, 5) eran el día trece, en la que los efebos atenienses marchaban a Eleusis para escoltar el sacra, que era llevado en procesión por sacerdotisas a Atenas el día catorce, regresando el diecinueve a Eleusis, donde se guardaban hasta el año siguiente. El orden de los sucesos era probablemente el siguiente. El quince se producía la reunión (agyrmos) de los participantes (los que habían recibido los misterios menores) en la Stoa Pokile en Atenas con las alocuciones (prorrehsis) por el hierofante (el principal actor en los misterios), mientras que el heraldo prevenía a los contaminados y profanos, asesinos, traidores y semejantes, así como a los no griegos (comp. la parodia en "Las ranas" de Aristófanes). El día dieciséis era la esencial y gran purificación, conocida técnicamente como halade mystæ, "al mar, místicos", cuando los candidatos iban a la orilla del mar, llevando cada uno el cerdo que era su sacrificio (el usual para los dioses terrenales) y siendo purificados mediante el baño. El diecisiete parece haber sido el día cuando el archon-basileus ofrecía en Atenas el gran sacrificio soteria para Deméter y Kore; el dieciocho estaba dedicado a sacrificios privados, constituyendo ambos los Epidauria, una añadidura del siglo quinto. El diecinueve el sacra regresaba a Eleusis. En la noche del diecinueve o temprano en la mañana del veinte tenía lugar la gran procesión de los participantes purificados, llevando coronas de mirto y portando antorchas (la antorcha es usualmente un símbolo de divinidades inferiores tales como Kore), pasando todo el día hasta bien entrada la noche en recorrer la vía sagrada, deteniéndose para sacrificar y adorar en los numerosos santuarios. Esta procesión escoltaba también a la imagen coronada de mirto del joven Iacchus (el Baco de los elesuinos, hijo de Zeus y Deméter, identificado también con Dionisio) asistida por dos sacerdotisas que llevaban el liknon (aventador), gritando Iacche ("Oh Iacchus"), cantando, tocando címbalos, trompetas y danzando. Este día era distintivo por ser el comienzo real de los misterios, otro de los muchos hechos que catalogan los actos de Atenas como secundarios y adicionales.

Floresta sagrada, témpera barnizada sobre lienzo, 1882, de Arnold Böcklin, Kunstmuseum, Basilea
Floresta sagrada, témpera barnizada sobre lienzo, 1882,
de Arnold Böcklin, Kunstmuseum, Basilea
El misterio propiamente dicho.
El día veinte (o veintiuno, desde este punto las fechas son inciertas) fue posiblemente el día de la ofrenda de primicias a Deméter así como de los sacrificios a otras divinidades, semidioses y las Charites. Las dos noches siguientes eran casi ciertamente las noches de iniciación y de la presentación del drama místico, cuando los participantes compartían el lamento de Deméter y su posterior gozo, visitaban los lugares consagrados, según el relato, por las experiencias de la diosa y luego, como ella, rompían su ayuno consumiendo el kykeon, el principal sacramento de la festividad. Las dos noches del drama parecen representar dos grados de iniciación, el segundo posiblemente tomado tras un año de intervalo, siendo los iniciados plenos conocidos como epoptæ, indicando evidentemente el término que han visto y (según la fórmula dada por Clemente de Alejandría) tocado el sacra. El día siguiente parece haber sido un día de juegos, en el que el galardón era una medida de cebada, las primicias del campo sagrado próximo a Deméter. Los eleusinos terminaban con el regreso de los participantes a Atenas en procesión llevando la estatua de Iacchus, marcando la entrada dos acontecimientos finales. El primero era el paso del puente de Kefissos, intercambiando los participantes y los espectadores chistes, algunas veces procaces y tal vez obscenos (probablemente una adición tras la admisión de Dionisio a compartir los honores; ciertamente no original); y el derramamiento de dos libaciones de agua en la puerta de Atenas, probablemente una hacia el este (el lugar de la aurora y de los dioses celestiales) y la otra hacia el oeste (el lugar del ocaso y de la entrada al mundo inferior). Al día siguiente, habiendo acabado las ceremonias, el senado ateniense se reunía para escuchar el informe de los oficiales sobre la celebración y para juzgar a los ofensores que habían cometido profanación. Hay varias indicaciones de que la celebración en el período más posterior se prolongó durante dos o tres días, por lo que se retardaba el día de reunión del senado.

Esencial y sacra.
Los asuntos tratados hasta el momento constituyen en lo principal sólo lo externo y salvo para las purificaciones y sacrificios no tratan con lo que dio a los misterios su importancia y valor. Esos aspectos externos no estaban vedados a ningún ciudadano como espectador, asistiendo las mujeres tanto como los hombres a las procesiones y otros ritos. El secreto comenzaba con los actos que seguían a la llegada de Iacchus a Eleusis. Lo esencial consistía de cuatro series de actos: katharsis o purificación, sustasis o ritos y sacrificios preliminares a la iniciación (ambos abiertos al público como espectador); teleutē o iniciación y epopteia, contemplación de los objetos sagrados (sólo para los candidatos iniciados). En la epopteia estban sin duda incluidos la observación del drama sagrado y la contemplación y contacto del sacra. Dispersas referencias críticas indican que el drama incluía asombrosas transformaciones efectuadas por súbitas transiciones de oscuridad a luz intensa, mientras que los actores reproducían las escenas del mito, especialmente la reaparición de Kore del inframundo y los actos de las otras divinidades en el mito. Las claves de todo lo precedente eran la purificación, consagración y esperanza del futuro tanto en esta vida como en la próxima. Sobre los ritos secretos sólo se conocen unos pocos detalles de alusiones incidentales en la literatura y de las excavaciones en Eleusis, que han resuelto bastante sobre las potencialidades del telesterion o sala de iniciación. Es un cristiano, Clemente de Alejandría ("Exhortación a los paganos" capítulo ii), quien proporciona la "señal" (símbolo) por la que el iniciado demostraba su idoneidad: "He ayunado, he bebido el kykeon, tomé del cofre, lo puse en la cesta y de la cesta lo devolví al cofre"; o "comí del tambor, bebí del címbalo, llevé el kernos, pasé bajo los pastos." El significado de las primeras dos cláusulas en la primera de esas fórmulas está claro; el carácter críptico del resto es evidente. Pero no se puede dudar que ciertos objetos fueron tomados de un cofre y puestos durante un intervalo en una cesta hasta que todo se realizó y luego fue devuelto al cofre. Indudablemente el mistagogo explicaba durante el proceso el significado simbólico de los objetos; pero lo que eran es prácticamente desconocido, pues mientras ciertos objetos usados en los misterios son mencionados en los clásicos, en Clemente de Alejandría y en los tratados sobre antigüedades (tales como Ateneo, "Banquete" xi. 52-56) y en los diccionarios, en cada caso queda la duda de si pertenecían a los eleusinos o a algunos de los numerosos misterios del mundo griego. Con la mayor probabilidad uno de los objetos era una espiga de cebada. Otro, el kernos, ha sido explicado como un aventador, pero ahora se sabe casi con certeza por las excavaciones que se trataba de una composición de copas, un plato con varias copas pequeñas que tenían cereales, tal vez miel y otros materiales, simbólicos de los dones de Deméter. Clemente contabiliza los objetos tomados del cofre como "sésamo, tortas, tortas piramidales, terrones de sal y una serpiente... granadas, ramas, varas, hiedra... . semilla de amapola... los símbolos no mencionables de Themis, orégano, una lámpara, una espada, un peine de mujer, que es un eufemismo y expresión mística para la muliebra." Pero Clemente puede haber confundido esos objetos con otros que se empleaban en los misterios de la gran madre de Asia Menor.

Oficiales.
Los funcionarios sacerdotales que dirigían o tomaban parte eran los hierophantes de la familia Eumolpis, que presidían las iniciaciones y pronunciaban los dichos sagrados que contenían las revelaciones. Estaban ayudados por los daduchoi, que parecen haber sido Eumolpidæ. Esos grados parecen haber incluido ambos sexos. Otros oficiales fueron los iacchogos, kourotrophos (enfermeros) y dairites, que oficiaban en la procesión iáquica. El liknophoros portaba el liknon (¿aventador? ¿o era otro nombre para el kernos?) explicado por algunos como el objeto usado como cuna del infante Iacchos. Los hydranoi purificaban con agua a los candidatos, los pyrophoroi mantenían los fuegos sagrados, los hieraules eran flautistas sagrados que adiestraban los coros de hymnodoi o hymnetreiæ, los neokoroi ayudaban con el mobiliario sagrado y los plaidryntai cuidaban de los estatutos divinos. Estaban también los panagei (oficio desconocido), "iniciados del altar", niños escogidos por suerte en Eleusis para realizar ritos expiatorios, los hieropoioi ofrecían sacrificios y los archon-basileus supervisaban el conjunto. Las familias sacerdotales controlaban los muchos asuntos pertenecientes a la regulación de los misterios y controlaban el estado civil de los miembros de las familias eleusinas. Las reglas de observancia estaban probablemente escritas y guardadas como referencia; por lo menos se sabe que éste es el caso en Feneus (Pausanias, VIII, xi. 1), donde las preservaba una piedra críptica. Mientras que en Eleusis los misterios eran oficiales y anuales, otros dicen que eran idénticos con los observados en otras partes a grandes intervalos, por ejemplo en Celeæ cada tres años (Pausanias, II, xiv. 1) y en Feneus cada dos (ib., VIII, xv. 1).

Importancia.
De la gran influencia de los misterios eleusinos sobre los griegos durante un milenio no cabe la menor duda. La base de esta influencia, ante el secreto que cubre la enseñanza, de la cual casi nada se sabe, sólo puede ser inferida. Los griegos eran por temperamento no dogmáticos. La "fórmula de confesión", como ha sido a veces denominada la "señal" de Clemente, no es una declaración de creencia, sino la afirmación de que se habían realizado ciertas acciones. Lo fundamental, aparte de las purificaciones y sacrificios hechos en público, era simbólico; consistía en ciertos objetos, probablemente insignificantes en sí mismos y en acciones tales como tomarlos de un cofre y volverlos a poner allí. Hasta donde se sabe no había enseñanza de dogmas. Pero la impresión total dejada por los eleusinos es de solemnidad. La licenciosidad sugerida por Clemente no ha sido confirmada por la arqueología. Deméter es una figura admirable, una tierna madre, gimiendo por una hija que le ha sido arrebatada por poderes a los que puede allegarse sólo indirectamente. Su tristeza la comparte la tierra, igual que posteriormente su alegría, cuando su hija le fue durante un tiempo devuelta. No existe una estatua más casta ni tampoco más patética que la de Deméter sentada gimiendo. Y cuando Kore le es devuelta en el mito, no hay insinuación de orgías, sólo el gozo agradecido que se desprende de la renovación de los abundantes dones del suelo al hombre. Pero es cierto que en las formas posteriores de los misterios, que Clemente confundió en su polémica, hubo características vergonzosas, aunque nada de lo que se sabe de los eleusinos permite tales ideas. La única expresión de enseñanza que se vislumbra a través del velo de la oscuridad es la esperanza tan necesaria en la religión griega de que la vida futura ha de ser más feliz, por la participación en los misterios. "Deméter... nos otorga dos dones preciosos: el cultivo de los frutos de la tierra... y la ceremonia que lleva al iniciado a la consolación más dulce en la muerte y la esperanza de la eternidad" (Isócrates, "Panegírico" citado por Filios, Eleusis, páginas 41-42, Londres, 1906). Se puede citar a Cicerón y otros en el mismo sentido. Si esto se admite, es evidente la razón para la reverencia por los eleusinos. Más aún, tal como los peregrinos cristianos procuraban y creían encontrar el favor de Dios visitando Tierra Santa y recorriendo los caminos por los que pisaron los pies del Salvador, del mismo modo los participantes eleusinos pensaban conseguir el favor de la diosa, visitando las escenas donde ella se afligió y gozó. Si se añade a ello el sentido de liberación moral y religiosa procurado por las purificaciones del ayuno y los baños, poca explicación más se necesita para justificar, desde la posición de las antiguas religiones, la alta estimación en la que los misterios eleusinos fueron tenidos en el mundo griego y romano.

Misterios dionisíacos-órficos

Carácter de la celebración dionisíaca.
De tipo muy diferente a los eleusinos fueron los misterios dionisíaco-órficos, que desde el siglo quinto a. C. invadieron y penetraron la religión popular griega. El carácter del dios y el nombre del que derivan sus nombres proporcionan la clave para el carácter de las observancia. Dionisio (Baco) no estaba en el panteón homérico, pero hacia comienzos del siglo sexto había escalado el Olimpo. Era de origen tracio, con toda probabilidad la divinidad de los satræ (que dieron su nombre a los sátiros) o los bessi, una tribu montañosa que tuvo la reputación de ser los peores bandoleros, viviendo en el monte Hæmus (Estrabón, vii. 318 y fragmento 25), quienes no se sometieron en religión o política a ningún conquistador hasta que Nicetas de Remesana a finales del siglo quinto los ganó para el cristianismo (Paulino de Nola, Carmen, xxxx). El origen tradicional de Dionisio de Tebas (como en el Tyrannus de Sófocles) es un intento para dar a este dios extranjero, que había sido recibido en el panteón, un origen nativo. Su llegada posterior a Grecia está reconocida en el prólogo al Bacchæ de Eurípides: "Ahora llego a Hellas, habiendo enseñado a todo el mundo mis danzas y mi rito de los misterios". Esta declaración supone el hecho, que puede ser abundantemente atestiguado, de que las ceremonias dionisíacas se habían esparcido ampliamente, parcialmente a consecuencia de la migración septentrional (Tracia) en dos corrientes, una vía Macedonia a la península griega y la otra a Asia Menor y de ahí al este y al sur, habiendo asimilado mientras tanto muchos de los misterios de la Gran Madre por la que Asia Menor era célebre. Los nombres y epítetos por los cuales este dios fue conocido están enquistados en su origen, sus andanzas y su naturaleza.

Triunfo de Baco, óleo de Ciro Ferri, siglo XVII
Triunfo de Baco, óleo de Ciro Ferri, siglo XVII
"Sabazios" denota Tracia y Frigia y contiene en sí mismo la idea del sueño provocado por el sabaium, una bebida fermentada hecha de grano. "Bromios" tiene un matiz tebano que expresa sonidos confusos, como el estruendo de un trueno, el ruido de una turba, el sonido de música orgiástica o el ruido de una desbandada. Y esto concuerda y se usa en relación con el mito de que Dionisio nace inoportunamente cuando su madre Sémele (una divinidad terrenal) fue golpeada con el relámpago de Zeus. Fue también "Dendrites" el "dios-árbol", que luego fue la divinidad especializada en la uva y el vino. Igualmente "Ditirambos" sugiere el embriagador prado de miel. Se pueden citar muchos otros títulos con el mismo propósito que serían suficientes para revelar su naturaleza. Todas las evidencias son las de una divinidad de la bebida; entre las tribus más toscas la bebida es un fermento rudo y primitivo, de grano o miel o raíces, mientras que entre las más civilizadas es el zumo de la uva. De ahí se puede adivinar el carácter de esos misterios, pero hay otra evidencia disponible, pues en el arte y la poesía sus compañeros son los sátiros, mitad hombres mitad caballos "ociosos, sinvergüenzas y viciosos" que "se divierten y juegan y acosan a las mujeres" y mænads, mujeres salvajes, que, siendo entheoi ("poseídas de Dios"), realizan hechos extraños, juegan y rugen y despotrican con serpientes, cuya adoración fue la danza estática que acababa en agotamiento físico y sus festividades eran desórdenes y excesos. De ahí que con probable justicia los elementos más escandalosos de los posteriores eleusinos, tales como la proclamación de chistes procaces al novio, haya que atribuirlos a la influencia de Dionisio, asociado siempre con la borrachera, la orgía y el frenesí religioso. Aunque debe hacerse notar en justicia que esos elementos no son en sí mismos el objeto, sino más bien el medio por el cual sus adoradores quedaban poseídos ("inspirados" sería el término teológico) por el dios. El mismo fin denota la palabra "éxtasis".

Lamento de Orfeo, óleo sobre lienzo de Alexandre Séon. Musée d'Orsay, París
Lamento de Orfeo, óleo sobre lienzo de Alexandre Séon. Musée d'Orsay, París
Importancia de Orfeo.
Orfeo, también de origen tracio, nunca obtuvo la divinidad, permaneciendo siempre humano. Diodoro (iii. 65) lo pone en conexión con Dionisio en una doble manera: explícitamente como nieto de Charops, a quien, devolviéndole el favor, Dionisio enseñó sus ritos e implícitamente en que Oiagros, hijo de Charops y padre de Orfeo, entregó sus ritos a su hijo, quien (y esto es importante) "hizo muchos cambios en ellos." El concepto usual de Orfeo se detiene en su fama como músico. Esto, de hecho, tiene importancia incluso para los misterios; pero es como reformador religioso que Orfeo tiene más interés en ese aspecto. Esto se muestra en el relato de su muerte, que cuenta que honró a Helios por encima de Dionisio y éste envió a sus bassarids (bacanales tracias) contra él, cortándolo en trozos y esparciendo los restos (Eratóstenes, Katasterismoi, xxiv). Las musas los recogieron y los enterraron, pero la cabeza, sepultada en Lesbos, continuó cantando y pronunciando oráculos. El núcleo histórico es sin duda el martirio de Orfeo a manos de los místicos dionisíacos, porque como reformador de los misterios dio a Dionisio poco honor. Es también deducible del relato, y está apoyado por otros datos, que Orfeo fue un profeta y maestro religioso; Pausanias (IX, xxx. 12) dice que se le atribuyó el descubrimiento de los ritos de los dioses, purificaciones para actos impuros, remedios para la enfermedad y modos de evitar la ira divina (comp. Aristófanes, "Las ranas" 1032; Agustín, "La Ciudad de Dios" xviii. 14). Los hechos significativos de todo ello son (1) que los ritos orgiásticos de Dionisio, celebrados especialmente en tupidos bosques sobre los montes por compañías de mujeres estáticas, fueron retocados por Orfeo; (2) que esta revisión tomó las formas de (a) una disminuición de lo orgiástico, la musa de Orfeo nunca es descrita en estado de excitación, sino en tranquilidad y quietud y (b) la instilación en los ritos de un significado espiritual más elevado.

Enseñanzas órficas.
Tres particulares son notorios en el orfismo: (1) Introdujo en la religión griega más completamente el principio del ascetismo (en forma de abstinencia, oponiéndose por tanto incidentalmente a las borracheras de Dionisio), con la idea de que de las buenas obras surge una vida santa; (2) tomó de Egipto (¿o de la India) o independientemente evolucionó del concepto de samsara un ciclo de nacimiento, reencarnación y liberación por la abstinencia, más la purificación de los misterios y la vida santa; (3) adoptó la idea egipcia de identificación del alma tras la muerte con una divinidad o tal vez independientemente creó esa idea. Pero el pensamiento fundamental era la obtención de la pureza. Por tanto Eurípides hace a Teseo, aborrecedor de los rectos y místicos, burlarse del adepto órfico: "¡Jáctate! tú tan santo que ninguna carne donde haya vida has comido, ya que tienes a Orfeo por tu rey" (Hippolytus, 952-953). Igualmente en la confesión del místico citada de Eurípides por Porfirio (Porfirio, iv. 19) el adepto es "liberado y llamado un Baco de los sacerdotes, vestido de blanco puro, limpio del nacimiento del hombre y del ataúd de barro (es decir, de las poluciones del nacimiento y la muerte), mientras que de sus labios siempre desaparece el toque de la carne en la que hubiera habido vida." Es bastante cierto que el orfismo supuso también el hábito del autoexamen, probablemente según el modelo de los pitagóricos: "¿Qué he hecho mal? ¿qué buena obra es mía? y ¿qué debería hacer que no he realizado?" (Diógenes Laercio, "Vida de Pitágoras" xix).

Resumen.
A pesar de los intentos órficos para eliminar la extravagancia de los ritos, los testimonios son muchos y demasiado explícitos para ocultar el hecho de que en el trasfondo del sistema bullían ritos que eran ofensivos y repelentes. Entre los tales estaba comer carne, incluso viva, de buey o cabra y con gran probabilidad un rito que recordaba la antigua comida de carne de niño (para el ritual orgiástico e indicación en esta comida de carne cruda comp. Plutarco, De oracolorum defectu, xiv; Clemente de Alejandría, "Exhortación" ii; Arnobio, "Contra los paganos" v. 19-23; Fírmico Materno, De errore profanarum religionum, vi). Por cuánto tiempo sobrevivieron en el período histórico es dudoso. Que fueron imitados, si no verdaderamente copiados, está más allá de toda duda. Y que en regiones más alejadas los misterios no cubrían sólo meramente groserías (Platón, República, 364 B) sino salvajadas, es verdad. Incluso en el recrudecimiento de los ritos primitivos que tuvo lugar en el mundo grecorromano, teniendo su punto de partida en Asia Menor, entre 200 a. C. y 200 d. C., hay evidencia de insatisfacción con la religión estatal, un despertar del alma por la vida y un deseo de cosas más nobles, que quedó en cierta manera suplido por la aceptación e interpretación simbólica de representaciones primitivas. En este movimiento los misterios descritos tuvieron una parte directriz. Pero otros cultos secretos en número considerable tuvieron su importancia, algunos meramente local, otros (como el de la Gran Madre) más difundida. Otros, como los pitagóricos e isíacos, fueron de base diferente, pero en conjunto su efecto sobre la religión fue profundo.