Historia
RENUNCIA AL DIABLO

Pinacoteca Estefano Rambaldi, San Remo
El primer testimonio explícito para el uso de una forma definitiva es de Tertuliano (De corona, iii), donde dice: "Cuando vamos a entrar al agua, pero un poco antes, en presencia de la congregación y bajo la mano del presidente, solemnemente profesamos que renunciamos al diablo y su pompa y sus ángeles"; y en De spectaculis iv, emplea casi las mismas palabras y procede a explicarlas con referencia a las tentaciones del tiempo actual. En el uso del tercer siglo, mostrado por los cánones de Hipólito (canon xix), el catecúmeno se gira hacia occidente (simbólicamente la región de la oscuridad) y repite: "Renuncio a ti, Satanás, con toda tu pompa." Cirilo de Jerusalén ("Lecciones catequéticas" xix. 2–9) prolonga la fórmula: "Renuncio a ti, Satanás, y a todas sus obras y a todos tus servicios", mirando el candidato al oeste y extendiendo su brazo. Cirilo añade un comentario en el que el significado del gesto en sus diversas partes se da con referencia a la vida de aquellos tiempos.
El establecimiento de la fórmula se demuestra por su entrada en las órdenes eclesiásticas del siglo IV, variando en ocasiones ligeramente, como la fórmula: "Renuncio a ti, Satanás, y a todo tu servicio y todas tus obras." El "Testamento del Señor" (2:8) hace que el candidato se gire hacia el oeste y recite: "Renuncio a ti, Satanás, y a todo tu servicio (literalmente, "voluntades") y a tus espectáculos (literalmente, "teatro") y tus placeres y todas tus obras". Las Constituciones Apostólicas (7:41) tienen una fórmula más larga: "Renuncio a Satanás, a sus obras, a sus pompas, a sus adoraciones, a sus ángeles, a sus invenciones y a todas las cosas que están bajo él." Aunque es abundantemente evidente que lo anterior es primordialmente la proclamación de adultos en sus propias personas, es también claro que los padrinos hacen suyas esas promesas en favor de los niños (Tertuliano, De baptismate, xviii). Tertuliano está discutiendo en este lugar contra la admisión de niños al bautismo; "Cánones de Hipólito", "Testamento de nuestro Señor" 2:8). La forma en uso en Roma al menos ya en el siglo octavo consistía de una simple pregunta y respuesta: "¿Renuncias a Satanás? Renuncio. ¿Y a todas sus obras? Renuncio. ¿Y a todas sus pompas? Renuncio." En la forma original inglesa había también tres preguntas y respuestas: "¿Renuncias al diablo y todas sus obras? Renuncio a todo ello. ¿Renuncias a la pompa vana... y deseos de lo mismo? Renuncio a todo ello. ¿Renuncias a los deseos carnales... y a ser guiado por ellos? Renuncio a ellos." (J. H. Blunt, Annotated Book of Common Prayer, p. 413, Nueva York, 1908).
Este uso está confirmado por el Missale Gallicanum y el misal de Sarum, ocurriendo la fórmula en el oficio de la Iglesia ortodoxa para un catecúmeno. La forma armenia es: "Renuncio a ti, Satanás, y a todos tus engaños y a tus trampas y a tu servicio y a tus sendas y a tus ángeles." La uniformidad está también preservada en los ritos jacobita, copto y etíope.
Bingham (Origines), XI., vii. 4–5) llama la atención sobre estos hechos: (1) Los baptisterios contenían dos salas, haciéndose en la antesala la renuncia; (2) la dirección en la que el catecúmeno miraba era invariablemente hacia el oeste; (3) la renuncia era subrayada por el gesto, extendiendo las manos (probablemente con un triple gesto de rechazo) e incluso escupiendo tres veces (Gregorio de Nacianzo, Oratio, xl., De baptismate; Dionisio, De hierarchia ecclesiastica, ii. 3).
El siguiente pasaje recoge el formulario para el bautismo de los sajones:
'¿Renuncias al demonio? Renuncio.
¿Renuncias a las obras y a la voluntad del demonio? Renuncio.
¿Renuncias a los sacrificios sangrientos, a los ídolos y a los dioses que los paganos tienen por ídolos y dioses y a sus sacrificios? Renuncio.
¿Crees en Dios Padre todopoderoso? Creo.
¿Crees en Cristo, Hijo de Dios, Salvador? Creo.
¿Crees en el Espíritu Santo? Creo.
¿Crees en Dios todopoderoso, en su trinidad y en su unidad? Creo.
¿Crees en la santa Iglesia de Dios? Creo.
¿Crees en la remisión de los pecados por el bautismo? Creo.
¿Crees en la vida después de la muerte? Creo.'
(E. von Steinmeyer, Die kleineren althochdeutschen Sprachdenkmdler, Berlín, 1916, p. 23)