Historia
RÉQUIEM

del mariscal Boucicaut, c. 1405, Folio verso (reducido)
Forma la principal parte del funeral católico, ya que sólo con la ofrenda del sacrificio eucarístico la misa de réquiem hace que el acto se convierta en una intercesión eficaz ante Dios en favor del alma del muerto. Normalmente el réquiem debería estar ligado directamente con el funeral y preceder al entierro y por tanto vendría después de la recepción del cuerpo en la iglesia. En la Iglesia griega ésta es la costumbre permanente; en la Iglesia católica se permite la alteración cuando razones locales, higiénicas o litúrgicas hacen inviable celebrar la misa por el difunto antes del entierro. En este caso va después del entierro, ya sea el mismo día, si es posible, o unos días después. Según la norma, el ataúd debe ser llevado a la iglesia y puesto ante el altar, para significar la conexión del sacrificio eucarístico con el muerto y caracterizarlo como un acto realizado expresamente a su favor. Si el entierro ya ha tenido lugar, un catafalco, envuelto en negro, es el sustituto del ataúd. El entierro será incompleto sin el réquiem; pero éste, en sí mismo, constituye un acto completo y suficiente. Se repite a intervalos regulares, tales como el aniversario de la muerte; en la Iglesia antigua y en la Iglesia griega en el tercero, noveno y cuadragésimo día tras la muerte y en la Iglesia católica en el tercero, séptimo y trigésimo día.
Ritual.
El fundamento del réquiem es el mismo que el de cualquier otra misa, pero la ocasión especial, la aflicción, la resignación profunda y el particular propósito de la intercesión por el reposo del alma del que ha partido se subrayan claramente, mediante el carácter impartido al oficio ordinario de la misa. El negro, al ser el color del dolor, es apropiado para el réquiem. Al igual que durante el tiempo de la pasión, se omiten los aleluyas tras el gradual, introduciéndose en su lugar la secuencia Dies iræ, con la excepción de los tres versos de apertura originales y la adición del último. La secuencia originalmente usada en el primer domingo de Adviento fue incorporada en el oficio por los difuntos. Ni el Gloria ni el Credo se dicen o cantan, siendo esta última omisión peculiar al réquiem. En el 'cordero de Dios', el 'dale la paz' sustituye a 'ten misericordia de nosotros' y 'danos la paz'. La bendición postrera no se usa, ya que la absolución y la bendición del muerto vienen a continuación. En lugar de 'podéis iros en paz', se pronuncian las palabras 'descanse en paz'. Además de esto, el oficio tiene que ver sólo por el que ha partido, omitiéndose todas las conmemoraciones de naturaleza festiva y por los vivos, tales como la bendición del agua del sacrificio. Tras acabar la misa, el sacerdote, con los ministrantes, desciende por las gradas del altar, se aproxima al ataúd (o catafalco) y mientras es incensado y se hace la aspersión, pronuncia la absolución y bendición según el ritual prescrito. La Iglesia antigua se contentaba con las interpolaciones apropiadas (comp. la forma de intercesión por los difuntos en las Constituciones Apostólicas, viii. 41), muchas de las cuales han sido preservadas en el misal romano. La Iglesia griega no tiene una forma especial para la misa celebrada en el entierro o para la misa por los muertos. Una misa de réquiem puede ser pública (o solemne) o privada. En el primer caso es coral, se usa incienso y ofician dos o más clérigos; en el segundo caso la misa es simplemente leída y un solo sacerdote oficia.
Arreglos musicales.
Estrictamente hablando, incluso en un réquiem coral la música debería ser mantenida de fondo; el órgano no debería acompañar los responsos y el propio carácter del réquiem prohíbe el uso de otros instrumentos musicales. Cantar debe quedar confinado a una enunciación musicalmente adornada de las palabras de la liturgia. Si es hecho en manera digna y apropiada, una interpretación coral y una misa de réquiem es, desde un punto de vista musical, una creación artísticamente impresionante. No obstante, es bastante comprensible que un arte musical más desarrollado tenga un lugar especial en el réquiem. De hecho, el Dies irae, con su riqueza de emociones variadas y su imaginería, parece casi un desafío creativo imaginativo para una reproducción de representación musical. Por lo tanto, todos los períodos y estilos de música han participado en la composición de réquiems. Es verdad que en esos esfuerzos el arte musical no ha quedado confinado a los límites establecidos por el propósito litúrgico del réquiem, ya que en interés de una mayor comunicación de todos los medios de expresión se ha empleado toda la riqueza de la armonía orquestal. El réquiem ha llegado a ser una creación musical independiente, artísticamente completa en sí misma e introductoria del oratorio.