Historia

ROCHELLE, LA

La Rochelle es una ciudad en la costa occidental de Francia en el departamento Charente-Inférieure. Sus orígenes datan del siglo X, cuando la ciudad creció alrededor de un castillo feudal construido sobre una escarpada roca (Rupella, Rochella) en medio de las marismas del Charente. En el siglo XII se convirtió en el principal lugar del condado feudal de Aunis. La ciudad y territorio pasaron a Inglaterra con el matrimonio de Leonor de Aquitania con Enrique II (1151) y permaneció bajo dominio inglés hasta 1224, cuando fue capturada por Luis VIII. Durante la Guerra de los Cien Años fue tomada por los ingleses y cedida formalmente por Francia en el tratado de Brétigny (1360). Pero continuó siendo francesa en espíritu. En 1372 los habitantes rechazaron ayudar a la flota del duque de Premboke, que fue destruida por una flota castellana al servicio de Francia en el Golfo de Vizcaya. En reconocimiento a este servicio, Carlos V confirmó de nuevo los antiguos privilegios municipales de la ciudad. Su bahía se convirtió en un importante fondeadero de la marina francesa y fue desde La Rochelle que el descubridor francés Bethencourt zarpó en 1402 para la conquista de las Islas Canarias. Sin embargo, el interés principal de La Rochelle es religioso, en relación a las guerras con los hugonotes. Hacia 1534 el calvinismo había adquirido importancia en la región de alrededor y cuando las guerras de religión comenzaron en 1562, La Rochelle se convirtió en una importante fortaleza protestante del oeste de Francia, rivalizando con Montauban y Montpellier en el sur. Su peculiar importancia yace en el hecho de que estaba abierta al mar y que tenía fácil comunicación con sus correligionarios en Inglaterra y Holanda. Durante la tercera guerra civil (1572-74), que fue precipitada por la Matanza de San Bartolomé, La Rochelle fue ineficazmente sitiada por las fuerzas católicas al mando del duque de Anjou, hermano de Carlos IX. La paz con la que terminó esta guerra tuvo un papel importante para modelar la resolución final de la cuestión hugonote por el Edicto de Nantes.

Rendición de La Rochelle
Rendición de La Rochelle
En 1624, cuando los problemas hugonotes surgieron de nuevo, aunque bajo condiciones radicalmente diferentes, La Rochelle fue de nuevo su principal fortaleza. La situación era totalmente peligrosa para Francia, porque los hugonotes estaban operando en conexión con los ingleses bajo el duque de Buckingham, cuya flota había capturado la isla de Ré. Afortunadamente para el rey, el cardenal Richelieu estaba al mando y el 15 de agosto de 1627 el ejército real puso sitio a la ciudad. Las dificultades eran grandes, pues sus murallas eran tan fuertes que con los medios que entonces se disponían parecía imposible conquistarlas. Sin embargo, la principal dificultad era la ayuda de Inglaterra. Richelieu, con una fuerza de 25.000 hombres, bloqueó el lugar con una línea de fortificaciones. La mayor dificultad era cerrar el puerto a la ayuda exterior. A pesar de las tormentas invernales, una inmensa mole fue construida a lo largo de la bahía. En mayo de 1628 la construcción de la mole estaba tan avanzada que una flota inglesa no pudo entrar a la bahía. Mientras tanto la fortaleza desfallecía por el hambre, comiendo sus habitantes todo lo que pudiera ser devorado, incluso los pergaminos cocidos. Cuando toda esperanza de liberación fracasó, La Rochelle se rindió el 28 de octubre de 1628. Sus privilegios quedaron abolidos, su propiedad fue traspasada al dominio real, sus murallas niveladas y el catolicismo restaurado. Pero la oposición de Richelieu había sido puramente política. Todavía fue dejada la libertad de adoración a los protestantes.

Bajo la activa política comercial de Colbert, La Rochelle compartió con todos los hugonotes de Francia la prosperidad de aquellos tiempos. Tuvo importantes relaciones comerciales con las colonias francesas en América, con Santo Domingo, y la costa occidental africana. Pero la revocación del Edicto de Nantes en 1685 fue un golpe del que nunca se recobró. Se estima que entonces perdió 5.000 habitantes. Tan bajo cayó que incluso durante la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas apenas tuvo historia.