Historia
ROMANTICISMO

Museo del Louvre, París
Surgió sobre un trasfondo de otros tres movimientos que tuvieron mucho en común entre sí: clasicismo, humanismo e Ilustración.
(1) El clasicismo, que había retenido su lugar incluso desde el avivamiento del saber, se había adherido a esas formas de expresión que prevalecieron en los periodos creativos de Grecia y Roma. Era una actitud de mente, un método de actividad literaria y artística formado sobre los severos modelos del antiguo pensamiento, caracterizado por la energía, frescura, pureza, proporción, restricción, objetividad, esto es, sumisión a la naturaleza, y reverencia por la autoridad de los modelos establecidos.
(2) El humanismo, otro nombre para el Renacimiento en Italia, 1350-1425, se volvió de la metafísica, de las fórmulas lógicas escolásticas definidas por la Iglesia, del despotismo de la Iglesia que reclamaba el derecho exclusivo a absorber el interés humano, a la división del conocimiento en los "dos caminos", sobrenatural y natural, religioso y científico. Se propuso renovar la literatura de la Roma clásica; por el avivamiento del platonismo, neoplatonismo y aristotelismo, la frescura y libertad del espíritu griego fueron reavivados y la antigua cosmología griega, doctrina de la naturaleza, escepticismo filosófico y la mezcla ecléctica de elementos incongruos surgieron de nuevo a la vida. Debido al nuevo espíritu científico, entraron en escena los descubrimientos y los inventos de gran magnitud. Con el redescubrimiento de muchos ejemplos espléndidos de la escultura griega se avivó el sentido de la belleza y la admiración asociada con la forma humana, como la expresión más perfecta del ideal. En una palabra, el humanismo atrajo la atención una vez más hacia el hombre como ser racional, con capacidades de riqueza inmensurable, susceptible de infinita cultura.
(3) La Ilustración (1650-1800) dos siglos después del declive del humanismo y cuando la Reforma protestante estaba bien asentada, dirigió de nuevo el interés hacia el hombre, esta vez centrándose en su naturaleza racional y sus capacidades como tal. El movimiento se puede resumir en la suficiencia de la razón humana para todos los problemas de la vida. El humanismo había dado eso por supuesto, pero no había procedido lo suficiente para reflejar lo que era necesario para justificar su actitud y actividad y para ofrecer una defensa racional del movimiento entero. Sin embargo, la Ilustración hizo que el espíritu del humanismo volviera de nuevo a la vida en la conciencia inglesa, francesa y alemana. Como el humanismo, evitaba la metafísica; continuó la investigación en el interior de la naturaleza humana siempre desde el lado de la experiencia, la validez de su conocimiento del mundo y el significado de la vida humana en lo individual y lo social, aliándose con la actividad literaria y cultural del período. No obstante era consciente de haber despertado en un nuevo mundo, no ya el de la Iglesia o el de Grecia o Roma, sino el de los nuevos descubrimientos, un nuevo método científico, nuevos valores económicos y sociales, una nueva psicología y nuevos postulados históricos. Sin embargo, en el proceso de desarrollo de su principio esencial se pusieron en evidencia sus inevitables limitaciones y también su ineptitud para responder a un gran ingrediente en la naturaleza humana: lo poético e imaginativo y lo más definitivamente personal. En su intelectualismo superficial abstracto, su utilitarismo individualista y social, su negación de la libertad personal y su eliminación del misterio pavimentó el camino para una profunda reacción de la conciencia, en la que regiones olvidadas de la personalidad debían ser afirmadas. El tiempo por tanto estaba maduro para un movimiento en el que la cultura intelectual y teórica diera paso al lado estético de la naturaleza del hombre, en el que halla una auténtica y rica expresión.

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En una descripción del romanticismo requieren atención las siguientes características:
(1) Subjetivismo. J. G. Fichte sostuvo que la autoconciencia no está determinada por nada fuera de ella misma y que todo existe sólo por la actividad del Ego. Según F. W. Schelling la naturaleza es el Ego en el proceso de llegar a ser. En el pensamiento inglés la naturaleza era concebida como una analogía del espíritu, por lo que naturaleza y espíritu se correspondían entre sí (comp. S. T. Coleridge, Aids to Reflection, Londres, 1825). Además de este fundamento filosófico había un profundo sentimiento de que el alma misma era una mina de tesoros inagotables, apenas escasamente explorada. No quedó limitado a la conciencia normal, sino que en ciertos románticos alemanes lo fantástico, caprichoso, mórbido y extraño fue desarrollado hasta proporciones extremas (comp. Novalis, esto es, F. L. von Hardenberg, muerto el 25 de marzo de 1801 y E. T. A. Hoffmann, muerto el 24 de julio de 1822).
(2) El interés lo absorbe no tanto el elemento racional, sino el aspecto estético del mundo y la vida humana, lo cual apela a la imaginación y lo extravagante. El deber está determinado por el sentimiento e incluso la religión se resuelve en el sentimiento de absoluta dependencia (Schleiermacher).
(3) Estrechamente asociado con el elemento éstético estaba el sentido de la belleza, no el de las normas derivadas de Grecia, ni siquiera de la Edad Media, salvo en Scott. Estaba primero la belleza del mundo natural que, dormida durante siglos, despertó en el espíritu romántico; no sólo la belleza de las grandes montañas, de los tranquilos o tumultuosos mares, sino de las nubes, las puestas de sol, el brillo de la luna, las flores. La investigación se convirtió en una pasión. Se encontraba en todos los lugares, en personas desplazadas y olvidadas, en los sucesos comunes y triviales. Por otro lado, se creaban las situaciones más extravagantes, sometiéndose la personalidad misma a las más extraordinarias experiencias para descubrir y extraer una quintaesencia de la belleza nunca antes destilada.
(4) El misterio surgía no sólo de las profundidades insondables del alma, del aspecto infinito del ser, sino también de un anhelo insaciable por lo no experimentado y desconocido. Para Novalis la filosofía es añoranza, el deseo de encontrar el lugar en el Absoluto. Johann Ludwig Tieck estaba consumido por el deseo de algo que trascendiera lo finito. Schelling concebía la belleza como lo infinito que aparece en forma finita. Wordsworth estaba fascinado por la rareza de la naturaleza, que sólo reflejaba la profunda rareza de su propia alma.
(5) La relación de lo interior con el mundo exterior se presenta desde dos puntos de vista. Primero, hasta donde el mundo exterior es una copia del mundo interior, lo que puede deberse a un panteísmo idealizado. Pues o bien la armonía del mundo exterior es la creación del Ego, o ambos son expresiones parciales de la unidad infinita que todo lo penetra (Novalis, Lerhlige zu Sais). O, en segundo lugar, el mundo interior de la conciencia individual es primero descrito con total desprecio de las convenciones sociales externas, por lo que existen dos tipos de vida uno al lado del otro; uno de desarrollo libre de ataduras de aquellos que están dotados con el genio; el otro, el orden convencional de aquellos que no tienen fuerza o coraje para afirmar la libertad independiente de la autorrealización. El primer tipo es estimado como el más elevado ideal humano y el mundo actual es juzgado por su grado de correspondencia con la "inexplorada libertad." En manera semejante, por un proceso de selección ideal, incluso el mundo natural es concebido como la sede de fuerzas maravillosas que raramente se manifiestan.
(6) El desarrollo libre de cada personalidad según su genio supone el reconocimiento y obediencia de todos los impulsos, inclinaciones e incluso idiosincrasia individual. Varias fueron las condiciones externas en las que los grandes románticos desarrollaron su genio: Wordsworth en la soledad, Scott en el estudio histórico de la vida medieval, Byron en la devoción heroica a la causa de la libertad; Schelling y Schlegel en la filosofía especulativa; la mayoría de los escritores franceses y alemanes en más o menos indiferencia hacia las convenciones sociales. La teoría constantemente reiterada es que el genio debe ser libre para seguir su estrella hasta donde sus poderes artísticos le permitan llegar. No sólo no debe permitirse el constreñimiento, sino que sólo en la senda de la perfecta libertad puede el individuo alcanzadar la meta de la autorrealización. En lugar de volver a Grecia y Roma o a la Edad Media para su material, ellos aíslan aspectos de su propia experiencia y lo desarrollan como si fueran en verdad de validez universal. Todo lo que es vital en sus escritos es autobiográfico. Cada uno siente que debe vivir la vida romántica, ya que sólo entonces se es capaz del análisis sutil y de la autorrevelación incansable de su conciencia más profunda para retratar su ideal. Por tanto renuncian a las convenciones en sus escritos como habían hecho ya en su vida, escribiendo como sienten y como piensan.
(7) Los escritores románticos están todos, con escasas excepciones teñidos de panteísmo y misticismo. En filosofía, ética, religión, no menos que en los conceptos de la naturaleza y el amor humano, hasta donde son autoconscientes, son francamente panteístas. Lo infinito no se realiza plenamente salvo en toda posible forma de concienciación y relación humana en la que halla expresión. Si el panteísmo inglés fue en conjunto más sobrio y naturalista que el alemán y el francés, esto puede deberse al temperamento más tranquilo y severamente restringido de la mente inglesa. En cuanto al misticismo, no todos los místicos son románticos y no todos los románticos son místicos, pero ambos elementos están comúnmente asociados en la misma persona. Los románticos creen que la realidad se revela no mediante el pensamiento racional, sino por el sentimiento, la experiencia inmediata y la iluminación espiritual. Por tanto, una parte del significado de la vida elude el análisis. Cualquier retrato de ella, por más concreto y vívido que sea, es como mucho parcial y sugestivo más que completo y final. Por otro lado, la experiencia romántica extática nunca está lejos. El secreto de obtener verdades no es tanto investigar sino rumiar, escuchando las voces interiores, interpretando lo que es "dado" en momentos de raro y exaltado sentimiento.
Comienzos.
Las autoridades no se ponen de acuerdo en cuanto al comienzo exacto del romanticismo. Sin embargo, se puede sostener que, en literatura, las primeras huellas del movimiento en Gran Bretaña después de Spencer, Shakespeare y Milton, se encuentran en el siglo XVIII en Thomas Gray, muerto en 1771, y William Blake, muerto en 1827; en Francia en J. J. Rousseau, muerto en 1778 y en Alemania en Herder. En filosofía, su última vindicación ha de referirse a la primacía de la voluntad de Kant, alcanzando su exposición metafísica en la doctrina de Schopenhauer de que la esencia del hombre y del mundo es la voluntad. En teología toca a Fichte y Schleiermacher en cuanto a los elementos sugestivo y estético respectivamente.

Beethoven, en la pared cuelga un cuadro de Lord Byron.
De izquierda a derecha: Alejandro Dumas, George Sand y Rossini
El espíritu del romanticismo ha estado activo en otros campos, aparte de los descritos anteriormente: en la música, F. P. Schubert († 1828), F. F. Chopin († 1849) y R. Schumann († 1856); en la pintura J. M. W. Turner († 1851) y F. V. E. Delacroix († 1863); en los viajes, siendo el motivo inspirador desde la última parte del siglo XVIII el sentimiento ligado de belleza y exaltación de la presencia del escenario natural impresionante; en el experimento social, como el episodio Brook Farm, 1841-47, que procuró poner en práctica el sistema de asociación o falansterios propuesto por F. M. C. Fourier († 1837); y finalmente, en el generoso y heroico ministerio a los sufrientes en el campo de batalla (Florence Nightingale, en Crimea, 1854-1856) y en las grandes ciudades (William Booth).
Literatura.
La literatura del romanticismo es de extraordinario brillo: cuentos, poemas, dramas, ensayos, psicología, ética, religión y teología. Sólo una pequeña parte de ese elenco se puede aquí mencionar. En Gran Bretaña Lord Byron († 1824); William Blake († 1826); S. T. Coleridge; W. Wordsworth. En Alemania: Novalis († 1801), Die Lehrlinge zu Sais y Heinrich von Otterdingen in Werke (Leipzig, 1898) y en traducción inglesa Hymns and Thoughts on Religion (Edimburgo, 1888); H. von Kliest († 1811), Werke (Berlín, 1826); E. T. A. Hoffmann († 1822), Werke (Leipzig, 1899); J. P. F. Richter, "Jean Paul" († 1825), Titan (Berlín, 1800-03; comp. T. Carlyle, Essays, vols, i. y iii, ib. 1887); F. von Schlegel († 1829), Lucinde, en Athenäum, 1798-1800, comp. también Esthetic and Miscellaneous Works (Londres, 1875); F. D. E. Schleiermacher, Reden usher die Religion (Berlín, 1799); A. W. von Schlegel († 1845), Vorlesungen ueber dramatische Kunst und Litteratur (Heidelberg, 1805-11); Ludwig Tieck († 1853), "William Lovell," Die Verkehrte Welt, en obras coleccionadas publicadas en Berlín desde 1828 a 1854. En Francia: Madame de Staël († 1817), De l'Allemagne (Londres, 1813); Theophile Gautier († 1872), Mademoiselle de Maupin (París, 1835), Fortunio (París, 1837); Alfred de Musset († 1857), La Confession d'un enfant du siècle (París, 1836); George Sand († 1876), Indiana (París, 1831), Lélia (ib. 1833), Jacques (ib. 1834), Lucrezia Floriani (ib. 1846); Víctor Hugo († 1885), Hernani (París, 1830), Les Misérables (París, 1862).