Historia

SACRAMENTO

Sacramento es el nombre dado en la Iglesia católica y las iglesias orientales a siete ritos sagrados y a dos, bautismo y Cena, en las iglesias protestantes, si bien algunas iglesias protestantes eluden ese término y prefieren usar el de ordenanza.

Nombre y teoría eclesiástica antigua.
La palabra griega mysterion, "misterio", usada en la Iglesia oriental para designar esos ritos está tomado del Nuevo Testamento y contiene una referencia a la virtud escondida tras el símbolo externo. La palabra latina sacramentum significa algo que es consagrado, más particularmente un juramento, especialmente un juramento militar de lealtad a la norma y también la suma de dinero depositada en el tribunal por el demandante y el demandado antes del juicio de un caso y guardado en algún lugar sagrado. El término se aplicó a los ritos cristianos en el tiempo de Tertuliano, pero no se puede trazar anteriormente por ningún testimonio. Jerónimo tradujo la palabra griega mysterion por sacramentum (nos dio a conocer el misterio de su voluntad, según el beneplácito que se propuso en El,[…]Efesios 1:9; 3:3,9; 5:32; E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: El fue manifestado en la carne, vindicado en el Espíritu, contemplado por ángeles, proclamado entre las naciones, creído en el mundo, recibido arriba en gloria.[…]1 Timoteo 3:16; En cuanto al misterio de las siete estrellas que viste en mi mano derecha y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros son las siete iglesias.[…]Apocalipsis 1:20) y de la Vulgata la palabra sacramento pasó a la versión de Reims en Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia.[…]Efesios 5:32, donde se habla del matrimonio, y la traducción es: "Este es un gran sacramento." En otros casos la versión de Reims retiene la palabra "misterio."

La doctrina de los sacramentos no se desarrolló plenamente hasta la Edad Media y los escolásticos hicieron con ella lo que los Padres de la Iglesia habían hecho con la doctrina de la Trinidad y la cristología. Con la excepción de Agustín, ninguno de los Padres dio más que una atención de pasada a la definición y doctrina de los sacramentos; pero la Iglesia oriental sostuvo que había dos sacramentos, bautismo y eucaristía, aunque posteriormente se aceptó el número siete. Agustín argumenta en un número de pasajes la definición, significado y necesidad de los sacramentos. Llama el bautismo y la eucaristía sacramentos "en un sentido eminente" (Epist. ad Januarim, liv. 1) e igualmente aplica el término sacramentos a la ordenación para el sacerdocio (Contra epist. Parmeniani, II, xiii. 20), al matrimonio (De bono conjugali, 21) y a otros ritos. Asignó los sacramentos al Antiguo Testamento así como al Nuevo y habló de los primeros como promesas del Salvador y de los últimos otorgando la salvación (Sobre el Masquil de Asaf. Oh Dios, ¿por qué nos has rechazado para siempre? ¿ Por qué se enciende tu ira contra las ovejas de tu prado?[…]Salmo 74:1). Define un sacramento como un signo visible de una cosa divina (De catechizandis rudibus, xxvi. 50) y comentando sobre 41 Por eso los judíos murmuraban de El, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. 42 Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo es que ahora dice: "Yo he descendido del cielo"? 43 Respo[…]Juan 6:41-59, declaró: "El sacramento es una cosa, la virtud del sacramento otra." (En Joannis Evangelium Tractatus, xxvi. 11). Sin embargo, no escribió un tratado relacionado con los sacramentos, lo cual sería hecho por los escolásticos.

Boda de Waleran, conde de Saint Pol, de la Chronique d'Anglaterre, c. 1470-1483. Royal MS 14E iv, f. 39
Boda de Waleran, conde de Saint Pol, de la Chronique
d'Anglaterre, c. 1470-1483. Royal MS 14E iv, f. 39
Desarrollo medieval de la doctrina sacramental.
El sistema sacramental fue una de las construcciones de los escolásticos que les supuso su especulación más cuidadosa y profunda. A ninguna otra rama de la teología dieron más amplia atención y sus conclusiones determinaron el dogma de la Iglesia latina, especialmente cuando fue reafirmado por el concilio de Trento. Los teólogos más prominentes en desarrollar el sistema sacramental fueron Hugo de San Víctor, quien escribió el primer tratado formal sobre los sacramentos, Pedro Lombardo, Alejandro de Hales y Tomás de Aquino. Este último hizo poco más que claramente reafirmar las ideas de sus tres predecesores, especialmente Alejandro de Hales, alcanzando con él la cúspide del desarrollo, aunque el franciscano Duns Escoto modificó algunas partes de la doctrina, siendo puestas a un lado sus enseñanzas por el concilio de Ferrara (1439) en favor de las declaraciones más claras de su gran antagonista dominico, Tomás de Aquino. Los escolásticos comenzaron todos con las definiciones de Agustín y no eran conscientes de que se apartaban de él, aunque lo hicieron al subrayar la teoría del ex opere operato sobre la eficacia de los sacramentos y al reducir la importancia dada por Agustín a la operación de la gracia.

Ilustraciones que representan los siete sacramentos
Ilustraciones que representan los siete sacramentos
El número quedó fijado en siete y por tanto la incertidumbre que se había heredado de los Padres y que habían sentido los primeros escolásticos quedó removida, especialmente por la influencia de Pedro Lombardo y Tomás de Aquino. Dionisio el Areopagita había hablado de seis sacramentos: bautismo, eucaristía, unción, ordenación de sacerdotes, ordenación de monjes y ritos funerarios. Bernardo de Clairvaux habló de muchos sacramentos y enumeró diez, incluyendo el lavamiento de pies; Abelardo citó cinco: Bautismo, confirmación, eucaristía, matrimonio y extremaunción y Robert Pulleyn dio el mismo número. Hugo de San Víctor igualmente parece reconocer cinco en su Summa: Bautismo, confirmación, eucaristía, penitencia y extremaunción, pero en su De sacramenti christianæ fidei enumera treinta, tomando la palabra sacramento en el amplio sentido de rito religioso. En esta última obra dividió los sacramentos en tres clases, entre las cuales por ejemplo, el agua bendita y el uso de ceniza el Miércoles de Ceniza pertenecen a la segunda clase y son distintivamente llamados sacramentos. Tomás de Aquino mismo atribuye un carácter cuasi-sacramental a tales ritos. Los concilios fueron igualmente indecisos en cuanto al número de sacramentos. La definición del término del tercer concilio de Letrán (1179) incluyó la investidura de obispos y los ritos funerarios entre los sacramentos y la Iglesia católica actual hace una distinción entre ciertos ritos sagrados llamados sacramentales y los siete sacramentos. Pedro Lombardo no fue el primero en dar el número siete. Hacia su tiempo ya había sido dado por Roland Bandinelli (posterior Alejandro III) en su Sententiæ y por Otto de Bamberg en un sermón de 1158, como informa su biógrafo Herbord. Los siete sacramentos son: Bautismo, eucaristía, confirmación, extremaunción, penitencia, ordenación y matrimonio. El número siete se corresponde con las siete virtudes y los siete pecados mortales y también une el número de la Deidad (tres) y el de la creación (cuatro), ilustrando de esta manera la unión de Dios y el hombre. Esta correspondencia fue llamada la "congruidad" de los sacramentos, esto es, su correlación con las enfermedades y necesidades espirituales del hombre. Los sacramentos no eran necesarios en el estado de inocencia del hombre. Con Agustín los escolásticos presentan los sacramentos del Antiguo Testamento prefigurando la gracia venidera y los sacramentos del Nuevo confiriéndola.

La penitente, por García Martínez
La penitente, por García Martínez
Naturaleza de los sacramentos.
Al definir un sacramento, los escolásticos comenzaron con la definición de Agustín de que es un símbolo visible de una gracia invisible, pero fueron más allá de él en el grado de eficacia atribuido. Afirmaron que los sacramentos "contienen y confieren la gracia" y que tienen una virtud inherente en sí mismos. La figura favorita usada para describir su operación es la medicina, por lo que Hugo de San Víctor (De sacramentis, I, ix. 4) pudo denominar a Dios el médico, al hombre el inválido, al sacerdote el ministro, a la gracia el antídoto y al sacramento el recipiente. El médico da, el ministro dispensa y el recipiente contiene la medicina espiritual que curará el alma. Sin embargo, los sacramentos son más que canales de gracia. Hacen más de lo que significan. Santifican y son la causa eficiente de las operaciones de gracia en el receptor. El modo de esta eficacia es ex opere operato, la expresión usada por escritores tales como Guillermo de Auxerre y Alejandro de Hales. Tomás de Aquino adoptó la expresión y una y otra vez afirma que los sacramentos hacen justo y confieren la gracia ex opere operato, esto es, por su virtud inherente. Mediante ello no quiere decir que la condición religiosa del receptor es un asunto indiferente, sino que el sacramento imparte la virtud, si fuera necesario, sin la operación de la fe activa. Los sacramentos son eficaces sólo para aquellos que tienen una disposición religiosa, pero son siempre eficaces cuando están apropiadamente administrados.

Intención.
La relación que el sacerdote tiene con los sacramentos es vital para su eficacia, y, salvo en casos ordinarios (como a veces el bautismo), su administración es esencial. El carácter personal del sacerdote no afecta a la eficacia de los sacramentos, por lo que un sacerdote indigno confiere la gracia, siempre que administre los sacramentos según el rito prescrito por la Iglesia. Para usar la ilustración medieval, el agua se transmite a través de un canal oxidado igual que a través de uno de plata. El sacerdote actúa en nombre de Iglesia y al pronunciar las palabras de la institución sacramental está siendo portavoz de la intención de la Iglesia. Esta intención es suficiente para la obra perfecta del sacramento y en última instancia, como Agustín había dicho, es Cristo y no el sacerdote quien confiere la eficacia al sacramento. Pero la intención es mucho más que meramente suficiente para la validez de un sacramento; es absolutamente esencial en toda la enseñanza católica y esta intención debe invariablemente estar presente por parte del ministro del sacramento y generalmente por parte del receptor.

Sacramento de la confirmación,por John Walter
Sacramento de la confirmación,
por John Walter
Sin embargo, es posible para los niños y deficientes mentales recibir los sacramentos válidamente (aunque tales sacramentos como las órdenes difícilmente se les darán); aquellos que posteriormente pierden su razón ya sea permanente o temporalmente (como en la inconsciencia), pueden válidamente recibir la extremaunción. Sin embargo, todos los que están en posesión de razón deben tener la intención, si van a recibir un sacramento válidamente. Esta intención de nuevo puede ser "actual" o "virtual", siendo la primera una intención consciente y la segunda una intención que influye un acto, aun cuando este acto no sea reconocido como sacramental, como cuando un protestante bautizado contrae matrimonio y así, sin ser consciente, recibe el sacramento del matrimonio. Si no hay intención, no hay recepción de un sacramento, por lo que si uno come hostias consagradas para satisfacer el apetito, no recibe la eucaristía. La intención por parte del ministro es invariablemente exigida por la enseñanza católica, ya sea este ministro laico (como en el caso de una comadrona que bautiza a un recién nacido en peligro inmediato de muerte) o un clérigo (como en la misa, ordenación, etc.). Más aún, la intención debe estar en acuerdo con la enseñanza de la Iglesia católica, aunque incluso un hereje, si posee la intención apropiada, puede administrar un sacramento válido. Aunque hay un peligro de que pueda haber, por parte del ministro, bien falta de intención o incluso una intención de actuar contrariamente al precepto de la Iglesia (haciendo ambas cosas al sacramento nulo y vacío), se mantiene por los dogmáticos católicos (por ejemplo, S. J. Hunter, Outlines of Dogmatic Theology, iii. 208-212, Nueva York [1826]) que la ocasión de tal invalidación es tan pequeña como desdeñable. El "defecto de intención", complicado por un "defecto de forma", constituye la base de la condenación de las órdenes anglicanas en la bula Apostolicæ curæ de León XIII (13 de septiembre de 1896), siendo la base especial de invalidez la falta de los ordinales anglicanos para expresar el concepto sacrificial de la eucaristía. Por supuesto, la intención tiene un lugar en cada sacramento; cada protestante que mantiene cualquier forma de la teoría receptora de la Cena sostiene la doctrina de la necesidad de la intención, aunque inconscientemente, y está igualmente implicado en tales ritos como la ordenación protestante no sacramental, etc. Sin embargo, la intención halla su más usual aplicación en el sacrificio de la misa en la Iglesia católica y debería tenerse en cuenta en este aspecto que en la facción de la Alta Iglesia anglicana la comunión es frecuentemente celebrada "con intención", en cuanto a la promoción de la unidad de la cristiandad o algún otro propósito piadoso.

Escena de un pontifical francés, c. 1380, mostrando a un obispo impartiendo la eucaristía a sacerdotes recién ordenados. Yates Thmposon MS 24, f. 76
Escena de un pontifical francés, c. 1380, mostrando a un
obispo impartiendo la eucaristía a sacerdotes recién ordenados.
Yates Thmposon MS 24, f. 76
Necesidad de los sacramentos.
Para los escolásticos los sacramentos no son de igual necesidad. Sólo el bautismo es necesario para la salvación y el bautismo y la eucaristía son los más poderosos. El bautismo, la confirmación y la ordenación imparten un carácter indeleble. Ese carácter no puede ser borrado, por lo que no pueden ser repetidos. Los otros cuatro sacramentos son necesarios para la salvación del modo que un caballo es necesario para un viaje. Los escolásticos no estuvieron de acuerdo en cuanto al autor de todos los sacramentos. Pedro Lombardo expresamente atribuye la extremaunción a los apóstoles, mientras que Alejandro de Hales, Tomás de Aquino y otros sostuvieron que todos fueron instituidos por Cristo. Respecto a la necesidad precedente de los sacramentos, Hugo de San Víctor declaró que Dios pudo haber salvado al hombre sin ellos, pero ahora que han sido instituidos, ningún hombre puede salvarse más que por ellos. El bautismo es la puerta a los otros sacramentos y al reino de Dios; la confirmación completa lo que el bautismo ha comenzado y confiere la gracia de la fortaleza espiritual; la eucaristía confiere el alimento de la vida espiritual con el mismo cuerpo y sangre de Cristo; la penitencia borra la culpa de las transgresiones actuales, del modo que el bautismo regenera de la culpa del pecado original; la extremaunción sana el alma del pecado que no ha sido remitido por la penitencia y tiene como intención también la sanidad del cuerpo; la ordenación capacita a la persona para administrar los sacramentos y el matrimonio hace la unión entre dos personas perpetua y en armonía con la unión entre Cristo y la Iglesia; o, para usar la comparación empleada por los escolásticos, los sacramentos proporcionan la gracia para la batalla espiritual y fortalecen al soldado cristiano en las diversas etapas del conflicto. El bautismo le equipa para entrar en el conflicto, la confirmación para fortalecer su propósito, la extremaunción le ayuda al término de la batalla, la eucaristía y penitencia renuevan su fuerza, el orden introduce nuevos reclutas en la jerarquía y el matrimonio prepara a los hombres para ser reclutas.

Martín Lutero
Martín Lutero
Enseñanza protestante.
El golpe contra el sistema sacramental de la Iglesia medieval lo dio Lutero en su "Cautividad babilónica", donde declaró los derechos y libertades del creyente para no estar limitado por las tradiciones de los hombres. Rechazó todos los sacramentos salvo el bautismo y la Cena, siendo seguido en esto por todos los reformadores del continente y Gran Bretaña. Todas las confesiones protestantes demandan una fe activa como condición de la eficacia del sacramento. La fe se apropia de los beneficios espirituales asociados al sacramento. La unanimidad de los reformadores en cuanto al número de sacramentos y las condiciones de su recepción eficaz no excluyen diferencias de doctrina, que se convirtieron en ocasiones en controversias enconadas que perjudicaron grandemente la causa del protestantismo.

Había armonía general sobre el bautismo, salvo entre los anabaptistas, que rechazaban el bautismo de niños y posteriormente exigieron la inmersión. La doctrina de la Cena fue causa de una disputa que ha retardado o impedido la cordial cooperación cristiana hasta este día. Los tres tipos principales de enseñanza sobre la Cena fueron los de Lutero, quien defendió la idea de consubstanciación, Zwinglio, quien hizo de ella un simple memorial y Calvino, quien insistió en la presencia espiritual de Cristo y la alimentación espiritual. En Inglaterra se adoptaron primero las ideas de Lutero, pero posteriormente fueron reemplazadas, generalmente por las de Calvino. La controversia entre Zwinglio y Lutero llegó a su apogeo en la conferencia celebrada en Marburgo en 1529 y la diferencia supuso una división de largo alcance entre los tipos luterano y reformado del protestantismo. Aunque en los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia anglicana comúnmente se sostiene que enseñan sólo dos sacramentos, bautismo y eucaristía (artículo 25), se mantiene por muchos adherentes de la facción de la Alta Iglesia que la fraseología del artículo no necesariamente milita contra la doctrina de los siete sacramentos, aunque, como en la Iglesia católica, el bautismo y la eucaristía están en una clase de sacramentos preeminentes por encima del resto. Los siete sacramentos de esta facción anglo-católica son idénticos a los de los católicos.

Ciertos cuerpos religiosos, de los cuales los más prominentes son los cuáqueros, rechazan toda celebración externa de los sacramentos, al estar en oposición a la interpretación espiritual de la religión, sosteniendo sólo un bautismo interno, o regeneración, por el Espíritu y una comunión interna con Cristo.