Historia

SACRILEGIO

Sacrilegio, en el sentido amplio, se aplica a cualquier injuria hecha a un objeto sagrado; en el sentido estricto al ladrón de un objeto sagrado, sin que necesariamente haya violencia personal.

Protestantes fanáticos destruyendo imágenes en Basilea
Protestantes fanáticos destruyendo imágenes en Basilea
La antigua ley romana impuso las penas más severas para este crimen: 'Que sea tratado como parricida quien robe o se lleve algo sagrado confiado a una persona sagrada' (Cicerón, De legibus, ii. 9). Una ley de Julio César, Lex Julia peculatus, hizo una provisión más concreta contra el sacrilegio, distinguiéndolo del desfalco o apropiación ilegal de fondos públicos. La ley romana, sin embargo, protegía solo la sustracción de un objeto sagrado de un lugar sagrado, no de cualquier lugar o de un objeto profano de un lugar sagrado. En el periodo imperial los castigos se graduaron de acuerdo a la naturaleza exacta de la ofensa y culminaron en las más severas formas de pena capital. La ley germánica, que meramente castigaba las violaciones del santuario, extendió el principio romano hasta cubrir todos los robos de objetos sagrados en cualquier lugar, o cualquier objeto de un lugar sagrado; el derecho canónico siguió esta línea. Los castigos, además de la restauración o compensación, incluían multas, penas y excomunión. En la Edad Media el sacrilegio fue estimado como un crimen contra la Iglesia y el Estado, pudiendo ser castigado por ambos. Por ejemplo, la gran ordenanza emitida por Carlos V en 1572 prescribía castigos variando la ofensa; y así el robo de una custodia con la hostia estaba castigado con la hoguera; la de otros vasos consagrados de oro o plata o la irrupción en una iglesia consagrada, tabernáculo o sacristía para robar, se castigaba con la muerte a discreción del tribunal; el robo de otros objetos consagrados o sin consagrar, pero de un lugar sagrado, estaba castigado con diversas penas más severas que el robo ordinario. Tal actitud fue adoptada solo por la Iglesia católica, por su teoría de la santidad inherente a tales objetos, si bien ejerció no poca influencia en las iglesias protestantes estatales, aunque las penas más severas fueron gradualmente cayendo en desuso.