Historia

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, DEVOCIÓN AL

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús fue prácticamente, si no absolutamente, originada por los jesuitas.

Claude de La Colombière
Claude de La Colombière
Bajo la influencia de su director espiritual, el jesuita La Colombière, Margarita María Alacoque († 1690), monja en el convento salesiano en Paray-le-Monial en Borgoña, practicó una ferviente devoción mística a Cristo que le producía éxtasis. Según su relato, el 16 de junio de 1675, mientras rezaba ante el sacramento, vio a Jesús "que le mostraba su corazón sobre un trono llameante, rodeado de espinas y coronado por una cruz; le dijo que su voluntad era que se le ofreciera una devoción especial a su Sagrado Corazón en reparación por las irreverencias cometidas contra él en el santísimo sacramento y que el viernes tras la octava del Corpus Christi debería apartarse para su devoción." Posteriores revelaciones fueron en la misma línea, convirtiéndose el convento en sede de devoción. Colombière y sus sucesores, Croiset y Rolin, procuraron difundirla, publicando Croiset el primer libro sobre el asunto en Lyón en 1691. La nueva devoción no fue bien recibida en Roma, siendo el libro de Croiset puesto en el Índice en 1704, mientras que en 1697 la solicitud de los salesianos de una festividad del Sagrado Corazón con oficio propio había sido rechazada por la Congregación de Ritos, negativa que se repitió en 1707 y 1727. Mientras tanto, a través de las confraternidades la devoción se esparció por la Suiza alemana hasta Alemania. Languet, entonces obispo de Soissons y posterior arzobispo de Sens, la defendió en su biografía de Margarita María Alacoque y el jesuita Gallifet publicó De cultu sacrosancti cordis Dei (Roma, 1726). Se atestiguaban milagros y reyes y reinas suplicaron al que otorgara una misa y oficio propio para la festividad, que finalmente fue concedida bajo el entendimiento expreso de que el culto iría dirigido al corazón de Jesús sólo como símbolo de su amor. Hubo una resuelta oposición a la devoción por la influencia de Scipione de' Ricci, obispo de Pistoja, y de la tendencia racionalista que a finales del siglo XVIII se había difundido desde Toscana por una gran parte de Italia, entablándose una prolongada batalla literaria promovida por ambas facciones.

La ascensión de Pío VI en 1775 marcó un punto decisivo. La bula Auctorem fidei de 1794 otorgó sanción adicional a la devoción. Los jesuitas la habían promovido insistentemente y, tras la restauración de la orden, continuaron trabajando, con el resultado de que una diócesis tras otra solicitó permiso para celebrar la festividad, asociándose un gran número de indulgencias a la devoción. Ya se había convertdio en universal, cuando Pío IX (23 de agosto de 1856) la estableció, siendo la beatificación de Margaria María Alacoque en 1864 otro paso en la misma dirección. En el concilio Vaticano I de 1870 la mayoría de los obispos pidieron la elevación de la fiesta a la categoría de doble (esto es, una fiesta en la que la antífona se dice antes y después del salmo) de primera clase (es decir, la que tiene precedencia en caso de que dos fiestas caigan el mismo día) con octava (esto es, que dura ocho días, con énfasis especial en la celebración del último día), pero entonces sólo se otorgó a la orden jesuita, en reconocimiento a sus servicios para difundir la devoción. La categoría la extendió a toda la Iglesia católica, aunque sin octava, León XIII en 1889. La devoción ha ido en aumento y las cautas expresiones usadas al principio han dado paso a una aceptación plena y literal del corazón material de Jesús como objeto.

La primera confraternidad del Sagrado Corazón se fundó en Paray-le-Monial en 1693 y en 1727 ya había 400. La creada por Gallifet en 1729 en la iglesia de San Teodoro en Roma se convirtió en archiconfraternidad en 1732. El número de confraternidades en 1765 era de 1.089, en 1865 de 6.676 y a comienzos del siglo XX de más de 10.000. La más importante en cuanto a intercesión es la Liga del Sagrado corazón o Apostolado de la Oración, fundada en 1844 en Vals en Francia por el jesuita Gautrelet, a la que León XIII proporcionó una nueva constitución en 1879. Otra importante sociedad es la francesa Dames du sacré cœur, fundada en París en 1800 por Madeleine Sophie Barat († 1865), bajo la influencia del jesuita Varin. Servía al doble propósito de venerar el Sagrado Corazón y educar muchachas. Los estatutos, elaborados por Varin, están modelados en los de los jesuitas. El candidato pasaba de tres a seis meses en la casa como postulante, siguiendo luego un noviciado de dos años y después (desde 1826) la toma de votos simples, haciéndose un voto adicional de estabilidad, es decir, la adhesión vitalicia a la congregación. Además de las hermanas profesantes había sœurs coadjutrices para los deberes de la casa y sœurs commisionaires para el necesario intercambio con el mundo exterior. La superiora es escogida de por vida, residiendo en la casa madre en París. Su incremento en el siglo XIX fue sostenido, fundándose en Estados Unidos tres vicariatos o provincias.