Historia

SAJONES, CONVERSIÓN DE LOS

De todas las tribus germanas los sajones fueron los que durante más tiempo preservaron tanto su independencia como su religión nacional.

Los sajones se someten a Carlomagno en Paderborn
Los sajones se someten a Carlomagno en Paderborn
Es verdad que hay registros de intentos para introducir el cristianismo entre ellos antes del tiempo de Carlomagno, pero o bien son legendarios, como el relato del bautismo de los enviados sajones por el obispo Faro de Meaux en la corte de Lotario II o fueron frustrados por la desafección del pueblo sajón para aceptar el cristianismo, como fue el caso con los esfuerzos de los hermanos Hewald. Bonifacio obtuvo una carta de recomendación para los sajones (Epist., 22), pero sus biógrafos no relatan que él trabajara entre ellos. Fueron sólo las guerras de Carlomagno contra ellos las que hicieron posible y necesaria su conversión. Si Carlomagno intentó incorporar Sajonia al imperio franco cuando comenzó sus campañas sajonas es dudoso, pero en cualquier caso él siguió esta línea después de 776, viéndose entonces obligado a acometer la cristianización del pueblo a causa de la estrecha conexión entre la Iglesia y el Estado en sus dominios. En su primera campaña (772) la destrucción de Irmensul acompañó la captura de Eresburg, a lo que los sajones respondieron atacando una iglesia en Fritzlar y destruyendo la iglesia en Deventer. La cuestión religiosa se acometió primero en la paz de 776, cuando los sajones, posiblemente como prueba de la sinceridad de su sometimiento, aceptaron el bautismo. Al año siguiente, Carlomagno convocó una dieta imperial en Paderborn, en territorio sajón, y Sajonia quedó dividida en distritos misioneros que fueron asignados a varias diócesis y monasterios francos, recibiendo Colonia las tierras de los Boructeri, Maguncia los distritos de Sajonia meridional, limitando con su propio territorio, Würzburgo la región alrededor de Paderborn, el abad Sturm de Fulda los distritos en el Diemel y el monasterio de Amorbach en el Odenwald la región alrededor de Verden. Los obispados occidentales francos, tales como Reims y Châlons, parecen también haber compartido esta actividad misionera. Aunque el objetivo sistemáticamente emprendido se vio impedido por revueltas siempre recurrentes contra el dominio extranjero (778, 782, 783, 784), cada nueva victoria de los francos se convirtió en la ocasión para bautismos en masa. La insurrección más peligrosa fue la de 782, que amenazó la misma existencia de la Iglesia sajona y fue suprimida sólo por las victorias ganadas por Carlomagno en Detmold y en el Hase en 783. Cuando, dos años más tarde, Widukindo y Abbio fueron bautizados, la pacificación y cristianización de la tierra quedaron aseguradas. Carlomagno envió la noticia a Roma de que los sajones habían sido convertidos y procuró asegurarse la posición que había ganado mediante la promulgación de la Capitulatio de partibus Saxoniæ (probablemente 717). La pena de muerte, decretada por las antiguas leyes sajonas contra los violadores de los santuarios paganos, que era desconocida por la ley franca, se adoptó para la protección de la nueva fe y este castigo fue decretado no sólo para los asesinos de eclesiásticos, sino también para todos los que conspiraran contra los cristianos, dañaran las iglesias, observaran la costumbre pagana de quemar los cuerpos de los muertos, rompieran obstinadamente el mandamiento de la Iglesia sobre el bautismo o lo evitaran. Cada iglesia recibió ricas prestaciones de las tierras de sus parroquianos, diezmos de la propiedad privada y real y también el derecho de asilo. Además de esto se decretó que la pena de muerte pudiera ser remitida en caso de confesión voluntaria de culpa, que los niños deberían ser bautizados antes de alcanzar la edad de un año, que el domingo debería ser observado asistiendo a misa y que los cristianos deberían ser enterrados en tierra consagrada.

Sin embargo, una nueva revuelta en 792 fue seguida por una recaída en el paganismo, la destrucción de iglesias y el asesinato de muchos del clero. Alcuino, escribiendo a Megenfrid en 795 (Epist., 49) echa la culpa, al menos en parte, a la imposición de los diezmos y a los extremos castigos legales, incluso ante la duda de si los sajones habían sido realmente elegidos para la fe (Epist., 47); pero finalmente Carlomagno logró pacificar la tierra, principalmente al deportar a miles de familias sajonas a diversas partes de Franconia y Suabia (795, 797-799, 804). Al mismo tiempo la severidad de la ley fue modificada y en la dieta imperial de Aachen (28 de octubre de 797) la pena de muerte quedó abolida y reemplazada por una cantidad pecuniaria, usual entre los francos. Hacia 802 la tierra estaba enteramente cristianizada. Ya en 787 el distrito misionero de Willehad en la desembocadura del Weser fue constituido como diócesis, del que Willehad mismo fue consagrado obispo; la diócesis de Verden y Minden parece que fue organizada en ese tiempo; el obispado de Münster se constituyó entre 802 y 805; hacia el final del reinado de Carlomagno se creó el obispado de Padderborn siendo el primer obispo Hathumar, un sajón educado en Würzburgo y las restantes diócesis, Osnabrück, Hildesheim, Halberstadt y Hamburgo se fundaron en el reinado de Ludovico Pío.