Historia

SALZBURGO, EVANGÉLICOS DE

Evangélicos de Salzburgo es el nombre aplicado a varios miles de protestantes expulsados del arzobispado de Salzburgo en el siglo XVI.

Matthæus Lang
Matthæus Lang
Movimientos iniciales de represión.
El protestantismo penetró muy pronto en esta región, especialmente en Salzachthal y sus inmediaciones. Matthæus Lang, arzobispo de Salzburgo en el tiempo de la Reforma, al principio no fue hostil al nuevo movimiento. Recibió favorablemente a Johann von Staupitz, Paulus Speratus, Urbanus Rhegius y Wolfgang Russ, obteniendo la aprobación de Lutero. Pero poco después cambió su actitud, a consecuencia de favores de la curia. Entonces incitó la enemistad entre Lutero y Staupitz, opniéndose enérgicamente a los predicadores protestantes y obligando en 1520 a huir a Speratus y Agrícola. Un tal Matthæus fue capturado y un ex-franciscano, Georg Schärer, fue decapitado por contumacia. A pesar de todos los esfuerzos por parte de Lang y sus sucesores, el protestantismo se expandió firmemente; tanto el exilio como la visitación demostraron ser inútiles y muchos del clero rompían sus votos de celibato. Sometiéndose a repetidas demandas, el arzobispo Johann Jakob otorgó la copa a los laicos, pero se vio obligado por la curia a retirar su concesión. En 1588 el arzobispo Wolfgang Dietrich visitó Roma para pedir instrucciones, publicando a su regreso un "mandato sobre la Reforma" en el que ordenaba a todos los protestantes de la ciudad de Salzburgo que se retractaran o dejaran el territorio en el plazo de un mes, dándose el permiso a los recalcitrantes para convertir su propiedad en dinero. Sin embargo, ya que casi todos prefirieron el exilio a la retractación, se publicó un segundo mandato confiscando sus propiedades. A consecuencia de esas medidas muchos de los más acaudalados habitantes de Salzburgo emigraron a Austria, Sajonia y otras partes, adhiriéndose externamente al catolicismo pero en secreto practicando las enseñanzas luteranas. En 1613-15 la orden se extendió a toda la región por el arzobispo Markus Sittich, ante el crecimiento del protestantismo. Por todo Pongau las iglesias se quedaron vacías, mientras que el pueblo se apiñaba en Schladming en Estiria para asistir a las reuniones luteranas; en Radstadt, donde los protestantes eran mayoría, exigieron al arzobispo predicadores propios.

Maximilian Gandolf
Maximilian Gandolf
Persecución 1615-1727.
El arzobispo aumentó la dureza de sus medidas para aplastar el movimiento protestante. Los capuchinos procuraron en vano recuperar a los evangélicos para la Iglesia católica, por lo que se exigió a los protestantes que se retractaran en el plazo de cuatro semanas, en caso contrario serían expulsados con confiscación de sus bienes. Al mismo tiempo, se buscaron los libros protestantes, ordenándose el encarcelamiento de quienes propagaran tales escritos. Finalmente, los evangélicos quedaron sujetos a las dragonadas, simulando la sumisión, aunque manteniendo las ideas luteranas. Un considerable número fue enviado al exilio y la pobreza, yendo unos 600 desde Radstadt y sus inmediaciones a Austria y Moravia. De 2.500 en los valles y montes de Gastein sólo unos 300 prometieron vivir y morir en la Iglesia católica, quedando el arzobispo decepcionado por los resultados. De hecho, las reuniones públicas cesaron pero muchos de los que ostensiblemente profesaban la antigua fe leían secretamente obras luteranas que habían escondido. Los niños eran enseñados en doctrinas luteranas y el protestantismo se esparcía bajo cuerda. Especialmente fue así bajo el manso arzobispo Paris Hadrian (1619-53) y tras la Paz de Westfalia a los protestantes exiliados de países católicos se les otorgaron tres años para disponer de sus propiedades. No obstante, esas prerrogativas fueron pasadas por alto por el arzobispo Maximilian Gandolf (1668-87). En 1683 los jesuitas descubrieron una congregación de luteranos secretos que profesaban externamente el catolicismo en el valle de Tefferegg, en la frontera meridional de la archidiócesis. Los intentos de conversión por los capuchinos y las causas judiciales para suprimir el luteranismo llevaron sólo a una más firme adhesión a sus creencias, bajo la guía del minero Joseph Schaitberger. El arzobispo procuró demostrar que esos protestantes no estaban bajo la protección de la Paz de Westfalia, al ser una secta que no se adhería ni a la Confesión de Augsburgo ni a la reformada, pero sus representantes, cuando fueron citados a Hallein y Salzburgo, declararon que eran luteranos. Tras ser encarcelados y hechos objeto de vanos intentos de conversión por los capuchinos, fueron liberados, exigiendo el arzobispo que entregaran una declaración escrita de sus creencias. Duras medidas se aplicaron sin éxito y el arzobispo finalmente publicó una orden en medio del invierno de 1685 desterrando a los protestantes del territorio y confiscando su propiedad e hijos, unos 600 en número. Los exiliados en grupos de cincuenta o sesenta buscaron refugio en Ulm, Augsburgo, Nuremberg, Francfort y otras partes, siendo el número total de los desterrados más de mil. Esta acción del arzobispo horrorizó a toda la Alemania protestante, pero ni la intervención del elector Federico Guillermo de Brandeburgo ni las protestas de los Estados evangélicos en Regensburgo lograron impedirla. Bajo el arzobispo Franz Anton (1709-27) a los protestantes de Salzburgo les fue mejor y durante este periodo las doctrinas evangélicas se fortalecieron en la región por la lectura de libros protestantes y las cartas de Schaitberger, al igual que por las reuniones religiosas que fueron toleradas.

Leopold Anton
Leopold Anton
Aumento de la presión 1727-31.
Sin embargo, bajo su sucesor, Leopold Anton (1727-44), los asuntos retomaron el curso acostumbrado. Se lograron conversiones fingidas, las Biblias y libros de edificación se quemaron, se les acusó de ser incitadores peligrosos a la revuelta, fueron encarcelados, privados de trabajo, multados, sujetos a dragonadas y obligados a emigrar dejando atrás sus hijos y propiedades. Pero esto sólo aumentó la determinación de los protestantes de Salzburgo. En enero de 1730 los campesinos Hans Lerchner y Veit Breme apelaron a los Estados evangélicos en Regensburgo, procurando que a los exiliados se les permitiera recuperar a sus esposas e hijos. Todo fue en vano, incluso la acusación de que el arzobispo había violado la Paz de Westfalia. Al año siguiente los protestantes enviaron una diputación de Radstadt, Wagrein, Werffen, St. Johann y Gastein a Regensburgo, con nuevas quejas y con la demanda de que o bien se les concedieran predicadores evangélicos y se les permitiera adorar según su conciencia o que les dejara vender sus propiedades y emigrar con sus esposas e hijos. De nuevo sus demandas fueron baldías. Mientras tanto, el arzobispo ordenó que las quejas fueran llevadas ante un comité, procurando determinar cuánto se había difundido el protestantismo. Todos los protestantes fueron citados a comparecer ante los comisionados enviados desde Salzburgo, ante los cuales declararon que estaban dispuestos a ser fieles súbditos del arzobispo en todos los asuntos temporales, pero que en religión deseaban la libertad de conciencia. Entonces los comisionados exigieron en el plazo de tres días una lista de quienes profesaban el luteranismo, siendo el total, para sorpresa de todos, más de 20.000. El arzobispo tomó su determinación más extrema, mientras que los protestantes se hicieron más firmes en su resistencia. El 5 de agosto de 1731 unos 300 representantes luteranos juraron solemnemente en la ciudad de Swarzach, resolviendo enviar un comité al emperador en Viena. Sin embargo, los emisarios, al no tener pasaporte, fueron arrestados como rebeldes y devueltos a Salzburgo. Al no poder esperarse nada del arzobispo ni del emperador, los enviados luteranos procuraron la intervención de sus príncipes. Federico Guillermo I de Prusia amenazó con represalias a sus súbditos católicos, pero la amenaza quedó en nada, tomándose rigurosas medidas contra los protestantes en Salzburgo. Los evangélicos apelaron de nuevo al emperador, quien declaró que había avisado al arzobispo de que se cumplieran las leyes del imperio. El 31 de octubre de 1731 el arzobispo publicó una orden exigiendo a todos los no propietarios de más de doce años de edad emigrar en el plazo de ocho días, por ser desobedientes y estar comprometidos a la destrucción de la fe católica. A los demás se les mandaba seguirles al exilio en el plazo de tres meses. El plan de arruinar financieramente a los acomodados y convertirlos por la fuerza fracasó, salvo en algunas excepciones.

Mapa de las expulsiones y guerras religiosas de los siglos XVI y XVII
Mapa de las expulsiones y guerras religiosas de los siglos XVI y XVII

Emigración a Prusia.
Mientras tanto, dos delegados protestantes, Peter Heldensteiner y Nikolaus Forstreuter, imploraron la ayuda del rey en Berlín en noviembre de 1731. En febrero del año siguiente el rey emitió una cédula dando la bienvenida a los exiliados de Salzburgo, pidiendo al arzobispo que les dejara partir libremente y exhortando a todos los príncipes de las tierras por las que pasaran a darles ayuda. Él mismo prometió a cada persona una considerable suma diaria para gastos, amenazando al mismo tiempo con severas represalias por cualquier daño que se les hiciera, medidas que fueron seguidas por Dinamarca, Suecia y Holanda. Los exiliados entraron en masa en Alemania, siendo calurosamente recibidos en todas partes por los protestantes. A los primeros 4.000 que llegaron les siguieron pronto varios miles más, por lo que desde el 30 de abril de 1732 al 15 de abril de 1733, no menos de 14.728 pasaron por Berlín solamente en su camino a Lituania, aumentando el espíritu del luteranismo alemán por donde quiera que pasaron. A instancias del rey de Inglaterra se hizo una colecta para ellos en todos los países protestantes, sumando 900.000 guldens. De este modo más de 20.000 exiliados de Salzburgo repoblaron las amplias llanuras lituanas devastadas por una pestilencia, siendo el rey de Prusia grandemente recompensado por los beneficios agrícolas recibidos por sus laboriosos e inteligentes inmigrantes.