Historia

SATISFACCIÓN

Satisfacción es el nombre de la doctrina que procura explicar cómo la justicia y la misericordia de Dios se reconcilian en la expiación.

Cristo de San Juan de la Cruz, 1951, de Salvador Dalí
Cristo de San Juan de la Cruz, 1951, de Salvador Dalí
Varias teorías.
El término "satisfacción" se traza hasta Tertuliano, aunque su referencia era a la penitencia del hombre más que a la muerte de Cristo. El hombre es "liberado del castigo por la compensación del arrepentimiento." Orígenes sostuvo que Dios fue hecho propicio por la ofrenda de Cristo. Gregorio Magno enseñó que Cristo sufrió el castigo del pecado y de este modo apaciguó la ira de Dios. Sin embargo, no fue hasta Anselmo que la idea de satisfacción se convirtió en un principio dominante en el pensamiento religioso. Según él (Cur Deus homo) el honor de Dios, injuriado infinitamente, demandaba satisfacción, ya fuera mediante el castigo del pecador o un equivalente. Dios escogió la segunda alternativa. De ahí que el Dios-hombre, el único que podía cumplir la obligación perfecta y que no necesitaba morir por sus pecados, pudo y murió en favor de los hombres y así satisfizo a Dios por su deuda y mereció la salvación que Dios ofrece. Tomás de Aquino (1274), como otros escolásticos en distinción a Anselmo, negó que la satisfacción fuera el sine qua non para el perdón de los pecados; Dios podía haber redimido a los hombres en alguna otra manera que por la muerte de su Hijo, aunque estimó este método como el más adecuado. A causa de la grandeza del amor de Cristo, la dignidad de su persona y alcance de su pasión, la satisfacción fue superabundante (Summa, parte iii. qu. 46-49). Duns Escoto († 1308) argumentó que, ya que el mérito de Cristo pertenecía a su naturaleza humana, no fue infinito, aunque fue estimado como tal porque a Dios le agradó aceptarlo ("Comentarios sobre las sentencias de Pedro Lombardo" lib. iii, dist. 19-20). Según la doctrina católica Cristo mereció la justificación para nosotros por su pasión en la cruz e hizo satisfacción a Dios Padre por nosotros. Esta satisfacción se extiende sólo a aquellos pecados antes del bautismo, mereciendo aquellos cometidos después el castigo eterno. Los cristianos mismos hacen satisfacción por el pecado en cuanto al castigo temporal mediante disciplinas ya sea infligidas por Cristo o bien hechas voluntariamente, o de otra manera mandadas por un sacerdote según su capacidad o la cualidad de los pecados, teniendo como propósito reducir el castigo que espera al alma en el purgatorio (decretos y cánones del concilio de Trento, sesión sexta, capítulo siete; sesión 14, capítulos ocho-nueve). Fausto Socino (1604) y los socinianos (Catecismo Racoviano, 1605) rechazaron la idea de satisfacción sobre la base de la contradicción mutua que supone la satisfacción y la remisión, de la incompatibilidad del castigo con la deuda o el sufrimiento de un inocente, de la naturaleza personal y no transferible de la obediencia igual que de la culpa y del castigo y de la redención, no como satisfacción sino emancipación. La muerte de Cristo, según ellos, fue sólo un ejemplo, una confirmación de las promesas divinas, una condición de su entrada en la gloria. En oposición a esta idea, Hugo Grocio (1645), en su "Satisfacción de Cristo" declaró que Dios, al ser la fuente de la ley, no puede permitir que su violación quede sin castigo. Sin embargo, si rigurosa y exactamente impusiera el castigo sobre los pecadores destruiría a la humanidad de la faz de la tierra. Por tanto, para mantener la "justicia rectoral", presentó un ejemplo penal en el que muestra su juicio contra el pecado, que, para la preservación de su gobierno, es de igual valor al castigo del pecador y lo sustituye. Por este "singular método de relajación" Dios puede perdonar el pecado. Según Curcellæus († 1659) en Institutio religionis Christianæ, V, xix y Limborch (1712) en Theologia Christiana, III, xxii, la oblación de Cristo no fue una plena satisfacción por el pecado; él no sufrió todo el castigo que nosotros merecemos. El sacrificio no libera de las deudas; pero Dios en su gracia estima el sacrificio de Cristo como suficiente y sobre esta base remite nuestro pecado.

Satisfacción penal.
La teoría de la satisfacción penal ha tenido una larga historia. Difiere de la idea de Anselmo en varios particulares. La satisfacción fue pública o jurídica, más que ofrecida a una persona. La justicia involucrada fue la justicia penal de Dios. En lugar de la alternativa de Anselmo, satisfacción o castigo, la satisfacción es mediante el castigo. Ya Wycliffe († 1384) afirmó que la justicia de Dios demandó que cada trasgresión fuera castigada en la tierra o en el infierno. Calvino († 1564) sostuvo que Cristo satisfizo la justicia de Dios al sufrir el castigo de nuestro pecado. Gerhard († 1637) afirmó que Cristo efectuó la satisfacción perfecta al experimentar la ira de Dios, la maldición de la ley y los sufrimientos del infierno (Loci tehologi, locus xvii, cap. ii. 54). Tobias Crisp († 1643; Christ Made Sin, Londres, 1691) y John Owen (The Death of Death in the Death of Christ) afirmaron que Cristo satisfizo los pecados al sufrir el castigo y la muerte que nuestro pecado merecía. Según Quenstedt (1688) Cristo fue sustituto por los deudores y "en su satisfacción... experimentó los mismos tormentos del infierno, aunque no en el infierno o eternamente." (Theologia didactico-polemica, i. 39). Jonathan Edwards († 1758), quien marca la línea divisoria entre la idea penal y la idea de la expiación en Nueva Inglaterra, declaró que Cristo hizo satisfacción por el pecado no en razón de ninguna excelencia en sus sufrimientos, sino para cumplir la ley en él de modo que por su muerte la naturaleza, designio y perfección de la ley, junto con la autoridad y verdad del legislador, fueran mantenidas (Works, vii. 512-516, Nueva York, 1830). Posteriores defensores de la teoría de la satisfacción penal fueron T. J. Crawford (The Doctrine of the Holy Scriptures Respecting the Atonement, Londres, 1871), George Smeaton (Doctrine of the Atonement as Taught by Christ Himself, Edimburgo, 1868 y Doctrine of the Atonement as Taught by the Apostles, Edimburgo, 1870), Charles Hodge (Systematic Theology, Nueva York, 1871-73) y W. G. T. Shedd (Dogmatic Theology, Nueva York, 1889). Han de hacerse notar las siguientes características de su presentación: (1) Se asigna un significado técnico a los términos empleados. Nuestros "pecados" y nuestra "culpa" fueron transferidas a Cristo mediante "imputación"; a él le fue infligido el "castigo" que nos pertenecía. (2) El valor relativo dado a la justicia y al amor: la justicia es "un principio de la naturaleza de Dios, no sólo independiente del amor sino superior al amor." (3) La satisfacción, aunque suficiente para todos, es eficiente para los elegidos solamente. La teoría de la expiación de Nueva Inglaterra sostuvo que el sufrimiento de Cristo satisfizo la justicia pública o general de Dios, pero no la distributiva o individual (E. A. Park, The Atonement, Introdutory Essay, Andover, 1859).

Satisfacción desde el punto de vista del amor.
Sin embargo, la satisfacción ha sido concebida de forma diferente. El punto de vista es el amor en vez de la justicia. Esta teoría presenta el amor como el principio central de Dios, por el cual él afirma tanto su propia perfección y bienaventuranza y quiere que todas sus criaturas especialmente el hombre comparta su amor en la medida de su capacidad, un propósito que se manifiesta perfectamente en su revelación de la gracia en Cristo. Aquí el amor es absoluto y la justicia relativa; o el amor y la justicia son contemplados como aspectos complementarios de la misma voluntad de gracia de Dios. Abelardo (1142) mantuvo que Cristo satisfizo la benevolencia divina al vencer la rebelión y la culpa de los pecadores por su inconmensurable amor. Schleiermacher († 1834) concibe a Cristo como nuestro "sustituto que hace satisfacción" (Der Christliche Glaube, ii. 103 y sig., 128-129, Berlín, 1831-1832). Según Albrecht Ritschl (1889), ya que la justicia de Dios es esencialmente idéntica con su gracia, la satisfacción sólo puede significar el cumplimiento de su propósito eterno de amor (Rechtfertigung und Versohnung, p. 474, Bonn, 1888-89). Samuel Harris († 1899) presenta la satisfacción de Dios como la consumación normal de toda su acción revelada, mostrando su conformidad con la ley del amor (God, the Creator and Lord of All, p. 375, Nueva York, 1896). William Newton Clarke afirma que Dios quedó eternamente satisfecho con el sufrimiento del amor en favor de los pecadores (Outline of Christian Theology, p. 348, ib. 1898). Según John Scott Lidgett la satisfacción queda definida en términos de paternidad; lo paterno queda satisfecho en el perfeccionamiento de lo filial (The spiritual pirnciple of the Atonement, p. 301, Londres, 1898).