Secreto de confesión es la expresión que describe la obligación que tienen los sacerdotes de la Iglesia católica para no revelar nada de lo que les haya sido dicho en confesión.
Absolución tras la confesión, de un Libro de Horas francés, finales del siglo XV. Egerton MS 2019, f. 135Cuando, a principios de la Edad Media, la disciplina de la confesión auricular prevaleció en la Iglesia, la obligación del secreto absoluto por parte del confesor fue una consecuencia necesaria. El secreto de confesión participa de la naturaleza del secreto ordinario denominado profesional, es decir, el del abogado con respeto a su cliente, o el del médico con su paciente y añade por tanto una obligación religiosa especial resultante del carácter sacramental de la confesión. Esta obligación, a la que a veces se alude en los estatutos del derecho eclesiástico, y expresamente formulada en el cuarto concilio de Letrán (1215), capítulo 21, no admite excepción o atenuación, ni siquiera aunque la vida del confesor esté en peligro (comp. Hefele, Conciliengeschichte, v. 888). Se extiende a toda materia que pertenezca estrictamente a la confesión sacramental, independientemente de si se otorgó o no la absolución. Aunque primordialmente vincula al confesor, la misma obligación reposa también sobre las otras personas, sean clérigos o laicos, que por accidente o de otra manera puedan haber tenido conocimiento de la confesión. Para generar esta obligación la confesión debe ser sacramental en carácter, es decir, debe ser hecha en buena fe y con la intención de recibir la absolución. Por tanto, si un penitente simulara la confesión en broma, el confesor incurriría sólo en la obligación natural de manejar tal asunto; igualmente si la narración de los pecados de alguien fuera hecha meramente con el fin de tener consejo o consuelo, el secreto, aunque todavía de clase profesional, sin embargo, no supondría la obligación estricta del secreto sacramental. Hay registros de algunos ejemplos históricos en los que el secreto del confesionario ha sido heroicamente defendido. Tal vez el más notable sea el de Juan Nepomuceno, quien es honrado como mártir del confesionario. En 1377 fue escogido por la piadosa Juana, esposa del emperador Wenceslao, para que fuera su guía espiritual. El emperador, cuya vida era la de un tirano disoluto, teniendo celos de su consorte, se propuso primero por zalamería y después mediante amenazas obtener del confesor una revelación de las confesiones de su esposa. Juan permaneció firme y tras ser torturado, Wenceslao ordenó arrojarlo al río Moldau. La orden fue llevada a cabo en la noche de la vigilia de la Ascensión el 16 de mayo de 1383.