Historia

SÍMBOLOS

Símbolo es un término que se usa en un sentido doble: para la representación gráfica de las ideas religiosas y para las formulaciones eclesiásticas autoritativas sobre doctrina.

Idea original de símbolo.
En este artículo el término símbolos se referirá al segundo sentido, también denominado credos o confesiones. La costumbre de designar como símbolos a las fórmulas por las que la fe cristiana se ha expresado en la historia tiene su origen al referirse a esa fórmula como un símbolo por el cual, en la antigua Iglesia, los candidatos al bautismo acostumbraban a confesar su fe. Comenzaban con "creo", siendo por lo tanto decididamente individual y personal. De sus muchos nombres uno era simplemente el de "credo". En el este "la lección" (to mathēma) se empleó a veces, pero raramente "la confesión de fe." La designación de la confesión bautismal como "símbolo" se originó en el oeste; en el este aparece relativamente tarde. El término se encuentra primero en Tertuliano (Adv. Marcionem, v. 1). La Iglesia latina tomó el término del griego secular. Derivado de symballein ("comparar"), symbolon se puede aplicar a cualquier cosa que signifique un medio de reconocimiento o identificación, una señal, una contraseña, una comparación o un acuerdo. Los equivalentes en latín son signum, nota, indicium, tessera, pactum; algunos de los antiguos teólogos latinos, tales como Rufino, lo tradujeron por collatio, confundiendo el griego symbolē y symbolon. Rufino asoció su interpretación a la leyenda de que el credo primitivo fue compuesto por los apóstoles, contribuyendo cada uno con una sentencia. Cipriano (Epist., lxix [lxxv] 7) es un testigo seguro de la aplicación de "símbolo" a la confesión bautismal. En qué sentido se aplicó está abierto a explicación; se usó probablemente como una señal general de reconocimiento, aunque se han mantenido diferentes ideas sobre este punto según las diversas teorías del origen del credo mismo. Una idea es que todas las fórmulas halladas en la Iglesia primitiva retroceden hasta el credo conocido como el antiguo romano; este credo fue compuesto en Roma en un momento determinado, como expresión del resumen de la fe en el período de su fecha, probablemente hacia el año 100, aunque más bien antes que después; que fue compuesto con propósitos litúrgicos y catequéticos, pero no como resultado del antagonismo polémico hacia la herejía, es la idea defendida por A. C. McGiffert (The Apostotles' Creed, Nueva York, 1902). Éste considera al credo romano la fórmula fundamental, siendo compuesto por la iglesia de Roma durante la batalla contra Marción. Loofs duda de la hipótesis de una simple "fórmula madre" y traza la costumbre de hacer recitar a los catecúmenos un credo (que fue sustancialmente el mismo en todas partes, aunque no con idéntica fraseología) a Asia Menor o a las primitivas iglesias de Tierra Santa y Siria.

La regla de fe.
Sin embargo, se puede conceder por demostrado que el credo originalmente tuvo su lugar en la solemne administración del bautismo. Hubo diferentes desarrollos locales de las costumbres de la traditio symboli a los catecúmenos poco antes del bautismo; una redditio del mismo, tras la exposición catequética de varios artículos, como prueba de su disposición para el sacramento y un asentimiento al mismo durante el acto del bautismo mismo; pero en cualquier forma que el símbolo bautismal fue empleado, tuvo, no importa su forma personal, un carácter litúrgico. Con esto está relacionada la importancia de la fórmula como un sacramentum, sin duda parcialmente como el juramento militante de los cristianos y parcialmente como el emblema sagrado importante por su traditio de apartar, de una vez por todas, al creyente como cristiano. Desde el mismo momento del primer conflicto con una creencia contraria (gnosticismo ambiguo, tal vez en su forma marcionita), el credo se usó en el oeste como la "regla de fe". Que desde mediados del siglo segundo el oeste consideró el credo como un arma contra los ataques hostiles, como la norma dada por Dios mismo, es demostrable. No es tan segura, pero es probable, la teoría de que el este lo adoptó antes de finalizar ese siglo en Asia Menor (tal vez en relación con el viaje de Policarpo a Roma), pero aquí originalmente las Escrituras habían ocupado la posición de regla de fe. Esta fue su posición en el resto del este, que sólo gradualmente, en algunos lugares no hasta el siglo cuarto, adoptó un credo formulado. Especialmente con Orígenes parece que no había credo y no se deseaba ninguno, pero se estimó mejor responder a diversas necesidades controversiales mediante fórmulas idóneas elaboradas para cada caso. Este método se dictaminó en la práctica en los concilios al preparar fórmulas consistentes, de algún modo sugerentes del símbolo. En el siglo tercero y más profusamente en el cuarto, las resoluciones dogmáticas se parecían a un símbolo, siendo adoptadas en los concilios. Tales definiciones nunca fueron designadas "símbolo", a menos, como en algunos ejemplos, que fueran aplicadas al uso bautismal. En su momento, especialmente tras la legislación de Justiniano, la fórmula se atribuyó a la acción conjunta de los primeros dos concilios ecuménicos, el denominado credo niceno-constantinopolitano, que tuvo rango de "símbolo." Entonces, en el este, aunque todavía en asociación última con las Escrituras y con la "exposición de la fe" hecha por el conjunto de los siete conocidos ecuménicos, se convirtió en regla de fe, como lo es hasta hoy en la Iglesia ortodoxa. El término ecuménico, estrictamente hablando, se aplica sólo al credo niceno-constantinopolitano, ya que ni el de los apóstoles ni el atanasiano han obtenido nunca reconocimiento oficial en el este. Incluso si el credo niceno-constantinopolitano representa el criterio más elevado para distinguir la ortodoxia de la doctrina herética, debe su especial importancia al hecho de que retuvo su posición en la administración pública del bautismo y la eucaristía.

Desarrollo occidental.
En el oeste también la idea de "símbolo" se asoció, hasta la Reforma, con el uso litúrgico de una fórmula. El título pasó del credo romano, o las "recensiones hijas" provinciales del credo romano, y finalmente de nuevo a una simple fórmula, al actual texto del Credo de los Apóstoles, tal como lo reciben católicos y protestantes. Entonces se extendió al credo niceno-constantinopolitano, que en el oeste también, aunque sólo gradualmente y dentro de ciertos límites, se convirtió en el credo eucarístico y al Credo "Atanasiano", llamado symbolum Quicunque, por sus palabras iniciales. La Edad Media habla de estos credos como "los tres símbolos", apareciendo esa frase primero en Alejandro de Hales, Summa III, qu. 82, m. 5. El Credo de los Apóstoles y el niceno-constantinopolitano fueron comparados usualmente como minus y major. Ludolfo de Sajonia (comp. Loofs, Symbolik, p. 58), en el siglo XIV, quien definió al símbolo como "una colección resumida de todas las cosas que conciernen a la salvación", dice que "el primer símbolo fue hecho para la instrucción de la fe, el segundo para la explicación de la fe y el tercero para la defensa de la fe." Ocasionalmente la fórmula del concilio de Letrán de 1215, la "Definición contra los albigenses y otros herejes" es llamada el "cuarto símbolo"; profesa ofrecer un compendio del "conjunto" de la fe, en adhesión formal al Credo Apostólico, pero hace uso del niceno-constantinopolitano y todavía más del atanasiano, además de sancionar los nuevos desarrollos de la doctrina eucarística. Puede haber sido la obvia conclusión de la estructura del apostólico, lo que permitió que el nombre de símbolo le fuera aplicado, aunque no se hizo de uso litúrgico. En la misma forma indefinida, el nombre se aplica al Symbolum fidei a Leone IX propositum Tridentinum, aunque esta fórmula tiene un cierto uso público, estando presentada en forma de preguntas para la examinación de candidatos a la consagración episcopal. Similar mención se hace del symbolum Tridentinum por el cual se entiende "la profesión de fe tridentina prescrita por Pío IV" en 1564 y ligeramente ampliada por Pío IX en 1877; era recitado por los candidatos a la recepción en la Iglesia católica hasta 1859 y era oralmente confesado y suscrito por aquellos que entraban al oficio del magisterio, especialmente los sacerdotes.

Cambio de actitud en el oeste.
Ha de destacarse que el desarrollo teológico en el oeste, a diferencia de en el este, diferenció gradualmente la concepción de la regla de fe de la de símbolo. Una vez que surgió la incertidumbre en el siglo cuarto en cuanto a la suficiencia del símbolo para el propósito de una regla de fe y las Escrituras habían comenzado, bajo la influencia del este, a ser consideradas como parte de ella, Agustín no sólo tomó en cuenta el nuevo desarrollo, sino que también le puso límites. Puso a los símbolos en tan íntima relación con las Escrituras que pudo hablar de ellos como si representaran realmente en forma condensada el conjunto de su enseñanza. De esta forma la Edad Media sostuvo firmemente la tesis de que el symbolum triplex era una y la misma suma de fe en una forma triple, con diversos grados de exactitud. Pero mientras en el este el contenido de la Escritura se redujo más y más a un equivalente con el credo romano, Agustín mostró cómo obtener un significado más profundo para las palabras del credo y darle nueva importancia. Otros teólogos influyentes, especialmente Vicente de Lérins, hablaron del símbolo más bien como una simple porción de la tradición, concordante con las Escrituras pero no siendo suficiente como guía por medio de ellas, prevaleciendo su idea en el tiempo tras Agustín. Pero aunque las Escrituras gradualmente ganaron el rango superior de regla de fe, fue en unión con la tradición eclesiástica no probada y el ejercicio de la enseñanza oficial episcopal o papal, por lo que prácticamente la regla de fe llegó a ser la propositio ecclesiæ, que es expuesta por la Iglesia, en la que los credos tienen su lugar. En el uso moderno católico se ha adoptado el término protestante "libros simbólicos" (KL, xi. 1050 y sig.). Se hace una distinción entre símbolos escritos de primera y segunda clase; los de la primera incluyen los credos propiamente dichos, las definiciones de los concilios ecuménicos y las decisiones papales ex cathedra en asuntos de fe, mientras que los de la segunda son documentos tales como la profesión tridentina y el catecismo romano.

Credos post-Reforma.
En el período de la Reforma el término "símbolo" se apartó totalmente de su fundamento litúrgico original y adquirió un significado casi exclusivamente teológico, a pesar del hecho de que el Credo de los Apóstoles y, hasta cierta extensión, el niceno-constantinopolitano todavía se empleaba en funciones de culto. El carácter personal de los credos primitivos también desapareció; las fórmulas se convirtieron en profesiones de grupos o iglesias. De este modo comienza una distinción entre credos "ecuménicos" y los de las comuniones protestantes, especialmente de los luteranos. En las iglesias reformadas el nombre "símbolo" no se hizo acostumbrado; se prefirió el término "confesiones", adaptándose mejor para denotar las fórmulas que eran expresiones de fe y la determinación de la doctrina por parte de las iglesias. En la Fórmula de Concordia el término símbolo se aplica primero a la Augustana, al mismo nivel que los credos ecuménicos, a los cuales se añadió la "Apología y Artículos de Esmalcalda". Ni en ésta ni en el Libro de Concordia se incluyó la Fórmula como símbolo. El efecto interno de los símbolos sobre el desarrollo interno del protestantismo ha sido de menor escala en el dogmatismo ortodoxo de lo que se podía haber esperado. La doctrina de la Biblia como única regla de fe redujo la autoridad de todos los credos. Esta supremacía de la Escritura se debe a su propia autoridad interior y no a la de la Iglesia, como anteriormente. Los símbolos subordinados a la Escritura fueron obligatorios en tanto concordaban con ella. Fueron estimados no por tener valor dogmático, sino polémico y político o jurídico. También permaneció la conciencia de que eran confesiones, en el sentido de testimonios de la verdad bíblica. En la controversia sincretista los luteranos ortodoxos estuvieron dispuestos a subrayar la insuficiencia de todos los símbolos existentes, al ser comparados con la suficiencia de la fe completa; éste fue especialmente el caso respecto a los credos ecuménicos, a los cuales Georg Calixto y su escuela deseaban mostrar como fundamento de unión para las iglesias en conflicto. Se hicieron intentos incluso desde este punto de vista para formular un nuevo credo entre los luteranos ortodoxos, pero nunca se llegó a un acuerdo. Por otro lado, entre los reformados la producción de nuevas fórmulas fue incesante, no habiendo cesado todavía la tendencia a la revisión o nueva creación.

La autoridad de los credos, fuertemente reforzada en el periodo del pietismo, declinó notablemente bajo la influencia del racionalismo. En la historia del protestantismo pertenecen esencialmente a organizaciones establecidas o territoriales, salvo en ciertas confesiones reformadas en Norteamérica e iglesias libres por doquier; pero la relación entre Iglesia y Estado fue realmente tan estrecha en el sistema reformado como en el luterano, sólo que definida de forma diferente, mientras que las iglesias "libres", son esencialmente modernas. En los sistemas políticos antiguos, que contemplaban sólo una Iglesia, los credos estaban entre los fundamentos de la constitución y los ciudadanos, especialmente oficiales y la mayor parte todos los clérigos, estaban estrictamente obligados a ellos, al menos en lo que a la enseñanza pública se refiere. En qué medida deberían ser vinculantes sobre la conciencia fue difícil determinarlo en los Estados e iglesias protestantes.