Historia
SINAITICUS, CODEX

Fotografía de Kenton Gribble
En 1859 realizó una tercera visita, esta vez bajo el patrocinio del zar Alejandro II. Esta visita pareció igualmente infructuosa cuando, en vísperas de su partida, en una conversación casual con el custodio, se enteró de la existencia de un manuscrito y, cuando se lo mostraron, vio el mismo manuscrito que había buscado, conteniendo, más allá de todos sus sueños, gran parte del Antiguo Testamento y todo el Nuevo Testamento, además de la Epístola de Bernabé y parte del "Pastor" de Hermas, dos obras de las que no se conocían copias en el griego original. Considerando que era "un crimen dormir", Tischendorf pasó la noche copiando a Bernabé; tuvo que marcharse a la mañana siguiente, tras no lograr convencer a los monjes de que le entregaran el manuscrito. En El Cairo, se detuvo en un monasterio perteneciente a los mismos monjes (pertenecían a la Iglesia Ortodoxa Griega) y logró que le enviaran el manuscrito para su transcripción; y finalmente, lo obtuvo de los monjes como regalo al Zar, patrón de Tischendorf y protector de su Iglesia.
Años después, en 1869, el Zar recompensó a los dos monasterios con regalos monetarios (7.000 y 2.000 rublos a cada uno) y condecoraciones. El manuscrito se conserva en la Biblioteca Imperial de San Petersburgo. Tischendorf publicó un relato al respecto en 1860 y, bajo los auspicios del zar, lo imprimió en facsímil en 1862. Veintiún láminas litográficas, hechas a partir de fotografías, se incluyeron en esta edición, que se publicó en cuatro volúmenes. Al año siguiente, publicó una edición crítica del Nuevo Testamento. Finalmente, en 1867, publicó fragmentos adicionales de Génesis y Números, que se habían utilizado para encuadernar otros volúmenes en Santa Catalina y que había descubierto el archimandrita Porfirio.
El Codex Sinaiticus, que originalmente contenía todo el Antiguo Testamento, se encontraba gravemente mutilado, especialmente en los libros históricos de Génesis a Esdras Iinclusive); el resto del Antiguo Testamento se encontraba en mucho mejor estado. El Nuevo Testamento estaba completo, al igual que la Epístola de Bernabé; se han perdido seis hojas posteriores a Bernabé, que probablemente también contenían literatura no canónica: el Pastor» de Hermas está incompleto, y no podemos determinar si le siguieron otras obras. En total, hay 346 hojas y media. Cabe destacar el orden del Nuevo Testamento: las Epístolas de San Pablo preceden a los Hechos; Hebreos sigue a 2 Tesalonicebses. El manuscrito está en buen pergamino; las páginas miden aproximadamente 38 x 33 cm; hay cuatro columnas por página, excepto en los libros poéticos, que están escritos esticométricamente en dos columnas de mayor ancho; hay 48 líneas por columna, pero 47 en las Epístolas universales. Las cuatro columnas estrechas dan a la página la apariencia de un rollo antiguo; no es imposible, como dice Kenyon, que en realidad se haya copiado de un rollo de papiro. Está escrito en caracteres unciales, bien formados, sin acentos ni espíritus, y sin puntuación, excepto (a veces) el apóstrofe y el punto. Tischendorf consideró que había cuatro manos involucradas en la escritura del manuscrito; en esto se le ha seguido generalmente. Pero no obtuvo aceptación su conjetura de que uno de estos escritores también escribió el Nuevo Testamento del Codex Vaticanus. Reconoció a siete correctores del texto, uno de ellos contemporáneo a la redacción del manuscrito. Las Secciones Amonianas y los Cánones de Eusebio se indican en el margen, probablemente por una mano contemporánea; sin embargo, parecen haber sido desconocidos para el escriba, quien siguió otra división.
En cuanto a antigüedad, este manuscrito se sitúa a la par del Codex Vaticanus. Su antigüedad se demuestra por la escritura, por las cuatro columnas por página (una indicación, probablemente, de la transición del rollo a la forma de códice de manuscrito), por la ausencia de las grandes letras iniciales y de ornamentos, por la rareza de la puntuación, por los títulos cortos de los libros, la presencia de divisiones del texto anteriores a Eusebio, la adición de Bernabé y Hermas, etc. Tales indicaciones han inducido a los expertos a ubicarlo en el siglo IV, junto con el Vaticanus y algún tiempo antes del Alejandrino y C; esta conclusión no se cuestiona seriamente, aunque se admite la posibilidad de una fecha temprana del siglo V. Su origen se ha asignado a Roma, el sur de Italia, Egipto y Cesarea, pero no se puede determinar (Kenyon, Handbook to the Textual Criticism of the N. T., Londres, 1901, p. 56 sig.). Parece haber estado en algún momento en Cesarea; uno de los correctores (probablemente del siglo VII) añade esta nota al final de Esdras: «Este códice se comparó con un ejemplar muy antiguo que había sido corregido por la mano del santo mártir Pánfilo [fallecido en 309]; dicho ejemplar contenía al final la suscripción de su propia mano: «Tomado y corregido según la Hexapla de Orígenes: Antonio lo comparó: Yo, Pánfilo, lo corregí». Pánfilo fue, junto con Eusebio, el fundador de la biblioteca de Cesarea. Algunos incluso se inclinan a considerarlo como uno de los cincuenta manuscritos que Constantino encargó a Eusebio de Cesarea que preparara en 331 para las iglesias de Constantinopla; pero no hay indicios de que haya estado en Constantinopla. No se sabe nada de su historia posterior hasta su descubrimiento por Tischendorf. El texto muestra una estrecha similitud con el Vaticanus, aunque no puede descender del mismo manuscrito inmediato.
Bibliografía:
John F. Fenlon, The Catholic Encyclopedia.