Historia
SINCRETISMO, CONTROVERSIAS SINCRETISTAS
Origen del término.
La única mención del término en la literatura antigua está en Plutarco, quien, ilustrando el amor fraternal, cita el ejemplo de los cretenses, señalando que se hacen la guerra entre sí, pero ante el ataque externo se unen contra el enemigo común. Fue resucitada por Erasmo, quien en Adagia criticó la práctica, aunque en una carta a Melanchthon (1519) propuso una defensa común (synkretizein) de los entendidos contra sus oponentes, aunque no estuvieran de acuerdo totalmente entre ellos mismos. En una carta de Zwinglio a Ecolampadio y otros clérigos de Basilea (en Opera, edición de Schuler y Schulthess, vii. 390), el primero exhortó a una unión sincretista contra las persecuciones surgidas por la eucaristía y poco después tanto el término como la concepción se hicieron prominentes en las negociaciones de paz de Bucero y en el vocabulario de los humanistas en general. Zacarías Ursinus lo aplicó igualmente a los malvados, hablando de su "sincretismo" y conspiración contra Dios. En la primera mitad del siglo XVII el doble valor de la censura y la alabanza continuó, aunque el término adquirió un significado crecientemente siniestro, al crecer la impopularidad de la concordia con los disidentes durante ese tiempo, en el que los dogmas se fijaron más y más. El teólogo católico Paul Windeck predijo en su Prognosticon futuri status ecclesia (1603), la rápida caída del protestantismo y amonestó a los de su propia Iglesia a cultivar el "sincretismo", lo que inspiró el Irenicum sive de unione Evangelicarum concilianda (Heidelberg, 1614-15) de David Pareus, citando a los dos cuerpos protestantes a una conciliación pacífica contra el enemigo común. El jesuita Adam Contzen atacó la proposición de Pareus con De pace Germaniæ (Maguncia, 1616) en dos libros, el primero de los cuales tiene como subtítulo De syncretismus. No escatimó esfuerzos antes de la Guerra de los Treinta Años para incitar a los luteranos contra los reformados para evitar una unión anticatólica. Dos años antes del sínodo de Dort señaló los esfuerzos realizados por los reformados más estrictos para suprimir a los moderados, acusándolos de syncretissare, que, según Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses son siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos.[…]Tito 1:12, se atribuían unos a otros, sugiriendo en 18 capítulos numerosas razones contra la comunión con los reformados revolucionarios. En las tres siguientes décadas de la guerra, el término y el concepto quedó en un segundo plano.

Sin embargo, hacia mediados de ese siglo se desarrolla una tendencia hacia la finalidad y autoridad del dogma, especialmente en las iglesias luterana y católica. Contra esta tendencia se posicionó Georg Calixto, denunciándola como una vergüenza para la cristiandad y cristalizando la teología por este propósito en barbarismo. Presentó las diferencias entre las doctrinas más y menos fundamentales, proponiendo que las escuelas consideraran aquellas doctrinas básicas, que por común consentimiento eran menos importantes, para un progresivo desarrollo y deseó ver una afiliación más estrecha establecida, al menos entre las iglesias luterana y reformada. Pero con los sucesos de 1645 las tendencias pacíficas de Calixto sólo sirvieron para irritar a los luteranos y a los católicos. Antes de la conferencia de Thorn se publicaron dos tratados contra el "sincretismo." El jesuita Voit Ebermann, en Eirenikon catholicum (Maguncia, 1645), objetó a la posición pacífica de Calixto, sosteniendo que no podía haber nada más peligroso que la herejía de que todos los que asentían al credo apostólico deberían considerarse uno, porque ello supondría admitir a la unidad a aquellos que se apartaban, lo que llevaría a una falsa apariencia engañándose a sí mismos y a otros. A partir de ahí no sólo la unión de individuos de diferentes religiones sino de religiones discordantes recibiría respaldo. Tal vez de aquí surgió la falsa presuposición de que la demanda para una alianza de personas parcialmente disidentes sobre la base de su consenso significaba una mezcla de religiones. En cualquier caso el término se apartó de su sentido práctico original y se aplicó a una mezcla confusa de religiones, quedando posteriormente incluso más retorcido, hasta el extremo de que se derivó de synkerannumi ("mezclar"). El teólogo J. K. Dannhauer, Mysterium syncretismi detecti (Estrasburgo, 1648), que incluyó todas las combinaciones de lo diferente bajo el sincretismo y comparó la perfección de la doctrina luterana bajo una mirada en la que no puede quedar una partícula de polvo, y Abraham Calovio, suscitaron la cuestión contra Calixto de que el término significaba cosas irreconciliablemente diferentes, tales como las iglesias luterana y reformada. Este es el único significado implicado en el término en las controversias, pero incluso los sincretistas como Calixto rechazaron el epíteto. Su significado original desapareció gradualmente, por lo que el significado incorrecto, en un intento perverso para combinar elementos diferentes irreconciliables de la verdad, persistió. Los intentos posteriores, por razón de la tendencia histórica en teología, que muestran al cristianismo al principio como sincretista (H. Gunkel), o al antiguo cristianismo católico de mediados del siglo tercero como una religión sincretista (A. Harnack), han dotado al término de una nueva importancia.
El sínodo de Charenton.
Se pueden señalar tres períodos separados por lapsos de tranquilidad: desde la conferencia de Thorn hasta la muerte de Calixto, 1645-56; desde los coloquios de Hesse-Cassel y Berlín hasta la orden de silencio a los teólogos sajones, 1661-69, y las últimas batallas de Calovio por el consenso y contra Johann Musæus, hasta su muerte, 1675-86. Todos los esfuerzos antes de 1645 para aunar las iglesias luterana y reformada se pueden considerar preliminares de las controversias. En réplica a una cuestión solicitada el sínodo general de la Iglesia reformada francesa en Charenton en 1631 estableció, sobre la base del acuerdo esencial de las iglesias de la Confesión de Augsburgo y las otras iglesias reformadas y de la ausencia de superstición e idolatría en su adoración, que en las iglesias francesas fueran admitidos a la comunión aquellos luteranos que se acercaran en espíritu de amistad y paz, sin abjuración y que los tales podrían presentar como padrinos a los niños para el bautismo si únicamente prometían al consistorio que no incitarían a los bautizados a transgredir la doctrina recibida en esas iglesias y que les criarían en la instrucción de aquellos artículos de doctrina en los que había acuerdo. Esto quedó aprobado también por muchos de los teólogos reformados más estrictos fuera de Francia, pero suscitó violentos ataques de los católicos en Francia contra la unión protestante. El principio de una unión de lo diferente sobre el fundamento de la fe fue estimado el fundamento de una nueva secta, esto es, los neutralistas, la peor herejía de todas, porque llevaba a la renuncia de todo amor por su propia religión, obligaba al indiferentismo, y llevaba a la herejía (F. Véron). Otros creían ver en ello una apostasía hacia la fe de sus padres, una violencia hecha a la constitución, esto es, al Edicto de Nantes, que liberaba a los católicos de su observancia.
En Prusia.
Georg Calixto por sus extensos viajes, conocimiento y amplios estudios, había adquirido una actitud ampliamente pacificadora hacia los cuerpos confesionales y una apreciación más real de la verdad relativa interior y valor de los dogmas que la mayoría de los teólogos luteranos de su tiempo. Le preocupaba la cristalización de la teología y la autorización eclesiástica del dogma fijado como una amenaza para la investigación libre, la paz de la Iglesia y la esperanza del protestantismo. Esta desviación de la tendencia de los tiempos es evidente en sus muchos escritos. Naturalmente provocó la resistencia de los guardianes de la ortodoxia que asumían ser los únicos defensores de la Reforma, atrayéndose sus ataques, tales como la intentona de refutación en la convención de teólogos en Jena en 1621 y la polémica de Statius Buschser, posteriormente titulada Cryptopapismus theologiæ Helmstadiensis (1640). Pero el ataque abierto de la ortodoxia contra Calixto y sus colegas de Helmstedt vino primero por los sucesos de 1645 y 1648. Cuando el rey Ladislao IV de Polonia publicó la convocatoria de la conferencia de Thorn, Calixto no sólo propagó y recomendó la proclamación por un escrito propio, sino que también procuró la designación como delegado. Por lo tanto se atrajo la enemistad de los prusianos orientales, que estaban inmersos en una batalla contra la unión con su gobernante, el elector reformado de Brandeburgo, y estaban dirigidos por Cölestin Myslenta (1588-1653) de Königsberg y Abraham Calovio de Danzig; cuando el elector le delegó por Königsberg, Calovio logró impedir que presidiera a los luteranos, un puesto que quedó para Johann Hulsemann de Wittenberg, e incluso de entrar a la conferencia como luterano, así como representante de las ciudades de Thorn y Elbing. Sin embargo, Calixto prestó el valioso servicio de su saber y consejo a los reformados. Una vez que el elector Juan Jorge I de Sajonia había prohibido todas las innovaciones de las convenciones teológicas, los teólogos de ese electorado se unieron con Hulsemann en un memorial conjunto (29 de diciembre de 1647) acusando a los teólogos de Helmstedt de innovaciones y de apartarse de la Confesión de Augsburgo y debilitar los fundamentos de la doctrina evangélica. Calixto replicó etiquetando a su acusador, quienquiera que pudiera ser, de calumniador infame, hasta que demostrara sus acusaciones. Esto instó a la oposición en los años posteriores a vigilar toda posible variante por parte de los teólogos de Helmstedt y denunciarla como desviación, acarreando la deducción de que los esfuerzos para la unión eran indignos. En Prusia el elector reemplazó a Calovio en Königsberg por C. Dreier y designó como profesor de teología a J. Latemann, que eran respectivamente amigo y alumno de Calixto. Myslenta y sus colaboradores invitaron a todos los oponentes de los reformados a unirse a Censuræ theologorum orthodoxorum (1648), en la condenación de sus nuevos colegas. Calovio usó el término "sincretismo" en el sentido de que provoca ruina, de ahí que "sincretista" se aplicara más y más a los "teólogos más moderados" de Helmstedt y a la tendencia que representaban. La batalla continuó en Prusia literariamente en pro y en contra hasta después de la muerte de Myslenta.
En Sajonia electoral.
La rivalidad y contienda política también jugaron su parte en las controversias. Durante veinte años el electorado de Sajonia había procurado impedir que se le otorgara un estatus igual a los reformados, en favor de los otros dos electorados, el Palatinado y Brandeburgo; pero en la Paz de Westfalia su propósito salió derrotado, siendo triunfante la igualdad de la práctica religiosa. Los reformados profesaron ser adherentes de la Confesión de Augsburgo como un género del que los dos organismos eran especies, a lo que la Sajonia electoral objetó en vano (1649). Incluso la designación como directorio del Corpus Evangelicorum (1653) no pudo compensar la humillación de Sajonia. Los teólogos de Wittenberg y Leipzig elaboraron un informe de que los teólogos de Helmstedt se habían apartado, no sólo sobre la necesidad de las buenas obras, sino también en casi cada artículo de la fe y Juan Jorge les ofreció exponerlo "artículo por artículo" (21 de enero de 1648). El 16 de junio de 1649 el elector emitió una alocución a los tres duques de Brunswick, que mantenían Helmstedt como su universidad conjunta, asumiendo personalmente todas las acusaciones contra Calixto, a quien él acusó de elaborar una nueva religión e introducir cismas violentos. Pedía que a los teólogos de Helmstedt se les prohibiera publicar polémicas contra sus teólogos e invitaba a los duques a una alianza de los estados evangélicos en favor de medidas restrictivas, bajo amenaza de asumir la protección contra el cisma. Por otro lado, los duques de Brunswick habían comisionado a Konrad Horneius a preparar una apología contra las censuras de Königsberg y solicitaban una exposición en alemán de los puntos (1) sobre la autoridad de la antigua Iglesia, (2) las buenas obras, (3) la prueba del Nuevo Testamento sobre la Trinidad, (4) las teofanías del Antiguo Testamento y (5) la unidad de los disidentes acusados de "sincretistas." Calixto elaboró los puntos tercero y cuarto, Num mysterium trinitatis e solius, etc. (1649). Entonces escribió una apología contra la alocución de Juan Jorge y los duques de Brunswick en réplica conjunta con él (1650) se ofrecieron para respaldar la supresión de los escritos polémicos de sus teólogos, provisionalmente, si él daba los mismos pasos y proponían una convención para elaborar consejos contra los cismas en favor de la paz, pero estimulaban la resistencia al amenazado directorio, si ello implicaba la presuposición de la superioridad por la fuerza. Pero el elector sólo consintió para una polémica más vehemente. El llamamiento de Calovio para un profesorado en Wittenberg significaba la concentración de fuerzas y sucedió en medio de renovadas explosiones de polémica. Hülsemann publicó Dialysis apologetica problematis Calixtini num mysterium trinitatis (1649); Judicium de Calixtino desiderio concordiæ ecclesiasticæ (1650) y finalmente Der calixtinische Gewissenswurm (1654), una obra que excede las 1.600 páginas. Calovio fue más activo, produciendo además de su proclama inaugural, Consideratio novæ theologiæ Helmstadioregiomontanorum syncretistarum (1649) y Syncretismus Calixtinus (1653). Noventa y ocho herejías de Calixto fueron recogidas, exigiéndose una conferencia de teólogos por la facción de Calovio; pero este esfuerzo fracasó debido a la sabia sospecha de los duques de Sajonia, quienes fueron invitados primero, y los teólogos de Jena, de que la velada pretensión escondía la idea de un ataque conjunto contra los duques de Brunswick, su exclusión del cuerpo luterano, y, consecuentemente una profundización del cisma. En la dieta más reciente en Regensburgo, veinticuatro Estados evangélicos se unieron en un llamamiento para una conferencia de teólogos y representantes estatales pacíficos y en una apelación al silencio por parte de ambas facciones teológicas. Pero Juan Jorge, sobre quien, como director del Corpus Evangelicorum, incidía la primera acción, no le prestó atención. Sus teólogos reclamaron la expulsión de la facción de Helmstedt de la Iglesia luterana sobre la base de 98 herejías. Como nueva confesión se elaboró A consensus repetitus fidei vere Lutheranæ. En 86 partes, siguiendo el orden de la Confesión de Augsburgo, quedó ordenada, cada una según el plan de (1) la recta doctrina (profitemur); (2) la disidencia de la facción de Helmstedt (rejicimus); (3) pruebas de los escritos de esta última (ita docet). Suscrita primero por los teólogos de Leipzig y Wittenberg se buscaron las firmas de otros mediante una renovada fertilidad de la pluma de Calovio; Harmonia Calixtina-hæretica (1655) de 1.200 páginas en cuarto; Systema locorum theologicorum (2 volúmenes, 1655) y Fides veterum et imprimis fidelium mundi antediluviani in Christum (1655), en la que a las herejías de Calixto se les denominaba "excrementos de Satanás." Pero la aceptación de la Confesión por doquier no se logró y la muerte de Calixto, 1656, fue seguida el mismo año por la de Juan Jorge, lo que produjo una calma en la tormenta.
En Hesse-Cassel.
La Paz de Westfalia había restaurado las partes más luteranas de Hesse septentrional al gobierno reformado de Cassel, incluyendo, prácticamente, el control de Schaumburg y la universidad de Rinteln. La política del landgrave Guillermo VI era amplia y bastante indulgente bajo el orden de la iglesia liberal para efectuar la unión de los elementos luteranos y reformados. A la universidad de Magdeburgo, reabierta en 1653, se le pidió que promoviera "la paz eclesiástica y la concordia de todos los protestantes" y una teología mediadora. Más aún, para promover la unión y derrotar el odio partidista, el landgrave convocó un coloquio en Cassel del 1 al 9 de junio de 1661. Cuando los teólogos de Wittenberg, Calovio, J. A. Quenstedt y Johann Deutschmann supieron de ello ocho meses más tarde, publicaron un violento ataque, Epicrisis de colloquio Casselano Rintelio-Marpurgensium (1662) que enviaron a las facultades y al ministerio. A consecuencia, las tres facultades de Sajonia se unieron en una representación con los teólogos de Rinteln en la que el repudio de la refutación contra los reformados y su condenación en la adoración fueron llevados hasta el extremo de ser considerados errores, exigiéndose una retractación o explicación minuciosa. Antes de la recepción de esto los teólogos de Rinteln habían replicado con una Epistola apologetica (1662). H. M. Eckart preparó una memoria (1662) para el pueblo, exponiendo que los cismas de la Iglesia violaban su característica más notoria de distinción, el mandato del amor, y se hacía objeto de la burla de los malvados; que incumbía especialmente a los protestantes eliminar esa desgracia y, sin mezcla de confesiones u organizaciones, promover la amistad y la paz. Violentamente indignados por su fracaso, los teólogos de Wittenberg publicaron su Epicrisis (1663), con un prefacio en el que amenazaban con otra edición de las censuras colectivas, esta vez contra los teólogos de Rinteln. A esto siguió una artillería de escritos polémicos, entre los cuales estaban De puncto discrepitatione inter Lutheranos et Calvinianos (1664) de Andreas Kühn y Grundlicher Beweis (1664) de Calovio de 1.000 páginas, para manifestar que el error calvinista amenazaba la innovación sincretista en Rinteln, seguido por una Antapologia (Wittenberg, 1666) de 700 páginas en cuarto, un resumen de todos los puntos de contención desde Calvino hasta el coloquio de Rinteln.
En Prusia y Brandeburgo.
La renovación de esta controversia produjo enseguida su avivamiento en Prusia y Brandeburgo. En Königsberg, Dreier había protestado contra la estigmatización de los esfuerzos para la paz de la Iglesia y declaró que la fe común debe buscarse en la antigua Iglesia y no en resúmenes de contenidos de las nuevas confesiones. El gran elector de Brandeburgo, Federico Guillermo, siguiendo el ejemplo de su cuñado, el landgrave Guillermo, en un edicto (2 de junio de 1662) deploraba los cismas y la desmoralización religiosa local y mandaba que el clero se sometiera al silencio salvo en lo que fuera edificante. Convocó un coloquio (septiembre de 1662-mayo de 1663) en Berlín, con tres teólogos de cada facción. Pero las sospechas y escrupulosidad de los luteranos (instigados desde Wittenberg) a ceder en la condenación de puntos rechazados por sus confesiones hicieron naufragar el esfuerzo. Un nuevo edicto de 16 de diciembre de 1664 prohibía el uso de epítetos abusivos y la atribución de doctrinas a sus oponentes no reconocidas por ellos. Poco después se demandó una promesa de todo el clero para éste y otros edictos previos. En vano el clero luterano de Berlín hizo solicitudes a las universidades y ministerios. El elector los citó ante el consistorio y demandó la promesa bajo pena de traslado. E. S. Reinhardt y C. Lilius, y finalmente Paulus Gerhardt, perdieron sus puestos. Por una orden del 6 de junio de 1667 se eliminó la promesa, pero el mantenimiento estricto del edicto quedó en vigor ante el consistorio. Una declaración el 6 de mayo de 1668 garantizaba a los luteranos no sólo la plena libertad religiosa, sino la discusión pacífica de los puntos en disputa.
El consenso de Wittenberg.
Mientras tanto los teólogos de Wittenberg retomaron la lucha contra los sincretistas. Publicaron su gran colección de Consilia theologica Witebergensia (1664), incluyendo el Consensus repetitus fidei vere Lutheranæ retirado desde 1655. Calovio publicó una edición especial en 1666 con un prefacio, con referencia expresa al sincretismo en Rinteln y a una "sinopsis de los errores de Calixto y sus cómplices." El obvio propósito era la exclusión de la Iglesia luterana, y, en grado menor, la vinculación de los otros luteranos bajo una nueva confesión, incluyendo doctrinas tan excéntricas como el conocimiento de los creyentes del Antiguo Testamento de toda la doctrina de la Trinidad, la fe auténtica de los niños bautizados y la ubicuidad de la naturaleza humana de Cristo para todos los creyentes. El principal efecto de su adopción habría sido la rehabilitación de la idea de la única Iglesia verdadera, visible e invisible, esto es, la luterana, con un absoluto cuerpo de dogmas que fueran norma eclesiástica exclusiva. Friedrich Ulrich Calixto acometió la defensa de todas las ideas particulares de su padre, publicando Demonstrata liquidissima (1667), un comentario sobre el Consensus, intentando en ocasiones mostrar la insustancialidad de los significados atribuidos a su padre y sus seguidores, otras veces el acuerdo de ellos con las confesiones y en otras la intrusión de las opiniones de los autores en el Consensus como si fueran doctrinas de la Iglesia, abriendo de este modo la multiplicación arbitraria de dogmas indefinidamente. Un nuevo y profesional disputador apareció en Wittenberg, Ægidius Strauch, quien en Vindicatus (1668) descargó un torrente de invectivas mendaces y sofistería contra el joven Calixto. A esto siguió De Deo uno (1667) de Deutschmann, yerno de Calovio, quien, a su vez, siguió con Locos et controversial syntagmatis antisyncretistici (1668), en el que los enumerados errores de Calixto alcanzaron el número de ciento veinte. Calixto respondió a los dos últimos con escritos, y contra Strauch con acusaciones formales de libelo. Strauch respondió con una opinión conjunta legal de las facultades jurídicas de las tres universidades, quedando al conflicto enquistado en las batallas de las autoridades legales, mientras que las polémicas de Strauch, que se decía habían sido preparadas por Calovio, producidas ahora en alemán, indignaron grandemente al público.

Viendo que el Consensus propuesto amenazaba la libertad de saber en las universidades y podía perturbar a la Iglesia luterana, poniendo en peligro los beneficios del tratado de Westfalia contra los católicos, la universidad presentó un capaz campeón, Hermann Conring, quien, en Pietas academiæ Juliæ, replicó a Strauch y otros. Mantuvo que no había una escuela de Calixto y que no era deseada por él; que éste estimaba la investigación libre como la salvaguarda de la Iglesia. Helmstedt había sido designada porque aquí la Palabra de Dios era estimada confiable y auténtica en sí misma, mientras que las confesiones eran tratadas imparcialmente y consideradas válidas hasta donde concordaban con la Escritura. Calovio confundía la herejía con el error, mientras que las ideas de Calixto no violaban dogmas expresos. Las masas no han de ser sumidas en la confusión religiosa con esas cuestiones controversiales; aunque a los inteligentes no se les ha de negar una voz en la aceptación de una nueva confesión. El Consensus debería primero ser demostrado por la Escritura y los príncipes deberían ejercer sus cargos responsables en la restauración del orden, pues los clérigos que excitan el tumulto no pueden aplacarlo. Una edición alemana titulada Schutzrede der Juliusuniversität, publicada poco después por C. Schrader, resumió el juicio sobre el Consensus en que (1) según el plan, el profitemur no es invariablemente la confesión universal de la Iglesia luterana; (2) el rejicimus se opone a la libertad y promueve el cisma y (3) en el ita docet, las doctrinas atribuidas a Calixto y Horneius son injustificable y tendenciosamente presentadas. Incluso el papa fue lento para decretar nuevos artículos de fe y no lo hizo hasta después de prolongadas investigaciones con los cardenales y concilios. Calovio desecha sin mencionarlo el gran número de adherentes de la Confesión de Augsburgo, resume la masa de puntos disputados y en el fragor del apresuramiento elabora un número de principios antagonistas, que a partir de entonces serán llamados luteranos. Aquellos que no aprueben los símbolos introducidos han de ser expulsados de la comunión de los santos, no siendo esto el final, sino un proceso que ha de ser perpetuo. Como los Gálatas rechazaron la circuncisión (1 Para libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud. 2 Mirad, yo, Pablo, os digo que si os dejáis circuncidar, Cristo de nada os aprovechará. […]Gálatas 5:1-2), así ellos declinan el Consensus. Esos escritos, dispersos por las cortes, consistorios y universidades, tuvieron el efecto de provocar la aprensión; pues si se aceptaba que los que no reconocieran el Consensus quedaban fuera de la Iglesia luterana, podían perder los beneficios del tratado de Westfalia, un resultado que no estaba lejos del motivo de Calovio. El duque Federico Guillermo de Saxe-Altenburg procuró frenar la separación y la pasión e indujo a su cuñado, el elector Juan Jorge III a dar audiencia los teólogos de Wittenberg. Su largo informe del 22 de abril de 1669, se puede resumir en lo siguiente: (1) Continuidad de la refutación; o (2) un sínodo, o más bien, ya que no hacía falta un examen de la doctrina de Helmstedt, cartas de comunicación para sondear la opinión y compromiso conjunto de los ortodoxos; (3) que primero los teólogos de la Sajonia electoral consiguieran el Consensus de otros teólogos antes de que el elector lo refiriera a otros potentados; (4) corrección del texto para clérigos y ministros políticos con una cláusula prohibiendo el sincretismo, la mezcla de religiones, la tolerancia eclesiástica y la afiliación espiritual con papistas y calvinistas, o su equivalente, la suscripción al Consensus; (5) obligación compulsiva de los teólogos de Brunswick a sus antiguas confesiones sin reserva, pues la posterior "bellaquería" no ha de ser tolerada por ningún gobierno cristiano. Aunque aprobado por el elector, su efecto, así como el asesoramiento de los consejeros, fue perpetuar la batalla, aunque la alarma dada por Conring y los teólogos de Helmstedt no quedó sin resultados, pues la orden dada en Sajonia para impedir las polémicas literarias fue tenida en cuenta durante varios años.
El consejo de Spener.
Hubo un lapso de tranquilidad entre 1669-79. El duque Ernesto el Piadoso, sucesor de Federico Guillermo de Sajonia, hizo alianza con su yerno Luis VI de Hesse-Darmstadt e ideó la prevención de un colegio permanente de teólogos. Con sus tres hijos convocó a su clero y ministerio, junto con varios teólogos de fuera, entre los cuales estaba Johann Musæus, a una conferencia en Jena (15-17 de abril de 1670). Los personajes más diversos, como Calovio, Spener o Quenstedt, habían sido propuestos para un tribunal de paz, cuando la medida acarreó enviar diputados para comprobar las opiniones de otras cortes luteranas, las cuales sólo dieron amistosas pero evasivas contestaciones, aunque Ernesto redobló sus esfuerzos para remover el cisma. Logró una opinión de Spener (31 de mayo de 1670) al efecto de que no era demasiado tarde para la restauración de la unidad, porque la batalla no había todavía sacudido las iglesias y el Consensus no había sido todavía introducido. En cuanto a la causa de la lucha él no exoneró a Calixto de excentricidad en doctrina y obstinación, atribuyendo el desorden a las "pasiones humanas." En cuanto a las medidas para la restauración aconsejaba una cooperación de los gobernantes cristianos y el clero y una reforma de la conformidad externa estéril. Si un sínodo de toda Alemania no era practicable, entonces una consulta de los hombres más ilustrados y serios era aconsejable. La cuestión en cuanto a lo que el anciano Calixto y Horneius habían enseñado debería ser sepultada con el pasado y la profesión y afirmación por los teólogos de Helmstedt de que su enseñanza estaba de acuerdo con los símbolos y su rechazo de la acusación de sincretismo y adhesión a los errores fundamentales del catolicismo, deberían ser estimadas suficientes. Hasta dónde las restantes doctrinas como la de la ubicuidad eran fundamentales para la fe podría ser fácilmente determinado. Se debía mostrar tolerancia y gentilezahacia los hermanos más débiles y las invectivas innecesarias sin perjuicio para la refutación tenían que ser prohibidas. Ernesto envió otra diputación con este bosquejo para ganar a los teólogos y persuadirlos para los consejos de paz. Volviéndose primero al electorado de Sajonia, fueron referidos desde Dresden a Wittenberg. Quenstedt y B. Meisner se quejaron del radicalismo e inflexibilidad de Calovio, quien ahora subrepticiamente insertó en las tesis que habían de ser sometidas a los teólogos de Helmstedt dos puntos: Uno sobre abandonar los errores del sincretismo y otro sobre la creencia del misterio de la Trinidad en el Antiguo Testamento. Las tres cosas demandadas por las otras tesis eran que los teólogos no disputarían ninguna doctrina contenida en el Libro de Concordia, que enseñarían según su contenido y renunciarían al sincretismo, por lo cual se significaba sólo el reconocimiento de un consenso fundamental entre luteranos y reformados. Pero en Helmstedt y otros lugares bajo su influencia, Calovio fue totalmente malinterpretado, y una disputa entre los gobernantes originó la prohibición de los teólogos de Helmstedt para que se comprometieran. Sin embargo, las negociaciones aplacaron la lucha durante unos años.

En 1675 el conflicto se renovó y duró hasta la muerte de Calovio en 1686. Éste sabía cómo obtener ventaja del favor de Ernesto y especialmente de su sucesor, por lo que se sintió fuerte para reanudar las hostilidades. En el año en que Spener por su Pia desideria (1675) abrió una nueva época en la vida cristiana, Calovio de nuevo proclamó su inmutable propósito de vida, E diaboli excrementa Calixtinas sordes exquirire. Calixto respondió con su Pietatis officium pii viri innocentiam vindicans. Siguieron escritos en pro y en contra, en prosa y en verso, alcanzando su culminación en la aparición de una sátira en cuatro actos de tres o cuatro escenas cada uno, celebrando la instalación de Deutschmann en el prorrectorado de Wittenberg, casi en términos blasfemos. El elector hizo que el impresor fuera multado y el autor encarcelado. Igualmente, Strauch, llamado a Danzig en 1669, fue detenido en Kustrin por orden del elector de Brandeburgo, 1675-78; el elector de Sajonia renovó el edicto contra los escritos polémicos sin especial permiso. Entonces Calovio escribió bajo seudónimo y publicó Systema locorum theologicorum (volúmenes v-xii, 1677), más superficial que los primeros cuatro y que incluye también la nueva polémica contra Jena. Spener le avisó en vano de que el esfuerzo para procurar el reconocimiento de su Consensus era a la vez fútil e injurioso. Además de una batalla con su colega Meisner y la humillación de éste, 1677-1680, se enzarzó, mediante sermones, disputas y escritos, en una guerra con Musæus en Jena, quien se ganó su descontento al estimar sus alegaciones contra los sincretistas vacías, siendo ahora condenado como peor que ellos. Logró que toda la facultad en Jena, incluyendo a Musæus, obligara a abjurar del sincretismo, si no a adoptar el Consensus. Pero los límites de sus logros quedaron fijados. Juan Jorge II renovó el edicto contra los escritos polémicos (12 de enero de 1680) y los impresores de De syncretismo Musæi fueron severamente tratados. Con el ascenso del elector Juan Jorge III en 1680 comenzó una alianza protectora con el gran elector de Brandeburgo. Calovio tuvo que ver cómo su Historia syncretistica (1682), una compilación publicada anónimamente y sin lugar, consistente de los ataques contra los sincretistas junto con renovadas fulminaciones, fue rechazada de la circulación. Esto le provocó tal impacto que planteó dos preguntas a sus más íntimos seguidores en Giessen: Si, en vista del sincretismo político hecho necesario por el peligro de Francia, un sincretismo calixtino con los papistas y reformados sería todavía condenado, y si la lucha llevada a cabo por las universidades de Helmstedt, Jena y Königsberg, a causa del elector de Brandeburgo y los duques de Brunswick sería sepultada con una amnistía, o la controversia sobre el sincretismo continuaría. Esto fue tomado por amigos y enemigos a la vez como una vacilación y una señal de alineación con la corte. Esto último lo negó Calovio en un panfleto en el que reiteraba sus anatemas contra todos sus oponentes, incluyendo a los sincretistas de Musæus. Las exhaustivas publicaciones, Apodixis articulorum fidei (1668) y Synopsis controversiarum cum hæreticis modernis (1685) aparecieron antes de su muerte, lo que prácticamente acabó con las controversias.
Influencia final.
La gran obra con la que Friedrich Calixtus cerró su carrera, Via ad pacem inter protestantes restaurandum (Helmstedt, 1700), fue el pacífico contra-balance a la Historia syncretistica vuelta a publicar en 1685. El término sincretismo como nombre de una facción desapareció gradualmente y surgió sólo como referencia incidental para combinaciones diversas de lo desigual. No obstante, los efectos posteriores de la lucha persistieron largo tiempo, especialmente en la Sajonia electoral. Un resultado fue la aversión a la afiliación por parte de los luteranos y reformados alemanes en el siglo siguiente y la indiferencia de los luteranos hacia los protestantes franceses en la revocación del edicto de Nantes (1685). La pacífica separación de religión y teología y el ajuste de las fronteras entre Iglesia y escuelas, confesión y ciencia, no se actualizaron, aunque estaban frecuentemente en el horizonte de la promesa. Según Calovio la pura doctrina es la única necesidad; está elaborada y es completa, siendo norma eclesiástica, sin admitir reducción ni adición. Según Calixto la doctrina no es la única necesidad, siendo de diverso grado de valor en sí misma, dando lugar a una amplia unidad en lo esencial. La controversia dejó una nube de sospecha y prejuicios especialmente sobre los luteranos, retardando el progreso de esas distinciones. La determinación despótica de imponer un Consensus repetitus, como único dogma final ante el cual toda investigación y progreso debían postrarse, suscitó sus propios límites de facción y el más deplorable resultado, que sobrevive hasta el presente, esto es, la alienación de la Iglesia de las clases educadas y por tanto la desmoralización de un gran espíritu de unidad, del que la Iglesia evangélica alemana está sufriendo.