Historia

SINTOÍSMO

Sintoísmo es el nombre de la religión indígena de Japón, en la que se combina la adoración a la naturaleza, al héroe y la reverencia por los antepasados.

Nakatsu-hime, diosa del País de las Ocho Islas
Nakatsu-hime, diosa del País de las Ocho Islas
Su carácter.
En diversas épocas su característica más distintiva ha sido la reverencia por la familia imperial y la tendencia presente es subrayar esta peculiaridad; no obstante, a través de largos períodos de la historia japonesa los emperadores fueron casi olvidados por la masa del pueblo y el extremo honor que ahora se les da se debe a un incremento en el último siglo. El nombre sintoísmo es el equivalente chino del japonés kami no michi "camino de los seres superiores", siendo la palabra kami (chino shin), aunque empleada por los cristianos como nombre para Dios, usada para los seres sobrenaturales, sean buenos o malos, de los espíritus de los héroes que han partido e incluso de objetos naturales extraordinarios. El número de esos seres se dice ser de 800 miríadas. Los comienzos del sistema se pierden en la antigüedad, pero sus elementos más antiguos se hallan en la adoración de las fuerzas de la naturaleza. Aunque antiguamente la adoración fálica fue común, en tiempos posteriores el gobierno hizo que muchos símbolos fueran quitados de la vista pública. El sintoísmo combina elementos religiosos y no religiosos, siendo los primeros a veces sepultados por los segundos hasta el punto de ser difícilmente discernibles. En su forma actual no es un sistema de dogmas, ni un código prescrito de moral, no teniendo libros sagrados salvo unos pocos libros semi-históricos y algunas formas de oraciones a los kami que pueden ser consideradas como tales.

Su oscurecimiento por el budismo.
El budismo llegó a Japón el año 552 d. C. y en el siglo noveno enseñaba que los kami eran los avatares (reencarnaciones) de los santos budistas. El budismo fue el elemento religioso más fuerte en esta combinación y la mayor parte de los santuarios sintoístas prominentes, a excepción de los de Ise e Izumo, estaban bajo control budista, introduciéndose imágenes, incienso y un elaborado ritual en su adoración. Muchos de las santuarios más pequeños permanecieron sin cambiar, no habiendo nada ni en el sintoísmo ni en el budismo que pareciera inconsistente para que el pueblo aprobara los ritos de ambos. Aunque cada localidad tenía su santuario sintoísta donde algún héroe u otro ser superior era honrado como el santo patrón de la comunidad, se puede decir que la gente al mismo tiempo era budista y sintoísta. Sin embargo, había una marcada distinción en las ideas de los dos sistemas. La principal concerniente al sintoísmo era con el mundo actual, mientras que el budismo se ocupaba más del mundo tras la muerte. La elección de edificios y el comienzo de obras públicas iba precedido de ritos sintoístas y los niños eran llevados a los santuarios para consagrarlos a la divinidad local; pero los funerales y los servicios memoriales por los muertos eran dirigidos por budistas. De ahí que los cementerios fueran contiguos a los templos budistas, ya que el sintoísmo evitaba la contaminación asociada con la muerte. En los raros casos donde funerales sintoístas se celebraban, había usualmente adicionales ritos budistas.

Su avivamiento.
En el siglo XVII comenzó un movimiento para el avivamiento del antiguo sintoísmo, siendo principalmente político en sus motivos. Fue dirigido principalmente por eruditos que investigaron los antiguos registros e incorporaron los resultados en libros que defendían un regreso a las antiguas ideas de gobierno y ritual. Sus escritos, aunque llegaron sólo a una pequeña parte de la población, tuvieron una influencia importante al producir el derribo del shogunato en 1868 y la restauración del poder imperial. En relación con el gran cambio se restableció el antiguo departamento de ritos sintoísta. Los adornos y ritual budista quedaron prohibidos de las antiguos santuarios, destinándose una cantidad anual para su mantenimiento y enviándose predicadores para instruir a la gente en las antiguas creencias. Este movimiento fue de corta duración. El departamento de rito sintoísta se degradó hasta convertirse en una oficina del ministerio de asuntos internos, recobrando los budistas muchos santuarios y regresando el pueblo en muchos aspectos a sus antiguos caminos. En 1899 los oficiales del santuario sintoísta más honrado, el de Dai Jingu en Ise, obtuvieron el permiso del gobierno, ante su solicitud, para que no fueran considerado un organismo religioso, sino una asociación para la realización de ritos en honor de la familia imperial y para dirigir ceremonias patrióticas. La tendencia ha sido considerar al sintoísmo como un sistema para promover el patriotismo y la lealtad. Aunque los santuarios no son considerados edificios religiosos, están frecuentemente relacionados con ellos asociaciones voluntarias de un carácter religioso llamadas kydkwai, el nombre usado por los cristianos para designar una iglesia.

Sus escritos y cosmogonía.
La principal autoridad para la cosmogonía y mitología del sintoísmo es el Kojiki ("Registros de cosas antiguas"), una compilación de leyendas terminada en el año 712 d. C. El ihongi ("Crónica de Japón"), aunque compilada sólo ocho años más tarde, está mucho más influenciada por ideas chinas. Los Yengishiki describen el ritual como era practicado en la era Yengi (901-923) e incluye oraciones procedentes de tiempos antiguos. Según el Kojiki, una vez que el cielo y la tierra fueron separados del caos original, tres kami nacieron en la Llanura Celestial y poco después fenecieron. Fueron sucedidos por otros, hasta que finalmente vinieron dos, llamados Izanagi ("varón que invita") e Izanami ("mujer que invita"). Estando en el puente del Cielo, arrojaron una lanza a la masa de líquido bajo ellos y al recogerla las gotas que cayeron se convirtieron en una isla a la que descendieron. Hicieron nacer otras islas de Japón y posteriormente varios dioses y diosas. El nacimiento del dios-fuego provocó la muerte de Izanami. Izanagi la visitó en el mundo subterráneo, pero no logró devolverla a la tierra. Tras su regreso, purificándose a sí mismo de la contaminación en la que había incurrido, se produjeron nuevas divinidades de cada porción de su ropa y de las diferentes partes de su cuerpo. La más importante de ellas fue Amaterasu-O-Mi-Kami, la diosa Sol, quien, después de una batalla con uno de sus hermanos, se retiró a una cueva, dejando la tierra en oscuridad. Las miríadas de divinidades la aplacaron mediante ofrendas, danzas, canciones, mostrándole un espejo en el que aparecía otro ser tan espléndido como ella misma. Uno de sus descendientes fue Jimmu Tenno, el primer emperador de Japón, cuya ascensión al trono se dice que ocurrió el año 660 a. C.

Adoración y sectas.
Un santuario sintoísta en su forma más pura es de arquitectura muy simple, estando construido de madera y cubierto con corteza o finas tejas. Delante hay un torii o portal independiente. No hay objeto visible de adoración, aunque escondido dentro del santuario hay algo en lo que se supone que el espíritu de los kami reside. En el santuario en Ise hay un espejo que se dice haber sido otorgado por la diosa Sol a su nieto cuando le envió a someter la tierra. Los santuarios donde se exponen los espejos y los que tienen techos alicatados o pinturas muestran influencia budista. Los cultos consisten principalmente de la recitación de antiguas oraciones, el ofrecimiento de alimentos y la danza por las sacerdotisas. Ise y otros importantes santuarios son visitados por un gran número de peregrinos, quienes llevan a sus hogares amuletos que colocan en sus santuarios domésticos. El sintoísmo subraya la pureza ceremonial. No hay un sistema formulado de ética, al pensarse que es necesario sólo para la gente inmoral de otras tierras, mientras que en Japón el corazón de cada persona le enseña lo que debe hacer. Hay varias sectas populares que tienen más elementos religiosos que las que el sintoísmo posee. La Kurozumi, Tenrikyo y Remmonkyo son las mejor conocidas. Nacieron en el siglo XIX y combinan elementos sintoístas, budistas y confucianos. La mayoría de estas sectas se preocupan de curar enfermedades por la fe o por encantamientos, habiendo logrado gran número de adeptos.

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