Historia
SOCIALISMO CRISTIANO

El término "socialismo cristiano" lo usó primero J. F. D. Maurice en 1848. Con ello deseaba expresar la idea de que el socialismo es un desarrollo o resultado del cristianismo y que, para ser eficaz, debe tener un fundamento cristiano definido. A esta idea los socialistas cristianos posteriores se han adherido siempre, aunque el término ha sido usado para expresar varias ideas, especialmente en Europa. Se empleó frecuentemente de una forma generalizada para indicar cualquier aplicación de los principios cristianos a la vida social. Tanto protestantes como católicos han postulado la frase, tal vez para mostrar que la Iglesia no era antagonista al socialismo cuando se somete a su liderazgo. Sin embargo, el término debería restringirse en uso a la idea que Maurice deseaba expresar; aunque esta restricción no supone adherencia a las ideas económicas sostenidas por los primeros socialistas cristianos. Las circunstancias han cambiado y el pensamiento social ha evolucionado. Los socialistas cristianos pueden sostener, y de hecho sostienen, varias ideas sobre la economía, pero deben creer en el socialismo como desarrollo y resultado del cristianismo si van a ser contados entre los seguidores de Maurice y Charles Kingsley.
Relaciones con la ciencia y la religión.
La definición de socialismo cristiano proporcionada por Maurice se puede entender sólo sobre el fundamento de sus principios éticos y religiosos. El más importante de ellos es que hay dos fuerzas que hicieron acto de aparición con prominencia en el siglo XIX, aunque habían tenido existencia anterior: la ciencia y el hombre como un fin en sí mismo. La Iglesia estaba obligada a adoptar una actitud en relación a ambos, ya que las dos parecían hostiles; la ciencia porque amenazaba toda la estructura teológica y la nueva teoría del hombre porque daba origen al movimiento obrero con el socialismo como ayudante, subrayando las ventajas materiales de la civilización. Los socialistas cristianos mantuvieron una actitud amistosa hacia ambas fuerzas. Afirmaban que había un acuerdo esencial entre los resultados determinados de la ciencia y las enseñanzas fundamentales de la Biblia, razonando que, ya que Dios era el gobernante tanto en la esfera espiritual como en la secular de la vida, no podía haber discrepancia entre la religión revelada y la ciencia, cuando ambas eran recta y plenamente entendidas. Ambas fueron inspiradas por Dios, aunque en diferentes grados y para diferentes propósitos. Con respecto a la propuesta de las masas de obtener reconocimiento como individuos, los socialistas cristianos mantuvieron que la esencia del cristianismo era la fraternidad y su objetivo la adquisición de la dignidad por cada hombre como hijo de Dios. Contendían que el sistema de clases privilegiadas era extraño al espíritu del cristianismo y un parásito sobre el cuerpo político. El principio fundamental de su filosofía se puede resumir en la declaración de que el mundo ha sido creado por Dios y que la religión cristiana es su revelación. Sin embargo, el principio tiene otros corolarios: (1) Ya que Dios ha creado el mundo, también lo ha redimido en su totalidad, tanto a cada ser humano como todas las relaciones humanas, porque la encarnación fue una redención universal. (2) Ya que todos los hombres son, al menos potencialmente, hijos de Dios, son hermanos en todos los aspectos. (3) Ya que Dios ha creado a los hombres individuales, cada uno con una facultad especial, todo hombre debe hacer una labor útil y desarrollar sus facultades dadas por Dios; más aún, debería tener la oportunidad para hacerlo.

Desde esta posición los socialistas cristianos comenzaron a combatir a sus contemporáneos. Negaron la doctrina calvinista de una redención parcial mediante la elección; lucharon contra el catolicismo porque esa Iglesia tiene en poco la vida familiar por su enseñanza del ascetismo y por hacer la recompensa del cielo dependiente de las "buenas obras", poniendo de esta manera un premio sobre la riqueza y exigiendo la continuación de un sistema por el que los pocos son capaces de cosechar los beneficios de la labor de muchos. Contra comunistas, socialistas y anarquistas se insistió en que ellos negaban la raison d'etre de la nacionalidad, violando de esta manera una ley fundamental del progreso humano, ya que el desarrollo del individuo sólo puede tener lugar sobre la base del nacionalismo y no del cosmopolitismo. Arremetieron contra el laissez-faire por ser una perversión de la doctrina cristiana y de los sanos principios económicos. Reprendieron al rico que paga salarios meramente suficientes para mantener a sus obreros vivos y de esta manera usarlos como medios para fines egoístas. Cuestionaron la capacidad del socialismo para remediar los males presentes simplemente por el cambio del sistema de producción económica y distribución y señalaron que sólo por la infusión del espíritu de fraternidad cristiana y por la conversión de cada individuo se podía lograr el trabajo para todos y de todos para uno, ya que el mejor trabajo en el mundo no es el hecho por motivos económicos, sino por un deseo generoso de ayudar a otros.

El año 1848 fue sombrío para los obreros ingleses. Las condiciones se combinaron para que los sufrimientos alcanzaran su mayor profundidad y extensión. Además, el chartismo despertó una considerable discusión y causó mucha perturbación política. El 10 de abril hubo una gran concentración en Kennington Common, Londres, cuando 100.000 personas se propusieron marchar hacia el parlamento y obligarlo a aceptar los denominados seis puntos, esto es, sufragio universal, abolición de las cualificaciones de propiedad para los miembros del parlamento, parlamentos anuales, representación igualitaria, pagos de representantes y voto por elección. Este programa parecía revolucionario; el gobierno puso a Wellington al cargo de Londres y 150.000 propietarios juraron como agentes de policía. Pero la asamblea era meramente una algarada, ya que los obreros sensatos se mantuvieron aparte y O'Connor, el agitador islandés, se ausentó. Un fuerte aguacero intimidó a la muchedumbre hasta el punto de que la concentración se dispersó en confusión.
Pero el peligro no había pasado. Para impedir la repetición de concentraciones similares o más peligrosas, tres hombres, Frederick Denison Maurice, Charles Kingsley y John M. Ludlow, decidieron, tras consulta, escribir y publicar Politics for the People (6 de mayo de 1848). Sólo aparecieron 17 números semanales, pero lograron convertir la amenazante revolución en una evolución social pacífica. Los escritores declararon su simpatía hacia los trabajadores, les exhortaron contra la violencia, apelaron a la justicia y caridad de los ricos y expusieron sus principios con habilidad y celo. Otros se les unieron, celebrándose numerosos encuentros, tanto para la instrucción de los trabajadores como para el estímulo mutuo. Henry Mayhew contribuyó con una serie de artículos en el Morning Chronicle de Londres durante 1849, lo que a su vez provocó el tratado de Kinsgley en 1850 Cheap Clothes and Nasty. En el mismo año el pequeño grupo de amigos decidió publicar Tracts on Christian Socialism, con la palabra clave asociación, es decir, cooperación vs. competición. Para aliviar al menos la pobreza directa entre las clases trabajadoras, los socialistas cristianos comenzaron en 1850 la Sociedad para la Promoción de las Asociaciones de Trabajadores. Ya que las sociedades cooperativas no eran legales en ese tiempo Ludlow ejerció toda su influencia para que el Acta de las Sociedades Industriales y Previsoras fuera aprobada en 1852. Maurice y sus amigos inmediatamente usaron esta oportunidad para fundar varias cooperativas. Los principios que la sustentaban, adoptados en Manchester el 15 de mayo de 1853, fueron: (1) La sociedad humana es un conjunto consistente de muchos miembros, no una colección de átomos enfrentados; (2) los auténticos trabajadores deben ser compañeros, no rivales; (3) el principio de justicia, no de egoísmo, debe gobernar las relaciones.
Resultados.
Las sociedades fundadas prosperaron de manera destacada. En 1906 el volumen de facturación de la Cooperative Wholesale Society, con más de 2.000 delegaciones locales, fue de 500 millones de dólares, con una ganancia de más de 12 millones. En 1876 el gremio de St. Matthew se formó con el propósito de acercar a la Iglesia y los trabajadores, para cerrar hasta donde fuera posible la brecha social entre ricos y pobres. Fue absorbida en 1880 por la Christian Social Union, bajo el liderazgo de Scott Holland. La Union consistía de hombres de todas clases que estaban dispuestos a trabajar por los siguientes propósitos: (1) Afirmar la ley cristiana como última autoridad en la práctica social, (2) estudiar cómo las verdades y principios del cristianismo se pueden aplicar a las dificultades sociales y económicas del tiempo actual y (3) presentar a Cristo como Señor y enemigo del mal y el egoísmo y el poder del amor y la justicia. Los primeros socialistas cristianos también trabajaron en otros campos, tales como la mejora de las sociedades rurales, elaborando un programa para la Liga de Salud Nacional, fundando un colegio de trabajadores en Londres y logrando la aprobación por el parlamento de varias leyes para el beneficio de los trabajadores. Encontraron mucha oposición, tanto dentro como fuera de la Iglesia anglicana. Algunos de ellos sufrieron persecución, como cuando Maurice fue privado del profesorado en King College en 1853, aunque posteriormente (1866) se le designó otro en Cambridge. No obstante, su conducta valiente y sincera y auto-sacrificio le procuró muchos amigos. Aunque el movimiento como organización separada murió, fue la semilla de muchas reformas en Inglaterra en cada esfera de la vida, mientras que en el Reino Unido mismo mejoró en gran manera social y moralmente las vidas y enseñanzas de sus hombres. La conferencia de 194 obispos anglicanos reunidos en 1897 prácticamente adoptó los principios de la plataforma de Maurice y de la Christian Social Union. En los no conformistas también penetró el mismo espíritu y el reverendo John Clifford y muchos otros se hicieron miembros de la Liga Socialista Cristiana.
Principios fundamentales.
Los movimientos continentales análogos no pueden apropiadamente ser llamados socialismo cristiano. Fueron cristianos, pero no socialistas. Comenzaron principalmente con el propósito de minar el socialismo secular. Pero la principal objeción para aplicar el término a los movimientos continentales es que nunca formularon una filosofía de vida y del Estado tales como Maurice y Kingsley habían hecho en Inglaterra. Como resultado fueron incapaces de presentar un sistema completo, de largo alcance y exhaustivo como el ofrecido a los trabajadores ingleses. Esta diferencia puede explicar por qué en Gran Bretaña no fructificó un partido socialista ni otros extremistas ni desarrollaron gran fuerza tras la aparición de los socialistas cristianos. Los obreros ingleses habían sido enseñados que los problemas económicos sólo eran uno entre muchos, mientras que los alemanes y franceses los consideraban supremos y únicos. Marx simplemente sistematizó esa idea en su Das Kapital. Los obreros cristianos de Francia y Alemania no tenían nada para poner en las manos de la clase obrera que pudiera compararse con ese libro. Hay otra diferencia de importancia primordial entre las dos tendencias. Los continentales siempre se apoyaron en el brazo de la Iglesia, del Estado o de ambos, mientras que los ingleses no tenían temor de atacar a cualquiera de ellos o a ambos cuando era necesario. Los obreros continentales contemplaban a esos dirigentes como funcionarios del Estado o emisarios de la jerarquía, aunque de hecho fueron defensores de la sociedad sobre los principios de la Iglesia y el Estado y procuraron aliar el altar y la corona.
Por esas razones el movimiento continental estaba destinado a fracasar. Las clases trabajadoras se mantuvieron alejadas y adoptaron el marxismo. No obstante, los dirigentes comenzaron a trabajar en otras líneas. Los católicos fundaron numerosas sociedades bajo el liderazgo del barón von Ketteler, arzobispo de Maguncia, quien ejerció una gran influencia. El objeto de esas sociedades era parcialmente eclesiástico, parcialmente político, debiendo quedar el pueblo resguardado de la infidelidad de los socialistas y ser utilizado por su posesión del voto. La Iglesia católica logró hacer eso tan bien en Alemania que fue capaz a través de los votos de operarios, obreros y campesinos de lograr un gran número de escaños en el Reichstag. No dudó en ningún momento en formar una alianza con los socialistas, cuando servía a los propósitos de la Iglesia, viéndose el Estado varias veces obligado a capitular ante la unión así efectuada.
Resultados.
La Iglesia protestante en Alemania comenzó a practicar la obra cristiana en la primera parte del siglo XIX, abriéndose paso rápidamente después de 1850. Apenas alguna Iglesia en la cristiandad hizo obra tan valiosa como la luterana, pero al haberla hecho bajo los auspicios o en alianza con el Estado, quedó desacreditada entre los socialistas que se retiraron en masse de la Iglesia. Hombres de influencia como los doctores Stöcker y Kögel no lograron, tras sucesivos intentos, organizar un partido político independiente cristiano, mientras que lograron unir a varios movimientos caritativos y filantrópicos en la Innere Mission. En Francia, Bélgica, Suiza, Austria, Dinamarca y en otras partes no se desarrollaron movimientos socialistas cristianos. Los cristianos de eminencia en esos países, tales como el conde de Mun en Francia, Laveleye en Bélgica y el príncipe de Lichtenstein en Austria, que podían haber ido en esa dirección, o bien eran dependientes de la Iglesia católica por la expresión de sus ideas o no imitaron un socialismo cristiano distintivo independiente. Simplemente contribuyeron con la literatura o fundaron instituciones caritativas y filantrópicas.
La semilla que se esparció desde Inglaterra halló un campo mucho más favorable en suelo estadounidense. Este país albergó numerosas sociedades comunitarias y el emplazamiento experimental de tales organizaciones idealistas, como Brook Farm cerca de Boston. No se manifestó hostilidad ni por el Estado ni por la Iglesia a los movimientos independientes de líneas socialistas cristianas, ni fue la actitud del pueblo desfavorable. No obstante, no se inauguró ningún movimiento de importancia nacional. Varios hombres prominentes en la Iglesia y los negocios se interesaron en la obra de Maurice y Kingsley. Se publicó un periódico, Equity, en 1874-75 en Boston. Se formó una organización en esa ciudad el 15 de abril de 1889, principalmente bajo el liderazgo de W. D. P. Bliss, llamada Sociedad de Socialistas Cristianos. La constitución subrayaba la mayordomía de todos los dones y propiedades, la paternidad de Dios y la fraternidad de los hombres, reprobaba los sistemas industriales y comerciales vigentes por ser individualistas, injustos y contrarios a la ley de Dios; recomendaba el socialismo (sin definirlo) como el resultado necesario de las enseñanzas cristianas e invitaba a todos los cristianos e iglesias a unirse al nuevo movimiento. Pero las ideas no echaron raíces. Algunos periódicos como Outlook, Kingdom y Christian Statesman defendieron el socialismo cristiano hasta cierto límite, pero en conjunto el movimiento tomó la forma de reforma práctica.