Subdiácono recibiendo la túnica de manos de un obispo. Pontifical alemán del siglo XV. Additional MS 14805, f. 17v.Las órdenes en la antigua Iglesia eran únicamente las de obispo, presbítero y diácono. El diaconado se ramificó en el subdiaconado no de manera uniforme, como muestra su frecuente ausencia hasta mediadas del siglo IX. Cornelio de Roma menciona entre los clérigos de Roma a siete subdiáconos, lo que muestra la existencia del cargo para el año 250 y su origen romano. Cuando Alejandro Severo dividió la ciudad en diecisiete distritos administrativos, Fabián, para no exceder el número apostólico, añadió siete subdiáconos a los siete diáconos para las correspondientes divisiones eclesiásticas. En España son mencionados en relación con el sínodo de Elvira (c. 305); en África, según Cipriano, existían a mediados del siglo III y en el este eran conocidos a mediados del cuarto. Los subdiáconos realizaban funciones menores. Podían portar los vasos sagrados cuando estaban vacíos, recibían las oblaciones, supervisaban las tumbas de los mártires, guardaban las puertas de las iglesias y echaban agua en el cáliz, deberes a los que se añadió el canto de la epístola.
Gregorio Magno extendió la obligación del celibato a los subdiáconos y un concilio bajo Urbano II les otorgó permiso para ser obispos. En la Iglesia ortodoxa siguieron siendo un rango inferior, pero en la católica Inocencio III decidió que constituyeran un rango más elevado. Sin embargo, su ordenación difiere de la de los diáconos. La edad de consagración fijada por el concilio de Trento es de veintidós años, debiendo haber un año intermedio para alcanzar el diaconado, aunque la regla puede ser saltada por el obispo. El oficio de subdiácono es transitorio y sus funciones son realizadas por laicos y presbíteros. En la Iglesia luterana, cuando esto ocurre, el título subdiácono indica una diferencia de rango externo, no de ordenación.