Historia

SUICIDIO

Suicidio es quitarse voluntariamente la vida, excluyéndose de esa definición el acortamiento de la vida por exceso o imprudencia, auto-sacrifico o sometimiento de la vida a un bien moral más elevado, ya que solo en el suicidio hay un intento deliberado y consciente contra la propia vida per se y una total ausencia del deseo de obtener un bien superior (como en el auto-sacrificio) o incluso un mayor grado de placer (como en los excesos o imprudencias).

El último día de Numancia, por Alejo Vera, 1881
El último día de Numancia, por Alejo Vera, 1881
La historia del suicidio muestra marcadas variantes según el lugar y época. Entre los pueblos de civilización simple y los que poseen un código de moralidad y una creencia inamovible el suicidio es más raro, estimándose antinatural y reprensible. Esta fue la idea de los griegos antiguos y de los pitagóricos, Platón y Aristóteles; pero con el decaimiento del carácter y pensamiento nacional el estoicismo enseñó la indiferencia hacia la vida y la muerte como meros fenómenos externos, defendiendo la rendición de la vida como medio de obtener la independencia para el alma. Esta idea, que no supo distinguir claramente entre el auto-sacrificio y el suicido, y era también irreconciliable con la doctrina estoica de la sumisión virtuosa del hombre al universo, fue activamente defendida por los romanos, especialmente por Séneca. Aunque directamente no hay prohibición expresa en la Biblia sobre el suicidio, sí hay principios enunciados en el sexto mandamiento y en pasajes tales como 7 Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo; 8 pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. 9 Porque para esto Cristo mur[…]Romanos 14:7-9, ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?[…]1 Corintios 6:19 y y andad en amor, así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma.[…]Efesios 5:2 que pueden extenderse por analogía al suicidio. Los casos registrados de suicidio son los de Saúl (Entonces Saúl dijo a su escudero: Saca tu espada y traspásame con ella, no sea que vengan estos incircuncisos y me traspasen y hagan burla de mí. Pero su escudero no quiso, porque tenía mucho miedo. Por lo cual Saúl tomó su espada y se echó sobre ell[…]1 Samuel 31:4), Ahitofel (Viendo Ahitofel que no habían seguido su consejo, aparejó su asno, se levantó y fue a su casa, a su ciudad, puso en orden su casa y se ahorcó. Así murió, y fue sepultado en la tumba de su padre.[…]2 Samuel 17:23), Zimri (Y sucedió que cuando Zimri vio que la ciudad era tomada, entró en la ciudadela de la casa del rey, prendió fuego sobre sí a la casa del rey y murió,[…]1 Reyes 16:18) y Judas (Y él, arrojando las piezas de plata en el santuario, se marchó; y fue y se ahorcó.[…]Mateo 27:5, 18 (Este, pues, con el precio de su infamia adquirió un terreno, y cayendo de cabeza se reventó por el medio, y todas sus entrañas se derramaron. 25 para ocupar este ministerio y apostolado, del cual Judas se desvió para irse al lugar que le correspo[…]Hechos 1:18,25) y no lo avalan ciertamente, pues en los cuatro casos los personajes actúan o por despecho o por desesperación. Por otro lado, Pablo en una ocasión impidió un suicidio (27 Al despertar el carcelero y ver abiertas todas las puertas de la cárcel, sacó su espada y se iba a matar, creyendo que los prisioneros se habían escapado. 28 Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. […]Hechos 16:27-28). La falta de prohibición expresa halla explicación parcialmente en la extrema rareza del acto entre los judíos y parcialmente en el horror nacional hacia el mismo, con la única excepción de la motivación patriótica (28 Sansón invocó al SEÑOR y dijo: Señor DIOS, te ruego que te acuerdes de mí, y te suplico que me des fuerzas sólo esta vez, oh Dios, para vengarme ahora de los filisteos por mis dos ojos. 29 Y Sansón asió las dos columnas del medio sobre las que el […]Jueces 16:28-30; 2 Macabeos 14:37-46; Josefo, Ant., 14, xiii. 10). El cristianismo trabajó en este aspecto, no mediante prohibiciones, sino creando una nueva actitud de mente, enseñando el amor paternal de Dios (No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis r[…]1 Corintios 10:13; Porque no nos ha destinado Dios para ira, sino para obtener salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo,[…]1 Tesalonicenses 5:9), dando a la vida un contenido ético distintivo (Pero si el vivir en la carne, esto significa para mí una labor fructífera, entonces, no sé cuál escoger,[…]Filipenses 1:22 y sig.) e interpretando los sufrimientos como una dispensación divina (Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;[…]Romanos 5:3 y sig.; 7:18). La Iglesia antigua se opuso firmemente al suicidio, aunque prácticamente el único caso en el que tal tendencia apareció sería en el exceso de celo por el martirio. Si en tiempos de persecución las mujeres cristianas podían suicidarse para escapar del deshonor, fue un asunto discutido, alabado por Eusebio, Crisóstomo y Jerónimo, pero condenado por Agustín (De civitate Dei, i. 16 y sig.), posición ésta que fue tomada por diversos concilios, algunos de los cuales prohibieron al suicida un enterramiento honorable (Orleáns, 533, canon 15, Hefele, Conciliengeschichte, ii. 757; Braga, 563, capitulum 16, Hefele, ut sup., iii. 19). El surgimiento del principio de libertad personal en el primer periodo de la Ilustración produjo un cambio, aunque muchas de las obras que defendían el suicidio solo pudieron ser publicadas póstumamente, como el Biathanatos (Londres, 1644) de J. Donne y el ensayo de D. Hume sobre el suicidio Two Essays (1777). En la literatura general del siglo XVIII el suicido fue frecuentemente discutido como una cuestión moral y psicológica por Rousseau, Montesquieu y Goethe; pero aunque esas autoridades defendieron una actitud menos rigurosa, los teólogos y todos los mejores escritores filosóficos, como Spinoza, Wolff, Mendelssohn, Kant y Fichte, lo condenaron.